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Hay ocasiones en las que la imaginación vuela más allá de las estrellas, veces en las que simplemente creas y creas cantidad de leyes diferentes a las conocidas, mundos inauditos, a los que desas dar imágen y validez. Nada mejor que otros vean aquello que piensas para que sea valorado. Disfruten de los universos que se crean aquí y relaciónense con ellos. Vean qué afecta en su vida, qué es igual, cómo lo cambiarían y qué harían en el lugar de x personaje. No sean tímidos y dejen lo que su mente piense en el momento. Sean felices siempre.

martes, 3 de junio de 2014

Verano e Invierno II (continuación)

Verano e Invierno II Capítulos 1 al 20



21

Se perdieron en la mirada del otro, inmóviles; deleitándose en la visión que presenciaban frente a sí. Aumentando su asombro segundo a segundo, Sam detalló cómo las esmeraldas de Jake eran penetradas por un sentimiento diferente a la impavidez cuando sus pupilas se iluminaron ligeramente por un brillo de ¿esperanza? La joven deseó que se tratara de eso. Primeramente porque sería bueno para él deshacerse de tantas inquietudes que su alma y mente albergaban; y segundo, porque quizás ahora sí le permitiría acercarse un poco a más a él. Hubiese deseado quedarse en esa posición por toda la eternidad, sintiendo la calidez que desprendía la mano de Jake bajo la suya; sin embargo, todo lo bueno terminaba.

¡Sam!


Los dos despertaron de su ensimismamiento y volvieron la vista a donde la voz había nombrado a la pelirroja, descubriendo que Sasha se acercaba a ellos. Retornando su voluntad a él, Jake deslizó su mano por debajo de la de Sam y se libró de su agarre, colocándola sobre su regazo en tanto volvía a mirar al techo, intentando ignorar la candidez en su rostro. Sam lo miró brevemente con un deje de desilusión ante su aparente poco interés, sintiendo que su propia mano era abrazada por una frialdad que hizo un hueco en su corazón; luego posó la atención en su amiga, quien ya estaba frente a ellos.

Vamos, Sam —Sasha la tomó por el brazo y la levantó estirándola con más fuerza de la que necesitaba, sacándole un pequeño gemido de dolor a Sam—. No puedes perder el tiempo. El público está instalado ya; estás por salir.

Lo siento, Sasha. La noción del tiempo se me fue por un instante —se disculpó ella viéndose arrastrada por la morena.

Sí, bueno, cuida eso. Vamos, vamos que todos te esperan.

La actriz le dio un par de empujoncitos en la espalada animándola a seguir, y ganándose una mirada más de arrepentimiento mezclada con confusión por parte de Sam, la vio tomar su puesto con los demás. Hallándose sola, Sasha enfocó su mirada en el alejado Jake y frunció el ceño en tanto sus ojos se oscurecían por un velo de irritación y celos. Rechinó los dientes e hizo las manos en puño, mas luego negó con la cabeza. Inhaló profundamente y exhaló con lentitud antes de regresar a su grupo. Todavía no era el momento de actuar.


Estático en su lugar, siendo azotado por infinidad de sensaciones, Jake miró su mano con incredulidad y confusión. El bienestar de ese pequeño acto físico de afecto seguía presente. Su impacto había sido más poderoso de lo que imaginó pues aún sentía el cosquilleo que había ocasionado el contacto de su piel con la de Sam. Se le escapó un suspiro inseguro y tembloroso al momento que su propio cuerpo era sacudido por pequeños espasmos. Se abrazó a sí mismo esperando que éstos aminoraran de alguna forma. Se sentía vulnerable, se sentía patético, se sentía un pobre diablo; pero no estaba seguro del porqué su sentir. ¿Era por toda la fuerza y sensaciones que Sam ejercía sobre él? ¿O eran recriminaciones a su persona por dejarse causar tanto disturbio emocional y mental? ¿O se debía al pesar de saber que nunca sería lo que Sam esperaba que fuera? Ella era cariñosa, él no lo era; ella expresaba sus sentimientos; él no lo hacía. No podía ni mantener un tono de voz diferente al tosco y gélido de siempre, ¿cómo podría hacer algo más?

¿En qué demonios piensas, Palmer?”, se regañó al percatarse de sus cavilaciones. “No, ese es el problema. Has dejado de pensar”. Y es que estaba tocando terrenos por demás desconocidos para él y le daba miedo.

Escuchó la música de apertura y de nuevo, por más renuente que su corazón estuviera, fue atraído por el imán que era Sam para él como pieza de hierro solitaria. Se acercó a la entrada y la observó bailar en tanto la presión de temor se repetía dentro de su pecho. No quería explorar nada nuevo. Era de mente fija, tal vez; era un cobarde, sin duda; pero la mayor parte de él no deseaba cambiar una minúscula parte de su vida actual. Después de mucho tiempo de amargura al fin le iba bien y estaba a gusto, cómodo; no quería perder eso. Después de todo, estaba maldito. Los cambios siempre habían sido para mal en su caso, así que prefería no arriesgarse. Antes de que el baile terminara, regresó a su sitio de siempre. Lo mejor era mantenerse alejado de Sam ahora que podía antes de que no hubiera marcha atrás.

Por supuesto, algo le decía que las cosas no iban a salirle como esperaba. Le daba la impresión de que Sam no le permitiría mantener la distancia si continuaba con sus intentos de acercársele y entablar conversación con él. ¿Qué más podía hacer él para evitarlo? ¿No había tratado ya con la mayor indiferencia posible? ¿No la había ignorado incontables veces? ¿No había sido cruel? Y allí seguía ella, empeñada en conocerlo, en formar parte de su vida a la fuerza. Era un fastidio, un admirable fastidio. Y como sospechó, en cuanto Sam se vio libre de sus obligaciones, se dirigió ni tarda ni perezosa a donde estaba él para ocupar su lugar a un lado de él, y algo le dijo que a partir de ahora, ese sitio sería exclusivo no sólo de él, sino de ella también. El silencio se extendió por un corto lapso de tiempo, pues Sam tomó la iniciativa de hablar, otra vez.

No acostumbras ver el trabajo de los demás, ¿verdad?

¿Se nota? —Jake no pudo reprimir el sarcasmo, pero el comentario de ella le había parecido fuera de lugar por lo obvio que era.

Oh sí, yo… quiero decir… —Sam se sintió una tonta; no se había expresado bien—. Yo más bien quería saber por qué.

No me importa.

¿Y no te da siquiera un poco de curiosidad saber cómo lo hacen? —insistió ella, esperanzada. Quería abrir la más insignificante oportunidad para que Jake la viera bailar, un poco al menos. Sin embargo, la seca negativa de él destrozó sus ilusiones.

No.

Ya veo.

Sam bajó la mirada, triste, enfocándola en el jugar de sus manos nerviosas con la falda del vestido, en tanto se mordía el labio inferior, aguantando el incómodo silencio que volvió a adueñarse del ambiente. No era común de ella querer que alguien la viera bailar. De hecho, al ser de carácter tímido, siempre procuró no llamar la atención de las personas de ninguna manera. De allí que incluso en las obras que presentó en el instituto eligiera a bailarinas de rutina; las acompañantes de los protagonistas. Jamás aspiró un papel muy alto. Sin embargo, esa era otro sentir inusual que Jake despertaba en ella: el desear demostrarle lo buena que era en el baile; en aquel arte que amaba. No que se considerara la mejor, pero quería que observara que así como él, ella también se esforzaba por hacerlo lo mejor posible y sobre todo, que lo disfrutaba. Quería mostrarle lo que Matt no puedo ver en todo su esplendor.

Ante el recuerdo de su primer amor, un nudo en su pecho y garganta se formó. Matt la había visto bailar el último día que se vieron, pero no había sido de manera plena. Ella había tenido meses sin practicar y la vestimenta no era la apropiada, así que en realidad nunca pudo presentarle un buen acto de su baile a pesar de que él sí le había dado una hermosa actuación de sus marionetas. Y la esperanza de mostrárselo en otra ocasión se vio opacada por siempre ante los sucesos que marcaron ese triste día. Un día que no terminaba de rememorar y que no paraba de ocasionarle sufrimiento a su aparentemente incurable corazón. Tanto así continuaba afectándole que en ese momento sintió escocer sus ojos ante el venidero llanto.

Lo único que podía consolarla en esos momentos en el que el doloroso recuerdo la invadía era el propio Matt; esa bella marioneta que le había sido regalada y que era el más valioso de sus tesoros. Iba a levantarse para ir a buscarla, ya que siempre dejaba el morralito en el vestidor junto a las pertenencias de sus otros compañeros, pero en eso divisó que Mark se acercaba a ellos corriendo a gran velocidad, con una sonrisa traviesa y una marioneta en sus manos

¡Jake, no dejes que me atrape! —pidió entre risas deteniéndose frente a los dos.

Tanto Jake como Sam alzaron la ceja por demás confundidos en cuanto al significado de las palabras del niño, y la pelirroja iba a inquirir a qué se refería cuando distinguió que Clark se acercaba a ellos también corriendo y con el ceño fruncido, aunque en realidad sin emanar molestia, más bien un aire juguetón.

¡Vuelve aquí, pequeño pillo!

Mark iba a volver a salir corriendo, pero dado que Clark era más grande, con unas cuantas zancadas le dio alcance y lo aprisionó en un fuerte abrazos de oso.

¡Te tengo! —dijo el hombre, sonriente—. Y ahora vas a pagar.

¡No!

Sin embargo, Clark ya estaba aplicándole su castigo al niño, el que consistió en llenarlo de cosquillas aquí y allá, sacándole incontable cantidad de carcajadas, además de agotarlo de su energía. Jake suspiró ante la escena sin demasiada importancia, sospechando más o menos de qué podría tratarse todo. En cambio, Sam se hallaba por demás ignorante, mas no evitó que las risas de Mark se le contagiara y divertida ante la escena, también rio entretenida.

¿Qué ha pasado, Clark? ¿Por qué torturas a Mark? —cuestionó con una sonrisa.

Porque ha vuelto a hacer de las suyas —explicó el hombre y quitándole el títere de las manos, lo señaló—. Volvió a escabullirse entre mis cosas y ha sacado la nueva marioneta que integraríamos a la obra. Allí tienes que no nos dimos cuenta hasta que ya estábamos en el escenario y tuvimos que improvisar. Nos diste un buen susto, travieso.

Pero me había gustado y quería verla bien. Iba a devolverla —se justificó el Mark en tono inocente levantándose cuando Clark lo dejó ir.

Pues te tardaste un poco —Clark suspiró y luego sonrió—. Al menos la obra salió bien y Mark, no dejes que la curiosidad te gane. Pídeme las marionetas que quieras en lugar de robarlas. Te las prestaré.

No es robo porque las devuelvo —volvió a defenderse el niño—. Y no las pido porque no quiero que me digas que no como lo hace Jake.

Allí lo tienes, Jake —Clark miró al desinteresado pelinegro con una sonrisa maliciosa—. Mark se convertirá en un delincuente por tu culpa. Acepta la responsabilidad.

¡Yo no soy un delincuente! —casi gritó Mark con voz temblorosa, a punto de llorar por la acusación, sofocando el bufido de Jake.

De acuerdo, de acuerdo —Clark le sonrió tranquilizador acariciando su cabeza con cariño—. Pero la próxima vez avísame a mí, a Jake o al señor Ford cuando quieras o tomes otra marioneta, ¿sí? Jake no te dirá que no, ¿verdad? —Clark miró a Jake con insistencia y parpadeando repetidas veces, casi suplicante, y Mark se le unió al ruego poco después.

Lo que sea —Fue la respuesta del joven volviendo su mirada al techo y los dos cómplices supieron que habían ganado la batalla.

Anda, ve a ver la obra o con tus padres.

Clark despachó a Mark con una nalgadita cariñosa y aunque el niño se quejó, hizo lo ordenado manteniendo una sonrisa en sus labios. Clark lo miró desaparecer entre los demás, contento. Sam, que había estado callada todo el tiempo, lo miró con detalle, fascinación y curiosidad. No era la primera vez que lo veía llevarse tan bien con Mark o con los niños en general. De hecho, aquella vez que la invitó a la feria para pasear en caballo, Clark había interactuado con varios pequeños y descubrió que se le daba bastante bien y que ellos se sentían atraídos a la personalidad del hombre. Y una pregunta cruzó su mente en ese momento; incógnita que volvía a presentarse en ese entonces y que no pudo evitar formular, ansiosa por conocer un poco más de Clark.

Clark, ¿tú no tienes familia? —La interrogación atrajo la atención de Jake de vuelta a los dos y miró a Sam, alzando la ceja, extrañado.

¿Familia? —Clark también enfocó sus confundidos ojos grises en ella. Sam asintió.

Ya sabes. Que en algún lugar tengas una esposa e hijos esperándote; quizás nietos.

Jake ahora posó su visión en Clark. Nunca antes se había interesado por esa parte de la vida de él. A pesar de que Clark siempre le hablaba de lo que recordaba de sus padres y hermanos o personas que conoció a lo largo de su vida; nunca le había hablado de ningún tipo de relación romántica. Sí le había dicho que le gustaban los niños y que su mayor deseo siempre fue formar su propia familia, mantenerla y criar a sus hijos, pero nunca decía más al respecto y él no se molestaba en indagar. Tal vez no le gustaba hablar de eso; quizás era una experiencia dolorosa para él y Jake no quería abrir heridas del pasado. Eso lo hacía un buen amigo, ¿no? ¿O lo hacía malo por no importarle tanto la vida de Clark como a él le importaba la suya? No, Clark era demasiado entrometido y Jake no caería en ese error.

No, no tengo —La voz animada del mayor lo sacó de sus pensamientos.

Ya veo. ¿Puedo preguntar por qué? —Sam dudó un momento; no quería meterse en algo que no le incumbía ni mucho menos quería ser fuente de incomodidad.

Claro que puedes —la tranquilizó Clark sin dejar de sonreír para después masajearse el mentón, meditativo—. Veamos, ¿por qué no tengo familia?

Seguramente nadie quería estar contigo de ese modo siendo tan molesto —comentó Jake en tono neutro.

¿Qué insinúas, muchacho? —Clark se llevó una mano al pecho y se echó para atrás, ofendido—. No quiero se vanidoso ni nada, pero he de aclararte que siempre tuve muchas oportunidades para salir con hermosas mujeres.

¿Entonces? —Jake alzó una ceja, ahora sí curioso—. ¿No decías que tu mayor deseo era tener una familia?

Pues sí, pero…

Clark bajó la mirada y un inusual ambiente de depresión lo envolvió. Sam y Jake querían saber por qué nunca formó su propia familia, ¿pero qué decirles si ni él mismo conocía la respuesta? No lo sabía, no lo entendía. Cada ocasión que había tenido había sido eclipsada por un extraño sentir en su corazón; un vacío insistente cuyo origen no comprendía. Una sensación que le indicaba que no podía cumplir su anhelado sueño porque entonces sería un traidor. Llevó su mano izquierda a la cicatriz. Tal vez ese lapso de uno a dos años de laguna mental que el accidente le dejó tenía algo que ver, pero sus padres siempre le aseguraron que nada trascendental había pasado en ese tiempo; sólo la misma rutina. ¿Entonces por qué se sentía tan poco merecedor de otorgarse esa alegría? Levantó su mirada y notó que los dos jóvenes lo miraban con un deje de preocupación. Sonrió tranquilizador.

La verdad no lo sé —respondió al final, sincero y ante la mirada inconforme de Jake, siguió—: Vamos, que no importa en realidad. Los tengo a ustedes dos como hijos y eso me hace muy feliz.

Sam sonrió asintiendo, sintiéndose honrada de ser llamada hija de él; en cambio, Jake bufó con fastidio, rodando los ojos y volviendo su atención al techo. Esa insistencia de Clark de quererlo como su hijo era desesperante.

Lo único que les encargo son los nietos, ¿eh?

¡Tú!

Jake casi se levantaba de su lugar, irritado y por demás ruborizado para lanzarse sobre el hombre, pero éste ya había echado a correr lanzado una carcajada de franca diversión que no hizo más que sonar burlona en los oídos del joven de ojos verdes, incremento su vergüenza. A su lado, Sam había bajado la mirada también roja hasta la médula de los huesos y la densidad entre ellos aumentó. Jake se cubrió el rostro con una mano. Lo decía y lo repetía: humillaciones y frustraciones puras era lo único que sacaría estando con ese par.

 
22

El silencio volvió a cerniese sobre ellos un corto espacio de tiempo antes de que la pequeña risa de Sam se hiciera oír. Había estado pensando en todo lo que había pasado y las ganas de reír la habían asaltado, y aunque procuró controlarse, no lo consiguió; al menos la disimuló cubriéndose la boca. A su lado, Jake la miró con irritación mezclada con bochorno. ¿Se estaba burlando de él? ¿Había unido fuerzas con Clark para humillarlo? Dadas las circunstancias, así le pareció. Bufó con fingido fastidio para ocultar su vergüenza. Escuchándolo, Sam aminoró su risilla para disculparse.

Lo lamento, pero Clark es muy ocurrente, ¿no? —En realidad ella también estaba muy avergonzada por la insinuación del mayor, pero comenzaba a tomarse los comentarios de Clark con más ligereza y con diversión.

Es molesto —corrigió él en son monótono—. Dice cosas que no vienen al caso; tonterías.

¿Eso quiere decir que...no querrías formar tu propia familia algún día? —cuestionó Sam, insegura de hacer la pregunta e incluso temerosa de conocer la respuesta.

Jake cerró lo ojos y volvió su rostro al lado contrario de donde estaba la pelirroja para no verla, sin planes de contestar, deseando cortar el tema allí mismo. No quería tener esa conversación. El término familia como debía ser nunca había estado presente en su vida. Nunca había tenido una, no sabía cómo funcionaba en realidad, no sabía cómo se suponía que debían actuar entre ellos, así que no podía aspirar formar alguna. No era bueno para mantener relaciones sociales y la familia era la base de la sociedad, así que dudaba ser capaz de tener una. Jake era demasiado... Jake para pensarlo siquiera. Después de todo, ¿cómo pensar ser un padre cuando nunca se tuvo alguno? A veces llegaba a la conclusión de que sus padres debieron ser igual que él y que cuando nació no se vieron capaces de criarlo y por ello terminaron abandonándolo. No quería ser igual que ellos, por lo que mejor se quedaba solo. Así nadie podría lastimarlo y él mismo no podría lastimar a nadie. Ya no podían decir que era egoísta, ¿o sí?

Sam bajó la mirada al no obtener respuesta. Parecía ser que había tocado otro asunto prohibido y aunque Jake no lo exteriorizó con palabras, por su silencio y su desinterés previo, pudo conocer su pensar al respecto. No deseaba tener familia. Un vacío se formó en el corazón de la pelirroja y por centésima vez desde que lo conocía, se preguntó por qué Jake era como era y por qué pensaba como pensaba; por qué no le gustaba lo que no le gustaba. Se preguntó por qué alguien tan diferente a Matt y a ella misma la había atraído tanto hasta el grado de enamorarse de él. El sonido de aplausos penetró sus pensamientos advirtiéndole que era momento de que se alistara para entrar a escena nuevamente. Miró a Jake una vez más, quien seguía con el rostro hacia el otro lado, y después se levantó sacudiéndose cualquier indicio de polvo en el vestido.

Bueno, creo que es hora de que vuelva al trabajo.

Volvió a mirarlo en toda su altura, esperando que él le dirigiera la mirada como momentánea despedida, sin éxito, por lo que no tuvo más remedio que ir con sus compañeros para hacer la segunda danza del espectáculo. Como siempre que salía a escena, limpió su mente por un momento de todo para concentrarse de lleno en su tarea, por lo que no volvió a notar que con el sigilo de siempre, Jake se había acercado a la entrada del escenario para verla. Intentaba engañarse a sí mismo diciéndose que como persona rutinaria, se formaba un hábito fácilmente y se acostumbraba a seguirlo. Así que eso era, ver a Sam ya no era más que una costumbre, Sin embargo, lo que la visión de ella le hacía sentir no podía ser rutina. Y en caso de que lo fuera, le daba la sensación de que no podría familiarizarse con esos sentimientos por mucho que lo intentara.

Al finalizar el baile, Jake se dirigió a tomar las marionetas que utilizaría en su obra y después de tenerlas en su poder, se encaminó a ayudar a Clark con el mini-teatro que usaban, pero antes se encontró con una Sam sonriente.

Esfuérzate, Jake. Estaré cerca, observándote.

Lo último lo dijo con timidez bajando un poco la cabeza, aunque sin borrar su sonrisa y Jake frunció el ceño sintiendo enormes ganas de preguntar por qué. ¿Por qué le decía frente a frente que lo miraría? ¿Por qué no podía quedarse callada? No había necesidad de que se lo hiciera saber, siempre podía hacer lo que él y verlo sin decir palabra. ¿Por qué le era tan sencillo expresar lo que quería? No le contestó nada y continuó su camino. Ahora debía prepararse para luchar contra el desasosiego que seguramente lo invadiría al pensar que tendría los ojos de la joven sobre él todo el tiempo, el que sería prematuro gracias a su informe —amenaza desde su perspectiva— de tenerlo en la mira todo el tiempo que durara la obra.

Nunca le había importado que nadie lo observara antes; jamás se sintió agradecido, halagado, irritado o cohibido porque sus compañeros lo miraran. Simple y llanamente poco le importaba que lo hicieran. No le interesaba si llamaba su atención o si les era indiferente. Sin embargo, últimamente esa característica suya había estado brillando por su ausencia ante la presencia de Sam. Su estado estoico e imperturbable era remplazado con una turbación e inquietud inimaginables con la simpleza de tenerla a su lado o saberse el objetivo principal de sus orbes cafés, como en ese momento. Procuraba poner completa atención en su labor y al menos recordar que era algo que disfrutaba, pero la insistencia en la mirada de Sam que no era disimulada para nada no le ponía las cosas fáciles. Y es que de pronto una inseguridad lo invadió al recordar las palabras de ella en cuanto a su presentación anterior y cómo es que le había encantado; esa sonrisa había sido prueba de ello. Por una vez en su vida le preocupaba la opinión de alguien y también por primera vez temió equivocarse en su demostración y entristecerla de alguna manera.

Su número terminó y un mar de aplausos inundó la sala de espectadores. Jake dejó el escenario y aunque vio que Sam también aplaudía encantada y feliz, ella no tuvo la oportunidad de felicitarlo por su buen trabajo porque tuvo que prepararse para hacer el baile final y deseó impaciente que todo eso terminara para hablar con el mationetista. No obstante, los planes de Jake no eran exactamente esos. Dado que su acto ya había terminado y no había una tercera función, ya podía irse de ese lugar. No tenía por qué esperar a que cerraran el evento, a que todos se alistaran, saludaran a fanáticos y bla bla. Era un fastidio tener que aguantar tanto jaleo cuando podía ir a casa por su cuenta y aunque se tomaba un tiempo para llegar a la mansión que rentaban, no era mucho pues ésta siempre estaba en el área del teatro. Total, prefería hacer otro tipo de cosas que consideraba más productivas que socializar.

Empacó sus marionetas y tomando el saco, se dirigió a la salida que lo llevaría fuera de la construcción, mas a medio camino se detuvo. Si se iba ahora ya no vería el baile final de Sam. Sacudió la cabeza retomando su camino. Bueno, no importaba en realidad; no estaba obligado a quedarse y hacerlo. Además, era mejor irse ya o terminaría rodeado de gente que terminaba por ponerlo de mal humor y lo enervaban. Tampoco era como si quisiera verla bailar, ya había sido suficiente y no quería desenfocarse más. Se detuvo poco antes de llegar a la puerta al escuchar la música de la danza y apretó el saco que llevaba en su mano con fuerza. Si no quería contemplarla, ¿por qué se sentía obligado a quedarse? ¿Era por ella o por él que ese repentino deseo nacía en su ser? ¿En realidad anhelaba seguir viéndola en su papel de linda bailarina o una parte de él sabía que si se iba, ella se desilusionaría y quería evitar eso?

Giró su cabeza para mirar a los demás que se amontonaban en la entrada del escenario deleitándose en la última coreografía del día. No quería soportarlos a todos si se quedaba. Estaba también la posibilidad de aguantar hasta el final del baile y luego irse velozmente, pero le daba la sensación de que Clark ya no lo dejaría irse y lo obligaría a montarse con él en alguno de los camiones, cosa que sinceramente le apetecía poco. Recordar a Clark fue el incentivo que necesitó para despejar cualquier debate interno y actuara conforme a su plan inicial, saliendo del teatro. Ya había tenido suficiente con sus directas y molestas sugerencias en cuanto al hecho de que Sam se veía tan linda bailando que ni él mismo podía resistirse a sus encantos. Le había dado bastantes razones para agobiarlo como para estar dispuesto a otorgarle una más. Así, intentando ocupar sus pensamientos en lo que fuera que no se tratara de cierta pelirroja, se dirigió a casa.



Las ovaciones a manera de aplausos sacudieron el teatro una vez más al tiempo que la música dejaba de sonar y los bailarines quedaban inmóviles en la pose final, despidiendo de una elegante y grácil manera a su público. El telón se cerró por unos instantes mientras cada uno de los participantes en la obra también salía a la tarima y formaban una línea acomodándose entre sus otros compañeros. Incluso Tucker, Jill y Mark formaron parte de la fila a pesar de no participar legalmente, pero bueno, eran los patrones, por lo que derecho tenían de lucirse. De esa manera era como los integrantes del Teatro Woods se despedía de los espectadores al finalizar cada espectáculo y se abría el telón una última vez, en tanto se inclinaban de manera reverente en un mudo agradecimiento por su apoyo.

Pocos eran los que no se dejaban ver, principalmente porque servían principalmente como técnicos de decoración y luz; sin embargo, entre ellos también estaba Clark, quien le había asegurado a Sam que no le gustaba recibir más alabanzas de las que ya le daban cuando concluía su presentación de marionetas, por lo que prefería tomar el papel de alguien más entre el público y aplaudir a sus compañeros. Sam pensó que otro al que no le gustaba recibir felicitaciones de más debía ser Jake, ya que a él tampoco lo había visto reunirse con ellos al finalizar, ni la ocasión pasada ni esta. Aunque ahora entendía por qué nunca antes lo había visto a él o a Clark cuando el teatro fue a su ciudad.

Con todo, decidió que no debía sorprenderla la continua actitud retraída del joven. Ya había descubierto que la interacción con sus compañeros no era algo primordial en su vida. No obstante, eso no impidió que cuando el telón bajara de nuevo, se apresurara a donde se suponía estaba Jake esperando. Quería decirle otra vez que su demostración le había encantado y que se notaba el talento que con esfuerzo se había forjado. Su desilusión fue mucha cuando descubrió que el hombre de su afecto no estaba en su sitio apartado; ni siquiera vio el saco por ningún lado, o de lo contrario habría pensado que fue al baño o a atender algo más y que pronto regresaría. Sin embargo, nada quedaba ya de la presencia de Jake. ¿Habría subido al autobús desde ahora para evitar el alboroto de los demás?

Al pensar en esa posibilidad, otra realidad apuñaló su mente siendo el herido su corazón. Jake siempre había salido temprano, justo al terminar su acto, precisamente para evitar contacto con los demás. ¿No lo sabía ella mejor que nadie? ¿No había memorizado eso semanas atrás para estar frente a la puerta y darle la prometida bienvenida de todos los días?¿Entonces por qué recordarlo la dañaba tanto? ¿Por qué su corazón se sintió de pronto decepcionado? Fácil. Se había hecho falsas ilusiones con respecto a su actuar para con Jake. Había creído ingenuamente que él haría una excepción aquel día que era tan importante para ella y la esperaría para regresar juntos. Confió demasiado en que los pequeños, dulces y cálidos momentos que habían tenido a lo largo de la tarde harían una diferencia, y había olvidado los días pasados y la desaparición de Jake por su causa. Había olvidado que su ausencia se debía a que no la soportaba.

Se llevó una mano al pecho y estrujó la tela del vestido, allí donde se encontraba el corazón, deseando que de alguna manera pudiera arrancárselo y ya no padecer de tan intenso dolor que sus propios pensamientos le causaban. ¿Pero cómo decirle a la mente que se enfocara en algo que no fuera la evidencia del rechazo de Jake? ¿Qué tal si en verdad había estado luchando por nada? ¿Acaso había estado lanzando golpes al aire, sin alcanzar un objetivo? ¿Tenía que rendirse ahora? ¿Debía resignarse a que todo lo que vivían los dos era porque ella lo forzaba? Después de todo, Jake no se había molestado en verla efectuar su danza en ningún momento, ni por cortesía. ¿No era prueba suficiente de lo poco importante que era para él?

Se fue, ¿eh? —La voz a su espalda la hizo girar sobre su eje para encontrarse con su amiga actriz, quien se encogió de hombros al seguir—: Bueno, no es sorpresa. Para él, entre más lejos de la gente mejor. Siempre ha sido así desde que lo conozco y nadie ha podido hacerlo cambiar. Ni yo, ni Clark... y tú tampoco puedes, Sam.

La pelirroja desvió la mirada de la seria y un tanto dura que Sasha le lanzaba. Parpadeó varias veces intentando que las súbitas lágrimas no se derramaran. Así que Sasha también pensaba lo mismo, ¿eh? Escuchó que la morena soltaba un suspiro de cansancio para luego sentir que posaba su mano sobre su hombro. Sam la miró y notó que los ojos de su amiga brillaban extrañamente y que le sonreía ligeramente en tanto decía con voz controlada:

¿Ahora entiendes por qué creo que Jake no te conviene? Hace que pongas caras tristes, como la de ahora y no te lo mereces. Anda, Sam, hazme caso y aléjate de él, ¿quieres? Es por tu bien.

Pero...he llegado tan lejos —se excusó ella con voz débil, bajando la mirada. Su corazón seguía obstinado en aferrarse a una esperanza, por ligera que fuera.

¿Qué es lejos? —Ahora Sasha sonó impaciente—. ¿Recibir miradas frías? ¿Poca atención? O mejor dicho, ¿seguir siendo ignorada? ¿Te felicitó al menos por tu debut?

Yo... yo...

No supo qué más responder. ¿Sasha tenía razón? Si así era, ¿por qué Clark se empeñaba en que no se rindiera con Jake? ¿Por qué le daban consejos opuestos? ¿Quién estaba en lo correcto o equivocado? ¿Era Clark el de la mala idea al querer a Jake como un hijo y ser menos objetivo? Aunque, ¿no decía que ella era como su hija de igual forma? Debía querer lo mejor para ella también, ¿no? ¿O era Sasha la que estaba equívoca al ser de carácter más fuerte y poco sensible? Pero era su mejor amiga y también buscaba su bien, ¿cierto? ¿Por cuál se inclinaría a obedecer y tomar en cuenta?

¡Chicas!

El llamado de Clark entre el gentío las obligó a posar su atención en él, que ya las había interceptado y se les acercaba.

¿Qué quieres? —preguntó Sasha al estar junto a ellas.

A ti te buscan algunos de tus fans, Sasha —informó el hombre sonriente, por lo que la actriz no tuvo más remedio que despedirse de ellos e ir a atender el llamado—. Lo siento, Sam, pero tú todavía no tienes admiradores. Pero no te preocupes que pronto los tendrás. ¡Esta vez estuviste asombra, igual que la otra! Es más, ahora estuviste mejor.

Muchas gracias, Clark —Sam esbozó una sonrisa desganada.

¿Estás bien? ¿Ha pasado algo malo? —inquirió el marionetista, preocupado, notando el ambiente depresivo de la joven.

No es nada. Eh... Será mejor que vaya por mis cosas. Nos vemos en el camión, ¿sí?

Y sin darle oportunidad al otro de decir algo, Sam se retiró haciéndose paso por todo el personal hasta que llegó a los vestidores. Se suponía que ese sería un día feliz. ¿Cómo había terminado en desazón y amargura? Se colocó su morral inseparable en cuanto lo tuvo a la vista y a través del material del mismo pudo sentir la adorada marioneta al aferrarla con fuerza, y no pudo evitar preguntar en silencio: “¿Qué hago, Matt?”



Estaba mal, muy mal; peor que mal. La idea de Jake al arribar a la mansión había sido la de encerrarse en su habitación para trabajar en alguno de los incontables proyectos que tenía en mente. Después de todo, darle forma y vida a las marionetas siempre había sido su pasión. Sin embargo, su objetivo se había ido al drenaje de la manera más cruel posible cuando, al cerrar la puerta de su cubículo y después de sacar todos los utensilios y materiales necesarios para empezar, quedó estático en su silla frente a la mesa de trabajo, sin siquiera dignarse a tomar entre sus manos alguna herramienta. No, sino que su insolente mano parecía moverse contra su voluntad simplemente para llegar al bolsillo, sacar el reloj y ver la hora. Acción que se le antojaba una inutilidad inmensa. Por mucho que mirara la hora, los segundos no correrían más rápido ayudándolo en su repentina y absurda urgencia —no, no era deseo— de que Sam regresara a casa.

Y es que temblaba de nervios por dentro. Jamás pensó que llegaría a hacer lo que había estado haciendo los días pasado, y mucho menos había pensado que la causante de todo fuera alguien que estaba destruyéndolo poco a poco. Pero lo había hecho y no había marcha atrás, y ese pequeño y plano objeto en forma de colibrí que brillaba bajo la luz de la lámpara de aceite era prueba de ello. Fue una súbita decisión, en realidad; se atrevería a decir que nació en un momento de locura. Al saber que Sam bailaría sintió la obligación —no, tampoco era deseo— de darle un obsequio por su iniciación como bailarina en el grupo. Y a pesar de que procuraba convencerse de que era por mera educación, el tiempo que dedicó a la búsqueda de algo adecuado para la pelirroja desmentiría sus pensares.

Había dedicado todo momento de casi todos los días pasados a ese obsequio de “compromiso”, hasta el grado de llegar a levantarse muy temprano y no regresar a casa hasta en la noche. Sin embargo, le había resultado más complicado de lo que había imaginado en un principio. A pesar de que había un montón de cosas bonitas para el cabello que podrían funcionar como adorno para ella al bailar, dudaba a la hora de adquirirlo. No tenía siquiera la más remota idea de los gustos de ella; si tenía un animal favorito, o una flor o tan sólo qué color le gustaba más. No sabía nada de ella y eso lo retuvo incontables veces de comprar algo. Cuando llegó el día de la primicia de Sam, él no tenía nada para darle, lo que lo desesperó bastante y más porque al ver la hora, descubrió que ya todos estarían alistándose para ir al teatro. Entonces, lo vio en el escaparate de una de las incontables tiendas del barrio. Un simpático broche para ropa, ni siquiera para el cabello que era lo que buscaba, que tenía la forma de un colibrí visto desde perfil. Era de plata casi en su totalidad exceptuando el ojito del ave que era de zafiro y el pico que era de oro.

Le gustó en cuanto lo vio, por lo que no se paró a pensar en ese momento si le gustaría a Sam o no y lo compró con prontitud, pues tenía que ir al teatro para ver el estreno del baile de Sam, por curiosidad —insistía, no era deseo. Y era precisamente que ya después de pasar la presión, estando en la tranquilidad de su habitación, se ponía a meditar en la intrepidez de sus actos y la duda lo asaltó. ¿Había sido buena idea comprar eso sin pensárselo mucho? ¿Le gustaría a Sam? ¿Lo rechazaría de plano o lo aceptaría de mala gana? La mejor manera de evitarse cualquier tipo de bochorno y desprecio era no dándole nada. Total, nadie sabía que había comprado ese broche y mucho menos conocían el motivo, por lo que no importaba si se lo quedaba él. Mas tampoco era como si le gustara acumular cosas que no utilizaría y que se volverían un estorbo. Suspiró con agotamiento. ¿Qué rayos iba a hacer? ¿Y por qué se rebanaba el cerebro por nimiedades como esas?

Se escucharon golpes en la puerta y no pudo evitar saltar en su lugar, asaltado; los nervios no se apiadaron de él cuando se asentaron en su estómago, revolviéndolo. Miró el colibrí sobre la mesa y su natural brillo lo instó a llevárselo con él. Soltó un suspiró tormentoso, con parsimonia, al tiempo que se levantaba, ignorando el objeto. Se acercó a la puerta y la abrió. Allí estaba ella, sosteniendo la bandeja con los alimentos y sonriendo como siempre... No, esta vez la sonrisa que mostraba difería a las anteriores. Esa era forzada y ¿triste? ¿Por qué? Su inquisidora e insistente mirada la perturbó porque bajó la mirada, avergonzada.

Ah, yo... quería decirte que me gustó tu acto, pero te fuiste antes de que pudiera decirte algo, así que, bueno, aprovecho. Lo hiciste muy bien...

La voz de Sam se apagó y evitó contacto con los ojos de Jake. Era tan difícil verlo con todo ese torbellino de inquietudes y dudas que tercas estaban en establecerse en su cabeza. ¿Qué tal si estaba presionándolo con todo eso de ser ella la que entregaba sus alimentos? Tal vez estaría bien que le daba un momento de espacio y dejaba de verlo unos días más, así como él parecía querer, aunque a ella la desgarrara por dentro. Sintió que él le arrebataba la bandeja con velocidad y antes de que pudiera levantar su vista a verlo, escuchó un rápido:

Espera.

Y cuando finalmente alzo sus ojos, no vio más que la puerta de la habitación del joven cerrarse. Parpadeó confundida. ¿Había escuchado bien? ¿Jake le había pedido que esperara o su imaginación le hizo otra mala jugada? ¿Qué tal si incluso había dicho otra cosa como “vete” y ella sólo escuchó lo que quería escuchar? Claro que eso parecía tan incongruente como sonaba. No tuvo mucho tiempo de pensarlo, pues casi de inmediato la puerta se abrió y Jake se dejó ver ante su persona con su brazo ligeramente extendido hacia ella, teniendo el puño cerrado.

Toma —dijo sin más.

Sam volvió a parpadear y extendiendo las manos, las puso bajo el puño de él, por lo que el pequeño colibrí aterrizó en sus palmas cuando él abrió la suya. Jake no se molestó envolverlo en papel de regalo o en una tela. Por Dios que él era práctico. Además, tenía prisa en dárselo. No le gustaba esa mirada melancólica en ella; tal vez si le daba el colibrí, esta cambiaría a otra; hasta una burlesca le valía... o quizás no, pero ya no podía echarse para atrás. Sam lo miró por unos instantes confusa y él maldijo la ingenuidad de ella. ¿De verdad volvería a hacer que se lo dijera directamente? Sintió que la sangre subía a su rostro a pesar de que intentó evitarlo y no atreviéndose a mirarla a los ojos, enfocó su vista en un punto inespecífico del pasillo, aclarando su garganta.

Por tu debut. Bailaste bien.

En la última palabra, con el pulso a mil, la miró discretamente y de reojo para ver su reacción, la que primero se tradujo en una sensación de asombro. Sam abrió los ojos sorprendida, principalmente por la declaración de él. Si la felicitaba por su danza era porque ¡sí la había visto bailar! Luego miró el broche que sostenía en las manos y le pareció precioso, hermoso, un tesoro incomparable. Su pecho se contrajo en una alegría que la orilló a inhalar de manera entrecortada ante el peso de su dicha. Y no pudo controlarse más, al exhalar, el sentimiento explotó, materializándose en tórridas lágrimas que bajaron por sus mejillas como corrientes imparables, en tanto un trémulo incontrolable se apoderaba de su cuerpo. Y al verla, Jake se alteró. ¿Por qué lloraba? ¿Tan feo le había parecido el regalo como para llorar? ¿O es que se burlaba de él? Su orgullo se sintió herido.

Si no lo quieres, no tienes por qué conservarlo —dijo intentando no sonar dolido y alargó el brazo para quitarle el colibrí a Sam, pero ella se apresuró a dar un paso hacia atrás.

¡No! —casi gritó, abrazando el objeto contra su pecho con ahínco, temerosa de perderlo si lo soltaba un momento—. Me encanta, mucho, demasiado —respondió con voz entrecortada por los sollozos y sin dejar el llanto.

¿Entonces por qué lloras? —se atrevió a preguntar, confundido.

¿Por qué? —Sam sonrió con ternura—. Pues, porque estoy feliz, muy feliz —Ella notó que Jake fruncía el ceño incapaz de comprender a qué se refería—. ¿Es que nunca has llorado de alegría, Jake?

¿Es siquiera eso posible?”, se preguntó con desconcierto el pelinegro. ¿Llorar de felicidad? ¿Cómo? Era absurdo, tonto e irrazonable. Las lágrimas representaban sufrimiento, amargura y tristeza; no podían significar gozo y contento. Era ridículo. Al ver el debate mental que Jake parecía tener, Sam, un poco más controlada, rio un poco al tiempo que se limpiaba las lágrimas. El marionetista se sonrojó mucho más sintiéndose mayormente humillado ante su aparente ignorancia. La pelirroja explicó:

A veces, cuando una persona está tan contenta que no puede demostrarlo ni con una sonrisa o una risa, es necesario que llore para expulsar su regocijo. Debe ser una satisfacción muy grande porque no ocurre con frecuencia, pero sí suele pasar. Como ahora —Sam volvió a mirar el colibrí con una sonrisa espléndida y ojos cargados de cariño, para después posar su completa atención en Jake—. En verdad te lo agradezco, Jake. Significa mucho para mí. Lo guardaré con vehemencia, lo prometo.

Jake abrió la boca para decir algo, pero no encontró la voz. La sonrisa de Sam lo había desarmado por completo, por lo que con un simple asentimiento de cabeza, se dio la vuelta y entró a su cuarto, dejando a Sam sola en el pasillo, a quien las inseguridades habían decidido dejarla después de aquel encuentro maravilloso. Después de todo, el día sí había terminado feliz y aunque el manto nocturno imperaba en en el cielo, para ella parecía iluminar más fuertemente que un día soleado, pues la esperanza por la que tanto había estado preocupada, había decidido mostrarse hoy. Ya tenía más razones para seguir adelante. 
23

El día siguiente arribó y Sam se levantó con energías renovadas que fueron evidentes para sus compañeros cuando la vieron danzar de manera sutil y ligera por todos los pasillos de la mansión, al tiempo que tarareaba lo que parecía una melodía alegre. Eso despertó la curiosidad de muchos, mas no se atrevieron a preguntar debido a que no contaban con tan estrecha relación con la joven; los únicos que podían hacerlo eran Clark y Sasha, quienes no esperaron invitación para iniciar el interrogatorio al tenerla enfrente, ya a la hora de repartir el desayuno.

Parece que hoy te has levantado con mucho ánimo —observó Clark con una sonrisa por el estado de la pelirroja.

Es verdad que siempre eres enérgica, peor hoy te pasas —estuvo de acuerdo Sasha.

¿En serio? —preguntó a su vez Sam, radiante—. No lo había notado.

Pues hay algo diferente en ti —aseguró la actriz detallándola minuciosamente de pies a cabeza, hasta que sus ojos chocaron en el brillante broche de colibrí que adornaba su vestido. Nunca antes se lo había visto—. Ese broche es nuevo, ¿verdad?

Ah sí. Eso es lo diferente a lo que quizás te referías, Sasha —comentó el hombre y se dirigió a Sam—. Me fijé que lo traías desde que te levantaste. ¿Dónde lo conseguiste? Es bonito, aunque no recuerdo haberte visto dejar la casa para ir de compras.

Fue un regalo —informó Sam con un brillo de ilusión en sus ojos.

¿De quién? —preguntaron los dos curiosos, y luego Sasha continuó con voz pícara—. ¿De algún admirador?

No, fue un regalo de Jake por mi debut.

Para Sam decir aquello significaba mucho, pues nunca pensó que ese sueño suyo se hiciera realidad. Había recibido muchos regalos a lo largo de su vida, pero el de Jake era el segundo que cruzaba la línea entre lo bonito y lo especial. Simplemente era un detalle que guardaría con cuidado y amor. Y dado que ni ella había llegado a pesar que Jake pudiera ser tan detallista, fue obvio que Clark y Sasha tampoco lo pensaran, razón por la que de sus bocas salió una exclamación de sorpresa e incredulidad, en tanto sus expresiones se tronaban asombradas a más no poder. Luego, el marionetista sonrió con felicidad inigualable, mientras la joven fruncía el ceño con inquietud.

Eso es fantástico, Sam; honestamente me resulta un poco difícil de creer, pero es fantástico —le dijo Clark entusiasmado.

Lo sé, me siento honrada. Oh, es mi turno. Bueno, nos vemos ahora. Le llevaré su comida a Jake.

Adelante —concedió Clark viendo que ella hacía su labor y sin dejar el contento, le comentó a su compañera a su lado—. ¿No es genial, Sasha? Parece que Sam realmente está echando abajo esa barrera que recluye a Jake de los demás. Es emocionante.

¿Sí? Ya lo veremos —fue todo lo que salió de la boca de la mujer antes de obtener su propia ración.

Mientras tanto, Sam se dirigía a la habitación de Jake sin que su gozo se viera menguado de ninguna forma. Quería demostrarle que había dicho la verdad cuando le comentó lo feliz que la hizo su obsequio. Quería que viera que las lágrimas de anoche no habían sido falsas o de descontento, sino que de verdadero júbilo; pero sobre todo, quería enseñarle cuánto valoraba su nuevo broche, sabiendo que no había mejor manera de hacérselo saber que usándolo el mayor tiempo posible. Se colocó frente a la puerta y tocó. Como casi siempre, la respuesta fue inmediata y al visualizar al dueño de su amor, la sonrisa en sus labios se vio más amplia y resplandeciente.

Buenos días, Jake. ¿Dormiste bien?

No —fue la cortante réplica de él.

Oh —Sam se tornó incómoda y contristada. ¿Por qué siempre hacía las preguntas equivocadas?— Lamento eso.

No importa, no es tu culpa.

Grandísimo mentiroso”, pareció gritarle la mente a Jake. Por supuesto que era la culpa de ella, porque no quiso desaparecer de sus pensamientos las horas pasadas, ocasionando que el sueño rehuyera de él. Así que se hallaba cansado y fastidiado porque la pelirroja ya no sólo se mantenía clavado en su cabeza durante el día, sino que también en la noche. ¿Es que nunca descansaría de ella? Sin embargo, no iba a decirle todo eso. ¿Para qué? ¿Para que ella dejara de mostrar la felicidad que mostraba en ese instante? ¿Para verse él responsable del efecto negativo que seguramente sus palabras le causarían? Prefería no arriesgarse. Lidiar con la Sam contenta era tan complicado como lidiar con la depresiva, según su criterio; pero al menos sabiéndola risueña lo hacía sentir bien.

En eso, el brillo natural del colibrí llamó su atención, fijándose hasta ahora que ella lo llevaba puesto. Frunció el entrecejo confundido y no pudo retenerse de preguntar al momento de señalar el objeto:

¿Por qué lo estás usando? Dijiste que lo guardarías.

Es verdad, pero me refería a que lo cuidaría mucho. Además, ¿de qué sirve tener algo que se utiliza y nunca lo haces? De alguna manera eso resta su valor y su propósito; yo no quiero eso porque este broche es muy importante para mí. Por eso quiero darle el uso que se merece lo más que pueda. El vestuario del baile no permite accesorios ajenos al mismo, pero al menos aquí puedo ponérmelo libremente.

Y una punzada de felicidad se incrustó en el interior de Jake y eso sí fue algo que no se molestó en negar. Jamás se había tomado la fatiga de darle un presente a alguien bajo ningún concepto; ni siquiera a Clark que había hecho tanto por él. Y es que desde que podía recordar, él y todo lo que representaba, incluyendo trabajos, esfuerzos y energías, había sido valorado en lo monetario o lo que fuera que otorgara ventaja y conveniencia. No obstante, allí estaba Sam, viendo a través del objeto y las ventajas, enfocándose en el gesto; porque ese prendedor no servía para nada y con todo, la hacía extremadamente feliz. ¿Cómo era posible que algo tan inútil la hiciera sonreír de esa manera?

Obviamente que no diría nada al respecto y tan taciturno como siempre, se limitó a tomar la bandeja sin soltar otra palabra, cerrando la puerta dispuesto a continuar trabajando. Tiempo después, tuvo la inesperada visita de Clark y Mark, que fueron a verlo con la intención de nada más que fastidiarlo y humillarlo. Parecía ser que Sam les había dicho acerca del prendedor y Clark le hacía saber su contento de manera irritante preguntándole cosas como cuándo sería el siguiente obsequio que le diera a la bailarina, qué sería y si ahora sí tendría la cortesía de informárselo. Mark en cambio, se limitaba a quejarse porque a él nunca le había dado nada. Fue en ese instante y solo en ese instante, en el que Jake deseó que Sam hubiese guardado y bajo llave aquel colibrí.

De esa manera, los días pasaron imparables, convirtiéndose en semanas que dieron fin al verano para abrirle las puertas a su vecino el otoño. Época del año que para Sam equivalía un mundo lleno de los recuerdos más bellos, así como de los más devastadores. Y es que la llegada del otoño también traía consigo un año más de la muerte de Matt y por mucho que lo intentara, no podía evitar verse más distraída y aborta en sus remembranzas durante esa estación en específico. No obstante, aun con todo lo vivido, no dejaba de amar el otoño. Simplemente amaba sus colores y su clima. Amaba que fuera la transición entre el verano y el invierno; dos épocas que nada tenían que ver la una con la otra y que sin embargo eran unidos por el otoño.

Pasaba del medio día y la pelirroja se mantenía echada sobre su saco de dormir, hallándose sola en la habitación en tanto escribía una carta a sus hermanos. Procuraba mandarles sus razones cada que tenía la oportunidad, tanto a ellos como a Leilany y Fred, a pesar de que a veces pasaran más de dos semanas para conseguirlo. Sabía que para todos ellos era complicado hacerle llegar alguna masiva dado el constante movimiento del teatro y no negaba que eso la ponía triste. Después de todo, eran su familia y ansiaba saber qué tal iban las cosas en la tienda de artesanías de Leilany y cómo estaba Fred; quería saber qué tal le iba a Logan con la granja, cómo la llevaban Rob y el pueblo; anhelaba enterarse de cómo le iba a Pass con su nuevo bebé, al que deseaba ver y abrazar con fuerza. No podía hacer mucho al respecto, salvo no cruzarse de brazos a la hora de mantener ella comunicación, pues aunque para ellos no era fácil localizarla, ella sí que podía hacerlo con ellos.

Ahora se concentraba en sus hermanos. Amaba a Logan muchísimo y confiaba en el, pero a la hora de escribirle siempre lo hacía de una forma muy general, dándole a entender que las cosas estaban bien para ella. Por el contrario, con Pass era mucho más abierta. No le hablaba de los roces que tenía que Glynn y que parecían no disminuir a causa de Brian, para no preocuparla; mas si le hablaba del rubio a manera de acosador. Le contaba sobre Sasha y Clark y lo buenos amigos que eran los tres, e incluso llegó a escribirle que el hombre la había adoptado como hija. También le hablaba sobre los dueños del teatro y lo lindo que era su hijo Mark. Y por supuesto, mencionaba la constante en cada una de sus cartas: Jake.

Y era precisamente de él de quien escribía en ese momento. Esperaba que su hermana pudiera sentir a través de las letras que plasmaba, la dicha que no había querido abandonarla esas semanas gracias al hecho de que Jake, a pesar de que continuaba mostrándose apartado de todos con su frívolo carácter, al menos ya se había hecho rutina tener conversaciones cada que ella iba a darle su comida o durante el espectáculo de la obra actuada. La entristecía que él optara por no quedarse al concluir la representación, pues así podían irse juntos y hablar un poco más, pero comprendía que conseguir platicar con él —siendo ella la principal emisora y él simplemente el receptor— ya era un avance enorme, así que debía ser mayormente paciente; ahora estaba segura de que sus esfuerzos eran recompensados de un modo u otro.

De lo que todavía no se sentía capaz de sacar a relucir de ninguna forma era la incertidumbre que ocasionaba en su interior ese parecido físico tan increíble que tenía Jake con Matt. Y es que lo encontraba asombroso y la intrigaba sobremanera. Mas muy en el interior, por mucho que su curiosidad fuera grande, prefería quedarse con la incógnita. Según ella, no necesitaba enterarse al respecto porque le daba miedo; lo que fuera que estuviera detrás de ese parecido la asustaba, lo reconocía. Así que ya no indagaba siquiera sobre el pasado de Jake, cosa que la frustraba bastante porque sí que deseaba conocer un poco más acerca del marionetista, pues de esa manera podría entender mejor su actitud y podría familiarizarse más con él, unir su lazo.

Negó con la cabeza. No había duda de que era un remolino de pensamientos e ideas, y prueba contundente de ello era el haber dejado a medias la carta de Pass. Suspiró larga y tendidamente; a veces todo era tan confuso. Tomó el morral que descansaba en el suelo a un lado de ella y sacó la marioneta de Matt, contemplándola con cariño. No se cansaba de observarla; era su principal tesoro... Bueno, uno de ellos. Se llevó una mano al colibrí prendido en su ropa, allí donde estaba el corazón. Ya no podía olvidarse de ese tesoro tampoco.

Pero mira esto.

La voz detrás de ella la sobresaltó y el pulso le aceleró a mil cuando unas manos se adueñaron de la marioneta, arrebatándola de la seguridad de las suyas.

¡Sasha! —nombró a la recién llegada levantándose para encararla, con un ligero tono de pánico en su voz—, No te oí entrar.

No quería asustarte o molestarte; parecías muy concentrada —comentó en tono causal la actriz, analizando con fijeza el títere que sostenía—. ¿Dónde sacaste esta marioneta? ¿Te la dio Clark?

No, no.

¿Jake? —Sasha frunció el ceño disconforme—. Se parece a él.

No, tampoco me la dio él y que se parezcan es una coincidencia —informó Sam rescatando a Matt del agarre de la morena, apretándola contra su pecho.

Eh, tranquila. No te pongas tan a la defensiva. Es solo que de pronto llamó mi atención. Así que si Clark no te la dio y Jake tampoco, ¿quién lo hizo?

Sam bajó la cabeza, dubitativa. Jamás hablaba con nadie de Matt, tan solo con Leilany y Fred, y aun entre ellos nunca mencionaban el incidente; resultaba demasiado doloroso. Sin embargo, lo que más la retraía de hablar de él era el hecho de que en parte, de algún modo, el desenlace había sido su culpa y su conciencia no dejaba de recordárselo. Si esa noche no hubiera detenido el caballo para pedir explicaciones, si hubieran llegado a la oficina del sheriff con prontitud, si hubiera confiado más en Matt, entonces tal vez él estaría vivo, estaría allí en el teatro junto a ella, cumpliendo el sueño que compartían, como se supone las cosas debían ser. Claro que los “hubiera” no existían ni valía la pena gastar neuronas en ellos. Después de todo, su vida era feliz, de diferente forma a la que pudo imaginar cuando tenía quince y lo conoció a él, pero era feliz.

Oh, ya veo —habló al fin Sasha con son ofendido al ver que Sam no parecía dispuesta a soltar nada—. No me contaras nada, ¿correcto? Bien, no importa. Ahora veo la importancia que cumplo en tu vida como mejor amiga. No te preocupes, ya lo sospechaba, pero me alegra que quede claro. Prometo no volver a fastidiarte.

Espera, Sasha —Sam la detuvo al ver que se disponía salir del cuarto—. Por supuesto que eres importante para mí y te aprecio, pero es complicado.

Me gusta lo complicado. Anda, desahógate un poco que siento falta te hace. ¿O será que no confías en mí? —la morena usó su expresión más dolida.

Confío, confío en ti —aseguró la pelirroja y su amiga le hizo señas para que continuara. Sam miró la marioneta otra vez, esperando que le infundiera algo de valor—. Fue un regalo de mi primer amor.

¿Tu primer amor? —Enterarse de eso sorprendió a Sasha—. ¿Ya habías estado enamorada antes? ¿Estás engañando a este chico con Jake? ¿Estás jugando con los sentimientos de Jake, Sam?

Por favor, Sasha —la voz de Sam se convirtió en un tembloroso hilo. Lo que su amiga sugería la hería—. ¿Cómo puedes pensar eso? ¿En realidad me crees capaz de un acto tan vil?

Tienes razón, lo siento. Es que fue inesperado y me tomó con la guardia baja. Pero insisto, ¿qué pasó entre ustedes? Si te dio eso la cosa iba en serio, ¿no? También significa que es marionetista, ¿cierto?

Sí, lo era. Se llamaba Matt.

¿Se llamaba? —Sasha frunció el ceño con pesar, de pronto sabiendo la respuesta a su pregunta.

Él murió hace algunos años —el dolor que esas palabras ejercían todavía sobre ella se reflejó en la voz pues se le quebró.

Oh, yo... —La morena balbuceó un par de cosas antes de quedar en silencio un momento—. Lo siento. Debió ser difícil.

Está bien, ya lo superé. Lo recuerdo y me pongo sensible, pero sé que es la realidad. Además, esta marioneta me ayuda a tener en mente cómo era; alegre y sonriente. Estrictamente hablando, es su retrato.

¿Quieres decir que este chico Matt, se parecía a Jake? —La actriz vio que Sam parecía meditarlo un poco, dudosa, para después asentir. Suspiró—. Eso me preocupa, ¿sabes? Me da la impresión de que lo reemplazas con Jake.

¡No! —se apresuró a negar—. No es así. Son muy diferentes en personalidad...

¿Y qué? Un reemplazo no tiene que ser lo mismo o igual que lo reemplazado.

Oh, Sasha —los ojos de Sam escocieron ante las ganas de llorar que la asaltaron. No le había confesado una de sus experiencias más significativas para que la juzgara.

Al menos admite que el que se parecieran fue lo que te orilló a interesarte por Jake, Sam.

Al principio solamente. Después eso cambió; después quise conocer al Jake que se mostraba frente a mí. Me enamoré de Jake por quien es, no por cómo luce.

Y te creo, en serio, pero no creo que él lo entienda. ¿Te has preguntado qué pasaría si se entera de esa marioneta? Preguntaría de dónde salió y si decides contarle todo, ¿qué? ¿Crees que lo acepte así como así? No, Sam. Jake estaría convencido de que es el reemplazo y te odiaría el resto de su vida.

Sam abrió la boca dispuesta a decir algo, pero la cerró al instante, incapaz de hallar las palabras adecuadas. Iba a refutarlo, iba a aseverarle a Sasha que lo que decía no era verdad, que Jake no haría eso, ¿pero qué tan segura estaba ella misma? Era verdad que el joven iba abriéndose a ella en mayor medida con el paso del tiempo y de una manera un tanto lenta, mas en ese momento aún le parecía demasiado defensivo en cuanto al exterior, buscando protegerse. Y para ser sincera, Jake le resultaba un completo misterio. A veces creía conocerlo bien para después verse sorprendida por alguna acción o dicho que salía de su temple usual. Y también era consciente de que Jake podía ser un tanto extremista.

Escucha, Sam —Sasha la sacó de sus cavilaciones—. Si te digo esto es porque me importa lo que pueda pasarte, y aunque no me haces caso cuando te digo que te alejes de Jake porque puedes salir lastimada, al menos date cuenta que hay asuntos que no podrán hablar entre ustedes, quizás nunca puedan. Eso ya hace la relación disfuncional. Bueno, menos mal que llevaste bien la pérdida de tu antiguo amor, me da gusto y también me alegra que fueras capaz de enamorarte de nuevo. Uf, yo me habría sentido como una traidora.

¿T-traidora? —De pronto, a Sam la palabra se le antojó como un sabor muy amargo que se asentaba en su paladar.

Claro, imagínate, es como si el amor que le tuviera no fuera serio. No sé, sentiría que no respetara su memoria. Como si lo que vivimos no fue lo suficientemente especial que necesitara de alguien más. Claro que es mi opinión, así que no te mortifiques. Yo me voy para que termines lo que estabas haciendo y cuida esa marioneta si es tan importante para ti.

Sahsa salió de la habitación dejando a Sam llena de contrariedad y desasosiego. ¿Acaso estaba traicionando el amor que sentía por Matt como Sasha decía? Sacudió la cabeza con vehemencia. No era posible, jamás sería capaz de eso. Ella siempre lo amaría. ¿Significaba eso que debía mantenerse sola para siempre; que no podría darle a su corazón una segunda oportunidad de amar? Ella podía compartir su amor tanto por él como por Jake; tenía el suficiente como para lograrlo. No engañaba a ninguno de los dos de esa manera, ¿o sí?

Por si fuera poco, Sasha tenía razón, ella también creía que hablarle a Jake de Matt no era tan buena idea y eso le dolía; no poder compartir ese episodio de su vida tan trascendental con Jake la hacía sufrir. ¿Cómo podían mantener un vínculo estable si había secretos de por medio? Pero la llenaba de zozobra imaginar la reacción de Jake al enterarse. Por Dios que no quería perderlo, no quería. Lo mejor era continuar como estaban, sin pensar siquiera en la similitud de los dos en cuanto a la apariencia; sin meter a Matt entre ella y Jake en cada momento; seguir como si... como si...

Matt jamás hubiera existido”.

Su propio pensamiento la aterrorizó y abriendo los ojos desmesuradamente se llevó las manos a la boca para ahogar el grito de indignación que quiso lanzarse a ella misma. Esa tampoco era la solución. Los ojos volvieron a inundarse de lágrimas y le pidió perdón a Matt en silencio. Y prefirió dar por terminados todas esas reflexiones. Su cabeza estaba sobre calentada ahora la hacía pensar tonterías. Inhaló y exhaló repetidas veces para calmarse; luego se dispuso terminar la carta para Pass.
 
24

Las palabras de Sasha en cuanto a todo el asunto de Matt no salieron de la mente de Sam durante el transcurso de ese día y de los que subsiguieron a este; no podía evitarlo. El sentir de que traicionaba a su primer amor no era exactamente el principal de sus pesares, pues estaba convencida de que jamás dejaría de amar a Matt y estaba segura de que él habría querido que ella fuera feliz y se diera la oportunidad de entregar su corazón a alguien que lo mereciera ahora que no estaba. Sin embargo, lo que la atormentaba viva era el hecho de que, aunque consideraba a Jake como merecedor de su cariño a pesar de las dificultades y las barreras de al inicio que comenzaba a derrumbar con el tiempo, en ese instante le parecía que era ella la que no lo merecía a él.

Jamás había tenido la intención de guardarle algún secreto y mucho menos algo que fuera tan importante, mas ahora estaba haciéndolo; estaba ocultándole a Matt, estaba escondiéndole lo mucho que él significó para ella, no hablaba de lo desconcertada que estaba por el parecido entre los dos, y eso la destrozaba por dentro. Ninguno de los dos se merecía lo que les hacía. De alguna forma sí que se sentía una traidora para con ambos. El miedo de perder a Jake de algún modo al revelarle todo la atenazaba por completo, la volvía débil y la hacía desconfiar de todos, de ella misma, de Jake. Sí, también demostraba falta de confianza para con el pelinegro pues temía que su reacción al saber la verdad fuera exactamente como Sasha había descrito y no quería.

Todos esos tumultuosos y agobiantes pensamientos la agotaron no solo mental sino que físicamente también cuando la privaron del sueño varias noches y sus energías se vieron menguadas gradualmente, hasta el grado de que su rostro se tornó demacrado, ojeroso y cansado. Evidentemente, la mayoría notó su estado y cuando Clark le preguntó preocupado si tenía algún problema, ella no puedo más que mentir y decir que estaba un poco nostálgica, pero que ya se le pasaría, e incluso le obsequió una muy forzada sonrisa que no convenció al hombre para nada, pero poco pudo hacer ante su abstinencia de dar información. Fue en aquel estado en el que su próxima mudanza la recibió.

Y en tanto ella empacaba sus pertenencias con lentitud y distracción, en su habitación, Jake hacía lo mismo con las suyas, aunque las guardaba muy mecánicamente al mantener su mente por completo en nadie menos que la pelirroja. El último par de días no había estado luciendo bien; parecía estar enferma, algo que no tenía nada de extraordinario teniendo en cuenta que la época de gripe arribaba junto con el otoño y que muchos de los integrantes del teatro la tenían. Sin embargo, al preguntarle a Clark si se trataba de un resfriado lo que mantenía a Sam tan mal, él le había informado que no, sino que extrañaba mucho su casa y su familia y por eso parecía enferma, pero que pronto volvería a ser la joven vivaz y sonriente que todos amaban y apreciaban —obviamente enfatizó las últimas palabras mirándolo a él de manera pícara con la clara intención de molestarlo, pero lo dejó estar.

Honestamente, no comprendía. ¿Cómo alguien podía echar tanto de menos a su lugar de origen o el sitio donde pasó la mayor parte de su vida hasta el grado de mostrar malestar físico? Era algo que a él no le pasaría jamás, estaba seguro. Aunque suponía mucho dependían las vivencias de las personas. En contraste con él, Sam debía tener hermosas memorias de su ciudad, familia y amigos, por lo que debía ser lógico que los extrañara tanto. Con todo, seguía sin entenderlo del todo. ¿Acaso Sam no estaba haciendo bonitas remembranzas allí, por lo que prefería recordar las anteriores? ¿Acaso no estaba pasándola bien con todos sus nuevos amigos por lo que pensaría regresar? ¿Lo que vivía con los demás, con Mark, con Clark, con él, no era suficiente como para evitar su nostalgia?

Eres un idiota, Palmer”, se recriminó con un sabor amargo en la boca. “Lo único que has hecho es saturarla de razones para extrañar su antigua vida”.

Y recordó todas las veces que le complicó la existencia con sus crueles tratos, su indiferencia y sus palabras rudas e hirientes, así que unos sentimientos de culpabilidad, remordimiento y arrepentimiento que nunca había experimentado envolvieron su corazón, haciendo que doliera. Y es que ni reconocer que había sido muy grosero con Clark los primeros años después de que se conocieron había causado tanto revuelvo en su interior. No le sorprendería si un día de esos Sam llegaba con la noticia de que dejaría el teatro y volvería a su gente. Lo que sí lo asombró fue darse cuenta del efecto que tuvo el simple pensamiento de esa posibilidad cuando un repentino vacío en su alma se presentó, despiadado; y su mente se preguntó qué pasaría si se volvía una realidad. Estaba seguro de que sufriría como... no quería saber.

Miró la mano con la que empacaba sus herramientas y descubrió que temblaba sin reparos; el súbito deseo de reírse de sí mismo lo asaltó. Era increíble que la simple imagen de Sam dejándolo causara semejante reacción en él, que lo asustara tanto. Y eso que apenas podían considerarse compañeros. ¿O ya llegaban a amigos? Tal vez sí y como se había acostumbrado tanto a verla, si de pronto no lo hacía se sentiría incompleto. Sacudió la cabeza para despejar cualquier imagen en cuanto a la posible partida de la pelirroja. Todavía no pasaba y no estaba completamente seguro de que pasaría, así que no valía la pena rebanarse el cerebro por eso.

Llevó sus sacos y maletas al camión. Le extrañó un poco que Clark no hubiese aparecido en su puerta para preguntarle si necesitaba ayuda como cada vez que se mudaban; tampoco Sam había aparecido. Retornar sus cavilaciones a ella le hizo creer que quizás el hombre había decidido acudir en su ayuda en esa ocasión. Sus suposiciones se volvieron un hecho cuando acomodó el último de sus sacos en el toldo del autobús y Sam y Clark se le acercaron. Él iba cargado hasta los dientes con su maleta en la mano izquierda, su saco de marionetas en la derecha y otro par de bultos sujetos entre sus costados y brazos. Tanta carga que llevaba lo hacía caminar con cuidado y lentitud procurando que no se le cayera nada, dándole un aspecto gracioso, y Jake no hizo más que alzar una ceja, perplejo. A veces ese tipo era un espectáculo único.

Uff —Clark soltó una expresión de alivio dejando todo lo que llevaba en el suelo estando frente al joven. Eso sí, su sonrisa no lo dejó en ningún momento—. Ahora entiendo por qué prefieres hacer varios viajes en lugar de subir todo de golpe, Jake. Es demasiado agotador.

Siento mucho ocasionarte problemas, Clark —se disculpó Sam con el rostro del color de su cabello.

Nada de problemas. Al contrario, es un placer y más si sigues enferma —Le sonrió tranquilizador y ella la devolvió, avergonzada—. Bueno, en lo que termino de subir esto, ¿por qué no van montándose al camión?

Sam asintió estando de acuerdo y Jake simplemente acató lo sugerido ingresando al interior del camión, teniendo a la chica detrás de él. Esa también se había hecho una rutina en la mayoría de las mudanzas; que Sam lo siguiera para ver dónde sería su lugar y en qué vehículo para sentarse juntos. A veces ella decidía hacer el recorrido en silencio y otras veces se esforzaba por hablar tratando de entablar una conversación con él, y aunque ya no la ignoraba cuando le hacía ciertas preguntas, sus respuestas siempre eran simples, cortas y al grano, así que a veces la plática se volvía un interrogatorio que se tornaba incómodo y terminaba en un ambiente silente de parte de los dos. Bueno, algo era algo.

Se sentaron en la última fila, como era propio de Jake, ocupando él el asiento de la ventana, por lo que Sam tomó el de al lado. Quedaron en silencio mientras los demás hacían lo suyo de subir al transporte entre animadas pláticas. Clark también subió al poco rato, pero se quedó en la parte de enfrente, hablando con uno de los actores de la obra. Jake miró el exterior detallando los árboles en su estado cambiante de color y no pudo evitar pensar que Sam se parecía a ellos con su larga melena roja, sus brillantes y expresivos ojos cafés, su piel bronceada y el suéter amarillo que había decidido vestir ese día le daba mayor parecido. Enfocó su total atención en ella y notó que su rostro seguía colorado. ¿Fiebre? Ella lanzó un bostezo que se cubrió con la mano.

Pareces cansada —comentó él volviendo su visión al exterior, sorprendiéndola que fuera él quien tomara la iniciativa de romper el silencio entre ellos.

Un poco solamente —contestó con voz tenue deseando no inquietarlo—. No he pasado muy buenas noches últimamente.

Deberías intentar dormir un poco en el camino. Tal vez el movimiento te arrulle —sugirió sin despegar sus ojos del vidrio.

Es buena idea, tal vez lo haga —aceptó ella con una sonrisa, feliz de que Jake estuviera preocupándose por ella.

No continuaron con la conversación. Tiempo después, en el que todo el teatro estuvo en su sitio, los autobuses arrancaron, siguiendo su patrón de fila india, uno detrás de otro. Jake continuó observando el cambio de los paisajes conforme avanzaban, en tanto le dedicaba miradas furtivas a la chica a su izquierda. Parecía ser que había tomado su consejo de dormir un poco, pues descubrió que mantenía los ojos cerrados y que comenzaba a cabecear frecuentemente. Debía estar realmente exhausta. No obstante, decidió aprovechar la inconsciencia de ella en cuanto a su alrededor para verla de forma directa, sin obstáculos y sin que ella se diera cuenta.

La miró intensamente percibiendo que en verdad parecía haberse dejado cobijar por Morfeo, pues su expresión se tornó tranquila y su respiración se volvió pausada, así que Jake fue incapaz de desechar la idea de que se veía sumamente preciosa. Su cuerpo estaba destensado, en una relajación que lo soltaba por completo, y fue por esa soltura que ella no tuvo la voluntad de sostenerse y se ladeó hacia la izquierda, a punto de apoyar su cabeza en el hombro del compañero de al lado. Siendo víctima del pánico y los repentinos celos, Jake la tomó de la tela de la manga del suéter y la haló para que retomara su posición recta, despertándola.

¿Qué, qué? —inquirió ella desorientada, mirando brevemente su entorno antes de verlo a él.

Jake enrojeció violentamente al saberse derrotado por semejantes impulsos tan humillantes y sin sentido. Viró su cabeza a la ventana para que Sam no notara su vergüenza al tiempo que sentía su corazón latir desenfrenado dentro de su pecho y se aclaraba la garganta para hablar.

Ibas a irte de bruces y te detuve —mintió descaradamente sin observarla.

Oh, lo siento.

Jake pensó que no debía disculparse para nada ya que no tenía motivos para hacerlo, pero lo calmó que ella no dudara de sus palabras o indagara más en el asunto. De reojo distinguió que ella se tallaba los ojos en vano intento de despejar el sueño que tenía, irritándoselos más de lo que ya estaban por los desvelos. Él inhaló profundamente soltando el aire con parsimonia al aceptarse conmovido por el cuadro que ella mostraba; tan frágil y vulnerable, como jamás creyó verla. Eso lo orilló a volver a hablar.

Si necesitas un apoyo para estar más cómoda puedes usarme —ofreció con voz casi perfectamente neutra y sin volverse a verla.

Sam abrió los ojos por demás impactada ante las palabras que por un momento creyó sus oídos imaginaron escuchar y lo miró con un tumulto de sensaciones, entre las que figuraron la alegría, el nerviosismo, la duda y el malestar general que hacía estragos en su cuerpo entero. Jake la encaró al fin y notó que ella abría la boca para decir algo, mas su garganta no profirió sonido alguno. El joven pudo ver la indecisión pintada en su rostro y cuando ella no hizo movimiento alguno que indicara que estaba dispuesta a usarlo como almohada, Jake se sintió como un tonto, un pobre diablo rechazado desconsideradamente y su orgullo se sintió herido.

Si tanto te desagrada la idea, no lo hagas y punto —dijo con sequedad dirigiendo su vista afuera nuevamente.

No me desagrada.

La calmada y queda, aunque contenta voz de la bailarina fue como un tranquilizante que duró apenas una fracción de segundo, antes de que las diversas emociones dentro de él formaran otro torbellino interno al sentir el moderado peso de ella apoyarse en su costado. El pulso le aceleró a mil por segunda vez ese día y el estómago se le revolvió. Sintió el calor que el cuerpo de ella emanaba y que le transmitía al suyo. Sus esmeraldas la enfocaron, detallando la genuina y pequeña sonrisa que adornó sus labios, en tanto la paz absoluta recaía en su cuerpo y mente, otorgándole el descanso que ansiaba desde hacía tiempo. Y en semejante situación, viéndose paralizado físicamente, aturdido mentalmente y atolondrado emocionalmente, Jake no pudo más que esperar que Sam no babeara igual que Mark.


Llegaron a la siguiente ciudad una media hora más tarde, y después de otros varios minutos se vieron frente a la casona que sería su hogar temporal durante los próximos días. Todos comenzaron a desbordar los transportes y Jake miró a Sam, quien seguía acurrucada contra él, sumida en el mundo de los sueños, así que una parte de él no quiso despertarla, mas tampoco podían quedarse allí todo el día. Decidió esperar a que todos bajaran para darle un poco más de oportunidad a ella de dormir, a pesar de que él solía ser el primero en descender del camión en cuanto llegaban.

El furgón fue vaciándose conforme pasó el tiempo y aunque Jake estuvo al tanto de muchas miradas curiosas e indiscretas por parte de los pasajeros, las ignoró olímpicamente. A Clark incluso tuvo que hacerle una seña con la mano indicándole que se largara cuando le dedicó una de sus típicas sonrisas pícaras. Una vez quedaron un par de personas fue que decidió despertarla, zarandeándola ligeramente moviendo el brazo en el que reposaba. La pelirroja se movió, renuente a abrir los ojos, pero el constante movimiento que era diferente al del camión al andar, la obligó a hacerlo y soñolienta miró a su alrededor.

Hemos llegado —le informó Jake observando el ya vacío interior y con su típico tono frío.

¡Oh!

Exclamó Sam sentándose bien y parpadeando para alejar lo adormitado de su mirar, y recordó bien qué había pasado al estar más lúcida; sintió su rostro arder más de lo que ya lo sentía. ¡En verdad se había recostado en Jake! Esperaba que no pensara que era una atrevida, pero no, él fue quien le ofreció apoyarse en él, así que estaba bien, ¿cierto? Sonrió percibiendo que, a pesar de que el malestar no terminaba por abandonarla, al menos ya sentía una ligera mejoría emocional.

¿Vas a levantarte o no? Me estorbas el paso —la voz de Jake la sacó de su ensimismamiento notando que él la miraba con una ceja enarcada, impaciente.

¡Oh! —volvió a exclamar, levantándose—. Lo siento.

Jake bufó, fastidiado. Esas disculpas tan repetitivas de ella en serio estaban colmando su paciencia. Sam comenzó a caminar recorriendo el largo pasillo del bus, teniendo a Jake tras ella, dispuestos a desbordar. No obstante, sucedió que al bajar las escaleras que el vehículo tenía, Sam trastabillo en sus pasos y lanzando un pequeño grito de sorpresa, sintió su cuerpo caer y lo habría echo de no ser porque unos fuertes brazos la atraparon. La bailarina levantó sus asustadas perlas para encontrarse con el par de orbes azules de Brian, quien sonrió ladino.

Vaya, qué manera tan encantadora tuvo la vida de entregarte a mis brazos —comentó con coquetería, afianzado el agarre que su brazo hacía en la cintura de ella.

Déjame ir, Brian, por favor —Sam forcejeó con exiguas fuerzas intentando liberarse, nerviosa e incómoda, desviando su mirada de los penetrantes e imprudentes ojos de él.

Oh, yo que me preocupo al no verte por ningún lado y tú que me tratas tan mal.

Brian levantó su otra mano para tomar el mentón de ella y hacer que lo mirara, pero otra mano sujetó fuertemente su muñeca, deteniéndolo a medio camino. Brian desvió su atención al ejecutor de la atrevida acción y sus pozos de agua chocaron con dos glaciales verdes que lo miraron con fiereza y que parecieron llamear en el fuego de la ira a pesar de que no parecían derretirse por la misma; así que la frialdad combinada con la sensación ardiente que envolvió al rubio lo perturbó un poco.

Suéltala —ordenó Jake con voz gélida y poseedora de un grado de furia.

¿Disculpa? —Brian alzó una ceja, atónito, sintiendo el férreo agarre en su muñeca.

Jake frunció el ceño pronunciadamente. No le gustaba repetirse a sí mismo dos veces, pero consideró al bailarín muy poco inteligente como para que captara el mensaje de inmediato, por lo que reiteró su orden y agregó una explicación.

Suéltala. No está en condiciones de aguantar tus estúpidos juegos, así que suéltala.

Y es que a pesar de no socializar con nadie, Jake estaba bien informado de la vida de muchos de los integrantes, todo por cortesía de Clark, naturalmente. De allí que supiera de la fama de Casanova que el moderador de danza tenía entre las féminas, y si Brian pensaba que Sam iba a ser tan tonta como para caer en las garras de un sujeto tan superficial como él, tenía que ser un verdadero idiota. Ella era mucho más que alguien que aceptaba palabras bonitas y atenciones; era especial. Mientras tanto, Sam no cabía en sí de estupefacción y dicha. ¡Jake estaba defendiéndola! Se sintió tan impactada que pensó se desmayaría de la emoción. En cambio, Brian miró al marionetista por demás sorprendido. ¿No se suponía que el sujeto ese era un frívolo antisocial egoísta a quien no le importaba nada ni nade en su círculo de trabajo? ¿Cuándo se había convertido en alguien que osaba desafiarlo a él, el príncipe del teatro, título ganado por su popularidad?

¿Desde cuándo el rey del invierno se preocupa por alguien? —indagó con cinismo y altanería.

Jake se limitó a mirarlo con la misma expresión, apretando más la muñeca en su mano. No tenía por qué darle explicaciones a nadie y mucho menos a un pretencioso, por lo que repitió:

Suéltala.

Y esta vez pronunció la palabra separándola y con lentitud, importándole poco que pareciera que estuviera tratando al rubio como un retrasado mental, que igual, desde su perspectiva, casi, casi que eran sinónimos. Afortunadamente, la única neurona funcional de Brian hizo el sublime esfuerzo de procesar la orden y liberó a la pelirroja, quien fue a refugiarse detrás de Jake, el que aflojó el agarre hasta soltarlo por completo. Brian se masajeó la parte afectada, detallando marcas rojas que le dolían bastante.

¿Ni siquiera un gracias? —quiso saber la pobre “víctima”, disgustada.

Jake no se molestó en responderle y se subió al toldo del camión para bajar sus cosas y las de Sam, que eran las únicas que quedaban arriba. En eso estaba cuando Tucker y Jill Woods se acercaron.

Brian —llamó Tucker al conquistador—. Necesito conversar contigo un momento, es importante. Ven, acompáñame.

El rubio asintió y se fue con el jefe del teatro. Jill no los siguió, sino que se quedó allí.

Sam, yo también quiero hablarte ahora que te veo —dijo la mujer, mirándola—. Quiero pedirte un favor. No es algo muy grande.

¿Un favor? —Sam se extrañó un poco.

Jake terminó de bajar las cosas y tomando un par de sus sacos, se alejó de ellas para darles privacidad, dejando en Sam un vacío muy grande. Había querido darle las gracias por salvarla de Brian, ahora tendría que esperar hasta que la comida estuviera lista y le llevara sus alimentos. Prestó atención a lo que su patrona fuera a decirle.

Escucha, Sam, recibimos una carta de los parientes de mi esposo. Mi suegro está muy mal de salud y es urgente que vayamos a verlo. Tuck y yo aprovecharemos que no hemos desempacado para irnos de una vez, así que, ¿podrías entregarle esto a Mark?

Jill le entregó un par de hojas dobladas y ella las tomó, confundida, en tanto la mujer seguía hablando.

Son un par de cartas. Una es para Mark explicándole toda la situación y la otra es para Ann, pero no te preocupes. Entrégale ambas a Mark y él sabrá que hacer.

Claro que se las daré, con mucho gusto respondió ella recordando que Ann era la niñera oficial de Mark a pesar de que el niño pasaba más tiempo con Clark—. Y espero no sonar atrevida ni irrespetuosa, ¿pero por qué no llevarán a Mark con ustedes? ¿No se sentirá mal?

No te mortifiques, no estás siendo irrespetuosa ni atrevida la mujer le ofreció una sonrisa cálida—. A Mark no le gustan las reuniones familiares; le aburren. Y no es la primera vez que lo dejamos aquí para ir de viaje nosotros. Sabemos que todos aquí lo cuidarán bien.

Ya veo. Entonces yo le doy esto a Mark.

Muchas gracias, linda. Nos vemos Jill comenzó a alejarse, pero Sam la detuvo.

Espere, por favor, una pregunta más. ¿Quién quedará a cargo del teatro en lo que duran fuera? cuestionó, de pronto inquieta.

Brian, por supuesto respondió la mujer como si se tratara de la cosa más obvia del mundo.

Ah, entiendo, gracias. Adiós, que les vaya bien en su viaje.

Sam se despidió con una sonrisa y cuando perdió a Jill de vista, su rostro mostró preocupación total. Esperaba no tener más problemas teniendo a Brian al frente de todo, pues eso significaba que las cosas con Glynn también podían ir peor. 
25

Sam quedó estática en su lugar durante otro espacio de tiempo, meditativa y ligeramente angustiada en cuanto a todo el tema de Brian estando a cargo. Quería creer que el rubio estaría demasiado ocupado con las obligaciones que Tucker le encargase como para tener tiempo de dirigirse a ella en algún momento; en verdad no quería más problemas con él, estaba cansada. La persistencia que mostraba para con ella era abrumadora, y lo peor era que sabía que lo hacía simplemente porque era un capricho, porque no había caído en sus redes. Sasha le había advertido claramente que no esperara que sus ataques duraran poco o desistieran rápido. Su amiga también era de las pocas mujeres que habían rechazado al bailarín en su momento, por lo que Brian también se había obsesionado en obtener su atención, siendo un pesado por mucho tiempo.

La pelirroja suspiró sintiéndose mucho más agotada. El pequeño momento que durmió en el camión no había sido el suficiente para un adecuado descanso. Ante el recuerdo, se sonrojó, mas no pudo reprimir sonreír; debía agradecerle a Jake su gesto y por haberla defendido. Iba a tomar su par de maletas cuando Clark la interceptó y se ofreció ayudarla. No deseaba causarle más problemas, pero realmente no se sentía con la fuerza suficiente de cargar nada, por lo que lo dejó llevarlas. En tanto ingresaban a la casona, Clark criticaba la poca caballerosidad de Jake al dejar a una dama sola cuando necesitaba ayuda, así que Sam tuvo que explicarle que él se fue primero para darles privacidad a Jill y ella.

Llegaron a la habitación que sería de Sam y que Sasha había escogido, donde ya se encontraban la actriz y la rubia. Clark las saludó fugazmente antes de retirarse para dejar que se acomodaran, mientras él iba a hacer lo mismo. Las tres se mantuvieron en silencio en tanto desempacaban y se alistaban. Sam miró a Glynn varias veces de reojo; las cosas entre ellas tampoco parecían mejorar. No podían considerarse siquiera compañeras de habitación dado que Glynn la ignoraba de la peor manera posible; ni en sus inicios de conocerlo Jake la había tratado con tanta indiferencia. Glynn solo le dirigía la palabra o la miraba cuando Brian se le acercaba a coquetearle y eso porque de alguna manera tenía que lanzarle sus represalias o mirarla con ira; y todo por algo de lo que no tenía ninguna culpa y mucho menos control. Por eso esperaba que el hombre se mantuviera absorto en el trabajo y no se le acercara más.

Se tomaron su tiempo en acomodar el equipaje, cada una en su espacio designado dentro del cubículo, sobre todo Sam al sentirse débil, de allí que la hora de la comida las sorprendiera y las tres fueron a hacer fila en cuanto se les avisó que podían ir al comedor; Sam aprovecharía para darle las gracias a Jake. La bailarina escuchaba la conversación de Sasha, intentando mantenerse atenta, mas sus pensamientos eran un caos, no ayudándole en nada la jaqueca que punzaba sus sienes sin misericordia, y prueba de ello fue que cuando divisó a Mark, quien también iba por sus alimentos, las cartas que Jill le había dado para que se las entregara acudieron a su mente. Con todo el asunto de Brian al frente y sus problemas con Glynn había olvidado entregárselas.

¡Mark! ¡Mark! lo llamó alzando su mano, sacudiéndola para que la viera.

¿Qué pasa? cuestionó Sasha frunciendo el ceño, disconforme por verse interrumpida de un momento a otro.

Olvidé darle algo importante a Mark explicó bajando su brazo al ver que tenía la atención del niño.

¿Dime? inquirió el jovencito colocándose frente a ellas, amable.

Mark, tus padres estarán fueran por un tiempo y tu mamá me dio unas cartas. Una para ti y otra para que se la des a Ann informó Sam sonriente.

Oh, ya veo. ¿Dónde están?

Las metí en mi morral y lo dejé en mi habitación dijo Sam al recordar que normalmente no cargaba con su morral dentro de la casa—. Iré por él.

No importa la detuvo Mark—. Hacer fila otra vez es aburrido, así que no te salgas. Yo nunca hago, por lo que iré yo.

Está bien. Gracias.

Sam le dijo cuál era la recámara correcta y el infante se encaminó hacia allá, tarareando una canción. No es que estuviera feliz porque sus padres no se encontraban, pero estaba acostumbrado a que hicieran ese tipo de salidas y él prefería quedarse en el teatro. Allí se divertía más porque Clark estaba enseñándole cómo controlar marionetas, y era algo que quería aprender. Llegó al cuarto que le habían dicho y lo recorrió con sus ojos en busca del morral de Sam; sabía cuál era, pues se lo había visto muchísimas veces, así que no debía tardar demasiado en encontrarlo.

En efecto, lo ubicó a un lado del saco de dormir de la joven, el que estaba paralelo a la pared adyacente de la puerta. Se acercó echándose al suelo; lo tomó para hurgar en su interior encontrando el par de cartas que su madre le había dejado, pero no solo eso, sino que halló algo más que llamó su completo interés. Una marioneta de intensos ojos verdes, cabello negro y que lucía un esplendorosa y abierta sonrisa, siendo sus facciones unas que él conocía muy bien a pesar de nunca haberlas visto con semejante gesto risueño.

¡Jake! exclamó por demás maravillado, sin dejar de mirar el monigote, detallándolo, moviéndolo en sus manos.

Era Jake, sin duda. ¿Significaba que él le había regalado esa marioneta a Sam? El pequeño frunció el ceño, disconforme. No era justo; él también quería algún regalo por parte de Jake. Tenía mucho más tiempo conociéndolo que el que tenía Sam y a ella ya le había hecho dos regalos; primero el broche de colibrí y ahora esa marioneta. ¿Y él dónde quedaba? Se levantó del suelo tomando las cartas con una mano y el títere con la otra, saliendo del cuarto para caminar por los largos pasillos y dirigirse a los aposentos del joven, dispuesto a reclamarle por su falta de consideración hacia él. Se suponía que eran amigos y los amigos se regalaban cosas, ¿verdad? Arribó a la pieza y antes de siquiera tomar el picaporte y abrir la puerta para entrar, se anunció gritando el nombre de Jake una y otra vez.

¿Qué quieres? preguntó el pelinegro con sequedad cuando vio a Mark ingresar a la estancia.

Eres malo, Jake reprochó inflando los cachetes—. ¿Por qué a mí nunca me has regalado una marioneta cuando te la he pedido y a Sam sí?

¿Qué? Jake frunció el ceño, confundido por lo que el chico decía—. ¿Cuál marioneta?

La que le hiciste de ti.

Mark extendió su brazo para entregarle a Jake la susodicha y pudiera viera; él la tomó y la examinó por demás extrañado. Evidentemente no era una de sus obras, pues él siempre se esforzaba por darle lo mejor de sí a sus creaciones y hacerlas, si no perfectas, casi. El muñeco que sostenía en sus manos era simple, burdo y mediocre; el trabajo de un aficionado sin talento. Con todo, tenía algo que de pronto lo perturbó mucho y es que aunque era un trabajo que parecía haber sido hecho a las carreras, tenía su encanto; Jake no estaba seguro de dónde radicaba ese encanto ni en qué, pero lo tenía. Además del hecho de que sí había alguna similitud con él, por eso del color de cabello y ojos, pero fuera de eso nada, ¿o sí? Observó con cuidado los detalles del rostro y se inquietó mucho más al descubrir que algunos rasgos se parecían a los suyos, por supuesto, sin la sonrisa.

¿Dónde dices que encontraste esto? quiso saber después de pasar un buen rato mirando el monigote.

Sam lo tenía guardado en el morral que siempre lleva a todos lados notificó Mark con presteza—. Tú se la diste, ¿verdad?

No negó bruscamente enfocando nuevamente su visión en la marioneta.

¿No? Mark se sorprendió y se tranquilizó un poco—. ¿Entonces de dónde la sacó?

Y yo qué sé arguyó con acidez intentando ocultar el hecho de que estaba muy intrigado por saber cómo es que Sam poseía una marioneta que de pronto hacía recordarlo a él.

¿Crees que Clark se la hizo? indagó Mark sumamente curioso.

¿Clark?

Jake frunció el ceño no creyendo que se tratara de él. Primeramente porque Clark no era malo haciendo marionetas, siempre y cuando se concentrara, aunque existía la posibilidad de que hiciera una que otra por mera diversión y sin tomárselo en serio, por lo que ciertamente podía terminar simplonas. Segundo, estaba la pregunta del millón: ¿por qué Clark tendría que hacerle una marioneta a Sam que se pareciera a él y con una expresión que nunca o casi nuncautilizaba? Para molestarlo, ¿por qué más iba a ser? Jake tenía bien claro que Clark amaba sacarlo de sus casillas y humillarlo. Quizás el hombre la había hecho y se la había dado a Sam diciéndole algo tonto, cursi e irritante como que ahora Jake podría acompañarla a dondequiera que fuera y podrían estar juntos todo el tiempo por medio del títere aquel que lo representaría; y claro, como Sam era tan amable no pudo rechazarlo.

Sí, seguramente eso había pasado, porque no era siquiera factible pensar que había sido la misma pelirroja quien le pidiera a Clark que se la hiciera, ¿cierto? O tal vez sí. Quizá a ella le pasaba lo mismo que a él; tal vez Sam pensaba mucho tiempo en él y esa marioneta era la manera de saciar su deseo de verlo, de estar con él. Ante el simple pensamiento de aquella posibilidad, Jake sintió que la sangre le subía al rostro y lo quemaba. Sacudió la cabeza; era absurdo, era absurdo, era absurdo. ¿Entonces por qué su corazón se sintió entusiasmado ante la idea? ¿Por qué su pulso se aceleró al imaginarse ese motivo? ¿Por qué su interior, allá en lo más profundo de su ser, aguardaba con esperanza que esa fuera la verdadera razón? ¿Tan arrogante era?

Apretó la marioneta en su mano e inhaló hondamente; debía tranquilizarse o le daría un ataque de taquicardia. En eso, tocaron la puerta y pensó que debía tratarse de ella. Jake tragó duro y antes de que Mark corriera a atender el llamado, se obligó a sí mismo a moverse para ser él quien abriera. Lo primero que vio fue el rostro de la pelirroja, que aunque seguía luciendo demacrado, exhausto y enfermo, sonreía como era tan típico en ella. No obstante, esa sonrisa desapareció casi al segundo siguiente, cuando los ojos de ella se posaron en la marioneta que sostenía en su mano, y su expresión fue suplida por una de sorpresa mezclada con desconcierto y un atroz pánico que Jake no pudo describir, al tiempo que su boca se abría para soltar un nombre.

¡Matt!

Sam palideció como la cera y soltó la bandeja, logrando que el plato con comida y el vaso lleno se estrellaran en el suelo haciéndose añicos, debatiéndose mentalmente, sin saber si llevarse las manos a la boca o extenderlas hacia Jake para recuperar su tesoro. Cuando sus alarmados orbes chocaron con los de Jake, que eran inundados por la confusión, la extrañeza y demás, tembló como no recordaba haberlo hecho jamás. ¿Por qué Jake tenía a Matt? ¿Cómo se había enterado de su existencia? ¿Había descubierto lo mucho que representaba para ella? ¿Haría preguntas al respecto? ¿Tendría que contarle todo? ¿Finalmente la peor de sus pesadillas ocurriría y Jake se alejaría de ella?

El aire se negó pasar a sus pulmones ante la última interrogante y se aterrorizó. Después de la decisión que había hecho de no hablarle de Matt, después de lo bien que estaban yendo las cosas entre los dos, después de presenciar en primera fila que Jake se interesaba por ella, después de todo su avance con él, ¿ahora iba a perderlo? Las diversas emociones que la embargaron la marearon, aumentándole el malestar y sus piernas no pudieron con su propio peso, viniéndose abajo, y habría colapsado de lleno en el suelo de no ser porque en un rápido impulso, Jake la atrapó en sus brazos y la obligó a mantenerse de pie al apoyarla contra él; en ningún momento soltó la marioneta.

¡Oye! exclamó él, mirándola preocupado. Estaba muy blanca y se estremecía sin reparos; llevó su mano libre a la mejilla de ella, descubriendo que ardía—. Tienes fiebre.

Lo siento se disculpó ella con voz queda, colocando sus manos el pecho de él para alejarlo e intentar ponerse de pie por su cuenta, sin lograrlo.

¿Qué estás haciendo aquí? le preguntó Jake con el ceño fruncido en ligera irritación e inquietud—. Deberías estar descansando.

Quería agradecerte lo de la almohada y lo de Brian...

Su voz se volvió un hilo y Jake bufó. ¿Es que era tan tonta como para poner eso antes que su salud? La condujo al interior de la habitación y la sentó en la silla donde él se la pasaba horas frente a la mesa de trabajo.

¿Qué tienes, Sam? ¿Estás bien? le preguntó Mark colocándose frente a ella, con su carita llena de mortificación y ella se sintió mal por causar tanto disturbio,

Está enferma, Mark respondió Jake, tajante—. Tiene un fuerte resfriado. Ahora, ve por una escoba para limpiar el desorden del pasillo.

Ah, ¿por qué yo? Yo no lo hice se quejó el niño haciendo un puchero, nada contento.

Solo ve.

La voz de Jake fue una que no admitió reclamos, así que Mark tuvo que salir del cuarto e ir a buscar lo que le pidieron. Jake miró a Sam, logrando que otra revolución de sensaciones estallara dentro de ella. Él le ofreció la marioneta que seguía sosteniendo en su mano.

Mark dice que esto te pertenece.

Sí...

Sam la tomó con manos temblorosas, temiendo que Jake hiciera más preguntas al respecto, sin embargo, no las hizo, sino que se limitó a darle la espalda en tanto aguardaba por Mark. La joven miró el muñeco y se preguntó cómo es que terminaron en esta situación tan tensa. ¿Cómo había llegado a las manos de Jake aquello que menos quería que conociera? Luego recordó que había mandado a Mark buscar las cartas y que estas estaban en el morral, junto a Matt. Había olvidado por completo que Mark tenía la mala costumbre de tomar sin permiso las marionetas que llamaban su atención; de haberlo recordado, ella habría ido por las cartas. ¿Pero cómo iba a imaginarse que el pequeño iría directo a Jake a mostrársela? Si se la hubiese mostrado primero a Clark quizás ese miedo desmedido que la atenazaba de hablar y moverse no estaría abrazándola en ese instante, cruel. Al poco rato, Mark llegó con la escoba y algo para recoger la basura, así que Jake comenzó a barrer la comida regada y los pedazos de cerámica y vidrio.

Oh, déjame... Sam se levantó para ir a ayudarlo dado que fue ella quien provocó el desastre.

No te atrevas la detuvo Jake lanzándole una mirada de advertencia.

Pero yo...

Siéntate.

Pero...

Siéntate siseó, frívolo y molesto; en verdad no le gustaba repetirse dos veces.

Sam fue dócil y se sentó bajando la mirada, dejando a Matt en su regazo.

Siento haber tomado tu marioneta sin permiso La voz de Mark la obligó a alzar su vista para verlo frente a él; sonrió. No podía decirle que estaba bien dado que no lo estaba, pero tampoco podía culparlo del todo—. ¿Te la dio Clark?

¿Clark? Sam ladeó la cabeza, confundida. ¿Qué tenía que ver Clark con Matt?

Lo sabes, ¿no? comenzó Mark, emocionado—. La marioneta se parece a Jake y yo creí que él te la había regalado, pero dice que no, así que debió ser Clark. ¿O fue el señor Ford? El infante frunció el ceño, pensativo y Sam rio divertida, comprendiendo un poco mejor.

No, Mark. Fue un regalo que me hizo alguien de donde vengo declaró por inercia, sin pensárselo mucho, y se le revolvió el estómago cuando notó que Jake dejaba de limpiar para mirarla un momento. Desvió sus ojos de él.

Como un recuerdo, ¿verdad? Pero se parece a Jake, no puedes decir que no. ¿Por qué?

Sam tragó duro para deshacerse del nudo que los nervios le formaron en la garganta, en tanto tomaba a Matt en sus manos, en busca de valor; y es que Jake mantenía sus ojos en ella nuevamente. Habló intentando que su voz no se quebrara.

E-es una coincidencia. También me sorprendí la primera vez mintió con el más grande de los descaros y fue como si ella misma se apuñalara el pecho.

Sus ojos escocieron. Estaba negando a Matt, estaba negando conocerlo, estaba negando su existencia al no decir la verdad del origen de su valioso tesoro y eso la lastimaba como nadie podía imaginarse. Se sentía vil, indigna de siquiera mantenerlo en sus memorias. ¿Para qué iba a querer sus recuerdos si no iba a compartirlos jamás; si iba a eludirlos?

Mark lo llamó Jake cuando puso toda la basura en una bolsa y dejó limpio el pasillo—, baja a comer.

Pero... El muchacho iba a volver a reclamar, pero el pelinegro no le dio la oportunidad.

Ahora Lo miró intensamente y Mark tuvo que obedecer nuevamente, despidiéndose de Sam. Jake la miró a con el mismo vigor—. Ya vengo. No te muevas.

Y sin decir más, desapareció de su vista cerrando la puerta tras de sí, dejando a Sam en la soledad, y se sintió agradecida por eso, porque ahora tuvo la oportunidad de drenar todas la emociones que la inundaban por medio del llanto silente. Y simplemente pudo tranquilizarla el pensamiento de que lo que hacía valía lo pena, pues solo así podía tener la garantía de que Jake seguiría a su lado, preocupándose e interesándose por ella de la singular manera en que lo hacía, que era tan suya y que tanto amaba ella.
 
26

Jake caminaba por los pasillos de la mansión dirigiéndose a la cocina, ligeramente irritado con toda aquella situación, siendo su principal fuente de molestia el hecho de que Sam no tomara en serio sus síntomas del resfriado y fuera tan imprudente de ir de un lado a otro como si nada, siendo que debía estar reposando en cama. En un lugar como el teatro, donde se requería que cada uno de los miembros estuviera fuerte y saludable para dar su máximo potencial en las obras, no eran admisibles esa clase de descuidos en la salud. Sam debía entender eso y debía dar prioridad a sí misma antes que a otros; debía anteponer su bienestar antes que ir a hacer algo tan tonto como darle las gracias a él. Gracias que no necesitaba ni quería.

Sin embargo, algo que lo inquietaba sobremanera era la marioneta que Mark le había mostrado y que le pertenecía a ella. No es que le mortificara el supuesto parecido con él. Sam ya había dicho que se trataba de una coincidencia y eso mismo pensaba él; una coincidencia muy extraña y perturbadora de algún modo, pero que no significaba más. De hecho, se atrevía a imaginar que quien quiera que se la hiciera, había pedido los gustos de la pelirroja. ¿Quién quitaba la posibilidad de que a Sam le atrajeran especialmente las personas con cabello negro y ojos verdes, además de sonrientes? Estaba en todo su derecho de tener gustos específicos; todo el mundo los tenía. Clark mismo le había comentado una vez que él sentía especial inclinación por las mujeres rubias y hasta él tenía cierta preferencia; las morenas le parecían... atractivas.

Por supuesto, a veces esa clase de arbitrios no significaban nada, y mucho menos querían decir que se debía estar sujeto a ellos todo el tiempo, siendo prueba suficiente el efecto que la bailarina provocaba en Jake, pues él no consideraba que Sam entrara dentro de la categoría de su predilección, y sin embargo, le parecía linda en algunos aspectos. Por otro lado, a veces los gustos estaban más que anclados, lo que lo llevaba a pensar que tal vez ese era el caso de Sam, y que su posible preferencia hacia los pelinegros poseedores de ojos del color de la vegetación fuera una de las razones por las que se interesó por él; porque le pareció atrayente de algún modo, a pesar de no cumplir con su gusto en la sonrisa. Ante la idea, sintió que el granate volvía a colorear su rostro.

Cálmate, Palmer”, se dijo para controlar sus pensamientos y desbocados latidos. Últimamente estaba volviéndose un engreído de primera por pensar en tantas cosas absurdas relacionadas con las posibles razones en las actitudes de Sam hacia él, y emocionarse por ellas.

Si bien, entonces, la leve similitud no era lo que agitaba su espíritu, sí lo hacía le hecho de que quizás esa marioneta tenía la culpa de la reciente conducta de Sam de los días pasados. Si se la habían obsequiado como un recuerdo, a lo mejor siempre que la veía rememoraba todo aquello que había dejado atrás; a su familia, amigos y vecinos. Así que una extraña aversión hacia esa marioneta comenzaba a brotar dentro de él, porque de alguna manera, estaba dañando a Sam, estaba alejándola de todos al mantenerla distraída, en una fantasía; la distanciaba de su trabajo, de su pasión, de él, y aquello lo molestaba, frustrándolo al mismo tiempo porque no tenía sentido alguno. Mucho menos si él era amador innato de las marionetas, por lo que no debía sentir tal rechazo por ninguna, pero por esa sí que mostraba cierto choque. ¿Serían celos? Se obligaba a creer que no. ¿Sería enfado de que Sam pareciera preferir y prestar atención a un muñeco sin vida antes que a...ella misma?

No obstante, también le causaba mucha curiosidad, porque el monigote le mostraba sin necesidad de preguntarle directamente a la chica, que ella estaba relacionada de cierta forma con el mundo de los títeres; probablemente hasta conocía lo que implicaba formarlas desde cero y los principios básicos de controlarlas. Le decía que a diferencia suya, que en verdad no tenía ni mísera idea de su mundo de baile, ella tal vez sí entendía un poco más del suyo como marionetista; algo que le daba a su corazón una sensación placentera, pues de algún modo se sentía más unido a ella. Saber que, después de todo, sí podían tener algo en común, por muy insignificante que pudiera ser, lo hacía sentirse más cerca de la joven, le permitía percibir que la enorme brecha que los separaba, ahora se volvía cada vez más angosta. Una impresión que no había experimentado con nadie más que con Clark, y era agradable advertirla de nuevo.

Pero lo que definitivamente le provocaba gran curiosidad y hasta cierto grado de desasosiego que no era capaz de describir, turbándolo de vasta manera, era el nombre que Sam había exclamado antes de casi desvanecerse. Matt. Un nombre que en un principio no debía importarle en lo más mínimo, pero lo hacía, porque a pesar de ser un nombre que le parecía eternamente ajeno, también le era extremadamente familiar. Sin embargo, de eso se aventuraría a indagar después, cuando cumpliese el cometido que se había propuesto en ese momento, que era ir a formar parte de la fila que le permitiría obtener comida, tanto para él como para la pelirroja que aguardaba en su habitación.

El asombro de todos al verlo ingresar en la cocina y formarse en la línea, fue predecible, comprensible, notorio y palpable, teniendo en cuenta que ni una sola vez desde que Jake era parte del teatro había osado asomarse a la cocina, mucho menos intentar ir por su ración alimenticia; así que su repentina aparición causó conmoción, y los murmullos de sorpresa e incredulidad no se hicieron esperar por parte de los presentes. Naturalmente, él ignoró olímpicamente y con medalla de oro a cada uno de ellos, no pudiendo importarle menos la reacción que ocasionó en su compañeros, y se dispuso esperar no tan pacientemente a que llegara su turno.

¿Un plato? preguntó una de las encargadas de repartir los alimentos una vez le tocó a él.

Dos. ¿Qué es bueno para mejorar el resfriado? inquirió, directo y al grano.

Los tés son muy buenos le informó la mujer, sonriente—. El de jengibre, así como el de limón, y con una cucharada de miel, ¡qué mejor!

¿Puede hacerme uno?

¿Estás enfermo? Qué mal. Debes cuidarte bien o puedes empeorar. Imagínate que...

¿Puede o no puede hacerme uno? la interrumpió Jake de una forma un tanto grosera, pero no tenía el tiempo ni el temple para gastarlo en conversaciones sin importancia.

C-claro respondió la mujer de inmediato, un poco intimidada, pues Jake podía imponerse bastante cuando se lo proponía.

Bien, ya vuelvo por él notificó el joven antes de tomar los dos platos de comida que ya le habían servido, retirándose de allí.

Jake retomó su rumbo a su alcoba, donde obedientemente, Sam lo esperaba sentada donde la dejó. Al verlo ella, ya estando más tranquila de su llanto pasado, abrió mucho los ojos, por demás sorprendida. ¿Había ido a conseguirle comida? Un rubor escandaloso cubrió su tez. Se suponía que era ella quien debía atender esa necesidad, no al revés. ¿Así de inútil se había vuelto últimamente? Sentía vergüenza de sí misma. ¿Y si Jake la consideraba tan buena para nada que creía que no podía cumplir ni con esa simple tarea? ¿Y si después de aquello él decidía definitivamente que ya no quería que fuera ella quien le llevara los alimentos, para evitar otra circunstancia tan molesta? No deseaba que eso pasara; no quería que le quitaran esos momentos con él. Eran más que una rutina, eran algo que necesitaba.

Ten esto La voz de él la volvió a la realidad y notó que le ofrecía uno de los platos. Lo tomó con manos sudadas y temblorosas—. Come, ya vengo.

Sam abrió la boca para preguntarle a dónde iría, pero no tuvo la oportunidad, pues velozmente, Jake volvió a salir de la estancia, cerrando la puerta tras de sí, dejándola en compañía de la soledad otra vez. Sam miró el plato de comida que sostenía en las manos durante un momento, antes de observar el cuarto, notando la tranquilidad y el silencio del ambiente. ¿Cómo era posible que Jake disfrutara tanto encierro? Era algo que meditaba sin parar, pero jamás llegaba a una respuesta convincente. Ella estaba tan acostumbrada a los espacios grandes, abiertos y a la gente; mas suponía que también tenía que ver el tipo de trabajo. El de ella requería que estuviera acompañada prácticamente todo el tiempo, aún en las prácticas; en cambio, Jake podía hacer sus marionetas en completo aíslo, sin problema alguno y hasta con mayor concentración.

Se preguntó entonces si era posible que estuviera incomodándolo demasiado con su presencia. Si Jake era alguien tan hermético que prefería hacer todo solo, entonces que ella estuviera allí debía parecerle un fastidio tremendo. Tal vez por eso se había ido, porque no soportaba la idea de comer teniéndola a ella en su espacio, en el lugar que funcionaba como su refugio. El pensamiento le cerró la garganta y el estómago, por lo que su casi inexistente apetito se redujo todavía más. Luego, recordó que antes de irse, Jake había dejado su plato en la mesa de trabajo, así que debía regresar, mas seguramente sería porque no tenía a otro sito a dónde ir. Y habría continuado con sus pensamientos poco alentadores de no ser porque Jake hizo acto de presencia una vez más, trayendo ahora una bandejita con dos bebidas; una evidentemente caliente por el vapor que desprendía.

¿No empiezas todavía? le preguntó él, alzando una ceja. No lo estaría esperando para comenzar a comer, ¿o sí? Porque si se trataba de eso, sería el colmo y terminaría por perder los estribos.

Yo... Lo siento. La verdad no tengo mucha hambre confesó la joven, abochornada.

Necesitas comer para recuperar energías le dijo Jake extendiéndole el vaso con la bebida caliente—. Este té ayudará con el resfriado, así que bébelo.

G-gracias.

Sam tomó el recipiente con cuidado, soplando un poco para enfriarlo ligeramente y sorber una pequeña cantidad del líquido; era de jengibre y estaba muy endulzado, además de bastante caliente, por lo que se quemó la lengua. Lo dejó en el suelo, en un sitio que pudiera recordar para no derramarlo accidentalmente, en tanto esperaba que se enfriara un poco más. Luego miró su comida, sintiéndose en serio renuente a tomar bocado, mas una penetrante mirada la obligó a alzar su vista para enfilarla en Jake, quien no había hecho ademán de acercarse a su propio festín, sino que la observaba con intensidad, en muda expectativa de que alzara los cubiertos y comenzara a engullir. Turbada ante la insistente y demandante mirada de él, la pelirroja no tuvo más opción que comer, de poquito en poquito y con lentitud, pero era mejor que nada.

Satisfecho con las acciones de ella, Jake también se dispuso degustar sus alimentos, de forma pausada y sin verse presionado, apoyándose en la mesa de trabajo, quedando semi-sentado en el borde de ella, ya que no contaba con otra silla aparte de la que Sam estaba usando. Se sumieron en un silencio que, si bien, no resultó tenso ni desagradable, se les antojó extraño, pues para ambos todo aquel asunto era insólito. Para Jake, porque nunca antes había mostrado semejantes atenciones por otro ser humano, mucho menos por una joven mujer, y menos aún si dicha mujer le causaba tantos disturbios mentales. Sam, en cambio, sentíase confundida y dividida, pues aunque se hallaba indudablemente feliz de que Jake le otorgara piezas de su interés, lejos estaban de ser los cuidados que cualquier chica soñadora y enamorada imaginaba o añoraba recibir de la persona que amaba. No había miradas de dulzura, no había palabras amables, no había caricias cariñosas; tan sólo había silencio y distancia entre ellos. Con todo, Sam no dejaba de fascinarse y sentirse alegre; después de todo, la situación en la que se encontraba había surgido debido a las actitudes de Jake, por lo que esta lo reflejaba propiamente.

El tiempo transcurrió y Jake terminó su comida, no así Sam, que dejó casi un tercio del producto, y aunque al pelinegro no le agradó del todo la idea, lo dejó estar; parecía suficiente teniendo en cuenta su condición y al menos se tomó todo el té. Tomó el plato de Sam para tirar lo que restó, luego lo colocó sobre su propio recipiente junto a los dos vasos, listos para ser llevados a la cocina a que los lavaran, pero antes de hacerlo, se volvió a mirarla.

Necesitas ir a descansar para que te recuperes rápido. Te acompaño, vamos.

El ofrecimiento sorprendió mucho a Sam, quien se vio petrificada en su asiento de un momento a otro. ¿Realmente estaba pasándole eso? ¿En realidad estaba disfrutando de la asistencia de Jake? ¿En verdad él estaba tan preocupado como asegurarse por su cuenta que reposaría un momento? Se sentía en un sueño maravilloso, mas supo que se trataba de la realidad al detallar en los ojos de él la impaciencia y su ceño fruncido, estando ya a un lado de la puerta abierta, en espera de que ella saliera. Se sonrojó, avergonzada de hacerlo aguardar más de lo que era necesario siendo que él estaba portándose tan considerado con su persona cuando no tenía que hacerlo.

Se levantó lo más rápidamente que su malestar le permitió, no deseando que un mareo la atacara de nuevo, teniendo entre sus manos a Matt, dispuesta a salir de los aposentos de Jake. En el pasillo, ella continuó caminando en dirección a su propia recámara, teniendo al ojiverde tras de sí, como si se tratara de su escolta personal, y puedo sentir la mirada de él sobre su nuca, llenándola de una emoción indescriptible. Habían tomado esa posición para que la bailarina lo guiara, pues él no tenía ni la más remota idea de dónde quedaba su cuarto. Finalmente, llegaron a la puerta indicada, y colocándose frente a esta, Sam giró sobre su eje para encararlo.

Muchas gracias por todo lo que has hecho por mí hoy. En serio te lo agradezco se sinceró ella, ofreciéndole una iluminadora sonrisa, de esas que la caracterizaban, que podían mover hasta lo más inmutable en el interior de Jake, y que él había extrañado en los últimos días. Entonces, antes de que ella se dispusiera ingresar a la habitación, él se aventuró a hacer aquella interrogante que tanto había estado martillándole la cabeza.

¿Quién es Matt? Soltó la bomba, sin rodeos.

La sonrisa de Sam murió y otra terrible zozobra la invadió, mientras sus ojos reflejaban el pánico absoluto. ¿Por qué? ¿Por qué Jake le preguntaba aquello ahora? ¿Qué sospechaba; qué sabía? Su corazón se aceleró ante el miedo y sus orbes escocieron por las lágrimas de impotencia retenidas, así que tuvo que utilizar todas sus fuerzas para controlarse o volvería a desmayarse; además, no quería levantar desconfianza en Jake por su inusual actuar cada que oía ese nombre. Sin embargo, no quería mentir, no con respecto a Matt, no podía, sería rechazarlo por completo y simplemente no era capaz, sería una ingrata; pero tampoco quería que Jake se enterara, no ahora que comenzaba a abrirse, aún con miedo y cierta precaución; no ahora que se había tomado tantas molestias con ella por su bienestar, algo que no quería poner en peligro por ningún motivo. ¿Qué hacer? Tragó duro aclarándose la garganta y evitar que su voz saliera en un hilo cuando abrió sus labios temblorosos para hablar.

E-es mi marioneta, así se llama contestó con supremo esfuerzo, intentando sonreír, resultando en una mueca extraña. No estaba mintiendo al decir eso.

Jake entrecerró los ojos; ya lo suponía, de hecho. Al fin y al cabo, Sam la había nombrado al verla, pero no dejaba de parecerle extraordinario. Ahora no sólo se asemejaban en apariencia, sino que también en el nombre. ¿En verdad eran posibles tantas coincidencias? Notó que ella lo miraba inquieta, quizás preguntándose por qué es que de la nada había decidido interrogarla, por lo que se explicó.

Tan sólo me parece curioso, supongo dijo no estando muy seguro de cómo clasificar exactamente su sentir, logrando que Sam ladeara la cabeza, confundida, olvidando un momento sus atormentadores pensamientos—. Mi segundo nombre es Matt.

Saber eso pasmó a la pelirroja en su totalidad, y un trémulo sacudió su cuerpo, sin saber con certeza a qué se debió, al tiempo que estrujaba con mayor fuerza la marioneta en su manos. ¿El segundo nombre de Jake era Matt? El impacto que las palabras le ocasionaron la desorientaron demasiado, dificultándole la acción de respirar.

¿Matt? ¿Como de Matthew? consiguió articular ella, atropellando las palabras dada la ansiedad con las que las pronunció, deseosa de indagar más respecto a aquella casualidad tan abrumadoramente asombrosa.

asintió él, desconcertado un poco por la actitud de ella—. Jake Matthew Palmer es mi nombre completo.

Sam abrió los ojos mucho más. ¡El segundo nombre de Jake sí era Matthew! Matt, un nombre que significaba tanto para ella, un nombre que le parecía hermoso, que amaba. Su corazón latió con frenesí otra vez, pero ahora no supo a ciencia cierta si fue por la emoción de la declaración, o por la estupefacción que le causó, o por la intranquilidad que la envolvió. No lo supo, tan sólo estuvo consciente de que sus labios desearon pronunciar aquel nombre nuevamente, por lo que no se detuvo a pensarlo mucho cuando decidió hacerle una petición a Jake, mirándolo con fijeza, desprendiendo su expresión una luz que lo desencajó en gran medida.

¿Puedo llamarte Matt?

Sam enfatizó cada una de las palabras para dejar en claro que lo que pedía era sumamente serio. Jake frunció el ceño por demás confundido, no sólo por el pedido, sino por la ilusión en la voz de ella, por el brillo esperanzador que se imprimió en sus perlas cafés, de tal manera que se le antojó incierto. ¿Pero por qué? ¿Por qué ese repentino cambio de conducta? ¿Por qué tanta añoranza por llamarlo por su otro nombre?

¿Por qué? cuestionó al fin, incapaz de encontrar algún tipo de lógica.

Sam bajó la cabeza para ver su marioneta, de pronto incómoda y sin saber qué responder; mas entonces, un recuerdo flechó su mente, uno de hace mucho tiempo, en el que había vivido una escena similar, siendo ella y Matt los protagonistas. Aquella vez ella le había preguntado a él si podía llamarlo por su segundo nombre, Dylan, pues creía que era lindo, que merecía ser utilizado, y lo mismo pensaba del segundo nombre de Jake; merecía ser pronunciado porque le parecía hermoso.

Es que realmente me gusta se sinceró, dirigiendo su atención a Jake—. Es un muy bonito nombre, ¿no crees? Matthew.

Y la manera en la que salió de sus labios, tan llena de dulzura, de ternura, de una increíble devoción, ocasionó en Jake un ligero estremecimiento y una corriente eléctrica que lo recorrió de cuerpo entero, cuya razón no pudo identificar y que lo aturdió en... no supo qué sentimiento.

¿O es que tienes algún problema con él? ¿No te gusta? inquirió Sam al notar la repentina contrariedad en las facciones de él, y su propio rostro fue apagándose al pensar sus ilusiones muertas.

Jake pensó que no fuera que no le gustara el nombre; era más bien que no estaba acostumbrado a él, para nada, pues nunca lo había usado y que de pronto alguien lo llamara por él sería muy extraño; tendría que habituarse, lo que tomaba tiempo, cosa que no le apetecía. No obstante, la triste expresión que había trastornado el contento rostro de Sam al imaginarse una negativa de su parte, le caló hondo; sabía que no debía importarle, pero lo hacía. Además, ella sería la única que lo llamaría Matt, por lo que iba a volverse algo especial, ¿no? Algo propio de ella, algo que la diferenciaría de todos los demás. ¿No era otra forma de estrechar la amistad que habían desarrollado y de la que había perdido el punto de inicio? El pensamiento le pareció tan llamativo que, de nuevo, su pulso se atrevió a acelerarse y su bomba de sangre interna mandó el líquido a su rostro, en plan de asentarlo allí un buen rato, avergonzándolo.

Llámame como quieras aceptó finalmente, como quien no quiere la cosa, volviendo su rostro a un lado para evitar que Sam notara su rubor.

La felicidad volvió a impregnar el mohín de la joven, en tanto la amplia y esplendorosa sonrisa que tanto disfrutaba él, acudía a sus labios. E incluso Sam sintió tremendas ganas de llorar de dicha, lo que se reflejó en su excitada y quebrada voz al agradecerle.

Muchas gracias, Jake... quiero decir, Matt.

Da igual. No pierdas más tiempo ni me hagas perder el mío y métete a descansar ya.

Sam asintió aún rebosante de gozo y agradeciéndole una vez más, se adentró a su alcoba, cerrando la puerta, por lo que Jake no pudo contemplarla más. Inhaló con profundidad antes de soltar el aire a manera de suspiro largo y tendido. Los próximos días iban a ser muy raros, pero si Sam iba a sonreír como lo había hecho en ese momento, tal vez todo aquello valiera la pena, un poco al menos.