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Hay ocasiones en las que la imaginación vuela más allá de las estrellas, veces en las que simplemente creas y creas cantidad de leyes diferentes a las conocidas, mundos inauditos, a los que desas dar imágen y validez. Nada mejor que otros vean aquello que piensas para que sea valorado. Disfruten de los universos que se crean aquí y relaciónense con ellos. Vean qué afecta en su vida, qué es igual, cómo lo cambiarían y qué harían en el lugar de x personaje. No sean tímidos y dejen lo que su mente piense en el momento. Sean felices siempre.

viernes, 19 de octubre de 2012

Punto Negro


PUNTO NEGRO
Prologo:

Un hombre de 62 años de edad se encontraba en un cuarto oscuro, sentado frente a un escritorio el cual era iluminado por una pequeña lámpara que dejaba ver lo que hacía. A los lados de la mesa había libros relacionados con el cuerpo humano y otros de tecnología, estos estaban amontonados entre sí. A un lado de la mesa abajo, había un cesto de basura, lleno hasta el tope de papeles arrugados. Este hombre había estado trabajando en un proyecto al que dedicó varios años de su juventud y por fin lo había terminado.

Se levantó de la silla y observó su trabajo finalizado. Después cogió la hoja donde estaba trabajando, la enrolló y comenzó a caminar por la oscuridad, sin detenerse aunque chocaba o arrastraba algunas cosas que no veía debido a la opacidad de su visión.
Se detuvo al contar los pasos que debía dar y con sus palmas empezó a buscar algo, tocando enfrente y al encontrar la perilla de la puerta, la giró para abrirla y salir al exterior. Su habitación carecía de luz, no porque no hubiera focos o electricidad, sino porque a él no le gustaba mucho la iluminación, por eso, al estar afuera, su reacción fue la de taparse la luz del sol con sus manos, para que los rayos no afectaran sus ojos desacostumbrados.

El hombre caminó por un pasillo, donde a su alrededor lo único que había y se podía distinguir eran otra clase de habitaciones, pero estas no eran habitadas.

Hola Germin ¿y ese milagro? —Preguntó acercándose un hombre con uniforme de policía cuando lo vio.

Quiero hablar con los mayores.

¿Con los mayores? ¿Acaso has descubierto algo? ¡Vamos!

Con eso el hombre uniformando no perdió más tiempo y lo llevó a la central de la Colonia A. Fue llevado a una corte para que éste diera su conferencia no solo al Mayor de la Central, sino a la gente importante como líderes y alcaldes de otras Colonias.

Germin Gum es un científico que ha estado trabajando en un proyecto de cómo poder atacar y derrotar a unas peligrosas criaturas que más adelante nombrarían como: Gum.

Estas son extrañas criaturas que cuando salen de sus escondites atacan a la gente y devoran las cosechas. Estos animales tienen la estructura semejante a la goma, son color hueso, invertebrados, sin sexo, aproximadamente del tamaño de un pequeño mueble de 50 cm a 60 cm, aunque pueden variar dependiendo su hábitat, pueden ser redondos u ovalados y estos pueden flotan hasta cuatro metros de la superficie del suelo.

Estos animales no tienes solo dos ojos, tienen varios que recorren todo su cuerpo, pero no los tienen abiertos debido a que no les son necesarios, ya que tienen la habilidad de percibir todo lo que esté a un radio de 100 m de ellos. Y no solo eso, estos invertebrados tienen una especialidad sobresaliente de acuerdo a sus capacidades, es por eso que las personas les tienen miedo.

A pesar de los años que duró investigando algún método para deshacerse de estos engendros, por fin descubrió una forma de combatirlos, es por eso que ahora se encontraba frente a los líderes importantes.

Señores y señoras, nos hemos dado cuenta que esas criaturas son un enorme problemas para la sociedad, les hemos hecho frente y aun así no les hacemos ningún daño severo debido a que se recuperan cerrando sus heridas o las armas no penetran su estructura resistente. Algunos piensan que estas cosas van a acabar con nosotros…

Sr. Gum —lo interrumpió el Juez Mayor, quien estaba escuchando sentado desde un lugar alto —no tenemos mucho tiempo, deje de parlotear tanto y vaya al grano.

Si, señor —destapó un pizarrón que se encuentra a un lado suyo para dejar ver el dibujo de una pared, a un lado de esta muralla había armas, pistolas, tanques de guerra, bombas…, todas estas estaban encerradas en un círculo con una raya pintada dividiendo el círculo, a excepción de un arma, que se encontraba entre la muralla y las demás armas. El científico continuó —¿Cómo se puede atravesar o tirar una pared hecha con un material resistente, si las armas conocidas no tienen efecto en ésta? Bueno, creando un arma que lleve balas hechas con el mismo material de la pared, con esto se puede derrumbar o atravesar. De igual manera esas criaturas.

¿Qué trata de decirnos exactamente? ¿Crear armas, balas, explosivos… con piel de esos animales?

No exactamente, debido a que estos animales cierran rápidamente su piel. Yo me refiero a controlarlos. Utilizarlos como armas, contra otros de su especie.

Al terminar de decir eso, en toda la sala se escucharon murmullos, unos en tono de burla y otros que no entendían muy bien lo que acababa de mencionar. El juez Mayor tomó la palabra.

¿De qué habla? ¿Controlarlos? ¡Está loco!

Es verdad que estos no son domables, como los gatos o perros, son más que eso y eso lo sabemos, yo me refiero a controlarlos de otra manera. —Guardó silencio mientras algunos guardias empezaban a pasarles una carpeta llena de hojas a los líderes de mayor rango —ahora mismo tienen en sus manos el plano de la idea que he planteado. La única manera de poder controlarlos es dándoles ordenes directamente por medio de ondas cerebrales, ¿Cómo? Implantando un chip que yo mismo he diseñado, uno a la persona y otro a la criatura y así la persona…

¡Espere! —Volvió a interrumpirlo el juez, arrojando con gran fuerza las hojas a su escritorio —¡¿Cómo se le ocurre que esto va a funcionar?!...

Eso puede funcionar, si usted mira…

¡Cállese! estoy viendo y lo que veo es que sería arriesgado para la persona a la que se le implante ese chip

Es verdad, pero necesito que apoyen la idea y así poder mejorarla, entonces, tal vez si hacemos eso, todo resulte bien.

O tal vez esa gente muera…

¡Pero hay que intentarlo! ¿Cómo lo sabremos si no se intenta?

¡Absolutamente no! —el juez se encontraba sumamente sobresaltado, esa idea no le gustaba, le parecía una idea descabellada que pondría en peligro vidas, cuando se quiere evitar eso. Tomó las hojas de su escritorio y las rompió por la mitad, después la mitad por la mitad —¡Es una idea estúpida y no voy a estar en acuerdo de esto! —Arrojó los pedazos de papel de nuevo a su escritorio —¡Usted esta aquí para salvar a la gente, no para matarla! ¡Regrese a su casa y piense en una cosa mucho mejor!

Podríamos probarlo en el Punto Negro…

¡Esto termina aquí!

Al decir esto, el juez se levantó de la silla y se retiró de la sala, imitándolo los demás espectadores, dejando las palabras del científico en el aire.

Después de ese suceso, Germin Gum volvió a su oscuro y maloliente habitación, triste por haber sido rechazado de esa forma. Sus expectativas con este proyecto eran muy altas y a él lo mortificó el rechazo de tal manera que cayó en una depresión. Nadie sabía que sus días estaban contados. Ese secreto que durante muchos meses guardó para sí, fue descubierto seis meses después, cuando murió por enfisema pulmonar. Hasta entonces todo mundo supo lo enfermo que estuvo.

Un par de semanas después de la muerte de Gum, Fernando Fontana, comandante del Punto Negro, visitó el despacho de éste, dos de sus hombres lo acompañaban. Al entrar al cuarto, uno de ellos le mencionó al otro cuando vio el desordenado y oloroso cuarto.

Dicen que estaba más loco que nada.

El comandante ignoró lo evidente y se centró en buscar alguna información o idea que valiera la pena salvar, ya que pensaban quemar todo ese lugar. Había escuchado que este hombre había inventado varias cosas, no en práctica, ya que nuca tuvo el material para crearlos, porque nunca le dieron apoyo económico, pero sí en teoría, dibujando planos y anotando fórmulas. El comandante necesitaba alguna idea para detener a los Gum, los cuales se había multiplicado amenazando más que nunca con exterminar al género humano en un pestañear de ojos. Eran un verdadero problema.

Fontana examinó cada parte del tiradero, en el escritorio, dentro de los cajones y al registrar en el último cajón, encontró varios planos a los que echó un calmado vistazo, impresionándose por lo que descubrió. Germin Gum había sido un hombre muy ingenioso.

¿Comandante? —escuchó a uno de sus hombres, interesado por cómo miraba esos planos.

Era un genio —mencionó una vez que terminó de revisarlos, mirando a sus hombres —qué lastima que nunca lo dejaron crear uno de sus inventos. Pero yo personalmente voy a hablar con los líderes de la Colonia A. Esto es precisamente lo que se necesita en el Punto Negro.

El Punto Negro es un lugar ubicado en el centro de la Colonia B y es una enorme fortaleza donde solo los militares pueden y tienen el derecho de vivir ahí. Ese lugar se creó con el fin de pelear contra esos animales mutantes.

Introducción:

Alvar Farías se encontraba detrás de su padre, quien se estaba aferrando de su camisa fuertemente. Alvar es un chico de cabello castaño claro tirando a rubio y ojos azules. En ese momento él siente un enorme pánico, pues ha sido llevado a un lugar extraño que no conoce del Punto Negro. Primero su padre lo guio por un largo pasillo que parecía no tener fin, después se detuvieron frente a una enorme puerta de fierro. Una vez parado frente a esta gran puerta color gris supo que su miedo se incrementaría cuando esta se abriera.

Tengo miedo dejó escapar aferrándose aun más a la camisa de su padre. Su corazón late más rápido con cada segundo que pasa.

No lo tengas, sé valiente le anima su padre sin mirarlo ni un minuto y con voz fuerte. Melchor Farías es un hombre que nació y fue criado en el Punto Negro, un hombre que no demostraba la más mínima ansiedad ni la tristeza—. No te preocupes, será más rápido de lo que crees.

Como había sospechado, su temor aumentó cuando la puerta comenzó a abrirse poco a poco ante sus ojos. Lo primero que visualizó fue una cama en medio de ese cuarto gris y escalofriante. Después su vista se pasó a las personas vestidas con ropas de doctor que estaban alrededor de la cama. El chico sintió como su padre lo haló del brazo para que entrara a la habitación, y antes de dejarlo solo con esas extrañas personas, le dijo:

Ve, es ahora o nunca —La puerta se cerró.

La historia se escuchaba por todas las Colonias:

Años atrás, cuando los militares se dieron cuenta que los Gum eran una amenaza para la humanidad y que al salir a la superficie solo provocaban daños severos a su alrededor, empezaron a combatir contra ellos para poder terminarlos antes de que esas cosas exterminaran la raza humana. Pero sus miedos incrementaron cuando se dieron cuenta que esos extraños animales eran mucho mejores de lo que pensaban, eran criaturas inteligentes e igualmente poderosas. Las armas que utilizaban contra ellos no les provocaban daño alguno y cuándo lograban hacerlo, sus heridas se aliviaban rápidamente gracias al poder de regeneración que tenían.

Al ver eso, un científico militar de nombre Germin Gum, empezó a investigar a fondo a esas extrañas criaturas para poder encontrarles alguna debilidad. Después de varios años propuso que la mejor manera de poder deshacerse de esos monstruos era con ellos mismos. ¿Qué mejor manera de romper una pared dura que con su mismo material?

Germin sabía que no era posible que se domesticaran como perros u otros animales. Estas criaturas usaban su cerebro más que su instinto. Eran muy inteligentes.
Así que antes de su muerte propuso que las personas se formaran uno con esas cosas. Creó un plano donde se mostraba que un “chip” implantado en el cerebro humano y otro en el cerebro del Gum induciría a que el Gum, mediante ondas cerebrales, siguiera las órdenes que le mandara la persona. Con eso el usuario controlaría al Gum como un arma contra sus semejantes.

Años después hicieron lo indicado y perfeccionando la idea de Gum, emprendieron la operación, donde reclutaban a jóvenes para hacerles ese implante. Uno de ellos era Alvar Farías, el muchacho que ahora se encontraba acostado boca abajo en esa grande y fría cama.

Ariel Farías, el hermano mayor por cinco años de Alvar, estaba observando junto a su padre y su madre, desde arriba por una pared de vidrio reforzada que rodeaba la parte superior del cuarto. En ese momento lo único que sentía era envidia de su pequeño hermano. Su padre había estado esperando con ansias ese día, un día súper “especial”. Cuidaba muy bien de su hijo. Él siempre quiso ser al que le implantaran ese “chip”. Había oído hablar de su padre y de conocidos, que ese trabajo era muy respetado y muy importante y que no cualquiera tenía el privilegio de tener. Anhelaba ese trabajo con todo su corazón desde que tenía conciencia. Cuando él había nacido, a su padre le habían preguntado si quería que su hijo fuera un “controller”, él les menciono que no, que esperaría hasta su segundo hijo.

Ariel siempre quiso ser un “controller” pero por desgracia su hermano se llevó el crédito.

Ahora lo estaba observando en esa cama, veía como los doctores estaban implantando el “chip” y también vio como su padre mostró ese rostro de orgullo por su hijo. Ese orgullo que debió originar él, no Alvar. Pero ese deseo se esfumó al ver por la enorme pantalla que se encontraba ubicada arriba de la sala, la reacción de Alvar al implantarle el “chip”. Su hermano empezó a moverse bruscamente en la cama y los doctores no podían controlarlo. Los gritos desgarradores del pequeño se escucharon por toda la habitación traspasando los muros, porque Ariel pudo escucharlos, causándole las lágrimas a su madre, quien no pudo hacer nada para ayudar a su hijo menor porque su marido la detuvo para inmovilizarla.

El hijo mayor ahora agradeció en silencio no ser él quien ocupara esa cama. No ser él a quien le implantaran el “chip” Los gritos del joven desgarraron todo su ser, pero lo que más lo destrozó fue cuando no los escuchó más. Ese momento provocó que le dieran nauseas y ahí mismo soltó lo que había desayunado esa mañana. Hasta este día lo comprendió. Lo comprendió muy bien. Con tan sólo diez años, su hermano ya había sufrido más de lo que una persona normal sufriría.



Capítulo 1

¿Desde cuándo le dolía así la cabeza como para postrarlo en la cama y no permitirle levantarse? ¿Desde cuándo ya no podía conciliar el sueño? ¿Desde cuándo empezó a ver un punto fijo en el techo de su habitación, sin poder mover la vista a otro lado? No lo sabia con exactitud, pero ese día era uno de esos. En ese momento se encontraba acostado boca arriba viendo ese punto indefinido en el techo, sin pensar en nada concreto. Se sentía cansado sin casi poder mover alguna extremidad de su cuerpo, sin lamentarse después, los parpados de los ojos le pesaban tanto, que creía no poder seguir manteniéndolos abiertos.

El dolor de cabeza que tenía en ese momento lo estaba volviendo loco, sentía como se le incrementaba con cada segundo que pasaba. Meses atrás el dolor aparecía detrás de su cabeza de vez en cuando, en la nuca, pero ahora se trataba de todos los días y tenía miedo de que estos se apoderaran de su cabeza para siempre y que no lo dejaran descansar.

Dana Tenor, su médico particular, le había recetado unas píldoras para que se las tomara todos los días por un mes y eso es lo que había estado haciendo. Ella lo presionaba todos los días para que se hiciera una prueba de electroencefalografía, pues la manera en que le señalaba como se sentía, hizo que se preocupara, pues temía que eso perjudicara su salud. Pero él se negaba a hacerse el estudio, insistiendo en que se le pasaría con solo tomar la medicina.

El sonido que hizo su teléfono cuando alguien lo llamó, se escuchó por toda la pequeña alcoba. Su habitación no era muy grande, tan solo contaba con su cama, la que se encontraba pegada a la pared, un mueble mediano que estaba a un lado de la cama, tres puertas; una que llevaba a la salida o entrada a la habitación, otra para el closet y la ultima daba acceso al baño. Cogió el teléfono, enojado debido a que este se encontraba precisamente a un lado de su almohada casi pegado a su oreja, provocando que el sonido no solo sonara en su habitación, sino también retumbara en su cabeza.

Escuchó la voz del comandante, una voz dura y firme. Jeremías Fontana, el comandante del Punto Negro, era un hombre robusto, pues lo primero que hacía al levantarse era ejercicio, como levantar pesas, hacer abdominales, lagartijas y todo lo que conocía para fortalecer los músculos, además, era una persona que le gustaba mucho el orden y la limpieza y aunque a primera vista se veía que es un tipo rudo, la verdad es que ya conociéndolo bien, se da uno cuenta que es un hombre muy alegre y siempre cuenta algún chiste a pesar de que no sabe contarlos muy bien .

Farías, quiero verte ahora mismo en la sala de entrenamiento. Surgió algo importante y no quisiera que uno de mis mejores hombres falte. Además, tú eres el único que pondría orden al lugar al decir lo último se escucharon las carcajadas del comandante, Farías tuvo que retirarse un poco el teléfono de su oído volviéndolo a acercar cuando se dejaron de escuchar las risas El coronel Wong te espera en el pasillo 34 C, no llegues tarde, ya sabes cómo se pone cuando no son puntuales.

Así era, el coronel Wong era un hombre bien conocido porque le gustaba que todo fuera a la hora precisa. Todos puntuales. Y se molestaba sobremanera cuando se llegaba por lo mucho, 2 minutos tarde a la hora citada. Un hombre muy serio.

Claro, señor.

Colgó levantándose de la cama y se estiró un poco, después tomó su reloj que estaba sobre el mueble y se lo puso en la muñeca izquierda, cogiendo después una chaqueta delgada que estaba en los pies de la cama. Ahora estaba listo para ir al trabajo. Se acercó a la puerta y en un monitor que estaba a un lado de ésta, puso un código de números que permitió a la puerta abrirse dejándole ver a una mujer que tenía su puño levantado a la altura de su rostro, indicando con la pose que apenas iba a tocar la puerta, sorprendiéndolo.

¡Dana! ¿Qué haces aquí?

Y tú ¿A dónde vas? —respondió con esa interrogante mientras daba un par de pasos hacia atrás para que él pudiera salir libremente.

A trabajar —informó cerrándose la puerta tras él. Girando a la derecha, comenzó a caminar haciéndose el desinteresado.

Creí que hoy era tu día libre.

No tenemos día libre —replicó elevando un poco su voz debido a la distancia.

¡¿Te harás el examen?!

No respondió nada, solo se limitó a levantar su mano indicando un “adiós” y siguió con su camino.

¡Alvar…! —dio un paso con intención de seguirlo, pero se retrajo. Sabía que a la fuerza no iba a lograr nada productivo, pero aun así persistiría sugiriéndole que se hiciera el examen a toda hora de ser necesario, hasta motivarlo a cambiar de idea.

Alvar Farías caminó hacia el pasillo 34 C, donde lo esperaba Wong. Es verdad que le dijo a Dana que hoy también trabajaría, pero él también creía que era su día libre, mas era posible que alguien importante estaba a punto de llegar, tal vez alguien de otra Colonia, no lo sabía con exactitud y al parecer querían conocer a los mejores Controller de Gum y él era uno de ellos. Eso era algo sumamente increíble, sin embargo en ese momento él no se interesó mucho en eso, tenía la esperanza de que hoy iba a tomar el día libre para descansar de usar esa cosa, realmente no se sentía con muchas fuerzas, pero ni modo, el deber llamaba.

En el Punto Negro existía una regla sumamente importante. Y era que cualquier Controller solo puede manejar a su Gum de 8 a 10 horas, para así evitar algún sobre calentamiento en el sistema nervioso del usuario. Hicieron esa regla cuando los primeros Controller al manejar o tratar de manejar los Gum por más de 15 horas, perdían el control sobre éste y eso provocaba que esas cosas se pusieran más agresivas de lo normal e inducía a que el usuario quedara en coma por largo tiempo y hasta llegara al punto de perder la vida.

Los primeros síntomas que se presentaban cuando no marchaba bien el control son: dolor de cabeza agudo, comportamiento de los Gum de una manera diferente a lo que el Controller les manda, movimientos violentos de las criaturas semejantes a tratar de romper alguna cadena invisible… y eso era lo que a Dana le preocupaba. A él un poco, pero sabía que no eran por eso sus dolores de cabeza ¿Cómo podría ser que un Gum lo derrotara? Sabía o creía saber que esos dolores de cabeza y esa falta de concentración eran un efecto secundario de haberse enterado de que su madre había muerto. Meses atrás le dieron esa noticia y desde ese tiempo para acá empezaron todos esos malestares. Eso era lo que sucedía, solo le hacía falta descansar.

Mientras los Controller descansaban de usar su Gum, a estos se les administraba un somnífero para dormirlos y así poder colocarlos en unas cajas de cristal en un cuarto especial, despertándolos solo cuando era hora de entrenar o cuando iban a pelear con sus semejantes.

El médico Dana se dirigió a la sala donde todos sus compañeros se reunían para ordenar papeles de sus pacientes o para hacer algunas investigaciones, pues ahí había computadoras para hacerlas o simplemente para tomar una taza de café con otro compañero. Pero ella no iba ese lugar por ninguna de esas razones. Quería ver a alguien y sabía que en ese sitio lo encontraría pues sabía que casi se la vivía ahí.

Dana siguió su camino sin distraerse, ni siquiera cuando se encontró a sus colegas y la saludaron respondiéndoles solamente con una pequeña sonrisa, pasando de largo.

Al llegar al límite de la sala, se detuvo, ya que ahí era al lugar al que quería llegar. Frente a ella, a pocos metros, un hombre estaba de espalda sentado en una silla frente a una computadora.

A ti te quería ver.

¿A mí? ¿Por qué? —preguntó el hombre, extrañado y sin dejar de mirar la pantalla.

¿Quieres hacerme el favor de decirle a Alvar que se haga el examen?

¿Y por qué tengo que hacer eso? Tú eres su médico.

Lo sé, pero no me hace mucho caso…

¿Y a mí sí?
Eres su hermano mayor ¿No?

El hombre giró su silla para verla a los ojos notando la súplica en la mirada de ella, sensibilizándose sin querer.



Ariel Farías estaba recargado en la puerta de la entrada de la habitación de su hermano, preguntándose por enésima vez por qué él tenía que hacer eso. Tenor era su médico. Y mientras estaba aquí en lo que creía era perder el tiempo, podría seguir en su investigación. ¡Pero No! Ella se lo pidió de una manera que él no pudo negarse, insistió e insistió hasta que le dio resultado, aunque claro, fue más bien la mirada de súplica en esos lindos ojos verdes y estaba al corriente que no era fácil para ella, pues él conocía más que nadie la actitud de su hermano, que no era muy fácil tratar con él. Era una persona que solía ser arrogante, así que conocer mejor que nadie ese hecho, lo hizo ponerse en los zapatos de ella.

Antes de que Dana Tenor fuera su médico, Alvar ya había tenido dos médicos. El primero era un hombre que hizo todo lo posible para tratarlo, pero se dio por vencido un par de años después. El segundo era una mujer ya madura y era una persona muy gruñona, duró más tiempo que el anterior, pero debido a que era gruñona y obligaba a Alvar a hacer algunas cosas, produjo que su hermano se pusiera peor de rígido y el resultado fue que el médico salió perdiendo y lo dejó. Entonces llegó Dana, una persona que en cierto modo le tenía mucha paciencia, pero a veces no sabía qué hacer. Ella era persistente y a leguas se veía que no se rendiría ante él. Si Dana no podía con algo, iba directo con Ariel y era él quien la mayor de las veces lo hacía cambiar de parecer. Es por eso que ahora él estaba ahí, recordando a su pequeño hermanito, a ese hermano que en tiempo pasado, solía tener miedo a casi todo ¿Qué le había pasado? Ahora era un hombre bastante frio. Recordó aquel día, ese día que cambió la vida de ambos. Un día con el que soñaba y volvía también a sentir las náuseas. Aunque estaba sumido en sus pensamientos, escuchó los pasos que se dirigían hacia él. Giró su cabeza a su lado derecho dedicándole una sonrisa a la persona que quería ver.

Te envió Dana ¿verdad? —fue lo primero que preguntó Alvar. Por esa razón siempre veía a Ariel. Por Dana.

Ella está preocupada por ti. No deberías hacerla enojar y mucho menos preocuparla de esa manera.

Le he dicho que estoy bien.

¿Por qué no le das el gusto? Si estás tan seguro de que no es nada grave, hazte el examen. Yo no creo que tengas algo —se encogió de hombros—, pero ya sabes.

Después de pensar en eso un rato, dio un hondo suspiro y soltando el aire, aceptó:

De acuerdo… pero…

¿Pero?

Olvídalo. Solo vámonos.

Ariel y Alvar se dirigieron a un cuarto especial en donde se encontraban las máquinas necesarias para hacerse ese examen. El examen consistía en que el paciente debe recostarse sobre una mesa corrediza que lleva al interior de una cabina cilíndrica en donde por medio de cables conectados en los puntos vitales del cuerpo, se explora el organismo; mientras que en el cuarto anexo, debe estar el Gum que el paciente controla, así que Ariel habló a los encargados de los Gum para que trajera al Numero 68-F4, o sea, el que controla Alvar y en tanto el animal era traído, el menor de los hermanos se recostó en la mesa permitiendo la conexión de los cables en su cuerpo.

¿Has estado tomando la medicina que te recetó tu médico? —preguntó Ariel.

Cada día y eso ha hecho que me sienta mejor —respondió tratando de relajarse, lo que le costaba mucho, porque no le agradaban esos chequeos, lo ponían muy nervioso. Su hermano tomó asiento en la silla que estaba al lado de un escritorio que contenían las máquinas que median el ritmo cardiaco, la presión arterial y el pulso —es por eso que le he dicho que estoy mejor.

Dale el gusto —tomó del escritorio una carpeta que contenía el registro médico de Alvar Farías y abriéndolo, le hechó una mirada.

Se lo estoy dando ¿No?

Ariel sonrió mirándolo. Ya recordaba porqué le gustaba platicar con su hermano, a veces sacaba un comentario divertido y lo hacía divertirse aunque solo fuera por un momento. Por desgracia el trabajo de ambos impedía que se vieran constantemente, pero le gustaría que se dieran un poco de tiempo para convivir como lo hacían antes.

Yo también creo que estás bien —dijo al fin, atento a las máquinas —, pero un chequeo de vez en cuando no hace daño. En general estás muy sano, ritmo cardiaco normal, tal vez un poco nervioso, respiración estable, presión arterial óptima —, el timbre del teléfono del laboratorio repiqueteó interrumpiéndolo, así que dejó de hacer por un momento lo que hacía para contestar el aparato —Si…— asintió varias veces mientras escuchaba la voz del otro lado de la línea—… comprendo… muchas gracias —colgó el teléfono y dirigió la mirada a su hermano—, ya está listo el Numero 68-F4, ahora sí, a comenzar el examen de estabilidad. Te daré algunas órdenes para que se las ordenes al 68-F4.

Está bien.

En un momento —apretó un botón ubicado debajo del escritorio para abrir las persianas de una de las paredes permitiendo así ver la otra habitación, donde se encontraba el Gum —Listo.

La prueba no duró demasiado, no tanto como había creído Alvar, solo unos treinta minutos sin contar lo del principio. Lo primero que hizo el menor cuando se irguió, fue estirarse, aunque no duró mucho, los nervios del principio habían provocado que sus músculos se tensaran. Mientras tanto, el mayor estaba apuntando sus observaciones en el archivo médico de Alvar. Ahora debían esperar a que los resultados del EUG (Estabilidad entre el Usuario y su Gum) estuvieran listas.

Con eso concluimos —mencionó Ariel —las pruebas llegarán mañana o a más tardar mañana pasado. En la oficina central están reubicando a mucha gente de sus puestos y eso hará que los resultados tarden un poco. Te avisaré en cuanto me lleguen los resultados —tomó el teléfono —Ahora tengo que llamar a Tenor para que no se preocupe.

¿Sabes de qué me acordé? —dijo el menor antes de que marcara los números, así que dejó el teléfono en su lugar para poder escuchar a su hermano —Últimamente he soñado algo extraño, aunque creo que no es un sueño, todo es negro, no veo nada, pero sí oigo una voz que me dice: “dame una oportunidad”

¿Un sueño? —frunció el ceño un tanto extrañado, él nunca había escuchado que un Controller soñara, de hecho, su propio paciente no le ha informado nada de eso.

¿Sabes a qué se debe eso? —inquirió Alvar.

No lo sé —dirigió su vista a la carpeta.

Pero eres un médico.

Aun así no lo sé todo. Los usuarios son diferentes al igual que los Gum, pueden reaccionar de diferente manera. La conexión de ambos aun es un misterio, aunque investiguemos a fondo no sabremos al 100% realmente cómo funciona tal conexión. Tal vez solo sea… El usuario… el Gum —miró a su hermano, después se dirigió de nuevo a la carpeta para leer la primera página —¿Qué opinabas de nuestro padre?

¿Nuestro padre? —Esa pregunta fue repentina —fue un hombre que murió por su trabajo, por algo que amaba…—realmente lo había metido en problemas con esa pregunta. No sabía qué responder. ¿Qué debía responder? ¿Que realmente estaba orgulloso de él? Y si decía que sí: ¿Por qué?

Yo creía que era el mejor del mundo —respondió Ariel a su propia pregunta cuando se dio cuenta que Alvar no contestaría —Yo quería que él me viera como alguien capaz, como te veía a ti, pero cambié de opinión ese día ¿Te acuerdas de ese día?

Hacía mucho que no pensaba en ese día. Ese día que le implantaron el “chip” para convertirse en un Controller.

Ariel siempre había creído que Alvar era el hijo amado de su padre e iba a hacer más amado una vez que se convirtiera en un Controller, no obstante se dio cuenta que eso no era verdad. Que realmente su padre lo había salvado a él, no a su hermano.

Recordó muy bien que cuando a Alvar le acabaron de implantar el “chip”, empezó a tener convulsiones en la cama, los doctores trataron de controlarlo para que no se lastimara, pero no pudieron hacer gran cosa puesto que eran demasiadas, muy violentas y no ayudaban mucho los gritos que el niño soltaba, esos alaridos que desgarraban los oídos. El hermano mayor agradecía no ser él quien ocupara aquella cama de operaciones. Eso era lo más terrible que había visto y así fue como su padre lo salvó, no escogiéndolo cuando nació, sino condenando a su hermano menor para sustituirlo en aquel infernal dolor. Ahora sentía pena por él porque los recuerdos de ese día seguían presentes. Aquella terrible preocupación llena de angustia cuando después de los gritos, llegó el estridente sonido de las máquinas que dieron testimonio de que el corazón de su hermano se había detenido. Su hermano había dejado de respirar. Fue ahí cuando no soportó más, las náuseas hicieron presa de él haciéndolo vomitar, y fue en ese momento cuando descubrió el verdadero sentir de su padre, notando su mirada despreocupada, serena, ausente de emoción. Su padre sabía que eso ocurriría.

Un trabajo que no cualquiera podía hacer”

Tres de cada cinco usuarios que hacían eso de implantarse el “chip”, morían. Dos de cinco Gum morían y los que quedaban vivos los mataban, pues estos nunca serian “dominados”. Pero ese día, ambos habían muerto. Alvar y su Gum.

Ese día también, y por primera vez, el corazón de Ariel palpitó tan fuerte que sintió que se le saldría en cualquier momento, un miedo lo dominó por completo, no soportó ver a su hermano agitarse de esa manera y mucho menos su muerte. Todo había terminado. Sin embargo, cuando terminaban sus esperanzas, los doctores, quienes ya estaban desatando al Gum y otros se disponían a mover la cama para entregar el cuerpo a sus padres, el chico empezó a inflar su pecho respirando aire profundamente. Los doctores se acercaron para examinarlo esperando no haber visto visiones, mas el niño soltó el aire comenzando a respirar con rapidez y avidez. Velozmente los doctores empezaron a darle mantenimiento. Después escucharon un estruendoso golpe y se dieron cuenta que el ruido provino del Gum chocando con la pared. Todo eso fue impresionante y único para ellos. Tanto para los doctores como para los Farías, porque jamás había sucedido cosa semejante.
Después de eso, Melchor Farías empezó a tratar con dignidad a Alvar. ¡Cómo llega a ser la gente! Desde aquel día vio a su padre como alguien sin corazón.

Da igual —mencionó al final cuando vio que su hermano no diría nada y se convenció que no lo haría. Cerró el sobre y lo dejó sobre el escritorio —llamaré a Tenor.

 
Capítulo 2

Iara Luna se encontraba en la clase extra que se daba media hora después de que terminaban las clases normales. Ella estaba observando afuera por la ventana, mientras apoyaba su barbilla en su mano izquierda. Sumida en sus pensamientos, se preguntó de nuevo el por qué había tomado esas clases y el rostro de la señora Matilde Orzo respondió la interrogante, ella la había obligado a tomarlas.

Iara era una estudiante de calificaciones promedio y tenía17 años. Una joven cuyo color de ojos era el azul fuerte, cabello largo, un poco arriba de la cintura de color negro azabache y uno de sus pasatiempos era salir a jugar futbol soccer con sus amigos después de las clases, pero por desgracia, ahora con estas clases extras, ya no podría hacerlo.

A pesar de que solo era su segundo día, ya extrañaba el salir y disfrutar un partido amistoso con sus amigos. La señora Matilde Orzo era la persona que tenía su custodia, ya que no tenía padres, asi que Orzo como su tutora, era una persona gruñona que siempre le andaba gritando y no sabía tratarla de otra manera.

El pueblo B-5 era uno de los muchos pueblos que componen la colonia B, y está ubicada en un lugar donde la luz del sol no es muy vista. El clima de ese lugar era un poco extraño, casi todo el día estaba nublado sin importar si eran las 12:00, 3:00 o 6:00 de la tarde, las lluvias eran muy constantes y por esa razón a veces la neblina se apodera tenazmente del lugar. Prácticamente este pueblo era triste por su apariencia, pero la gente que vivía ahí, ya estaba acostumbrada.

Los pensamientos de Iara fueron interrumpidos al escuchar unas voces muy alegres y observó como la profesora salió del aula dejando a los doce estudiantes completamente solos.

¿Qué sucedió? —preguntó la joven, desubicada al observar a sus compañeros ponerse de pie para ir a platicar con otros, extrañados que los profesores se fueran y dejaran la clase a medias, porque eso no era común.

¿No estabas en este mundo? ¿Qué te pasa Iara? —Preguntó una joven acercándose a la butaca de la nombrada— la profesora se fue a atender algo, pero enseguida regresa —Se acercó más hasta situarse frente a Iara e inclinándose un poco, le aplastó las mejillas con sus palmas —¿Estás enojada con la señora Matilde porque te obligó a tomar estas clases?

Solo estoy pensando en lo mucho que voy a extrañar jugar soccer —mencionó en tono hueco debido a que su compañera todavía presionaba sus mejillas, pero casi en seguida dejó de presionarlas para poder entenderle.

Piensa en que eso lo hizo por tu bien, niña.

Quiere lo mejor para mí —aceptó Iara, convencida de que así era. Ella sabía que lo hizo para que aprendiera más debido a que la señora Orzo le deseaba lo mejor. No era una chica de malas calificaciones, pero tampoco de excelentes.

Desvió la mirada de su amiga para dirigirla afuera, sorprendiéndose al ver pasar algo con una rapidez sorprendente.

¡Una ardilla!

¿Una ardilla? ¿Viste una ardilla? —Preguntó muy asombrada su amiga, porque no era muy común ver a un animal pasear tan despreocupadamente por esas zonas —¿Estás segura que fue eso? ¿No sería otra cosa? ¿Como un niño? O ¿Tal vez el viento arrastrando algo?

¿Un niño? No lo creo, era demasiado pequeño, pero no lo suficiente para que a eso lo arrastrara el viento.

La amiga se aproximó más a la ventana, haciéndose sombra con las manos para poder ver con más claridad.

Yo no veo nada. ¡¿Una ardilla?! Esos animales no se ven por aquí, debió ser otra cosa.

Casi enseguida, se asombró mucho más al ver como no solo ardillas, sino otros pequeños animales corrían huyendo de algo. Una alarma empezó a escucharse por toda la escuela y no solo en esta, en todo el pueblo. Esta alarma indicaba que Gums habían “despertado” y tenían que refugiarse para que estos no dañaran a la gente. El refugio de ese lugar era bajo tierra, en un enorme bunker.

La profesora entró al salón para instruir a sus alumnos para que se formaran en orden, salieran de las instalaciones de la escuela y se dirigieran directamente al refugio. Las mismas instrucciones dieron los demás profesores a sus alumnos. Al salir se veían a las familias y a la gente caminar al mismo lugar.



Alvar estaba por decir algo a su hermano, antes de salir de la habitación, pero la alarma se oyó por todo el Punto Negro indicando que los soldados tenían que encaminarse al lugar designado para prepararse y así salir a combatir a los Gums que habían “despertado”, así que salió de la sala donde le hicieron el estudio y se dirigió al lugar designado. La habitación donde se reunían era amueblada únicamente por casilleros y cada soldado tenía uno. De frente a su casillero, puso una clave en un pequeño tablero para abrir la puerta y tomar del interior un chaleco que tenía el símbolo del Punto Negro consistente en una fortaleza y en medio de ella tenía grabadas las letras P y N, sacó también unas botas y guantes con el mismo símbolo, los que comenzó a ponerse observando que todos sus compañeros hacían lo mismo, así que ahora en ese lugar lo único que se escuchaba eran los sonidos que producía el maniobrar con las prendas. Al terminar de cambiarse, se acercó a un hombre que estaba dando indicaciones a los hombres que ya estaban listos.

Teniente Smith.

El teniente se giró para verlo y al reconocerlo, le sonrió. En sus manos tenía una pequeña y delgada tableta y sobre ella, unos documentos en donde registraba la orden de grupo de cada soldado.

Hola Alvar.

¿Qué es lo que tenemos?

Los Gums aparecieron en las afueras del pueblo B-5, si nos apresuramos puede que estas cosas no alcancen a atacar a ningún civil. Aunque parece ser que los pueblerinos ya empezaron a refugiarse.

Eso está perfecto. Ya estoy listo para salir. Me voy.

Sin perder más tiempo y dándose prisa, se dirigió a otro lugar en donde se encontraban los automóviles que usaban los soldados para llegar al lugar concreto.

Greck Smith era el teniente que comandaba el equipo donde estaba asignado Alvar. Con 25 años de edad, era un tipo muy agradable. Antes de ascender a teniente, fue un novato al que todos los de su equipo lo trataron como el tipo de las burlas. El que asumía hacer reír a los demás, con o sin ganas. Greck, a pesar de que algunas bromas se pasaban de la raya, nunca perdió la cabeza, siempre tuvo pensamientos positivos y se recordaba constantemente “que eso nunca dudaría para siempre”, y fue ese pensar tan optimista el que le ayudó a desempeñar bien sus funciones trayéndole el ascenso de teniente de su equipo, aunque con mucho esfuerzo, por supuesto, pero todo el sacrificio había valido la pena porque ahora todos lo respetaban. Se había convertido en un hombre ejemplar y su pensamiento seguía siendo el mismo, nunca rendirse. Nunca perder la esperanza. Como Controller, controlaba un Gum con la especialidad de hacerse invisible y hacer que los de su especie no pudieran percibirlo.

A pesar de que los camiones llenos de militares no tardaron, porque el pueblo no está muy lejos del Punto Negro, algunos Gums se habían adelantado a la manada y ya estaban en el pueblo produciendo destrozos, pero afortunadamente no había ningún ser humano. Algunos camiones se dirigieron a donde detectaron a la mayoría de los Gums y otros se dirigieron a detener a los que habían llegado al pueblo. El capitán Wong, junto con otros tres, fueron quienes se dirigieron al B-5; mientras el teniente Smith y los restantes capitanes se fueron a controlar el punto donde los Gums estaban. Los soldados reunidos allí, los que 8 de cada 10 son Controller, emprendieron ataque contra los Gums salvajes. No confiaban mucho en sus armas, porque sabían que no harían ningún daño, pero las armas los ayudaban a que el Gum atacado se distrajera y así aprovechaban la oportunidad para hacer que sus Gums los atacaran. Eso es lo que ahora se veía en esa batalla de Gum contra Gum.

Los Gums eran extraordinariamente fuertes y sus mordidas podían perforar metales muy duros, así que la mordida a un humano era semejante a cuando alguien muerde una manzana, desprendiendo la carne con facilidad y con su fuerza bruta podían empujar un vehículo.

Por lo general, los Gums que “despertaban” eran derrotados o huían a otro lugar, ya que los Gums que son entrenados eran por mucho más fuertes que los Gum ordinarios y eso se podía ver en esta batalla. Los Gums salvajes, a pesar de que se resistían a las agresiones de los otros, no podían contra los controller y como eran muy inteligentes, se dieron cuenta que sus posibilidades de ganar eran menores por lo que empezaron a retirarse, pero los que no pudieron, fueron derrotados. Regularmente, batallas de este tipo tardaban de dos a dos y media horas, pero esta vez duro menos. La pelea terminó y el 65% de los monstruos habían sido vencidos y el resto huyó.

Sin embargo, todos los Controller quedaron muy cansados, lo que no fue raro, ya que siempre al término de un acometimiento como este, así terminaban puesto que controlar a uno de esas cosas no era tan fácil. Su cerebro se sometía a mayor actividad gastando más energía que cualquier otra persona normal. Es por eso que debían entrenar todos los días, para capacitar al Controller y a su Gum en la concentración, fuerza y el logro de la sincronización de ambos.

Parece que todo acabó rápido ¿Cierto? —Preguntó Greck acercándose a Alvar, quien se inclinó para poner sus manos en sus rodillas y apoyarse en ellas, lo que extrañó a Greck y colocando su mano en su hombro le preguntó en un tono preocupado:

¿Te encuentras bien?

¿Como? Ah, sí sí…sí. Solo cansado, lo normal —a pesar de decir eso, sabía que se había cansado más de lo usual, apenas y podía mantener su respiración estable. Se puso recto para que el hombre dejara de preocuparse.

¿Has dormido bien? Es fundamental un excelente descanso.

Últimamente me ha dolido un poco la cabeza y no he podido dormir como es debido.

Lo de tu madre.

Así es, eso me afectó mucho.

Deberías decirle eso a tu médico.

Lo he hecho, me dio unas pastillas y ya están haciendo efecto, ¡Claro! Todo lleva su tiempo.

¡Farías, Smith! —Se escuchó entonces la voz del capitán de su equipo —¡No se queden ahí, vamos a ayudar a la gente!

Ambos obedecieron la orden y fueron a donde la gente se había refugiado, pues tenían que ir a avisarles que todo había terminado y que podían salir con toda libertad y seguridad. Algunos soldados estaban reunidos donde la fortaleza y ayudaban a salir a los pueblerinos.

Entre esa gente estaba Iara Luna, seguida de su amiga. Iara se notaba intranquila y en el momento en que puso el pie afuera del refugio, echó a correr en dirección contraria a donde la gente circulaba.

¡Iara ¿Vas a donde Matilde?! ¡¿Hey, a dónde vas?!

¡Lo siento, tengo que ir a un lugar! —respondió siguiendo su camino sin siquiera mirar atrás. Tenía que llegar a ese lugar. Ese lugar que siempre la tranquilizaba y le recordaba a su padre. El lugar estaba ubicado un poco en las afueras del B-5, era una colina donde su padre la llevaba a relajarse cuando él o ella se sentían mal. Al ir ahí se sentían mejor, aunque carecía de una vista maravillosa, pues era una simpleza, de hecho, pero ese lugar le recordaba mucho cuando aún estaba su padre con ella.

La última vez que ambos fueron a ese sitio, fue dos días antes de que su papá se fuera a hacer un trabajo afuera del pueblo, diciéndole que no tardaría, que solo se iría por unos días, pero ya habían pasado más de 7 años.

Al llegar a la colina, miró el horizonte y se preguntó si volvería a verlo.

Alvar estaba siendo de espectador, al igual que otros. Ya eran muchos los que estaban ayudando a los pueblerinos, además, no faltaba mucho para terminar ese trabajo. Él quería regresar a descansar y eso era en lo único en que pensaba. Siendo sincero, la pelea le había consumido casi todas sus energías. Además de que un dolor de cabeza lo tenía amenazado. Comenzaba a sentir cómo le pulsaba la parte de atrás de su cabeza y tenía miedo de que se empeorara. Quería ir a tomarse un par de pastillas para opacar las pulsaciones que le daban la sensación de que su cabeza iba a estallar.

Ya faltaba poco, la última persona ya había sido ayudada, pero todavía tenía que escuchar las órdenes de sus superiores. Dio el primer paso para dirigirse a donde habían dejado los carros, pero se detuvo al percibir algo que no cuadraba. Miró a su alrededor. ¿Dónde estaba su Gum? No se había dado cuenta que su Gum ya no estaba a su lado ¿Cómo era eso posible? Eso era imposible. Jamás lo había perdido antes. ¿Por qué no sintió cuando se alejó de él? Maldijo en sus adentros y con cuidado dio media vuelta para ir a buscarlo.

Hey, Farías ¿A dónde vas? —escuchó a su espalda la voz de su Teniente. Volvió a dar una media vuelta para verlo a la cara ¿Qué le diría? ¿Qué su Gum había escapado? ¿O que no sabía dónde estaba? El descuido no tenía excusa.

Teniente Smith, si me permite, voy a dar una vuelta. No creo tardar mucho.

¿Una vuelta?... Bueno, creo que eso te sentará bien, te veo un poco pálido. Creo que un poco más de aire fresco te sentará perfecto. Está bien, no tardes mucho, o si no, el Capitán se impacientará —con eso se dio vuelta y se alejó de allí a seguir nombrando y enumerando a los soldados.

Así que con ese permiso, Farías se dirigió… ¿A dónde?... Se concentró y después de poner su mente en claro, sintió al 68-F4 en dirección al suroeste. Maldición, aunque no lo quería demostrar, sabía que estaba mal, debería decírselo a Dana, no por nada a cada militar se le asignaba un médico. Pero por el momento, lo encontraría y se lo llevaría antes de que alguien más se diera cuenta del hecho de que lo había perdido.

Se detuvo asombrado por lo que vio. A una muchacha muy alegre que como si nada, estaba acariciando al 68-F4. Su pasmo fue mucho porque nunca antes había visto algo así y se mantuvo inmóvil ante la atónita imagen. Se hubiese quedado parado ahí hasta que la noche total se apoderara de los cielos grises si no fuera porque notó como la joven le dio algo de comer y el Gum, bastante encantado, lo devoró.

¡Oye, tú! —Se acercó a la adolescente a paso veloz sintiéndose muy indignado —¡No le des basura!

Iara sorprendida, descubrió al dueño de la voz. No pensó que alguien estuviera por ese lugar. Dejó de acariciar al animal y con voz seria informó:

No es basura. Era una manzana.

¡No importa lo que es! —Se detuvo al estar a unos pasos de ellos—, ¡No le des eso, puede hacerle daño! Pero que te…

Parece que le gustó —dijo ella al fijar su mirada en el animal, dándose cuenta que le había gustado tanto que parecía pedir otra. Además, ya no se podía hacer nada al respecto, se la había comido toda en un santiamén. Ni modo que se la pidiera de vuelta.

Alvar se sintió irritado al escucharla y se preguntó quién era esa joven. Y ¿Por qué le había dado de comer? ¿Por qué lo acariciaba sin sentir odio o miedo? Sin ninguna respuesta, movió ligeramente su cabeza hacia atrás y con tal acción, el Gum se apartó de la joven y fue a ponerse a su lado, a unos centímetros de su hombro.

¿Cómo lo controlas? —preguntó la joven sorprendida e interesada por lo que acababa de ver.

Eso es confidencial —informó el soldado con frialdad.

Oh… ¿Vienes del Punto Negro?

No escuchó respuesta alguna. En el aire se pudo sentir una cortante frialdad y no fue porque estaba nublado o por otra cosa. Iara lo sintió por la persona que estaba a unos metros de ella. Desvió su mirada a otro lado, pero casi enseguida la regresó al soldado cuando él le preguntó:

¿No le tuviste miedo?

A él no, es muy amigable —dijo con una media sonrisa en su rostro.

¿Por qué?... No lo entiendo ¿Qué hubiera pasado si no fuera un Gum entrenado? No te hizo nada porque está domesticado. Debes tener más cuidado cuando veas una de estas cosas, estos monstruos “despertaron” por aquí cerca.

Lo sé. Pero él no se veía peligroso, me asusté al principio, pero después no.

Farías respiró hondo y enseguida soltó el aire. No podía creer lo que estaba escuchando, en esta tierra aun existía gente… gente tonta.

¿Y qué haces aquí? ¿No deberías estar en tu casa? Por el momento aquí es peligroso, no se sabe si esas cosas volverán a aparecer —observó su entorno y atisbó que la neblina empezaba a aparecer—. La neblina se pondrá más densa, es hora de regresar.

Ambos se disponían a retirarse para regresar a sus respectivas casas, pero entonces, Alvar vio una sombra humana acercándose a esa dirección e intrigado por la curiosidad de quien podía ser, hizo surgir en su mente algunas interrogantes. ¿Acaso se había tardado tanto como para que mandaran a buscarlo? Si ese era el caso, sería un poco vergonzoso para él. Pero si no lo era ¿Quién sería? ¿Vendrían a buscar a la joven? No lo sabia, tal vez. Fuera cual fuese de las dos suposiciones, tenían que irse, así que emprendieron camino notando que la neblina se estaba espesando más dificultando la visibilidad. Al acercarse a la silueta se quedo atónito de lo que vio. Ninguna de las anteriores suposiciones era la verdadera. Alvar, al igual que el 68-F4 sintieron algo que los inundó de escalofríos.

Capítulo 3

Cuando Alvar pudo percibir bien a la persona, se dio cuenta que era alguien que nunca había visto. La persona del género masculino no vestía de militar, sino de civil. Llevaba puesta una sudadera de mangas tan largas, que le cubría por completo las manos sin dejárselas ver. Usaba unos pantalones azul claro y era tan joven como Alvar, pues no se veía ni mayor, ni menor que él. Pero en sí, la apariencia del hombre no fue lo que lo sorprendió en gran manera. Lo que le causó sorpresa y estremecimiento, fue ver a un lado de él a un Gum, uno en percepción muy poderoso, que tenía una especie de tentáculos, tres de cada lado. Él controlaba uno de esos animales y no se trataba de un compañero. Por ese motivo le sobrevino esa impresión y de alguna manera se sintió preocupado.

Las miradas de ambos se cruzaron penetrantes, desconfiadas, como si esperaran que cada uno atacara, luego de pronto, el joven hombre sonrió y en sus ojos pudo notarse el deleite. Levantó su mano a distancia de su rostro y chasqueó los dedos produciendo que inmediatamente, en fracción de segundos, su Gum reaccionara y se lanzara directamente contra Alvar, amenazando su vida si el Gum lograba golpearlo, pero Farías reaccionó con rapidez dándole a su Gum la orden de contratacar, y como su animal era muy veloz, logró alcanzarlo golpeando contra su semejante y el enérgico choque produjo que ambos cayeran al suelo, haciendo un estruendoso sonido. Iara, que estaba viendo la pelea, se tapó los oídos y soltó un grito por el susto.

Alvar como reacción, miró atónito a donde se levantaba una cortina de polvo producida por la caída de los Gums y al volver a dirigir su mirada al frente, notó que el hombre se había acercado acortando la distancia entre ellos a tan solo unos centímetros, descubriendo toda la intención que el hombre tenía de darle una patada en el estómago o en las costillas, pero el soldado reaccionó y puso sus manos como escudo para detener el golpe del pie, no obstante, la patada hizo que se moviera un poco hacia atrás por el poder con que había sido lanzada. Alvar sintió sus brazos temblar cuando lo miró bajar la pierna, pero sabía que no debía confiarse, y mucho menos relajarse, así que estuvo bien que se mantuviera en guardia, porque cuando el tipo le lanzó ahora un puñetazo dirigido a su pómulo izquierdo, pudo esquivarlo con facilidad permitiéndole responder, porque si de eso se trataba, pues ahí estaba, él también le daría un poco de su propia medicina.

Así que le lanzó uno de sus puños con potencia innata, pero antes de que impactara contra el rostro del tipo, algo lo detuvo obligándolo a girar su cabeza y mirar tras su hombro al Gum del hombre, para después enfocar su visión en su propio puño detenido en el aire. Con uno de sus tentáculos, el Gum lo había apresado por la muñeca evitando que le diera su merecido a su amo, y descubrió con esa acción, que este Gum tenía la capacidad de estirar hasta cierto punto sus tentáculos e inmovilizándolo, le dio ventaja a su amo sobre él, pues el hombre estuvo en toda libertad de darle la ansiada patada en el estómago y el tremendo impacto lo hizo tambalearse, así que el animal lo soltó y Alvar empezó a tomar aire, ya que el golpe fue tan fuerte que se lo había vaciado de sus pulmones casi por completo.
¿Quién es ese tipo?”, pensó sintiendo que se ponía pálido por el dolor.

En ese momento, el Gum de Alvar volvió a entrar en acción golpeando al Gum de la persona, así que Alvar ahora no solo tenía que estar pendiente de su pelea, sino también de la pelea de su Gum para así evitar que su enemigo lo sorprendiera de nuevo y debía de admitir que su enemigo tenía un buen Gum. Aun con las manos en el estómago, miró a su rival y su mayor preocupación vino al notar que las punzadas que sintiera antes, estaban por convertirse en un horrible dolor de cabeza.

¡Odio a los tipos como tú! —escuchó por fin la voz de la otra persona, pero el soldado no comprendió a lo que se refería. Lo que sí sabía era que ese tipo estaba loco y si no se retiraba de allí, podría hasta matarlo, puesto que lo había enfrentado en la peor situación. No se sentía bien y sus defensas estaban bajas.

El hombre se movió con rapidez perdiéndose de su vista a causa de la neblina que se había espesado más y no supo dónde estaba, aunque por un lado eso fue bueno, porque al parecer, el hombre también lo había desenfocado a él. Lo buscó con la mirada por todo su alrededor sintiéndose desesperado, invadido por el temor de que lo sorprendiera, pero lo único que pudo percibir fueron los golpes que se provocaban los “Monstruos” y logró identificar que los gruñidos que sobresalían, pertenecían al 68-F4 que estaba perdiendo la batalla. Su vista seguía igual, aun sin poder ver nada debido a la neblina, y de pronto escuchó una voz, o mejor dicho, un grito.

¡La chica!”

Ciertamente él no era el único allí, también estaba la joven, a la que había olvidado por completo. Corrió a donde la había visto por última vez. Se detuvo de repente al notar que frente a él pasó su Gum rodando y con la fueza y velocidad del rodado, fabricó una zanja. En ese instante, el fuerte dolor de cabeza que ya esperaba incrementara, lo atacó. Puso su mano en el lado del ojo derecho y se apretó muy fuerte. Algo le estaba ocurriendo. Le faltaba poco para llegar a donde estaba la muchacha, así que pudo ver, aunque borrosamente, como el tipo se acercó a ella para decirle algo, pero no alcanzó a escuchar que fue, también vio como el 68-F4 se le fue encima al tipo. Pero la “cosa” del otro lo detuvo acercándose y cortó el golpe que le iba a proporcionar a su dueño.

¿Qué está pasando?

El 68-F4 estaba actuando extraño, se veía cansado.

Farías cerró los ojos, el dolor ya era horrible, pero optó por ignorarlo y eso hizo que dejara de sentirlo como lo sentía, sin embargo, comenzó a sentir un escalofrío ¿Cuánto duró así? No mucho, pero él lo sintió como si hubiesen pasado horas. Abrió los ojos de golpe pensando que no tenía que distraerse.

¡Aléjate de ella! —gritó a todo pulmón mientras corría hacia ambos. El tipo se alejó de ahí para no ser golpeado.

¿Te encuentras bien? —Inquirió el soldado a la civil cuando llegó hasta ella. La chica se encontraba arrodillada y bastante sorprendida. La ayudó a ponerse de pie.

Creo que sí —creyó que el hombre la lastimaría, pero para su sorpresa no fue así.

Tenemos que salir de aquí —miró a su alrededor, no sabía donde estaban y la niebla dificultaba su sistema de orientación

¿Piensas huir? —escuchó en medio de la niebla a la persona.

Vamos, por ahí —ordenó Alvar ignorando al sujeto y guiando a la chica.

La hizo correr para bajar la colina con cuidado, ya que debido a que la neblina no dejaba ver nada, no sabía qué terreno pisaban, y precisamente a causa de su ignorancia, Alvar tropezó con la raíz de un arbusto pequeño y cayendo, bajó rodando, aunque no rodó mucho puesto que la colina no era muy empinada y ya estaban por llegar abajo.

¿Estás bien? —Inquirió Iara apresurándose a su lado.

Ten cuidado por donde pisas.

Sin perder más tiempo se levantó, tomó a la estudiante de la mano—menos mal que no la había tomado antes, sino la hubiera hecho rodar con él— y al caminar unos metros adelante, se escondieron detrás de un par de arbustos.

Y mientras esperaban escondidos, se preguntó un tanto irritado si eso funcionaría. ¿Podría engañar al tipo? La intriga lo mataba al no saber las respuestas, pero a como diera lugar, tenían que quedarse ahí hasta que las cosas pasaran y esa persona se retirara. No es que fuera un cobarde, pero las circunstancias no le eran favorables, y además, debía proteger a la chica.

El 68-F4”

No le dio mayor importancia al pensamiento sobre su mascota, porque esa clase de animales eran muy resistentes y no creyó en ningún momento que pudiera morir. Después de unos minutos de no escuchar nada, comenzó a relajarse un poco, se sentó en el suelo y sin querer, soltó un suspiro de alivio. Al parecer, ya había pasado el peligro por ahora, el hombre no los había seguido. Después de escuchar un ruido acercándose a ellos, su alivio se convirtió en preocupación al escuchar las ramas del arbusto moverse, produciendo de nuevo su actitud de guardia al momento de levantarse ágilmente y poner su brazo frente a la estudiante para protegerla pensando que se había apresurado en pensar que todo había terminado, mas lo que vio frente a ellos no fue a ese tipo, sino al 68-F4 y volvió a relajarse, retornando al suelo.

¡Maldición, maldición! —se acostó totalmente en la tierra—, maldición, solo eres tú —le dijo a su Gum y colocando sus manos en su rostro, comenzó a darse masaje con las yemas de los dedos, sintiéndose bastante incrédulo ya que no podía creer lo que había ocurrido, de verdad que no lo podía creer.

¿Te sientes bien? —Preguntó la joven con un tono preocupado y al examinarlo con atención, distinguió sangre junto a su ojo—, te está sangrando la cabeza —Alvar se tocó el lado izquierdo, se miró los dedos y confirmó lo que dijo ella al ver su sangre No se había dando cuenta cuando se hizo la herida. Tal vez cuando se tropezó y cayó.

Eso no es nada —por ahora eso no le preocupaba, lo que de verdad quería era contarle todo lo sucedido al comandante.

Encaminó a Iara a su casa y después se fue a donde lo estarían esperando sus compañeros. Se sentía cansado, bastante cansado. Greck estaba recargado en la parte delantera del automóvil y se acercó a su compañero en cuanto lo vio. Todos se habían ido, solo quedaba Greck Smith esperándolo, como buen teniente y amigo.

¿Dónde te encontrabas? Creí que solo te irías por un momento —Alvar no hizo caso de la pregunta y pasó de largo. Lo único que pensaba era en subir al carro. Greck preguntó sorprendido al verlo extraño y con una herida en la frente de la que ahora se deslizaba sangre hasta el ojo —¿Te encuentras bien? ¿Qué te sucedió? ¿Por qué tienes esa cortada?

¿Podemos irnos ahora? —Lo cortó Alvar con voz imperativa y casi en seguida, el Gum se colocó en los asientos de atrás del carro donde también estaba el Gum del teniente— tengo que hablar con el comandante.

Smith no dijo más, pues sabía que cuando su amigo se ponía de esa manera, nadie lo podía hacer hablar a excepción de su hermano. Subió al lado del conductor y manejó hasta el Punto Negro sin que ninguno dijera ni una palabra, y Greck solo se limitó a verlo de vez en cuando, combinando en su expresión algo así como preocupación y disgusto.

Las puertas grandes del Punto Negro se abrieron para los automóviles de los militares. Cuando los soldados llegaban de alguna pelea, los doctores de los Gums los esperaban para llevarse al animal a la sala y también estaban los médicos de los soldados. Y efectivamente, Dana estaba esperando a su paciente, bastante indignada por lo tarde que era y no ver la hora de que llegara Alvar. Entre la gente que se encontraba en esa zona, pudo distinguir que un carro del Punto Negro se acercaba por una amplia pista de dos carriles y ella supo que se trataba de Alvar y del teniente Greck, ya que eran las únicas personas que aun estaban afuera.

¡Alvar! —Lo llamó su médico al verlo acercándose a ella de prisa y se preocupó al descubrir la sangre en su rostro, así que se apresuró a su encuentro —¿Te encuentras bien? Permíteme revisar eso.

¡Ahora no Dana! —Alvar no se detuvo por nada, pasó por entre la gente muy deprisa, no quería hablar con nadie, ni siquiera con su médico, quería ir directo a la oficina del comandante y platicarle todo lo que vio y vivió, ahora que aun estaba fresco con todo detalle en su mente.

Ella se detuvo irritada, pues nunca lo había visto de esa manera. Era verdad que era terco, pero nunca la había tratado tan fríamente. Como Smith iba detrás del soldado, se detuvo al ver que Tenor se había quedado inmóvil.

No sé qué le pasa… pero…—miró por donde se había alejado Alvar —… no lo sé. Lo siento.

Se apartó de ella y corrió para alcanzar a Farías.

¿Pero qué te pasa Alvar? ¡¿Qué te pasó allá afuera?! ¡Alvar, no debiste tratar de esa manera a tu médico!
No tengo tiempo para nada, necesito hablar con el comandante ahora —Se detuvo para mirarlo— ¡mira cómo me dejó ese tipo! —siguió su camino.

El comandante Jeremías Fontana se encontraba sentado en la silla de su oficina, un lugar algo grande, con un escritorio. Pero lo que más destacaba en ese lugar, eran los seis cuadros que contenían grandes fotografías de los que fueron los Comandantes del Punto Negro; que se localizaban detrás del escritorio. Mauris Randal, que fue el primer comandante, pero no duró mucho en el puesto, el segundo, Fernando Fontana, después, Gilberto Martin, Gustavo Torre, Mark Neraal y por ultimo, el de ahora, Jeremías Fontana, distinguido tataranieto de Fernando Fontana y quien se encontraba hablando por teléfono, pero colgó justo en el momento en que la puerta de su oficina se abrió para dejar ver a tres personas. Alvar, al que intentaba detener Greck y la secretaria del comandante.

¿Pero qué significa esto?

Señor —tomó la palabra la mujer—, traté de detenerlo, pero se resistió. Dice que quiere hablar con usted de algo importante.

El comandante miró a Greck. Éste soltó a Farías encogiéndose de hombros, indicando que no sabia de qué trataba eso.

Está bien, no importa, no importa, no hay problema, Farías no necesita una cita.

Con esas palabras, la mujer se retiró de allí a continuar con su trabajo, dejando solos a los varones.

Ahora si Alvar, ¿dime qué es eso importante? Y ¿Por qué esa cortada? Deberías ir a que tu médico te revise, en vez de venir aquí —río ante su comentario. Otro de sus chistes hizo presencia. A Alvar no le pareció gracioso. Si los chistes del comandante no le parecían graciosos en sus mejores momentos, menos ahora.

Ir con mi médico no tiene importancia por el momento. Una persona me atacó.

¡Una persona! —dijeron sorprendidos, comandante como teniente, después continuó el de mayor rango: — ¿Y quién fue?

Esa persona maneja un Gum.

¿Un Gum? —Volvieron a decir el comandante y el teniente, de nuevo prosiguió el mayor, poniéndose serio —¿Quién fue? No tolero una conducta así en mi territorio.

No es de aquí. Era alguien que no llevaba el uniforme y que nunca en mi vida había visto. Creo que puede ser un extranjero. Un enemigo.

¡Eso es imposible! —mencionó Greck indignado.

El comandante solo bajó su mirada para ver su escritorio, pensativo, entonces dijo:

No, no puede ser que algún enemigo haya copiado nuestra idea.

¿Enemigo? —Preguntaron ambos, Greck y Alvar, luego el último continuó—, ¿Pero quién será?

El comandante se quedó pensando en alguna Colonia, pero le era difícil pensar que alguna Colonia o algún pueblo fuera enemigo. Le parecía imposible que estos hubieran podido copiar la idea de controlar un Gum, como se hacia en el Punto Negro, porque sólamente ellos tenían la tecnología y los planos para hacerlo, pero no había otra explicación, ¿qué más podía ser?

Tal vez la Colonia E —lo pensó mejor—, no lo sé con exactitud, no quisiera hablar por hablar —levantó la mirada para ver a los dos hombres que se encontraban frente a él —No te preocupes Alvar ¡Teniente! —El nombrado se cuadró para escuchar la orden de su mayor—, informe esto a su capitán y al capitán Wong y dígales que vayan a checar esa área.

¡Si señor! —con esa orden, se retiro de la oficina, dejándolos solos.

Atraparemos a ese espía para obligarlo a que nos diga todo lo que sabe. Pero por el momento, deberías ir a que te revisen esa herida. Me alegro que estés bien ¿Era fuerte?

No. Solo me tomó desprevenido y agotado por la pelea que tuve anteriormente con los Gum que aparecieron en las afueras del pueblo.

Es verdad, eso es muy agotador. —El comandante Jeremías se recargó en el respaldo de su cómodo sillón —. Si tu padre estuviera vivo, estaría muy orgulloso, al igual que lo estoy yo —al escuchar eso, Farías se sintió un poco avergonzado, pues pensaba que no valía lo que algunos le decían. Se consideraba solo un simple soldado— he estado pensando en ponerte en un rango mayor, tienes el potencial, dejaría que tú fueras el teniente de tu equipo, remplazar a Smith, pero eso sería algo terrible para ambos —Miró fijamente al joven soldado —Es mejor que seas un Trotamundos.

¿Un Trotamundos? —No pudo soportar la emoción que sintió en ese momento. Un Trotamundos era conocido en el Punto Negro como el soldado que va viajando por todas las tierras para salvar no solo la Colonia B, sino otras Colonias. Éstos se dividían en grupos y tomaban direcciones diferentes. Alvar siempre había soñado en ser uno de ellos, viajar para conocer diferentes lugares. Este trabajo era un privilegio, solo los mejores podían entrar a esos equipos y él ahora estaba escuchando de la boca del propio comandante que podía convertirse en uno de ellos.

Así es, un Trotamundos —continuó el hombre—, lo he estado pensado mucho. Precisamente hace unos minutos me estaba comunicando con el capitán del escuadrón 8, el de la zona este 2 y me comunicaba que por desgracia, su teniente había muerto en una pelea y que ahora necesitaba a un hombre que lo reemplazara. Ese hombre eres tu Alvar ¿Qué opinas de eso?

Me parece perfecto, me encantaría ser el nuevo teniente.

No Alvar, no serias el teniente, serias el nuevo capitán. El señor Andrew, un veterano que ha trabajado años con nosotros me mencionó que él quisiera reemplazar al teniente. Es deseo de él y desde mi punto de vista, tú eres el mejor candidato para ser capitán ¿Aceptas el trabajo?

Acepto el trabajo —lo dijo sin pensárselo dos veces.

Perfecto, me encanta ese entusiasmo que hay en ti. El escuadrón está por debajo de la zona gris, entre la Colonia E y la Colonia F, así que tardarán por lo mucho cuatro días. Pero quiero que te quede claro que seguirás mis órdenes ¿de acuerdo?


Alvar ahora se encontraba sentado en una silla de la habitación de su médico siendo atendido de su herida. Desde que llegó ahí Dana no le dirigió la palabra, excepto para decirle que se sentara, fue lo único que le dijo. Después de eso nada. Solo le vio la cortada, sacos unos antibióticos de su estante y empezó a lavársela.

Lo lamento —dijo al final al no soportar un segundo más de ese silencio, observó que la pelirroja aun seguía con lo que estaba haciendo en completa mudez—. Lo lamento, no debí gritarte.

Ella dejó de limpiar la herida, bajo sus brazos y suspiró con resignación.

Yo debo disculparme, sé que venías cansado y que tenías algo importante que decirle al comandante, debí entenderlo en ese momento —le regaló una sonrisa, pero a Alvar le pareció falsa.

En ese momento escuchó que alguien tocaba la puerta. Dana puso por último un par de gasas en el corte del hombre para dirigirse después a abrir la puerta y dejar pasar a la persona del otro lado. Se trataba del médico Ariel, que se dirigió directamente a ocupar la silla que se encontraba frente a su hermano que aun seguía sentado.

¿Qué sucedió? —fue lo primero que preguntó.

Iré a la sala de Investigación —murmuró la mujer, pues no quería estar ahí ya que se sintió como una molestia, aunque la habitación era de ella y tenía todo el derecho de estar allí, pero aun así, decidió que los dejaría solos, así que salió y fue hasta que se marchó, que Ariel continuó:
¿Por qué le gritaste a Tenor?

Oh, al parecer esa noticia se divulgó por todos lados —dijo en tono burlón mientras subía su pierna izquierda y la descansaba en su muslo derecho—¿Te lo contó Greck?

¿Greck? —Sonrió ante su ignorancia —¿Crees que Greck sería capaz de divulgar eso? Él es incapaz de actuar así. Yo diría que fue una persona que tiende mucho a ser más que comunicativo.

El menor dejó salir un suspiro de fastidio.

¡Ah! Ya me imagino quién. Danny. Ya me disculpé por eso.

Deberías de dejar de tratar tan fríamente a tus médicos. ¿Acaso quieres que Tenor también te deje y pida otro paciente al igual que tus anteriores médicos? Deja de ser tan frio con la gente.

Alvar no respondió a eso, estaba disgustado ante lo que Ariel le exponía, él tampoco entendía lo que le había pasado. Aunque sabía que tenía algo de razón, a veces resultaba ser un tanto arrogante y frio. Sabía que Dana era muy paciente, pero si seguía actuando de esa manera, tarde o temprano terminaría con esa paciencia.

Entonces ¿Qué sucedió? — la voz de su hermano penetró sus pensamientos.

Me atacó una persona que controlaba un Gum —explicó mientras bajaba su pierna para apoyarla en el suelo.

¿Controlaba un Gum? —dijo atónito a tal información. ¿Eso era posible? Alguien más que controlara un Gum que no fuera del Punto Negro, era extraordinario —¿Y no era un compañero? —sabía que era imposible, pero aun así preguntó.

No —Negó con la cabeza, y quedó en silencio porque sus pensamientos se regresaron a esa escena, esa desagradable escena. Ni siquiera tomó en cuenta cuando Ariel le preguntó: ¿Por eso ese feo corte? Y la parte que le provocó dolor de estomago al recordar, fue cuando sintió que iba a perder el conocimiento.

¿Ya llegaron los resultados? —inquirió ignorando la pregunta de Ariel y rechazando los recuerdos de la pelea con el desconocido.

¿Del examen? Aun no, siguen con eso de mejorar el orden para evitar estos retrasos, ¿Puedes creerlo? Tal vez para mañana lleguen, yo espero eso. —Se levantó de la silla dando unos pasos hasta estar a un lado de su hermano para apoyar su mano en su hombro—. Pero por ahora descansa, te ves agotado. —de esta manera se despidió. Salió sin decir nada más.

Alvar escuchó cerrarse la puerta. Ahora sí estaba preocupado por saber los resultados de la prueba, la sensación que sintió esa tarde no era algo bueno. La sensación estaba fuera de lo normal.

¡Maldición! —Golpeó el escritorio que estaba a un lado suyo —¡Maldición! —Solo el pensar en que algo andaba mal con él, lo frustraba. Inclinó un poco la cabeza al pecho y la apoyó en sus manos pensando que lo único que podía hacer era esperar hasta mañana a que llegaran los resultados de la conexión entre él y su Gum. Ahora lo que urgía, era tomar una ducha y después descansar o tratar de hacerlo.

Capítulo 4

Dame una oportunidad…”

Alvar abrió los ojos, de nuevo se había despertado antes de que la alarma de su reloj sonara. No podía creer que hubiesen pasado tan rápido las horas de sueño, pues desde su perspectiva, apenas había cerrado los ojos, no obstante, al mirar a su lado el reloj despertador, se dio cuenta que se había despertado una hora y media más temprano, así que había dormido unas seis horas, lo que según su médico, eran suficientes, entonces, ¿por qué sentía que le había faltado dormir más?

Se levantó de la cama para dirigirse al baño. Frente al lavamanos abrió la llave para liberar el agua del grifo y ahuecando las manos, tomó el agua para poder enjuagarse la cara y así refrescarse mientras un sentimiento de agradabilidad por ese momento de la mañana lo invadía, porque a esa hora despertaba la vida después de muchas horas en silencio y mientras meditaba, tomó una pequeña toalla que colgaba a un lado del lavamanos para secarse el rostro. Fue entonces que al estar frente al espejo, se quedó pasmado al ver su ojo derecho enrojecido, pero lo único que hizo fue sonreír al pensar qué le diría Dana si lo viera. La sonrisa duró solo un instante, ya que enseguida su rostro se tornó serio al saber que lo que le sucedía no era una broma.

Mientras tanto:

Ariel se disponía a ir a la oficina donde entregaban los informes de los resultados de los exámenes que se hacen al Controller. Se había levantado temprano con la mentalidad de que antes de hacer cualquier otra cosa debía ir a checar si los resultados de Alvar habían llegado e iba con la esperanza de que fuera así.

Buenos días Enrique —saludó al recepcionista encargado del lugar, un hombre chaparro y con un bigote que lo destacaba.

Buenas Ariel ¿Qué te trae por aquí?

Lo habitual, a ver si llegaron los resultados de Alvar Farías.

El chaparro pensó un poco, después se dirigió a los archiveros que se encontraban atrás del escritorio.

No lo sé, déjame checar —empezó a buscar con cuidado entre las carpetas de la zona F —aun están con eso del nuevo “orden” y aun no acaban con esas “modificaciones… Oh! Como lo sospechaba, aun no ha llegado —cerró el archivero y se acercó de nuevo a su escritorio—, pero no creo que tarden.

Muchas gracias —se temía eso ¿Por qué exactamente en este tiempo estaban llevándose a cabo esas “modificaciones de mejora”? sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar la voz de uno de sus colegas, quien estaba ahí por la misma razón, había pedido los resultados de su paciente.

Hola Ariel ¿Cómo has estado? —Lo saludó por segunda vez, porque la primera vez no lo había escuchado —¿Cómo está tu paciente?

En buenas condiciones.

¿Volviste a hacerle el examen?

Son del paciente de Tenor.

¡Oh! ¿De tu hermano?

Sí.

Aquí están —interrumpió la plática Enrique para entregarle al colega un folder. El hombre lo tomó y mostrándoselo a Ariel, mencionó:

Hasta que por fin llegaron los resultados de Smith.

Muchos problemas con estos retrasos ¿Cierto? —inquirió el chaparro.

Eso es muy cierto —dijo por último el compañero y terminó por retirarse.

Dime Ariel ¿Qué tal Dana con tu hermano?

Dándole algunos problemas, como a sus anteriores médicos.

¡Ah! Que Farías, conque ella no ha sido la excepción.

Ja, muy cierto, te dejo Enrique, nos vemos al rato.

Nos vemos.

Sin más se retiró el médico un tanto decepcionado.

Volviendo con Alvar:
Cuando terminaron las primeras prácticas, el joven buscó a su teniente para que le informara sobre lo de ayer. Rondaba en su mente ese asunto que no lo dejaba en paz. Antes de quedarse dormido la noche pasada, había pensado en eso y esa mañana igual. Quería sacarse de dudas y preguntar.

Hola Alvar —lo saludó Greck al verlo—, antes que nada debo felicitarte, supe por el comandante que vas a ser capitán de un equipo de Trotamundos ¡Eso es genial!

Gracias. Pero no vine a que me felicitaras, necesito saber algo.

¿En qué puedo ayudarte?

El asunto de ayer ¿Pudieron capturar o saber algo de ese tipo?

Greck se rascó la cabeza algo sorprendido por tal pregunta, pero debió de estar listo, ya que ese asunto a leguas se notaba que traía a Alvar muy inquieto.

No sabría decirte con exactitud. El comandante no me comentó nada al respecto —miró su reloj—. Ahora el equipo del capitán Wong está por salir de sus prácticas, pregúntale a él. Podrías preguntarle a nuestro capitán, pero ya sabes, él siempre se retira temprano y se va a sabe dónde.

Con esa sugerencia, el soldado se despidió del teniente y se dirigió al cuarto donde suelen entrenar el equipo de Wong. Su capitán, Llamas, era un tanto extraño, una persona callada. hablaba poco, pero solo cuando se trataba de informarles alguna instrucción a su equipo y eso solo porque tenía el deber de hacerlo, si no fuera por eso, él nunca hablaría. Una de sus manías era comer zanahorias, así que siempre llevaba consigo una bolsa de pequeñas y largas zanahorias. Otra cosa que lo caracterizaba, era terminar las prácticas quince minutos antes de la hora indicada para perderse después en quien sabe qué lugar. Su manera inusual de ser lo hizo popular en el Punto Negro, tanto así que algunos rumores decían que terminaba antes las prácticas para irse a su habitación a comer zanahorias en paz, otros rumores que circulaban era que siempre se iba a conseguir más zanahorias a algún cultivo que tenía en secreto. Algunas veces Llamas no se presentaba a las prácticas y era cuando Greck Smith lidiaba con su trabajo y era esas veces que Smith debía trabajar doble: trabajo de teniente y trabajo de capitán, sin embargo, pesar de que no se sabía qué era exactamente lo que hacia Llamas cuando se perdía de esa manera, él era el capitán y por alguna razón siguía siéndolo.

Farías se detuvo a unos metros de la sala y vio salir a Wong, tan puntual como siempre.

Capitán Wong —habló para llamar su atención. El hombre dio media vuelta para enfrentarse a la persona que lo llamaba.

¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el lugar de tus prácticas?

He venido porque quiero saber si atraparon al tipo de ayer.

Wong no contestó inmediatamente, es más, dio media vuelta y empezó a caminar poniendo distancia entre los dos, pero el joven soldado lo siguió.

No. Llamas y yo estuvimos buscando por los alrededores hasta el anochecer. Si no estoy equivocado, ayer mencionaste que controlaba un Gum y si es así, pudo fingir ser un soldado para poder refugiarse u obtuvo lo que buscaba y se fue, pero eso lo dudo, así que me voy por la primera opción.

¿Y qué piensan hacer ahora? —preguntó muy interesado.

Nada…

¡Nada! —Se alteró al escuchar esa simple respuesta provocando que se detuviera —¿cómo que nada?

Tranquilízate Farías —pidió Wong sin detenerse —El comandante no ha mencionado nada al respecto.

¿Cómo es posible? ¿Por qué no?

Olvídate de eso. —Se detuvo a varios metros para mirarlo a la cara—. Si planean atacarnos, les ganaremos —al decir eso continuó su camino.

Pero… —aun no podía creer lo que había escuchado. ¿Cómo era posible que el comandante no estuviera pendiente del enemigo, o de los enemigos? Él no estaría conforme, era mejor evitar una guerra innecesaria a tenerla. Hizo puño su mano izquierda y con esta golpeó la pared, completamente irritado por el proceder pasivo del comandante. Por alguna razón no estaba convencido de que no hacer nada fuera lo mejor. No le agradaba esa idea y tenía que hacer algo al respecto, pero sabía que no iba a cambiar de parecer al comandante, porque cuando él tomaba una decisión era muy difícil cambiarla. Era un terco. Pero él también lo era.


Iara no había ido a la escuela, en vez de eso estaba caminando por las angostas calles del pueblo. Era la tercera vez que se hacía la pinta y en vez de disfrutar no haber ido a la escuela, estaba nerviosa de la llamada de atención que iba a recibir de su tutora, pero realmente no quería estar en la escuela ya que no disfrutaba estar en ella, sino al contrario, la frustraba y todo porque Matilde le obligaba a estudiar día y noche y eso le provocaba dolor de estómago por el estrés de la presión. Ahora ya ni siquiera podía ir a jugar soccer con sus amigos después de clases como lo solía hacer. Los pensamientos hicieron que no pusiera atención de a donde iba, así que terminó en una calle en la cual nunca había estado y de pronto sintió como alguien la tomó por detrás desprevenida y tapándole la boca, la arrastró a un espacio estrecho entre una casa y otra.

No grites ni intentes hacer nada brusco —le ordenó una voz masculina cerca del oído y después le destapó la boca lentamente, así ella estuvo libre de girar su cabeza para ver quien la había secuestrado y se quedó sorprendida al reconocer a la misma persona del día anterior. ¿Qué estaba haciendo en ese sitio? ¿Desde cuándo la había estado siguiendo?

Él comenzó a mirar a su alrededor como buscando algo o cerciorarse de algo, después dirigió su mirada a la de ella e Iara solo pudo esperar a ver que sucedía y si resultaba suceder algo fuera de lo normal, como una amenaza contra su vida, no dudaría en gritar a todo pulmón, mas en la mirada del hombre no reconoció un peligro inmediato.

¿Y tu animal?—preguntó él

Mi… ¿mi animal? ¿Te refieres a los Gum?

Sí, tu Gum ¿No controlas uno? —Inquirió extrañado, la joven se sintió de igual manera—, dime ¿Qué relación tienes con el tipo de ayer?

Ninguna, en ese momento lo había conocido.

Al parecer ignoró la respuesta de ella, porque casi en seguida le dijo:

Cuando lo veas, dile que lo espero en el sitio de ayer a las tres.

Pero… —no pudo seguir porque él se había apresurado y corriendo se alejó de ella—… ni sé cómo se llama— soltó un suspiro mientras seguía mirando el lugar donde había desaparecido aquella persona —¿Y ahora que voy a hacer?

¿Qué pasaría con ella si no veía al soldado y él no iba al encuentro?


Alvar caminó por un pasillo del Punto Negro deteniendo su andar al estar frente a una puerta que llevaba el nombre: “Laboratorio”. Ese lugar era donde se experimentaba con los Gums y también donde los dejaban dormidos cuando los Controller no los ocupaban. El soldado abrió la puerta y entró a la sala dirigiéndose directamente al doctor encargado del lugar.

Señor Farías —habló el doctor al verlo ahí.

Necesito que despierte al 68-F4.

¿Tiene una misión?

Sí —por poco tartamudeaba, y es que no era muy bueno con las mentiras.

De acuerdo, si es así —se levantó de la silla para ir a donde estaban unos estantes y comenzó a buscar algo abriendo los cajones.

Era inusual que a un soldado se le mandara solo a una misión, pero se trataba de Alvar, todos sabían que él era uno de los mejores soldados que había en el Punto Negro y que éste podía lidiar con una misión solo, claro, si se trataba de una pequeña que no involucrara a más gente.

Encontró lo que buscaba: Una jeringa y una pequeña botella con líquido, el que puso en cierta cantidad en la jeringa para ir después a una puerta de cristal siendo seguido por Alvar, y abriendo la puerta, ambos caminaron por un largo pasillo en donde a los lados se veían los Gums de otros soldados durmiendo en su caja de cristal. Los hombres se detuvieron al llegar a una caja específica, en cuya placa estaba imprento el número 68-F4.
Aquí, el experto inyectó el líquido de la jeringa a un tubo que estaba conectado al animal, provocando que el liquido se introdujera en el organismo para despertarlo.

Este líquido era una droga que provocaba lo contrario a lo que se les suministraba para hacerlos dormir, es decir, era un energetizante que los inducía a despertar. Después que el Gum empezó a despertar, el doctor introdujo una contraseña de números en un aparato para abrir la puerta y eso era todo lo que el doctor debía hacer, lo que seguía de aquí en adelante, pertenecía al Controller.

Ahora Alvar se dirigió a la Central llevando consigo al 68-F4. La Central era el lugar donde todos los soldados se reunían cuando se alistaban para combatir con los Gum. Allí también era donde se tenían los vehículos donde viajan los militares y esta zona permitía la salida afuera del Punto Negro. Mientras Farías se dirigía con el encargado de la puerta, pensó en lo difícil que le iba a resultar convencerlo para que le abriera las puertas, pues sabía muy bien el protocolo del Punto negro, que el encargado solo podía abrir las puertas por órdenes directas del comandante. Pero haría lo posible por convencerlo de que lo dejara salir.

¿Qué sucede Alvar? —preguntó el encargado al verlo frente a él, luego pasó rápida mirada sobre el Gum que acompañaba al hombre. Sin darle importancia a su presencia, continuó sentado en una silla tras un escritorio.

Tengo una importante misión en el exterior ¿Puedes abrir las puertas?

El hombre se quedó pensando.

Lo siento, no puedo hacer eso sin la autorización del comandante, tú lo sabes. Aun no me ha llamado.

Entiendo, entonces iré a que me la dé—así terminó su empeño por dialogar con él. Se alejó un poco del lugar seguido por su Gum.

Sabía que iba a ser difícil salir. Se alejó de ahí con los puños cerrados, diciéndose que tenía que pensar en algo, pero sin la autorización del comandante no iba a poder hacer nada y sabía que tenía menos posibilidad de convencer a Jeremías que le diera autorización.

Se llevó las manos a la cabeza sintiéndose muy frustrado.

¿Qué voy a hacer?”

Escuchó la voz de dos hombres que pasaban por ahí, los que se dirigían con el encargado. Alvar los sigue escondiéndose detrás de los carros y pilares para no ser descubierto.

Parece ser que el escuadrón 16 de la zona sur 3 envió un camión de municiones —mencionó uno de ellos al encargado—, y el comandante nos ha dicho que nos dirijamos allá.

Esa era una perfecta oportunidad. Alvar aprovecharía esa ventaja para poder salir, así que se escabulló a la parte de atrás del camión que iba a salir y le ordenó a su Gum que procurara pasar desapercibido, así que el animal se hizo ovillo a su lado.

De acuerdo —dijo por último el encargado mientras colgaba el teléfono, eso indicaba que el comandante ya había dado la autorización. El hombre apretó un botón grande que se encontraba cerca de la salida más cercana y de inmediato la puerta se abrió mientras los dos hombres se subían al camión y salían al exterior.

El camión se dirigió a donde el encuentro en dirección sur, así que Alvar tendría que bajarse lo más rápido posible, pues si lo llevaban hasta ese lugar le iba a ser imposible llegar al pueblo B-5 antes del atardecer.

¿Qué crees que hayan traído? —preguntó el hombre que conducía el camión.

Lo esencial. Comida, agua, materiales para construcción… esas cosas —opinó el otro con poco interés.

¿Escuchaste que el escuadrón 8 regresa al Punto Negro?

Claro que si, esa noticia esta por la boca de todo el Punto Negro.

Vienen a informar sobre la muerte de su teniente, eso es triste… ¿Quién crees que tomará el puesto de teniente?

No estoy muy seguro… tal vez Gutiérrez, es bueno haciendo su trabajo.

Yo diría que Farías es mucho mejor…

Alvar sonrió ante la conversación, pero enseguida se puso serio. Si el comandante se daba cuenta —que eso era lo más seguro —que se escapó para ir al pueblo B-5, ahora sí que él ya no iba a ser el capitán. Esta escapada podía costarle el puesto, luego se dio cuenta que este era el momento para bajar del camión, así que con cuidado se dirigió hasta la puerta trasera y saltó. Como el camión iba algo rápido, al caer rodó por el suelo lastimándose con los matorrales que encontró a su paso, pero no lo suficiente veloz como para romperle algún hueso. Se puso de pie sacudiéndose el polvo y esperó a que su Gum, que se había lanzado de manera perfecta, le diera alcance. Después, sin más tiempo que perder, trotó hacia el pueblo. A como diera lugar iba a encontrar a ese tipo.


Iara Luna se hallaba caminando con su amiga. Ella la había buscado al terminar las clases y como buena amiga que era, la censuró por no haber ido a la escuela.

¿Entonces por qué no fuiste a clases?

Por tonta, debí haber ido, me arrepiento de no haberlo hecho.

Lo dices por Matilde ¿Verdad?

Iara sonrió nerviosa, si su amiga supiera la verdadera razón.

Ella me estará esperando y me dará una gran cátedra de lo que me conviene hacer. En este momento estoy casi escuchando todo lo que me dirá.

Eso te pasa por ser una estudiante irresponsable. Te mereces lo que te mereces… —notó a Iara muy diferente a como ella solía ser. La percibió muy tensa, cuando normalmente siempre estaba sonriendo ante sus comentarios —¿Te sucede algo? —Preguntó al fin.

Nada, estoy muy bien —sonrió para quitar preocupación a su amiga, aunque sabía que no podía engañarla ya que la conocía muy bien.

No te creo, pero por ahora es momento de ir a las clases extras, al rato me cuentas.

Ella no escuchó lo que su amiga dijo, porque estaba concentrada en una persona que estaba a un par de cuadras de ellas. Se alegró al verlo y eso hizo que en su rostro se dibujara una feliz sonrisa y sin pensárselo, corrió a su encuentro.

A Alvar, lo único que se le ocurrió al llegar al pueblo, fue preguntar a sus habitantes, pero eso no ayudó mucho, mas consideró que era mejor empezar por algo.

¿Ha visto a una persona que tiene la habilidad de controlar un Gum? —preguntó a una mujer.

Si, a usted.

Bueno si, pero me refiero a alguien sospechoso que no lleve uniforme del Punto Negro.

Sí, usted.

Alvar se miró dándose cuenta que por la prisa se le había olvidado ponerse el uniforme, lo único que traía puesto del uniforme eran las botas. Sí que se estaban muriendo poco a poco sus neuronas.

Muchas gracias por su amabilidad —sería mucho mejor si él buscaba al tipo en vez de preguntar. Miró hacia donde escuchó una voz y reconoció a la misma chica de ayer.

Vi al mismo tipo de ayer —fue lo primero que le dijo ella cuando estuvo cerca de él.

¿Que? ¿Y te mencionó algo? —fue el saludo de él.

Sí, que te esperaba en el mismo lugar para terminar lo que empezaron…

No esperó escuchar más y salió corriendo como bala para ir al sitio de ayer. Ese tipo lo estaba esperando.

¡Espera…! —Trató de detenerlo, pero fue en vano, cuando menos acordó, éste ya había desaparecido. Luna sintió la presencia de su amiga a su lado, así que no se sorprendió cuando la escuchó preguntar:

¿Conoces a ese soldado?

Ella no respondió enseguida, solo se quedó mirando el lugar donde había desaparecido el hombre.

Algo así.


Alvar se encontraba en ese lugar, pero por las prisas que tomó se le olvido por completo preguntar con más detalle la hora o hasta el día y por esa razón ahora se encontraba ahí sin saber qué hacer.

¿Por qué se había ido de esa manera? ¿Por qué fue tan impaciente? Ah, sí, porque él siempre era un impaciente e impulsivo.

Ya habían pasado más de 20 minutos y seguía esperando, pero aun no veía a nadie. Pensó en irse para seguir buscándolo en el pueblo, pero en eso escuchó pasos dirigiéndose a donde él y estos se escucharon muy fuertes debido al silencio que había en la zona,. Se giró para mirar al dueño de las pisadas, sintiendo que ahora más que nunca estaba preparado para enfrentarse con él, pues la vez anterior no pudo debido a que sentíase muy agotado por haberse enfrentado a los Gum, pero esta vez estaba descansado y alerta, sin embargo, se quedó anonadado al ver a la estudiante.

¿Pero qué haces aquí? —preguntó confundido al verla, ese no era el sitio para que una estudiante estuviera de espectadora, tampoco iba a poder cuidarla.

Te fuiste tan de prisa…

Pero no entiendo por qué estás aquí. ¡Vete! Será muy peligroso.

Pero…

¡Pero nada! Es mejor para ti y para mí que no estés aquí.

Iara no pudo discutir contra eso pues tenía toda la razón, pero ella fue a ese lugar porque quería ver lo que ayer no pudo, y sin disposición de retirarse, se alejó un poco del soldado mirando a su lado, degustando lo que miraba. Desde esa eminencia de terreno se podía ver el pueblo, no todo, pero una gran parte y podía apreciarse mucho mejor produciendo que la maravillosa vista le recordara cuando ella y su padre lo veían juntos.

Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, esa persona, desde una larga distancia y mediante unos binoculares, estaba observando al soldado. A un lado suyo estaba el Gum de tentáculos, el cual estaba arriba de una piedra que doblaba la altura del hombre.

Es increíble que haya venido, es muy interesante —murmuró para sí dejando de usar los binoculares—, veamos que tan buena puntería tienes Arco.

Al decir eso, el animal cargó la roca sin ninguna dificultad y la elevó por encima suyo

Sabes qué hacer. ¡Listo! —esa era la orden par que lanzara la roca, y el animal llamado Arco, la lanzó hacia arriba dirigiéndola hacia donde se encontraba Alvar.

Capítulo 5

Alvar se acercó a la muchacha para ver lo que a ella mantenía tan absorta y verdaderamente sus ojos se deleitaron al descubrirlo. Nunca había visto algún pueblo de lejos y la emoción que sintió, fue de su agrado, tanto así, que no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro. Ciertamente había valido la pena arriesgarse a salir del Punto Negro. La hermosa vista compensaba el riesgo.
Oye, es mejor que te…— se interrumpió cuando su 68-F4 le avisó de algo, así que se giró y levantando la cabeza, observó sorprendido que algo caía desde arriba hacia ellos. Era una roca ¿Una roca? ¿Qué estaba haciendo una roca volando y acercándose a donde ellos?

Su reacción inmediata fue la de tomar a Iara de la cintura y correr fuera del área de peligro, cayendo a la tierra ambos cuando la enorme piedra impactó contra el suelo, pues azotó con tanta fuerza que provocó un pequeño temblor, aparte que de la piedra se desprendieron pequeños trozos que alcanzaron a Farías, ya que él había protegido a Iara con su cuerpo. El gran tamaño de la roca, la velocidad que llevaba y el área donde cayó y teniendo en cuenta la ley de la gravedad, provocó que se formara un pequeño cráter.

¿Te encuentras bien? —preguntó a la estudiante mientras se ponía de pie para ayudarla a levantarse, sin descuidar sus sentidos, los que mantuvo alerta mirando en torno.

¿Dónde estás?”

Sal de donde quiera que estés, no seas cobarde y muestra tu cara —exigió en voz alta sintiendo como una ola de ira comenzaba a cubrirlo al no poder verlo, realmente no creía que fuera de esa clase de personas, pero su ataque sorpresivo había dejado claro que lo era. Un cobarde.

Después de unos segundos en espera, su mirada tocó un punto preciso que llamó su atención y percibió que algo veloz se acercaba a su dirección, reconoció al Gum con tentáculos, propiedad de la otra persona que lo había enviado para atacarlo, pero el soldado no esperó a tenerlo sobre él, sino que ordenó al 68-F4 atacar a su semejante. Mientras los dos Gum entraban en una gran pelea, Alvar sonrió, pues eso significaba que por fin el tipo iba a mostrar su rostro y no se equivocó. El cobarde empezó a acercarse al soldado. El enemigo mostró una cínica sonrisita.

Me parece que no eres tan tonto —fueron las primeras palabras que salieron de su boca, estas hicieron que Alvar se molestara ¿Qué clase de palabras eran esas? Además, esa sonrisita hacia que Farías se molestara aun más.

No estés tan feliz, voy a hacer que dejes de ordenar a ese Gum.

Su advertencia apagó la cínica sonrisa y se hizo la seriedad en el rostro del atacante, quien sin pérdida de tiempo, se lanzó contra el soldado en una avalancha de puño tras puño, mientras gritaba:

¡No me compares con ustedes!

Pero a pesar de la velocidad con que le lanzaba los puñetazos, no pudo darle debido a que ahora Alvar se sentía mucho mejor que ayer y sin ningún esfuerzo los esquivó, pero no solo eso, sino que se defendió arrojando sus mejores ganchos. El otro sujeto pudo notar la diferencia de su velocidad a la del día anterior, cada golpe que trataba de darle lo esquivaba, además de que ahora le lanzaba golpes certeros, sin embargo, el tipo era muy resistente y demostró tener mucha tolerancia a sus golpes.

El pensamiento de Alvar era que debía noquearlo, pero ¿cómo podía hacer eso si el tipo era muy bueno? Entonces tuvo su oportunidad cuando el tipo estiró su brazo para proporcionarle un golpe, Alvar lo esquivó e instantáneamente lo apresó por su brazo, lo atrajo hacia él y levantando la pierna, le dio un rodillazo en el vientre que hizo que el tipo se doblara hacia adelante, lo que le dio ahora la ventaja de estrellar su puño izquierdo en la mandíbula y con este golpe, enderezó al tipo, quien retrocedió hacia atrás tambaleante, tocándose el vientre con ambas manos y escupiendo sangre. Los golpes de Alvar sí que lo habían lastimado. El sujeto dio otro par de pasos atrás tomando rápidas bocanadas de aire debido a que el golpe con la rodilla había vaciado sus pulmones, mas Alvar, quien no sintió compasión por el rostro pálido del hombre que se había atrevido a retarlo, no le permitió recuperarse, sino que ahora probó uno de sus pies cuando levantando de manera magistral su pierna derecha, estampó su bota en el pecho y la fuerza de la patada hizo que perdiera el equilibrio y esta vez fue el turno de Alvar sonreír cuando su enemigo voló por los aires e incluso notó su humillación cuando estando en el aire, o sea, antes de alcanzar el suelo, el hombre giró su cabeza en dirección de Iara, dándose cuenta que la estudiante estaba presenciando todo.

¿Qué está haciendo ella aquí? —fue lo único que se le ocurrió preguntar al aterrizar en el suelo. Había estado tan absorto en el soldado, que no había reparado en la presencia de ella. ¿Estaba ahí cuando hizo que Arco arrojara la roca? Como era de esperarse, no recibió respuesta alguna, más bien lo que recibió, fue un brutal puntapié en su costado derecho y antes de reaccionar en la debida forma fetal para protegerse, el soldado no se lo permitió porque tomándolo del cuello de su camisa, lo levantó con una fuerza sorprendente para ponerlo frente a él y mirarlo directamente a los ojos y aunque la mirada de Alvar era aceradamente fría, el sujeto sonrió ante ella.

Mientras tanto, los dos Gums seguían en su combate, pero en esta ocasión, también el 68-F4 estaba ganando la batalla por el momento, a pesar de que los tentáculos del otro Gum le daban ventaja sobre el Gum de Farías. Estas extremidades, que manipulaba haciéndolas crecer a su antojo, aunque con cierto límite, le servían como mazos para golpear a sus semejantes, no obstante, todo el poder mental puesto en la pelea de su amo contra el tipo, estaba recibiéndola el 68-F4, así que ni los seis tentáculos del Gum pudieron pararlo, y utilizando su propia velocidad, logró esquivar los tentáculos. Mas sin darse por vencido, el Gum enemigo lanzó un ataque de tentáculos, pero el 68-F4 se movió tan rápido que su semejante lo perdió de vista, así varias veces hasta que fue demasiado para él y tarde se dio cuenta que el ataque de tentáculos lo único que había hecho, era atacarlo a él mismo, pues de pronto se encontró con que ya no podía moverse más ni seguir manipulando sus tentáculos, porque el muy bruto se había enredado con sus propias extremidades. El 68-F4 gruñó y el único que pudo saber lo que ese gruñido era, fue Farías. Una risa de triunfo al ver al Gum del tipo revolcarse en la tierra, desesperado por soltarse de sus propias armas biológicas.

¡¿Quién rayos eres tú?! —preguntó exaltado Farías, mientras zarandeaba al hombre, el cual solo sonreía — ¡¿Quién te envió?! ¡Responde! ¡Maldición, responde algo! ¡¿No ves que estás acabado?!

¿Acabado? —Preguntó eso mientras lo miraba ya serio —¡Arco!

Ambos miraron hacia donde los dos Gums estaban librando su pelea y el tipo se sorprendió al ver caído a su Gum

¡Arco! ¡Deja de jugar a que pierdes! ¡Levántate!

Arco, acuciado por la voz de su amo, soltó uno de sus tentáculos y alargándolo, lo dirigió a Alvar, quien lo esquivó soltando al tipo y lanzándose a un lado, así que el tentáculo golpeó al tipo, quien volvió a tambalearse cubriendo su rostro y Alvar, aprovechando ese momento, se buscó el arma que solía portar sujeta a su cinturón.

¡Rayos! —exclamó al no encontrarla y acordarse que no llevaba puesto el uniforme, solo ropa de civil. Miró al tipo con más cuidado cuando notó que él, ya repuesto de los golpes, sacó de cada lado de su cinturón un par de palos de metal, de los que solo podía verles la mitad, debido a que las mangas de la sudadera eran muy largas. Alvar retrocedió un poco, era malo no llevar ningún arma consigo.

El tipo dio a entender a su Gum que siguiera atacando al 68-F4 cuando lo vio libre de sus propios tentáculos, así que se reavivó el ataque entre los Gums y esta vez, los golpes de los tentáculos fueron más efectivos. El Gum de Alvar rápidamente quedó en el suelo y los violentos azotes de los tentáculos no lo dejaba ni levantarse. Mientras tanto, el tipo se fue contra Farías atacando con todas sus fuerzas. Alvar trató de esquivar los palos, pero se le hizo más difícil por la velocidad empleada del tipo resultando ser un maestro en la práctica de esas armas.

¿Acabado? Nunca digas cosas si no estás tan seguro…

Alvar miró a su Gum y después a su oponente. Se le hizo también más difícil mantener su concentración, puesto que no podía mantener su ritmo mental, ni para él, ni para el Gum y eso complicaba las cosas, y el momento del principio en que todo iba bien, ya había pasado y ahora se sintió cansado. Muy cansado. Cada golpe incrementaba su cansancio hasta tornarlo agotamiento y este comenzó a debilitarlo. Su respiración se hizo más rápida. Alvar sintió que el 68-F4 estaba en las mismas condiciones que él. Ambos estaban siendo derrotados. Pero tenía que seguir, tenía que permanecer en pie.


En el Punto Negro:

Dana Tenor estaba buscando a su paciente. Había ido primero a su habitación, pero no lo encontró, después se dirigió a donde regularmente su equipo entrenaba, pero tampoco lo encontró. Ahora se estaba dirigiendo con Ariel, a la sala, donde de seguro a él si lo encontraría allí. Iba a preguntarle si lo había visto o si sabía donde se había metido. Al llegar a la sala y caminar hasta la zona de las computadoras, miró a Ariel sentado en su típica silla frente a una maquina, pero a diferencia de otros días, éste no estaba tecleando, estaba leyendo unos documentos.

Ariel ¿Dónde es que se encuentra Alvar?

El hombre desvió la mirada de los documentos para mirar a los ojos al médico y sin responderle nada, alargó su brazo para entregarle a ella el objeto de su interés.

¿Son los resultados de Alvar? —Inquirió mirando las hojas impresas—Hasta que por fin llegan, los espero desde ayer.

Los empezó a leer, sus ojos se movían de un lado a otro mientras leía los párrafos y algo en uno de ellos la hizo abrir mucho la mirada registrando en esta un súbito terror. No podía creer lo que estaba leyendo. Dejó de leer para mirar a Ariel con una muda interrogación, porque sus labios no pudieron formular ninguna palabra.

De vuelta en el campo de batalla:

Alvar entendió lo difícil que era pelear con un Gum entrenado. Las prácticas no lo habían preparado para esto, porque lo único que hacían, era entrenar al Gum y entrenar la mente de uno, pero nunca había peleado con otro de sus compañeros. Jamás vieron necesario entrenar combatiendo a los Gums entrenados y ahora lo comprendió. El entrenamiento era incompleto y por lo tanto, ineficiente.

No podía mantenerse ya en pie, empezó a sentir como su cuerpo perdía coordinación, además sintió como el 68-F4 estaba en las mismas condiciones. Se sintió como la ocasión anterior, pero Alvar supo que este abatimiento iba más allá.

Sin embargo, él era Alvar Farías, un hombre que no caía con facilidad, así que ahora, frente al tipo, estuvo dispuesto a llegar al final y yéndose contra él para darle un golpe, se detuvo antes de llegar siquiera a tocarlo, porque la enorme necesidad de vomitar lo sedujo. Una ola de nauseas se apoderó de él. Su visión empezó a desvanecerse. Comenzó a perder el sentido de la noción y cayó de rodillas porque de repente sus piernas ya no pudieron soportar el peso de su cuerpo y una somnolencia terrible cayó sobre él siendo incapaz de mantener los ojos abiertos, por lo tanto, dejó caer todo su cuerpo al suelo y lo último que percibió del 68-F4 antes de perder el conocimiento, fue su retorcerse brusco por el suelo y su falta de coordinación. En ese momento supo que todo para él había terminado.

Y en el Punto Negro lo buscaban con desesperación.

Ariel y Dana se dirigieron inmediatamente a la oficina del comandante Fontana. Era indispensable que avisaran a Alvar que debía de ir a la sala de operaciones a retirarse el chip, pues según los resultados, éste estaba perdiendo control sobre su Gum y esto era algo muy malo, eso podría provocar que le diera un derrame cerebral.

Al entrar a la oficina del comandante, Ariel le entregó los resultados y le explicó la situación. Fontana entendió la urgencia e inmediatamente mandó al capitán Wong y Llamas a que buscaran los en los lugares concurridos por el soldado y preguntaran a los demás conocidos de Alvar si lo habían visto, pero después de unos minutos regresaron y al igual que Dana, no tuvieron éxito con su búsqueda, así que Fontana los volvió a mandar a buscar ahora por todos los lugares en el Punto Negro, incluida la sala de los Gum, pues en algún lugar alguien debía saber algo.

Dana se encontraba nerviosa y no dejaba de preguntarse a dónde había ido Alvar. En un caso como este, ¿por qué había desaparecido? Se dio cuenta que sus pensamientos no eran muy lógicos. Alvar no sabía lo grave que estaba.

No te preocupes Tenor —la consoló Ariel en tono calmado. Su deseo era tranquilizarla, pero pensó que tal vez no lo lograría, pues a pesar de su aspecto tranquilo, él estaba igual de preocupado.

Jeremías solo tenía sus manos cruzadas entre sí mientras las apoyaba en su barbilla. Estaba pensando en lo mismo que todos los que buscaban a Alvar. ¿Dónde estaba? Aunque él tenía una corazonada, pero no quería creer que se hubiera… el timbre del teléfono que tenia sobre su escritorio sonó interrumpiendo sus pensamientos e inmediatamente contestó, esperando tener buenas noticias.

Dígame capitán… ¡Qué! —Dana como Ariel se sobresaltaron al escuchar ese “¡qué!”, el cual retumbó en la oficina sabiendo que esto no significaba algo bueno—, ¡¿me dices que Alvar salió del Punto Negro?!...

Al escuchar eso último, los dos médicos quedaron más que sorprendidos. No lo habían creído inmediatamente, pero después de pensarlo mejor, eso era obvio. Pero, ¿por qué había hecho algo tan tonto? Alvar, más que nadie sabía que salir del Punto Negro sin autorización del comandante era algo muy grave, de merecer castigo.

¡…no me importa, salgan y búsquenlo con el rastreador! —terminó el comandante, enseguida colgó el teléfono con brusquedad. ¿Pero en qué rayos pensaba ese tipo al salir de la fortaleza?

El rastreador era un aparato del tamaño de un control de televisión y este servía para rastrear las ondas de “chip”, pues este último tenía un localizador. El rastreador era utilizado especialmente entre los trotamundos, por si algún miembro del equipo se perdía. En el Punto Negro casi nunca era utilizado puesto que no era necesario. Nadie desobedecía órdenes ahí, como escaparse, por ejemplo, no obstante, se contaba con un rastreador por si acaso se ofrecía y mira que ahora se ofrecía.

Jeremías Fontana estaba intranquilo y lo único que podía hacer en ese momento, era esperar una respuesta. Fijó su mirada al frente para observar a los dos médicos, con todo eso ya se le había olvidado que estaban ahí. Quería decir algo para despreocuparlos un poco, pero al tratar de decir algo, las palabras se atragantaron en su garganta y al final no pudo, no sabía que decirles, pero si no mencionaba palabra para romper esa atmósfera llena de preocupación que se sentía en toda la oficina, iba a estallar y ser uno con ésta. Suspiró hondo al decidirse y sonriendo, con tono amistoso y divertido, preguntó:

¿Pero qué le pasó por la cabeza al muchacho para escaparse así? —ninguno de los médicos respondió o dijo alguna palabra. Dana ni siquiera había levantado su cabeza para verlo y Ariel lo miró y trató de seguir la plática, pero al fin de cuentas no pudo.

Después del fallido intento, la puerta de la oficina se abrió dejando ver del otro lado al capitán Wong y a Llamas. Dana y Ariel concentraron su atención en los hombres con rostros esperanzados, esperando alguna noticia agradable.
¿Qué noticias hay? —preguntó el comandante poniéndose de pie.

Señor, la misión fue negativa —mencionó Wong con su tono firme y claro—, el radar no captó señal alguna del chip de Farías, lo que significa que…— no fue necesario que continuara, pues todos los que se encontraban en esa habitación ya sabían lo que significaba eso. El controller que no salía en el radar significaba que el chip no estaba obteniendo señal del cerebro, en pocas palabras: El controller estaba muerto.

El comandante soltó su cuerpo y este cayó en la silla. Recargó su cabeza en el respaldo y miró el techo sin poder hablar. No tenía palabras. No podía creer que había perdido a uno de sus mejores hombres.

Fue mi culpa, fue mi culpa… — murmuró en voz baja Dana, empezando a temblar. Si tan solo lo hubiera obligado a tomar ese examen a tiempo, él estaría aun con ellos. Se sentía tan mal que sus piernas se debilitaron y hubiera caído si no hubiese sido porque Ariel la sujetó y abrazándola, la apretó contra su pecho diciéndole con voz quebrada:

No lo fue… no digas eso… 
  
 
Capítulo 6

Abrió los ojos y no pudo ver nada. Estaba boca arriba, tendido en el suelo cuan largo era, pero su mirada abierta que debía ver el cielo, no lo vio. Movió la cabeza en el intento de ver algo, sin embargo, el negro fue el color que lo rodeó. Se sentó y sus ojos se abrieron más, como por inercia en el desesperado intento por distinguir su entorno, mas no distinguió nada, pues a donde volteaba era lo mismo. La oscuridad absoluta, y por un momento se preguntó si se había quedado ciego, sin embargo, inmediatamente comprendió que no era que se hubiese quedado ciego, sino que se encontraba en una extraña habitación cuyas paredes, techo y suelo eran por completo negras y no había ningún mueble ¿Cómo había llegado a ese lugar? En su cabeza, todos los pensamientos eran un torbellino, así que trató de poner todo en claro, ubicar cada pieza en su lugar para poder acordarse de algo, pero le fue imposible porque ahora se formulaban sobre todo muchas preguntas que carecían de respuesta : ¿Qué era ese sitio? ¿Por qué era todo negro? ¿Por qué estaba ahí? ¿Cuándo había llegado a ese lugar?

Se puso de pie y comenzó a caminar en medio de la oscuridad, aunque no sabía si se estaba dirigiendo al frente, atrás, a la derecha, o a la izquierda. Pero sentía una sensación que le decía que ese camino era el que debía tomar. Caminó despacio y con cuidado, después notó que el camino empezó a distinguirse tornándose un color rojo naranja, levantó su vista y miró a su izquierda quedando anonadado al ver un recuerdo suyo:

Tan solo contaba con cinco años y se vio a sí mismo cuando estaba en el kínder de un extremo del Punto Negro, estaba jugando con otros niños.

Sintió una gran nostalgia por el recuerdo, pues hacía mucho que sus memorias no le hacían sentir así y le gustó la sensación, porque sus tiernos años fueron agradables. Miró ahora a su lado derecho:

De ese lado se vio sentado en las piernas de su padre. Ese día le estaba contando a su padre las muchas ganas que tenia de salir del Punto Negro, viajar y convertirse en un trotamundos. Su mirada emanaba una radiante sonrisa cuando le contaba todos sus sueños. Su padre solo lo escuchaba, no hacía más que eso.

Cuando sea grande voy a conocer el exterior.

Eso vamos a verlo. Tú solo hazle caso a todo lo que diga y ordene el comandante y verás como algún día podrás conocer el exterior.

Alvar giró su cabeza hacia atrás para poder ver la cara de su padre y con ojos muy grandes e interesados le preguntó:

¿Qué hay más allá del Punto Negro?

Melchor desvió la mirada de él y mirando hacia el frente, respondió:

No lo sé.
Ese agradable recuerdo pasó y vino a sustituirlo uno que le desagradó, ese día que le había marcado su vida. Ese día en que su padre lo había llevado a ese extraño lugar del Punto Negro que nunca había visitado. Se vio en ese doloroso momento en que estaba en la cama, recordándole el espantoso dolor que había sentido. A ese se le sumó otro de cuando había salido bien la operación. Lo habían llevado a un cuarto donde le enseñaron a controlar al Gum que le habían asignado. El 68-F4 lo tenían frente a él con una droga que lo hacía tonto y así no podía moverse libremente hasta que su controller se lo ordenara. Esa era una de las experiencias más desagradables que aun lo perseguía.

Todos esos recuerdos, en especial los últimos, provocaron que a Alvar le empezara a doler la cabeza y las interrogantes crecieron. No entendía por qué estaba viendo eso. Por qué tenía que recordarlo. Se tomó la cabeza apretándola con fuerza ¿Por qué lo torturaban de esa manera? Empezó a girar sobre sí mismo cerrando sus ojos tan fuerte que dio la impresión de que quería soldarlos. Quería que todo eso desapareciera. Quería olvidar. No quería estar allí, así que después de dar algunas vueltas, abrió los ojos de golpe mirando otro recuerdo. Uno más de esos recuerdos que no lo dejarían nunca.

Alvar ya se había convertido en uno de los mejores controller, había avanzado más rápido que algunos de su generación. Se miró a los 18 años, frente a él su padre, un día antes de que se fuera a ese trabajo y esa fue la última vez que lo vio. Melchor había ido a ver a su hijo para despedirse de él y pedirle que cuidara mucho a su madre mientras estuviera fuera. Cuando se iba a retirar se detuvo bajo el umbral de la puerta, giró para ver a su hijo por última vez y mientras lo veía con la misma mirada con que lo había visto desde que era pequeño, le dijo:

¿Quieres saber lo que hay más allá del Punto Negro? Nada, no hay nada más allá del Punto Negro —Después, sin esperar ninguna respuesta o de tan solo escuchar alguna cosa, se retiró de la habitación para nunca volver.

¿Nada?”

Esa memoria se empezó a desvanecer ante sus ojos y de pronto, una tenue luz le permitió ver con claridad el otro extremo de la extraña habitación, distinguiendo al 68-F4. Empezó a acercarse lentamente, confundido, ¿qué estaba haciendo en este lugar? La respuesta se le vino como un rayo, ahora lo recordaba, había perdido contra el Gum de aquel tipo, había fallado como soldado, había perdido la conciencia y al recuperarla, se encontraba en ese sitio y su conciencia le dijo que todo lo vivido en los últimos minutos, era meramente producto de su imaginación. Sueños o pesadillas.

Se detuvo al estar a una distancia sensata del 68-F4, pues este empezó a tomar una diferente forma. Como una forma humana y al irse transformando, se dio cuenta que el Gum se había convertido en él, como si se reflejara en un espejo. Su reflejo le sonrió y le preguntó:

¿Por qué no me distes esa oportunidad?

En cuanto terminó de hablar, estalló en mil pedazos, como si de verdad se hubiera tratado de un espejo en el que algo hubiese impactado rompiéndolo así. Y mientras Alvar se cubría el rostro como reacción, para evitar que los fragmentos del vidrio lo tocaran, un agujero negro debajo de sus pies empezó a abrirse para tragárselo, sumergiéndolo en una infinita oscuridad, y mientras caia, una gruesa cadena atada alrededor de su cintura se hizo visible, rompiéndose casi de inmediato y los eslabones comenzaron a golpearlo en medio de la aterradora oscuridad.

Alvar abrió los ojos de golpe mientras de su garganta escapaba un profundo y terrorífico grito. La impresión de caída, más que nada, hizo que se incorporara y quedó sentado en la cama. Mientras respiraba hondo para ventilarse, pues le faltaba el aire, apretó con fuerza la sábana hasta que sus manos casi se tornaron blancas. Esa sensación de estar cayendo a un lugar sin fondo lo había aterrorizado.

Hasta que abres los ojos —escuchó la voz de alguien. Esa voz se le hizo familiar. Bastante confundido por no saber donde se encontraba, y no recordar exactamente quien era el dueño de esa voz, volteó a un lado tratando de ubicar a la persona, pero no la vio, sino que su mirada recorrió la pared de lo que parecía ser una cabaña de campo, la que no parecía estar en muy buenas condiciones puesto que a sus ojos resaltó la vejez, sin embargo, la notó limpia y por el pequeño espacio que pudo percibir, ese lugar no era muy grande, además de que se encontraba en penumbras. Fue al mirar en su entorno que descrubió al dueño de la voz familiar. Se trataba del mismo hombre con el que había luchado anteriormente y con el que había perdido. Estaba ahora a unos metros frente a él. Sentado en una vieja silla de gruesa madera y leía un libro.

Farías no respondió al instante, la verdad, estaba muy impactado. Otras preguntas se anexaron a las ya formuladas y continuó sin encontrar respuesta para ninguna. Su razón comenzó a imponerse, así que se ubicó remplazando su semblante de sorpresa a uno serio. Su primer impulso fue la de ponerse de pie para salir de ahí, pero cuando lo intentó no tuvo éxito debido a que un mareo se apoderó de él y volvió a sentarse en la cama.

Yo no te recomendaría que trates de levantarte tan deprisa —sugirió el hombre sentado y en ningún momento levantó la vista del libro —: Has estado durmiendo por seis días.

¿Seis días? No podía creer que habían transcurrido seis días. Para él solo habían transcurrido unos minutos. Pero su mal estado comprobó que el hombre que parecía asiduo a la lectura, tenía razón.

¿Qué me sucedió? —quería saber lo que fuera de lo que había pasado, aunque él en el fondo ya sabía la respuesta.

La cosa que llaman chip y hace que controles el Gum, te estaba provocando corto circuito, ya no te estaba funcionando bien, tu cerebro lo rechazó, agradece que no fue a mayores y no te mató —se levantó de la silla dejando sobre esta el libro —Por cierto, también agradece a Iara, porque si no fuera por ella, estarías abandonado.

¿Iara?

Y el hombre se perdió en sus pensamientos:

El soldado había perdido el conocimiento y había caído al suelo, Osses empezó a acercarse a él porque sospechó que no solo se había desmayado por agotamiento, se trataba de algo peor al darse cuenta que el Gum que estaba controlado por el soldado se estaba comportando de una extraña manera, retorciéndose como pez fuera del agua, azotándose contra el suelo, levitando después un poco y andando de aquí para allá en completa confusión y todo eso acompañado por un gruñido de dolor. Osses se dio cuenta que se trataba de una quiebra de chip, lo cual significaba que este suceso provocaría un derrame cerebral a la persona que lo tuviera implantado. Nunca lo había visto, solo lo había escuchado, pero se imaginó lo doloroso que resultaba mientras el derrame llegaba.

La única manera que podía hacer para evitar algo como eso, era desprogramar el chip, pero al acercarse más al solado, Iara se había puesto entre los dos y con los brazos extendidos gritó:

¡No lo mates, por favor!

¿Y por qué piensas que lo voy a matar? —Preguntó, interesado por su respuesta, pero ella no respondió nada, así que continuó—. El chip que tiene implantado lo está matando, si no hago algo podría morir —ella no lo sabía, se volvió al soldado tirado para observarlo, luego se apartó para permitir a Osses acercarse al soldado e hincándose, esculcó algo en la bolsa de su sudadera y de ella sacó una especie de cargador dorado; el que cabía en su mano. Se lo colocó detrás de la cabeza del soldado y dándole un toque de electricidad, indujo a que el dichoso chip dejara de funcionar, fue entonces que el Gum que se retorcía como loco, logró la tranquilidad, de hecho, quedó sin energía y eso hizo que cayera al suelo inerte.

¿Qué es eso? —preguntó la estudiante mientras veía ponerse de pie al hombre. Él no respondió, solo se limitó a dar la vuelta e irse de allí lo más rápido posible. Podría ser que los compañeros del soldado estuvieran cerca de ese lugar. No quería pelear contra muchos de ellos —¡Espera! — Volvió a escuchar la voz de la estudiante— ¿piensas dejarlo aquí?

Sí, ese es el plan.

No puedes hacer eso.

¿Por qué no?

Porque puede morir si lo dejamos aquí.

Si no quieres dejarlo aquí, llévatelo tú, además, no creo que sus compañeros estén muy lejos, vendrán y se los llevarán —e ignorándola de nuevo, caminó al lado contrario de ella y el soldado.

No lo creo… él vino solo, estoy segura…— alcanzó a escuchar a la joven—… si lo dejo, tal vez no lo encuentren nunca y puede morir o un animal se lo pueda comer— Osses volteó para ver a la joven y observó como ella trataba de poner de pie al soldado, para hacerlo apoyar su brazo en su hombro y así poder arrastrarlo para ponerlo a salvo de los miles de peligros que ella se imaginaba.

Pero le era difícil, no podía con el soldado. Sería un poco menos difícil si por lo menos él estuviera consiente, pues el cuerpo inconsciente era demasiado pesado, no obstante, se las ingenió como pudo para colocar su hombro bajo el brazo del hombre durmiente y empezó a caminar, pero el peso hizo que ella también se tambaleara para caer al suelo junto a él. Osses no pudo mantenerse serio ante su esfuerzo y una leve sonrisa apareció en sus labios. Iara se puso de pie e insistió de nuevo, pero cuando trató de ponerlo de pie, advirtió que el hombre joven se acercó a ella y la ayudó a levantarlo e incluso fue más allá, pues lo cargó echándoselo al hombro como si fuera un costal de papas y lo hizo sin casi ningún esfuerzo. Así empezó a caminar.

No quieres dejarlo, me lo llevo. ¡Arco! —al gritar lo último, el nombrado se retiró de un lado de él para acercarse a donde el 68-F4 y con sus tentáculos lo tomó para cargarlo, después se acercó a su amo.

¿Puedo ir contigo? —preguntó la joven trotando para ponerse a un lado del tipo. Él, sin dejar de caminar, razonó:

Si te digo que no, eso no impedirá que me sigas ¿verdad? No puedo hacer que dejes de caminar ¿cierto?

Tal vez. ¿Él estará bien?

¿Él? Creo que sí.

Me llamo Iara Luna.

Pensó un poco antes de contestar, pero al fin dijo:

Yo soy Sexto Osses.

Fue todo lo que dijeron y así comenzaron un largo recorrido que les llevó varias horas, hasta que llegaron a una cabaña y al juzgar su fachada, esta estaba abandonada, un lugar perfecto para hospedarse, mientras el estado del soldado mejoraba.

Y mientras Osses seguía perdido en sus pensamientos, Alvar seguía sin comprender por qué estaba allí y no muerto. No es que le gustara la condición de la muerte, pero se le hacía extraño, ¿por qué ese tipo lo llevó hasta ese lugar? ¿Por qué no aprovechó la oportunidad y lo mató, o lo dejó morir? Esas sí que eran preguntas a las que exigía respuesta y de inmediato, mas casi de inmediato, su febril mente le dio la respuesta. ¿Por qué no había pensado en ello antes? Era más que claro que lo tenía como rehén.

No creas que tu plan funcionará —advirtió antes de que Osses cruzara la puerta, pues se dio cuenta que el hombre estaba por salir de la cabaña y ese inesperado comentario hizo que se detuviera y se volviera a él— Yo no soy nadie importante para el comandante.

¿De qué rayos estás hablando?

De tu plan obviamente y no te hagas el que no sabe. Sé tu técnica, me usarás como rehén… O tal vez me utilizarás para que te diga los puntos débiles del Punto Negro. No importa qué, pero quiero que sepas algo, aunque me torturen, yo, Alvar Farías, no diré nada al enemigo.

¿Enemigo? — el rostro de Osses se tornó interrogante. No supo de qué hablaba este hombre, y pensó que ese dichoso chip le había matado varias neuronas. Eso sí que era grave.

No te hagas el tonto, sé que alguien te envió a espiar el Punto Negro y así…

Aquí el único tonto eres tú —abrió la puerta un poco —yo no estoy aliado con nadie. Quiero que veas algo —mencionó por ultimo.

Alvar, confuso de nuevo, se puso de pie levantándose de la cama con cuidado, pero esta vez le fue más fácil y paso a paso se acercó a la puerta, pero antes de poder cruzarla se detuvo a causa de la fuerte luz que lo cegó a medida que se acercó a la puerta y lo primero que pensó fue que se trataba de una trampa del enemigo, pero después se percató que se trataba de la estrella que ilumina la tierra: El sol.

Tus ojos no están acostumbrados al sol, eso pasa cuando vives dentro de la fortaleza. Ahora estamos en un lugar en donde el sol sale y no hay cielo nublado.

Alvar se volvió lo más rápido adentro de la choza. Al pasar algunos momentos en la seguridad de las penumbras, abrió los ojos lentamente, los que había cerrado para protegerlos de la luz que lo había hecho llorar de molestia y vio la mano de su enemigo extendiéndose a él, sobre ella tenía unos lentes de sol, con el armazón pintado en color naranja.

Ten esto hasta que te acostumbres a la luz

Farías los tomó y se los colocó, sintiendo casi de inmediato el alivio en sus ojos, así, con más confianza, se volvió a dirigir a la puerta quedándose inmóvil por la sorpresa, de pie en el umbral. A través del cristal protector, miró a la estudiante acariciando a los Gums. Y las ya eternas interrogantes volvieron a presentarse, ¿de que trataba todo eso? Llamó al 68-F4, pero este no respondió. Repitió el llamado varias veces con el mismo resultado. No podía creerlo a pesar de que lo estaba comprobando. Toda su carrera militar terminó en ese momento. Sintió que se desplomaba. Su orgullo de militar se había quebrado por completo al no poder ordenar a su Gum. Su misión como controller ya no existía. Era lo peor que le podía suceder. Ya no era nada. Ya no era nadie. Todo su sufrimiento por convertirse en un Controller no había servido de nada. Ahora sí quería morirse, mejor la muerte que no ser nada, que no ser nadie. Que ser un fracasado.

Es increíble ¿verdad? Los Gum se encariñaron con ella…

No podía creerlo…

—…Arco, mi Gum, la verdad yo…

No quería creerlo…

—…no lo controlo, no con un aparato…

pero eso era la verdad…

—…el me sigue porque quiere.

la triste realidad.

Alvar se dejó caer de rodillas. Sentíase derrotado. Su mente aun no conseguía procesar que el 68-F4 no obedeciera sus órdenes. Todo ese tiempo en entrenamiento, ese doloroso procedimiento, todo el respeto que se había ganado, el orgullo de ser uno de los mejores, todo eso en vano. Todo eso ya no podía alcanzarlo, se había esfumado y ese esfumarse era lo que estaba frente a sus ojos.

Al verlo así, Iara se acercó rápidamente a donde Farías.

¿Te encuentras bien?

Está bien, despertó y caminó… solo está procesando lo sucedido —informó Sexto caminando hacia el frente—. Es mejor que lo dejemos solo por ahora. Vamos a comer.

La estudiante se retiró de Alvar, aunque no quería dejarlo solo, pero tenia que acompañar a Sexto. También tenía hambre y seguro que Alvar también, o quien sabe. En ese momento trataba de digerir otra cosa.

Los últimos días habían estado comiendo pescado. Cuando llegaron a ese lugar, Osses se había dado cuenta que el pueblo más cercano se encontraba por lo mínimo a tres horas, así que había dado una vuelta para ver si había una mejor manera de conseguir alimentos, y había encontrado que no muy lejos de allí fluía agua. Había un rio donde podían pescar peces y así poder cocinarlos para alimentarse de su fresca carne.

Más tarde, cuando el sol se estaba ocultando, Alvar se encontraba recargado en el tronco de un árbol al sur de la casa y miraba el cielo, notando sus hermosos colores a medida que el sol caía en el horizonte, sin embargo, también estaba pensando en lo que iba a hacer de ahora en adelante. De una cosa sí estaba seguro. No podía regresar al Punto Negro. Había roto dos de las reglas más importantes: Primera, salir afuera sin autorización de Jeremías y segunda, usar al Gum por más de las horas establecidas. ¿Pero, cómo iba a sobrevivir en un mundo que prácticamente no conocía? Estaba muy preocupado por ello y ahora más que no era nadie. Ya no era un controller.

Al digerir esa verdad con más calma, se dio cuenta que no estaba tan peor como se lo imaginó al principio. Poco a poco, una desconocida sensación de libertad se fue apoderando de él y descubrió que jamás se había sentido tan libre como se sentía ahora. Nunca había sentido su cabeza tan ligera, como si ese peso que recordaba se hubiese ido. Además, le gustaba lo que presenciaba, esa hermosa puesta de sol, sus colores, rojo, morado y naranja. Eran tan vivos que deslumbraban y se dio cuenta por la paz que lo invadió, que esta se reflejaba en sus ojos y que su mirada había dejado de ser abrumadora.

Un agradable olor despertó su hambre haciendo que sus tripas empezaran a rugirle. Miró sobre el árbol y alcanzó a ver a Sexto e Iara frente a una fogata que habían creado para cocinar los pescados. Estos pescados emanaban un delicioso olor, que hizo que Alvar deseara acercarse para comer con ellos, pero no cedió al deseo a pesar que desde que recobrara el sentido, solo había comido un pedazo de pan y eso no era lo suficiente.Fijó su atención de nuevo al horizonte y poco después escuchó unos pasos que se acercaron a él y al juzgar la fuerza de estos sobre el pasto, supo, aun sin mirarla, que se trataba de la estudiante. Ella se sentó a un lado de él recargándose también en el árbol.

¿Por qué estás tan solo? ¿No quieres venir a comer con nosotros?

No, gracias.

¿Por qué no? —se sorprendió por la respuesta tan seca, debía tener hambre ¿Por qué se reusaba? Sí que tenía un orgullo grande.

Porque no puedo, ustedes trabajaron para hacer esa fogata y pescar esos pescados. Yo no he ayudado con nada, no merezco…

Con que eso es lo que piensas —escuchó la voz de Sexto provenir detrás de ellos, estaba al otro lado del árbol y no habían escuchado sus pasos y tampoco pudieron verlo —Es obvio que eres nuevo en esto, Iara también lo fue y mírala ahora ayudando con lo que puede. ¿Por qué no piensas así? “Comeré ahora, pero aprenderé a hacer algo y recompensarlos después” —se hizo ver a los dos, estirando su brazo para entregarle un pescado frito —Toma, no te hagas del rogar, ella es muy persistente —Farías lo tomó y empezó a comerlo. En serio que tenía mucha hambre, así que no pudo reusarse al tenerlos enfrente. Mientras comía, miró a Sexto alejarse de ellos.

Sigo sin tenerte confianza —le hizo saber Alvar elevando la voz para hacerse oír.

No lo estoy haciendo para que me la tengas. Mañana me voy, no te preocupes —Se alejó para entrar a la cabaña.

Bueno —la joven se levantó y sacudiéndose, continuó —Iré a ver a los Gums —caminó al otro lado, donde estaban los Gums jugueteando y correteándose, pero se detuvo para decirle algo —Su nombre es Sexto Osses. Mira que bonito juegan los Gums, aprende de ellos. No se guardan rencor.

Obvio que Alvar ignoró lo último y se concentró en su enemigo.

¿Sexto Osses? ¿Quién es? ¿De qué Colonia viene?” 



Capítulo 7



Alvar e Iara caminaban siguiendo un camino dibujado por otros pasos. Alvar no había tenido otra opción más que ir, además, la idea de conocer nuevos lugares le agradaba mucho. Toda su vida había vivido confinado en las paredes del Punto Negro. Solo salía de éstas cuando una emergencia o una misión se presentaban y tan solo por pocas horas, pues al llegar a su destino, hacía su trabajo en compañía de los otros Controller y después se regresaban sin que los dejaran ver mucho de los lugares y mucho menos, conocerlos. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Sexto, quien se giró para ver, tanto a Farías, como a Luna:



—No me importa que hayan decidido viajar, ese es su problema. Pero, ¿por qué me están siguiendo a mí?



—Para mi tampoco es un problema. Pero como ni Iara ni yo sabemos mucho de estos lugares y tú eres un veterano, decidimos seguirte.   



—Me siento confiada si voy con alguien que sabe a donde ir.



—Yo no voy a ningún lado —comentó un tanto frustrado Osses— no tengo ningún destino específico y no soy un experto en los lugares.



—Pero igual y es mejor que ir solos —informó la joven con alegría, lo que a Sexto no le pareció nada gracioso. No quería lidiar con ellos. A duras penas él  podía mantenerse. Pero, ¿qué podía hacer? Dudaba que si les decía que se fueran, ellos ya no lo seguirían. 



—Pasando a otro tema —se escuchó de nuevo la voz de la joven dirigida a Sexto, minutos después —¿Cómo se llama tu Gum?  



—¿Gum?... Arco…— dejó de hablar al escuchar una risilla procedente detrás de él,  identificando a su dueño: Alvar ¿Qué le había parecido tan gracioso? Su risa no le pareció agradable y lo miró por unos segundos con irritación, pero desvió su mirada al volverla al frente, para poder ver donde pisaba.



Alvar reconoció que lo asesinó con la miraba, sintiendo que aquella lo clavaba, pero lo ignoró  —no le importaba realmente —y aun divertido mencionó:


—Se me hace extraño que lo llames por nombre.

Osses quería evitar una discusión innecesaria, así que ahora él ignoró por completo lo que dijo, pero la joven no se quedó en silencio, estaba interesada por qué le era algo divertido y extraño.

—¿Por qué te parece extraño?—inquirió mostrando ese interés, pero mostró también una expresión de ofensa.

—Porque…— dudó en responder al ver a la joven ofendida, cuando el comentario era para Osses, no para ella. Solo se limitó a encogerse de hombros— No lo sé —se dio cuenta que Osses lo estaba mirando de nuevo y esta vez sintió que lo miraba con más odio. No estaba muy seguro si su repentina inseguridad al responder era porque de veras no lo sabía o si se había puesto nervioso por las miradas que recibía de las dos personas.

—Eso significa que tu Gum no tiene nombre ¿cierto?— insistió Iara en el tema.

—Creo que…— lo pensó mejor— claro que si.

—¿Se puede saber cual es?

—68-F4.

En cuanto dio la respuesta, una fuerte risa empezó a escucharse entre ellos.  La risa de Sexto, quien había tratado de aguantarla, pero le fue imposible no  reír, aunque casi enseguida Osses dejó las carcajadas para simplemente sonreír. Eso le había parecido tan gracioso y descubrió que nunca se había reído de esa manera. Mientras Sexto se divertía, Alvar no le encontró lo divertido a su respuesta. Se había puesto rojo y no sabia con exactitud si fue por vergüenza o por furia al escucharlo reírse. Cuando Osses recobró la seriedad, Iara aprovechó y no divertida como el otro, prosiguió:

—Ese no es un nombre, eso más bien parece un código…

“Es un código de numeración”  pensó.

—Debes pensar en uno mejor, ya que un nombre es importante en las personas como en los animales.

—¿En un nombre? ¿Hablas en serio? —le pareció ridículo, nunca le había dado importancia debido  a que los Gums eran utilizados por los soldados del Punto Negro como simples armas y no tenían otra finalidad. Pero como no se encontraban en la base, y tomando en cuenta que ya no era un soldado, le dio igual.  Así que pensó en uno y al no  encontrarlo, decidió decir uno cualquiera.

— Avellana.

—¿Avellana? ¿Hablas en serio? —ahora fue Osses quien habló indignado.

—¿Qué tiene de malo? Cuando era niño tenía un osito con ese nombre.

—Pobrecito —se lamentó Luna.

—¡Pero qué rayos! —¿Desde cuándo sentía importancia por un nombre y más si se trataba para un simple Gum? Le daba igual cual fuera, conque tuviera uno, según la joven. Esa cosa, con o sin nombre seguiría siendo un cosa… un monstruo, un simple Gum—. Si tanto les importa, ustedes elíjanselo.

—De acuerdo —dijeron ambos, como si estuvieran esperando el permiso.

Alvar se sintió irritado y más aun al escucharlos hablar de ello. Detuvo su paso indignado, pensando en qué demonios estaba haciendo en allí  y con esas personas, ese sitio no era para él. Dio media vuelta y miró el lugar que acababa de recorrer y empezó a recordar  el Punto Negro. Quería regresar, quería dar un paso atrás y otro y no detenerse hasta llegar al Punto Negro. ¿Por qué los estaba siguiendo? ¿Por qué había decidido hacer eso? No conocía nada fuera del Punto Negro, no tenia ni la menor idea del exterior. Al meditar en eso, empezó a sentir algo que no había sentido desde hacía mucho, desde que había caminado por ese largo y frío pasillo, creyendo que no volvería a sentir algo semejante, pero ahora esa sensación lo estaba invadiendo por dentro. Miedo. Una ola de temor se apoderó de él. Era cierto, nunca había estado fuera del lugar que lo vio crecer. No conocía esas tierras. ¿Cómo iba a sobrevivir en ellas? Ahora se encontraba metros ¡No! Kilómetros, alejado de sus raíces, de la seguridad del Punto Negro. Esos tristes y espeluznantes pensamientos de temor y nostalgia fueron interrumpidos al sentir cuando una mano tocó su hombro y notó a Iara, quien con una sonrisa, le hizo saber:

—Impulso. Así se va a llamar tu Gum… ¿te encuentras bien? —preguntó al fin al notarlo distraído y pensativo.

Alvar no contestó inmediatamente, levantó su vista para ver a Osses, quien estaba parado unos metros adelante, esperándolos. No debía preocuparse por esas  dudas que su mente se inventaba. Había elegido seguir ese camino y tenía que estar preparado para cualquier consecuencia, buena o mala. Tendría que olvidarse del Punto Negro. El lugar que había dejado atrás, porque ya no era un Controller. Debía hacer otra nueva vida.  A pesar de su preocupación, muy en el fondo sabía que ese camino que decidió tomar era el mejor.

Aclaradas sus dudas, dirigió su vista a la joven.

—Estoy bien. ¿Impulso? Es verdad, es mejor que Avellana y que Arco ¿No? —caminó junto a la joven para llegar a donde Sexto, el que ya había empezado a caminar al verlos acercarse.

—Arco es un bonito nombre —mencionó al final Iara.

Estaba empezando a oscurecer. La luz del día muy pronto iba a ser remplazada por  la oscuridad.  A  Alvar e Iara no les importaba del todo, estaban maravillados por la puesta del sol, que en pocos minutos iba a desaparecer en el horizonte. Por el contrario, Sexto Osses estaba preocupado pensando dónde podrían descansar durante la noche. Para él no le sería un problema debido a que en su mochila que siempre traía consigo, tenía lo necesario para dormir afuera, para acampar y a Arco no le suponía ningún problema. Pero eso ahora no servía, pues para su desgracia, dos personas se le habían unido. Ahora tendrían que hospedarse en un pueblo, lo cual no le gustaba, porque implicaba dejar a Arco —y ahora también estaba Impulso —fuera de los terrenos del pueblo, para evitar que hubiera algún problema con los pueblerinos. Y para colmo, ese no era el único problema, otro que se le sumaba era el que no sabía si había algún pueblo cerca de donde estaban.

Les sería difícil buscar una vez que anocheciera completamente y el frío empezara a apoderarse de la noche. La semana pasada no hubo problema ya que se encontraron esa choza cerca del pueblo B-5, pero ahora, esa mañana a primera hora salió, y  nunca imaginó que lo fueran a seguir. Los podría dejar así, a su suerte, pero su conciencia no lo dejaría descansar si lo hacía. Él podía estar muy cómodo utilizando sus pertenencias, mientras Iara y el soldado podrían sufrir de frío. Eso no sería nada solidario. No, ni pensarlo.

“Maldita conciencia”.

Pero cuando más buscaba la solución, sus suplicas fueron escuchadas y respondidas, ya que al subir una pequeña colina y al llegar a la cima, todos pudieron percatarse de unas luces que poco a poco se multiplicaron cuando la oscuridad se hizo más notable en el cielo. Era un pueblo. Los tres se encaminaron al lugar hasta llegar a las calles del pueblo, donde buscaron un cuarto o algún lugar que les rentaran para quedarse  a pasar la noche allí.

Por orden y sugerencia de Osses, los Gum se quedaron a las afueras del poblado para evitar que la gente se asustara. Fue un poco difícil convencer a Iara que eso seria lo mejor, ya que ella se reusaba de principio. No quería dejarlos, pero al escuchar las contras de los varones, llegó a la conclusión de llevarlos a escondidas y ellos volvieron a hablar con ella de más razones válidas de porque no podían ir con ellos, y a final de cuentas, Impulso y Arco se quedaron donde debían estar. A Sexto tampoco le agradaba la idea. No le gustaba separarse de Arco, así que en cierta manera concordaba con la joven, pero sabia de los riesgos, así que sin más, no dejó que los animales los siguieran y a Alvar no le importó nada dejarlos, ya que si él fuera un pueblerino y viera a un Gum, se asustaría, por lo tanto comprendía perfectamente bien la posible reacción del pueblo.

Desde el primer momento en que Iara y Alvar pusieron un pie sobre esas tierras, ambos se sintieron incomodos. La mayoría de la gente se les quedó mirando. Por otra parte, Sexto no aparentaba ni la más mínima incomodidad, porque sabía que esa era una reacción usual  al ver a personas viajar, ya que pocos se aventuraban a dejar sus poblados debido a los Gum.

Como buen especialista, Osses fue quien se encargó de buscar a alguien que fuera tan amable de rentarles un cuarto para pasar esa noche. Encontró a uno y empezó a negociar con la persona. Alvar aprovechó eso y empezó a vagar—, no muy lejos de donde Iara y Sexto se encontraban —por las calles del poblado. No eran muy diferentes a los otros pueblos que había visto cuando aun era soldado, aunque no podía decir mucho, ya que a decir verdad, nunca les había prestado la debida atención a los lugares a donde los mandaban, así que para él, a simple vista le eran igual. Ninguno era el  Punto Negro. Lo que sí llamó su curiosidad, fue una especie de torre o antena que se podía notar estaba a medio construir y juzgó por el lugar donde se encontraba, estaba siendo cimentada a mitad del pueblo. 

—¿Qué será? Es extraña —Meditó. Nunca había visto nada parecido y como ignoraba la diferencia de los pueblos, desconocía si todos tenían una de esas cosas.

—Esa es “La torre de la salvación” — escuchó detrás suyo una voz orgullosa y por calificar su tono se diría que se trataba de un hombre mayor. Efectivamente al voltear, vio a un anciano; quien continuó: —. Así la nombraron. Es la esperanza de este pueblo.

—¿En serio?

—No lo sé —dijo al fin, pero esta vez con tono desinteresado y sin importarle gran cosa—, eso es lo que he escuchado de la gente. Yo creo que es una instalación normal, algo así como una torre de señal, para radio, televisión… No eres de por aquí ¿verdad?

—¿Es tan obvio?

—No te había visto por aquí. Pero bueno, a pesar de que he vivido en este lugar por muchos años, ya no recuerdo muy bien las caras de los demás. Pero tú sí que eres extranjero. Dime una cosa, ¿no te da miedo viajar por las tierras y encontrarte con algún monstruo?

—La verdad no lo sé, soy nuevo en esas cosas de viajar y eso.

—Se nota. Un joven como tu es ignorante, son todos iguales y no saben nada de nada —empezó a decir ahora con tono soberbio. Alvar río en silencio. Miren quien hablaba, el que no sabía lo que estaban construyendo en su pueblo natal.

La decisión más sabia sería ignorar al hombre, quien ahora empezó a reír como un demente e irse de ahí lo más rápido posible. Pero al caminar para partir, se volvió con el anciano para preguntarle una última cosa, deteniendo también a aquél:

—Dígame, ¿qué pueblo es este?

—Lo ves, ignorantes —el hombre se tranquilizó antes de responder bien—. Estás en el pueblo B-0 de la colonia B.

Alvar suspiró de alivio al escucharlo. Aún se encontraban en la colonia B. Todavía en la zona de Punto Negro… eso significaba que si mañana continuaban con su viaje, podría ser probable que salieran de la colonia B y podrían llegar a otra. El joven dejó al anciano para ir a mencionarles ese dato a Luna y Osses. Sexto Había negociado con el dueño de un pequeño cuarto y allí los tres pasaron la noche.

Horas después, cuando los rayos del sol empezaron a iluminar la mañana siguiente, Sexto como de costumbre, ya que su reloj interno lo levantaba a esas horas matutinas, se despertó y se alzó para ponerse sus botas y salir. Aun sentía la carga de la anoche pasada y había tardado un poco para convencer al dueño del pequeño cuarto que rentaron y por ende se había dormido tarde. No logró descansar los ojos hasta que Alvar e Iara se acabaron de duchar. Debido a su falta de compañerismo y de años de viajar solo, se acostumbró al silencio y por esa razón, ahora  no podía conciliar el sueño cuando escuchaba un ruido, por mínimo que fuera.

Al acercarse a la puerta y antes de cruzarla, repasó la pequeña habitación, la que de verdad era pequeña, Únicamente contaba con una cama que estaba ubicada casi a la mitad del cuarto y una puerta que llevaba al baño, donde solo había un inodoro, un lavamanos donde la llave de agua caliente no funcionaba y por ultimo la ducha, tan pequeña que a duras penas la persona cabía allí. Él y Alvar habían dormido en el suelo dejando a Iara en la cama, como buenos caballeros.

Al terminar de mirar esa pequeñez, cruzó el marco y cerró la puerta sin hacer ruido, dirigiéndose a los caminos para buscar un buen lugar para poder almorzar algo. Buscó a alguna persona que estuviera afuera para preguntar  de tal sitio, pero no encontró a ninguna rápido, ya que aun era temprano, Al parecer, el pueblo en general todavía dormía. Vio a una señora ama de casa que estaba regando el suelo de afuera de su casa con agua y se acercó a ella para preguntarle si no conocía de un lugar donde vendieran desayunos. Ella le indicó que no muy lejos de allí, a unas tres casas, había un lugar como el que buscaba. Él le agradeció su amabilidad y dejando atrás a la mujer, se encaminó al sitio señalado.

Hacía mucho tiempo que Sexto no probaba una comida preparada por alguien más. Se había levantado con ganas de comer una de esas aprovechando que estaba en ese pueblo. Se detuvo al ver un local donde la gente disfrutaba de la comida y la bebida. Se adentró a las instalaciones observando que a unos metros de la puerta se encontraba una parrilla donde preparaban la comida y a una distancia prudente una barra para comer y detrás de ésta, estaba la cocina donde se picaban y guardaban los vegetales y en la esquina, había una caja registradora. En el espacio restante se encontraban cinco mesas redondas de plásticos con sus respectivas sillas, las que se encontraban estratégicamente separadas unas de otras.

Las dos cosas que más destacaban en ese lugar era, el olor a la comida siendo cocinada  —la cual hizo que se le abriera más el apetito —y el calor que generaba la parrilla. Sexto se dirigió a la barra para tomar asiento, ignorando las miradas de los pocos hombres que se encontraban en ese sitio. Al tomar asiento, pidió —sin ver el menú —lo de la casa. Le daba igual lo que fuera, puesto que recorrer lugares obligó a que su paladar aprendiera a disfrutar de lo que fuera, ya que a veces por no haber nada sabroso o a su gusto,   tenia que comerse las cosas que tal vez no le gustaban. Había educando a su paladar y estómago a recibir lo que tenía a la mano.

Mientras esperaba a que su pedido llegara, estaba disfrutando de una rica y bien fría cerveza y la saboreaba de tal manera porque hacia mucho tiempo que no bebía una.

—Esto es lo de la casa —dijo antipática la misma mujer que había tomado su pedido, entregándole un par de tacos de carne, con lechuga adornada con cebolla, jitomate y zanahoria picada al lado de los tacos.

Mientras paladeaba su pedido, un grupito de tres personas entraron a las instalaciones, pero estos no se veían con la intención de comprar o disfrutar de una comida preparada allí, más bien los tres se dirigieron a un hombre que estaba sentado solo en una mesa situada en la esquina del lugar. Uno de los tres, y a juzgar por su actitud de arrogancia y superioridad, dedujo que era del cabecilla del grupito, comenzó a molestar al hombre, el cual no lo había molestado,  ni siquiera lo había mirado a los ojos. No había razón aparente para molestarlo.

—¿Quién es esa persona? —preguntó Osses al cocinero que estaba más cerca.

—Un tipo que molesta a la gente —fue lo único que dijo, después ignorando cualquier cosa, siguió con lo que estaba haciendo. Esa reacción hizo que Sexto se diera cuenta que no se trataba de la primera vez.

Sexto volvió a girar su cabeza para mirar sobre su hombro que aun seguían molestando a ese pobre sujeto que ya se veía aterrado y no podía correr o escapar ya que lo tenían acorralado. Con voz asustada y tartamudeando le decía: “Que por favor lo dejara en paz” Pero el cabecilla aun seguía con lo que hacía, cada vez mas jubiloso al ver su reacción.

—¿Molesta a los débiles? — preguntó de nuevo al cocinero.

—A los que sean.

—A los que puede —susurró Sexto levantándose del asiento y se encaminó a donde el grupito, atrayendo la mirada de ellos—. Podrían dejarlo de una vez —sugirió el joven—, él te lo esta pidiendo por favor.

—Tú eres uno de los extranjeros ¿no es cierto? —comentó el cabecilla. Como el pueblo no era muy grande, las noticias se esparcían de la noche a la mañana, literalmente.

Como reacción a lo que sugirió, el líder agarró bruscamente la cabeza del hombre y de igual manera que la tomó, la empujó contra la mesa. Eso debió ser doloroso para el hombre, porque el sonido que provocó el impacto se escucho tan fuerte y por todo el local, que todos los que se encontraban ahí dejaron de hacer lo que estaban haciendo para dirigir sus miradas al lugar del altercado. El sonido fue lo último que se escuchó, el local quedo en un silencio fúnebre.

—¿Y si no quiero? —pregunto al fin el líder con tono de burla y amenazante —¿Piensas detenerme, extranjero?

El extranjero no dijo, ni tampoco hizo nada, esa actitud hizo que el líder se enojara aun más ¿Quién se creía que era? El extranjero era tan solo mas joven como con cinco o seis años.

—¡¿Sabes quien soy imbécil?!

—Un tipo que no tuvo infancia. Tipos como tú me dan asco.

—Tienes ganas de que te golpee ¿verdad?

El joven se quedó parado mirando fijamente a los ojos del cabecilla, como esperando algo. Esa seguridad que mostraban sus ojos provocó que el líder se impacientara, se lanzó contra él para darle un golpe, para que se diera cuenta quien era el verdadero desafiante y el único que podía tener seguridad en su mirada. Pero él fue el sorprendido, debido a que antes de que su puño alcanzara el rostro del menor, este lo había esquivado al moverse a su izquierda y aprovechando el hueco que hizo el hombre al no tener defensas, lo golpeó con su puño en su costado derecho. Con el mismo brazo que utilizó con la intención de propinarle un golpe, Sexto lo agarró y velozmente se lo volteó a su espalda y tomándolo por los cabellos, lo obligó a bajar hasta que su cabeza tocó la mesa, la misma con la que había golpeado al pobre hombre.

—Escucha —le dijo al oído, para que lo pudiera escuchar con claridad—, yo solo te pedí que lo dejaras tranquilo.

Los dos que acompañaron al hombre quedaron atónitos por haber presenciado esos rápidos movimientos, pero cuando despertaron de ese asombro, los dos rodearon la mesa, uno de un extremo y el otro del otro lado, preparándose para atacar al joven que había tenido la osadía de enfrentar y golpear a su líder. Sexto notó sus intenciones de defender a su jefe y también discernió que estaban dispuestos a dejarlo moribundo o incluso matarlo, así que empujó bruscamente al hombre con tal fuerza que la mesa cayó junto a él. En ese instante, los atacantes se fueron contra él, pero Osses con tal velocidad, sacó sus Ni-tambo que tenía escondidos en unas bolsas que había hecho especiales a sus pantalones a cada lado de las piernas. Sexto los golpeó en el pecho y luego en el estómago demostrando su maestría en el manejo de estas armas y el golpe fue tan  intenso que provocó que los subordinados dieran un par de pasos hacia atrás, bastante  adoloridos. El menor tenía sus brazos extendidos  mostrando sus Ni-tambo de manera amenazadora para evitar que los subordinados se acercaran más. En eso, detrás de él escuchó un peculiar sonido. El sonido que provoca el del martillo de una pistola cuando se acciona. ¡Maldición! No se había dado cuenta que el cabecilla aprovechó que sus lacayos lo habían distraído para levantarse y colocarse detrás de él y apuntarle con un arma de fuego que por cierto, Sexto odiaba con todo su ser. No le eran un verdadero problema cuando Arco se encontraba cerca, ya que su Gum era diestro para quitarlas con facilidad. Razones como esta eran las que hacían que odiara los pueblos y  a sus pueblerinos con armas. 

—Ahora sí idiota. Te volaré la cabeza y este lugar será decorado con tus sesos. ¡Muere maldito! —apretó el gatillo al mismo tiempo que alguien por detrás lo tomaba del brazo levantándolo hacia arriba, lo que hizo que la bala impactara en el techo, asustando a la gente que sin pensarlo dos veces salió corriendo de la que tal vez seria una masacre.

Alvar había desviado la bala a tiempo, a decir verdad, había seguido a Osses cuando este se había levantado e ido de la habitación. Tenía la impresión de que los iba a abandonar,  por esa razón lo había seguido hasta el local de comida y bebida. Se había limitado a quedarse parado a un lado de la puerta, a esperarlo a que saliera, pero al escuchar a una pareja que había salido, que uno de los extranjeros estaba desafiando a alguien, se adentró para descubrir que Sexto estaba en el desafío, aunque no hizo nada, sino que solo se limitó observar, pendiente de lo que pudiera pasar, así que cuando miró a Osses en tal peligro al sacar ese cobarde una pistola y  a parte, ponerse detrás de él para atacarlo a traición, alevosía y ventaja, no pudo contenerse e intervino.

Del techo cayeron pequeños escombros por el disparo, mientras Farías empujaba el doblés de las rodillas del hombre con sus propias rodillas, lanzándolo al suelo, además de que antes de hacerle perder el equilibrio, lo había golpeado en la  cabeza con la suya.

—Necesito esto —mencionó, agachándose para tomar la pistola que había soltado el hombre al caer al piso— no creo que lo necesites.

Sexto aprovechó la intervención de Alvar y golpeó con fuerza los cuellos de los lacayos con sus Ni-tambo y después  le dio un rodillazo en sus estómagos, lo que los dejó  con agudos dolores y arrodillados.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el ayudado.

Alvar solo se encogió de hombros.

—Me di cuenta que necesitabas ayuda… ¡Rayos! Esto no sirve —arrojó el arma junto a su dueño cuando examinó el cartucho y descubrió que la cámara estaba vacía. Era de esperarse, pues es muy extraño ver a alguien que lleve un arma y lo más seguro era que se la había encontrado en algún lugar abandonado y que solo contaba con una bala, pero ¿quién iba a saber que era un arma de esas?

Los lacayos se pusieron de pie para demostrar que no se iban a rendir tan fácilmente, pero antes de volver al ataque, escucharon la voz de su líder notando el miedo en ella:

—¡Maldición, son soldados! —se levantó rápidamente del suelo el cabecilla al ver las botas de Alvar y se retiró del local junto con sus subordinados.

—Disculpen —Osses y Alvar escucharon una voz y dirigieron su mirada al dueño del local—, les pido que por favor se retiren del lugar.

—Sentimos mucho lo sucedido —comentó Osses, después se dirigió a la puerta para salir y así poder evitar otro posible problema. Farías lo siguió.

 Capítulo 8

Sexto y Alvar se dirigieron a una tienda al salir del sitio de comida y bebida — el cual por unos momentos se había convertido en un local de peleas— ya que Osses había insistido en que se cambiara de botas por unas menos… llamativas, aunque Alvar se reusaba rotundamente, puesto que esas botas eran suyas y no quería cambiarlas por otras. Cuestión de orgullo.

—Si quieres andar conmigo debes cambiarlas, si te sigues reusando no me sigas. Esa es la condición— insistió Osses con tono adusto mientras caminaban por la calle.

—Pienso que es una perdida de….

—Por cierto, ¿dónde dejaste a Iara? —preguntó Sexto interrumpiéndolo para cambiar el tema.

—Le dije que esperara en la habitación hasta que tú o yo regresáramos.

—Es esta — señaló una pequeña casita que tenía colgado en la puerta que en ese momento se encontraba abierta, un letrero de cartón en donde se podía leer: “Tienda; vende y cambia”.

Ambos entraron al establecimiento encontrándose con un lugar muy estrecho. La gente apenas y podía pasar por tantas cosas y cajas que había, tanto en el suelo, como en los estantes fijos contra las paredes que estaban hasta el copete de llenos. Se podían ver prendas de vestir como, pantalones, camisas, playeras, hasta cosas de cocina como, sartenes, soperas, cubiertos, ollas y cubiertos, así como diferentes estilos de calzado, calcetines, tenis, botas, zapatos, también saltaban a la vista cosas como, sabanas, cobijas, colchas, toallas, almohadas, manteles cortinas... en fin, de todo se podía ver en ese pequeño y apretado espacio. Con cuidado, ambos pasaron por entre las cosas sin dañar nada. Cuando se adentraron más al lugar, la puerta que se situaba hasta el fondo se abrió y salió un hombre, quien los saludó amablemente como cualquier empleado al ver a un cliente.

—¿Qué se les ofrece?

—¿Podría cambiarnos algo por algo? Un canje. —tomó la iniciativa Sexto.

—¿Qué van a cambiar y que tomarán? —preguntó el hombre interesado. No quería darles algo que podría ser menos valioso o igual de valioso que lo que se llevasen. De esa manera se hace un buen negocio.

—Las botas que lleva él— señaló las botas de su compañero— son de buena marca.

—Déjeme darles un vistazo primero, para estar seguro —comentó el hombre con una sonrisa en su rostro— tome asiento.

Alvar iba a hacer lo sugerido para poder quitarse el calzado y mostrárselo, pero al mirar a su alrededor no encontró ningún sitio para tomar asiento.

—Tome asiento donde le plazca —dijo al fin el dueño, así que eso fue lo que hizo. Como no hubo un “posible” asiento, de los que él conocía, se limitó a hacerse para atrás y sentarse donde cayera y sin saber exactamente donde había sido, empezó a desatarse las agujetas  mientras escuchaba al dueño hablar:

—De ahora en adelante reviso las cosas, ya que los últimos intercambios que he efectuado han sido cosas supuestamente “originales o de muy  buena marca” —hizo un ademán con las manos indicando las comillas —y son mas baratas que una piedra. ¿Me explico?

Sexto solo asintió, esperando a que su compañero acabara de terminar lo que estaba haciendo, para concluir con todo eso de una vez. Al terminar, Alvar le pasó sus pertenencias a Osses, quien al recibirlas se las pasó al dueño de la tienda. Al tenerlas en sus manos, dejó una encima de una caja que estaba llena de colchas. Movió la bota  examinándola cuidadosamente  y se sorprendió al ver que no solo eran unas botas originales, sino que eran de soldado, con el destacado logotipo del Punto Negro.

—Impresionante… ¿Qué van a tomar?

—Otras botas.

—¿Otras botas? —preguntó extrañado, cambiar unas botas por otras, eso era algo extraño, pero como decía su lema: “el cliente siempre tiene la razón”, aunque esto fuera en un pequeño porcentaje, aunque en esta ocasión el porcentaje era mayor. El joven no podía irse descalzo — de acuerdo, están por esa sección —apuntó la pared que contenía la puerta de entrada. Allí se podían observar un par de estantes de la estatura del promedio de un varón y estaban llenos.

Alvar se levantó para dirigirse a esa parte, pero esta vez sin tener cuidado donde pisaba como cuando entró. Al llegar comenzó a ver con cautela la variedad de calzado.

—Son de piel, ¿de donde las sacaron? —preguntó el hombre admirando todavía las botas... o las ex-botas de Alvar.

—Las encontramos— mintió Sexto mientras observaba con detenimiento la pequeña tienda.    

—Pues me serán muy útiles para hacer mas calzado, reutilizar—bromeó

Farías se imaginó sin notar la broma, como ese hombre destrozaría su preciado calzado para hacer más. Cuando miró las botas que había y no decidirse por unas, hizo que apreciara más las suyas, las que ya extrañaba. Tomaba un par para verlas y no le gustaban ya que resultaban ser de un material nada cómodo y las que más o menos llamaban su atención, se las colocaba para medírselas, pero en el momento en que estiraba las agujetas para amarrarlas, estas se rompían. O él era muy fuerte, o las agujetas estaban más que podridas.

Mientras Alvar sufría por encontrar un par perfecto, a Sexto le había llamado la atención una jaula y se preguntó si también vendía animales mientras se acercaba para ver qué clase de ave se encontraba ahí. Era un pajarito pequeño, como canario, pero color blanco como la nieve.

—Ese animalito es lo más valioso que tengo —comentó el señor de la tienda al ver al joven curioso ante el animalito—éste no lo cambio, solo lo vendo por seis grandes.

—¿Seis grandes? —se sorprendió al escuchar semejante suma de dinero. ¿Qué haría para valer tanto dinero? Realmente no cruzaba por su mente lo que podría hacer esa pequeña cosita.    

—Hace algo realmente increíble, chilla cada vez que un Gum se encuentra cerca, ya que los percibe. La gente viene a mi tienda y me hacen ofertas, pero el precio está decidido— el hombre dijo lo último con tono orgulloso—, nada de menos… ¿Te interesa?

—¡Oh, no! — Negó claramente—, creo que no se llevaría bien con mi equipo.

—Son muy inteligentes…— dejó de insistir debido a que él sabía distinguir a las personas fáciles de sonsacar o de hacerlos cambiar de idea y, el joven frente suyo, no era de ese tipo—. Como quieras.

Alvar se reunió con ambos cuando terminó de probarse y elegir las que le gustaron.

—Listo. Me llevo éstas después de todo —mostró las botas que eligió, que ya tenía puestas, eran de color café oscuro con cordones de rayas entrelazadas en color café y negro.

Así, hecho el negocio, los dos viajeros se dispusieron a dejar la tienda, pero entes de cruzar la puerta, Alvar se detuvo para decir al señor:

—¿Puedo llevarme otra cosa? Usted mencionó que esas botas eran impresionantes y estas que tengo puestas no son la gran cosa, no veo lo justo.

—¿Qué te llevarías?

Alvar tomó la primera cosa que vio de un estante, se trataba de una pequeña pelotita azul que cabía en su mano. El señor aceptó.

Ya en la calle, se dirigieron a la habitación para buscar a Iara e irse y seguir con su camino.

—Solo lo hiciste porque sí ¿Verdad?— preguntó Sexto al descubrir la reacción de niño ante esa situación. 

—No lo vi justo —se defendió Alvar disgustado— esas botas son mucho mas mejores que estas, no entiendo el porqué del cambio…

—Para evitar controversias.

—Eso no es verdad, sé que te desagradan los soldados, pero hasta el punto de intercambiar mis botas…

—Es para evitar conflictos, ya te lo dije. Además, ya no estás viviendo en ese lugar, deberías de desprenderte de todo eso ¿No es lo que quieres?

No creía eso. Sabía que Osses odiaba a los soldados y para evitar ver uno, se deshizo de las botas. Él era el que se quería desprender de todo eso. Eso es lo que se le venía a la mente a Farías, pero ¿por qué?

Iara se encontraba sentada sobre la única cama que había en la habitación donde la habían dejado. Su rostro mostraba impaciencia, no contaba con un reloj, ni siquiera había uno colgado en la habitación, pero no lo necesitaba para darse cuenta que Alvar y Sexto ya habían tardado más de un par de horas. El primero, le había mencionado que no iba a tardar, pero estaba sucediendo todo lo contrario. A pesar de que también le mencionó que no saliera hasta que llegaran, ella tenía la necesidad de salir y averiguar por qué tardaban tanto. Los nervios se la estaban comiendo. No sabia lo que pasaba, pero es su mente se  imaginó muchas cosas y nada de lo imaginado era muy agradable, además su preocupación y ansiedad aumentaron al recordar cómo la noche anterior, la gente del pueblo los veía con mala cara. Se estremeció por eso. ¿Podrían hacerle daño a ella? No pudo aguantar más, su estómago empezó a dolerle, la intriga y el no saber qué sucedía con sus compañeros, la matarían. Se levantó de la cama y se encaminó a la puerta tomando el picaporte para darle vuelta y abrirla, pero al momento de hacerlo, descubrió a un hombre alto y muy robusto frente a ella y no se trataba de uno de los suyos.

—Lo siento, se equivocó —dijo la joven tratando de cerrar la puerta, pero el hombre rápidamente metió el pie para evitar que la puerta fuera completamente cerrada e Iara pensó sorprendida que no fue una gran idea abrir la puerta, hubiera estado mejor si los hubiese esperado con calma. Lo que más la aterró fue observar que no era el único, había más pueblerinos detrás de él. Como máximo diez compañeros.

—¡Salgan, soldados! —Empezó a gritar el intruso sin darle ninguna oportunidad a la joven para que pudiera cerrar —¡Sabemos que están aquí! —el pequeño cuarto empezó a retumbar por la fuerte voz.

La actitud de esos pueblerinos hizo saber a Iara que Osses y Farías se habían metido en un problema o que definitivamente, a este pueblo no le gustaba para nada los extranjeros. Los rostros que estos hombres reflejaban se veían distorsionados por la furia, eso hizo que la joven sintiera miedo y preocupación. Después sintió como la puerta fue lanzada hacia dentro, empujándola a ella también. La persona entró junto con otro compañero.

Sexto y Alvar se encontraban apunto de llegar a recoger a Luna, pero antes de llegar, a unos metros ambos advirtieron a varias personas alrededor de la puerta de la habitación que ocuparon. Sexto empezó a trotar para llegar más rápido, sin importar dejar a su compañero atrás.

—¡Oigan! ¿Dónde esta la chica? —gritó antes de llegar. Lo embargó un mal presentimiento. Eso no significaba nada bueno, no les estaban dando la bienvenida o algo por el estilo. Sus caras se veían furiosas y se preocupó más al notar entre el grupo al tipo que había golpeado y luego huido del local de comida y bebida.

—¡Esos son los tipos! —gritó el hombre apuntando con su dedo índice  en dirección a los jóvenes.

El hombre robusto que había entrado a la fuerza al cuarto, salió al escucharlo y encararse a los soldados, pero Sexto pasó por su lado entrando a la habitación sin prestarle al sujeto la más mínima atención, porque lo que de verdad le preocupaba por el momento, era a la joven. Mientras tanto, Alvar se puso frente al hombre que había sido ignorado por su compañero.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó mirándolo desafiantemente, ¿quien se creía que era para entrar a la fuerza a la habitación que ellos habían rentado? Sea lo que fuera, ese cuarto por el momento era de ellos porque dieron una paga para habitarlo, no tenían derecho de hacer lo que hicieron.

—¡Quiero que se vayan de aquí inmediatamente!

—¡¿Por qué?! —esa respuesta no le agradó nada. ¿Que problema había? ¿Acaso se debía al hombre que habían golpeado? Si era el caso, ¿por qué? Se había tratado de defensa propia, si no hubiera defendido, alguien podría estar muerto. ¿Acaso las leyes no contaban también para los extranjeros? O ¿solo a los del pueblo? ¡Que asco de lugar!

—¡No quiero ver a los de su tipo por estos lugares!

—¡Pero tú eres…!  

—De acuerdo, nos vamos —interrumpió Sexto, asomándose por el umbral de la puerta cuando se percató que a Iara no le habían sucedido nada malo, solo había caído al suelo al acto de empujar la puerta—, solo vamos a recoger nuestras cosas y después nos vamos y ya no sabrán nada de nosotros.

—¿Pero de qué hablas? —mencionó Farías enojado a la reacción cobarde de su compañero de viaje. En primer lugar, quería saber por qué razón los estaban echando del pueblo y quería una prueba solida.

—¡Alvar! Déjalo ya, es mejor irnos, si no nos quieren que más se le puede hacer. Además, nos están esperando —con eso se refería a los Gum que habían dejado atrás.

—¡No los dejes escapar tío! —Empezó a gritar enojado el líder de aquel grupito—, ¡Golpéalos! ¡Deshazte de ellos! ¡Que vean que no pueden hacer lo que quieran! ¡Que no son nuestros…!

—¡Cállate! ¡Eres el que menos debería opinar aquí! —se dirigió a su sobrino con mala cara.   

—Alvar, es mejor irnos —volvió a repetir su compañero. Se adentró a la habitación para recoger sus pertenencias y así poder retomar su viaje. Su acción convenció a los observadores de que dejarían el pueblo y el grupo empezó a dispersarse, para cada quien irse a sus respectivos trabajos u hogares. Aunque en sus rostros se podía distinguir que querían quedarse y verificar que de verdad se iban a ir, pero el hombre que los reunió hizo que despejaran el sitio.

El ex-soldado se puso frente a la puerta para quedar cara a cara son Osses, recargando su mano en el marco para evitar que saliera.

—Explícame, ¿qué problema tienen esos tipos? Y ¿Por qué les vamos a hacer caso?

—Tú sabes que de todos modos pensábamos irnos para proseguir nuestro camino.

—¡Ah! Pero ese no es el problema. Odian a los soldados o ¿me equivoco?

—¿Por qué llegaste a esa conclusión? Déjame pasar ¿Quieres?

—Esa es la cuestión, ¿verdad?

—No lo sé…

—¡No me vengas con eso, lo sabes! ¿Por qué razón?

—¡No lo sé! —empezó a irritarse por interponerse a su paso.

—Si lo sabes, tú también los odias, dame tu razón.

—Nos los odio y déjame pasar.

—¿Por qué me atacaste ese día si no me odias?

—¡Ya te lo dije, maldita sea! ¡Déjame pasar! —empujó a Farías al ver que este no se iba a retirar. Él dio un par de pasos hacia atrás. Osses pasó por su lado sin mirarlo a los ojos.

—Te lo  dije, solo quería la oportunidad de probar la habilidad de uno y la tuve. Nunca había visto a uno solo —le recordó cuando estuvo un poco más calmado.

—Estás mintiendo… o por lo menos no es la verdad completa.  

Sexto no respondió, ya le había dado su razón, era su problema si no quería creerle. Caminó sin voltear hacia atrás ni una vez. Alvar se encolerizó y caminando a paso veloz, le dio alcance para sujetarlo por el brazo y evitar que continuara huyendo y también con  toda la intención de darle el golpe que pensaba se merecía. 

—¡Tú…! 

—¡Alto! —gritó la joven metiéndose entre ambos para evitar que se golpearan—, acaban de evitar una confrontación y ahora van a tener una de compañeros.

—Él no es ningún compañero —recalco Farías soltándolo.

—Las puertas están abiertas —mencionó Sexto levantando sus manos hacia un lado—si no quieres estar aquí, eres libre de tomar tu propio camino —invitó y volvió a retomar su paso. Iara observó a Alvar quien le correspondió irritado, luego volteó para ver la espalda de Sexto, quien poco a poco se alejaba de ellos. Trotó para alcanzarlo. 

Alvar no hizo nada, se quedó donde estaba. No entendía la actitud ni de Sexto, ni la de Iara, ni la de esa gente… ignoraba el por qué esos tipos actuaron de esa extraña manera al ver sus botas con el símbolo de Punto Negro. Para él no cabía duda de que por esa razón llegaron a amenazarlos. Empezó a caminar para darles alcance al darse cuenta que Luna y Osses ya estaban muy alejados de él.

Al alcanzarlos , Farías no dijo nada, pues estaba colérico con Osses, solo seguiría su camino, no hablaría con él a menos de que se disculpara.

—Alvar, ¿quieres saber la verdad? —se escuchó la voz de su enemigo minutos después de que partieron del pueblo. Farías sonrió, era obvio que quería saberla, la pregunta era absurda, más no mencionó nada al respecto, así que dejó que prosiguiera —Para saberla solo necesito un mapa.

—¿Un mapa? Se consiguen en la tienda ¿No? —se preguntó extrañado.

—No es tan fácil —¿Era difícil conseguir uno de ésos? En el Punto Negro se encontraban  muchos planos y hasta proyecciones de lugares que antes existían y que ahora no. Sexto continuó—: Quisiera enseñarte algo, pero necesito un mapa para guiarme, tenía uno, pero se me perdió hace mucho tiempo.

—¿A qué lugar quieres llevarme?

—¿Conoces la zona gris?

“¿La zona gris?” Todo soldado sabe o debe saber sobre ese lugar. Es la zona donde se pueden hallar la mayoría de los Gum, donde a sus alrededores no hay ningún pueblo o colonia por sus peligros.

—Y... ¿La colonia A?

“¿Colonia A?” ese lugar — que mucho tiempo atrás era la principal antes de la B —hacía  muchas generaciones que había sido evacuada debido a lo arruinada que quedó al haber sido atacada por una manada de Gums. ¿Por qué le preguntó de esos sitios? Así era, los conocía porque era una enseñanza básica en la escuela, más no porque hubiese ido personalmente.

—He oído hablar de ellas ¿Por qué me lo preguntas?

—Bueno, solo quisiera que fuéramos a ese lugar. ¿Alguna vez has ido?

—A ninguno de los dos.

—¿Ni a la Colonia A? ¿A qué se debe? —preguntó Osses muy interesado por saber su respuesta.

—No hay nada allí interesante, ni siquiera hay gente o vida alguna ¿Por qué debería  ir?

—¿Y por qué no?

Le acababa de decir. Además, ¿por qué tantas preguntas? ¿A casó no sabía que estaba despoblada? Tal vez no. Con la ignorancia mostrada pudo saber que Sexto nunca había ido a la escuela.

—Escucha, hace muchas generaciones, los Gum arrasaron con esa colonia, así que no queda nada de esta, solo ruinas, por esa razón no vale la pena ir  allí. Ni siquiera es un lugar bonito para hacer turismo.

—Oh, ya veo, conque es por eso ¿eh? —fue lo único que dijo. Se encaminó alejándose un par de metros de su compañero.
 


Capítulo 9

Los tres viajeros tomaron rumbo hacia el Oeste. Desde que salieron del pueblo B-0 no dejaron de caminar por un segundo, por ende, a Alvar se le hizo difícil y espantosa esa clase de vida, y se rehusó a creer que Sexto caminaba desde varios años sin tener ningún rumbo fijo. Según Farías se encontraban perdidos. Iara se veía cansada, pero eso no evitaba que siguiera el paso de Osses, por el contrario, Alvar estaba más de veinte pasos atrás de Iara y ella solo cinco de Sexto.

Alvar sintió una sed infernal, nunca en su vida había sentido una sed semejante. Le dolió la cabeza y no solo eso, también los pies, piernas, brazos, todo. La cantimplora que le dio Sexto la había vaciado por completo, pero no fue suficiente, aun sentía una incontable sed. La decisión se había tomado en ir a la colonia A, Alvar sabía donde se encontraba, pero al no contar con brújula o mapa le era difícil ubicar si llevaban el rumbo exacto. Por esa razón era urgente encontrar un mapa y brújula, pero como dijo Sexto, era probable que tardaran mucho en encontrar uno.

Sexto disminuyó su paso para dejar que Alvar lo alcanzara, quien ya había casi desaparecido de sus vistas.

—Necesitamos un lugar de hospedaje —mencionó a la joven, mientras esperaban a Farías, quien paso a paso se acercó a ellos.

—¿Otro pueblo? —Preguntó la joven —¿Habrá uno cerca?

—No lo sé, pero es necesario descansar en un sitio —miró al exsoldado, quien por fin les había dado alcance.

—Necesito un descanso —dijo  agotado, su desaliento eran tan grande que quería sentarse en el piso o donde fuera, solo quería descansar.

—¡Miren un pueblo! —exclamó la joven apuntando el lugar.

—Eso no es un pueblo —le mencionó Farías al notar que se trataba de una casa de madera aislada de toda civilización, lo dedujo al ver que no había más residencias a su alrededor, solo enormes construcciones a su lado que parecían todo, menos lugares para vivir.  

Osses trotó un poco para observar si era lo que creía que era.

—Es mejor que un pueblo —mencionó feliz al percatarse de que era lo que pensaba—. Se trata de una granja.       

—¿Una qué?

—Una granja —lo apoyó Luna —. Es un lugar donde se crían animales para producir alimentos, ya sean huevos, carne, leche, queso, esas cosas.  

—¿Crían animales? —Alvar se sorprendió al escucharla, no sabia que existieran lugares como esos. Siempre ignoraba el como se producía el alimento que consumía cuando estaba en el Punto Negro, nunca se puso a pensar de dónde, ya que como lo tenia con facilidad, era algo normal.

—Así es… ¿No lo sabias?

—La verdad no.

—Eso sucede cuando se crece en el Punto Negro —dijo Sexto—mucha ignorancia en cuanto al exterior.

Sin perder más tiempo, debido que muy pronto iba a oscurecer, se encaminaron a la dicha granja, dejando atrás a los Gum para evitar algún problema.

—Buenas tardes… Noches —gritó Osses para ser escuchado por el dueño del lugar.

—¿Quién anda ahí? —se escuchó una voz mayor, pero no se podía ver.

—Solo queremos un hospedaje…

—¿Hospedaje? —Preguntó el hombre incrédulo, aun sin mostrarse —Esto no es ningún motel ¡Largo de aquí!

Alvar quería entrometerse, pero estaba consciente que si lo hacia todo terminaría peor, así que se obligó a callar y observar.

—No solo eso, queremos trabajar.

Al escuchar esa declaración, el dueño del lugar salió de entre las sombras que hacían su casa y un granero.

—¿Dinero o comida?

—Dinero, pero también nos gustaría comida, tal vez, si le parece bien mitad y mitad, solo por un tiempo.

Esa clase de trabajo para Sexto no sería la primera vez, al contrario, cuando de verdad necesitaba el dinero buscaba una granja, las cuales estaban ubicadas casi siempre alejadas de los pueblos. En estas siempre había trabajo, y esa era la fuente de su capital para la compra de comida u otras cosas. Pero no solo daban dinero, algunos intercambiaban el trabajo por las tres comidas del día, pero a Osses le gustaba trabajar y que le dieran una comida y el resto por dinero.

—¿Cuántos son? —preguntó el hombre aun desconfiado, no era fácil dar trabajo a los desconocidos. Pero cuando había mucho trabajo, a veces le hacia falta quien le ayudara.

—Somos dos hombres y una mujer.

—Para ustedes tengo trabajo, pero para la mujer…mmm…

—Ella puede trabajar conmigo —se escuchó entonces una voz de mujer, quien se acercó al señor con una pequeña sonrisa—: Yo también necesito ayudante.

—Ella es mi esposa —la presentó el hombre —mi nombre es Don y ella es Claudia.

—Es un gusto —se presentó Osses —Él es Alvar, Iara y su servidor, Sexto.

—Iara ¿verdad? — la señora Claudia la miró —es un gusto y observo que eres alta, eso me gusta, me ayudarás a limpiar lo que ahora con esta edad no puedo.

Luna asintió gustosa. Claudia la tomó por la mano para llevarla a su hogar.

—Bueno —Don centró su atención en los jóvenes —sé que mi esposa la llevará adentro a dormir, ¿no hay inconveniente si duermen en un granero?

—No hay inconveniente —aceptó Sexto.

—Don, ¿me podría regalar algún vaso con agua? —Preguntó Farías al sentir su garganta rasposa — vengo muerto de sed.

Don se tomó su tiempo para apuntar el granero más cercano.

—Allí hay una llave de agua, traeré un par de vasos, ese va a hacer su nuevo alojamiento.

—Otra cosa más, ¿dónde está ubicada esta granja?
   
—Está entre la Colonia L y B.

“L y B”. Con esa información se ubicó mejor. Le comunicó a Sexto que estaban entre el noroeste del lado de la Colonia L y que a donde debían ir, era al Este para llegar a la colonia G y de allí, bajar al Sur.

Una vez instalados en su nuevo alojamiento y haber recibido los vasos, Alvar había llenado por segunda vez su vaso con agua. Nunca había sentido que el agua bajara por su garganta tan fría y fresca como esa vez.

—Tranquilo, te vas a ahogar —le previno su compañero al verlo tomar a toda prisa y  un tanto desesperado y sin cuidado el agua, y a Alvar no le  importó que el liquido se le saliera por las comisuras de los labios, mojándolo.

—¡Santo Dios! Nunca había sentido tan seca la garganta.

Sexto se había tumbado en un montón de paja, la que había juntado para fabricarse una cama para pasar la noche.

—La paja es cómoda para dormir —murmuró Osses, observando a Alvar dirigirse a otro montón de paja para arrojarse y así acostarse sobre ella. Dio vueltas para acomodarse, no le pareció tan cómoda como a Sexto, pero era mejor que el suelo.

—Tú estas acostumbrado a esta cosa —se quejó Alvar sin encontrar su lugar.

—Yo sí y es mejor que tú también lo hagas ya que no creo que esta sea la última vez.

Guardaron silencio y ninguno mencionó ni una palabra. Las luces de ese granero se apagaron así como las de otros dos graneros y los interruptores se encontraban en  una caja ubicada cerca de la casa de Don.

Al día siguiente, Alvar abrió los ojos para ver un techo hecho de madera, dejando descubiertas las instalaciones de cables que conectaban las lámparas del lugar. Se levantó de la pila de paja costándole trabajo para poder ponerse de pie, pues su espalda le dolía a causa de una mala posición durante la noche y por ello se sentía cansado, y el descanso que esperaba tener, brilló por su ausencia. Al caminar hacia la puerta del granero, pensando en dos cosas que de verdad extrañaba: Su cama y los automóviles.  Debido a que estaba cansado no solo por dormir en paja o suelo, también caminar sin un vehículo le resultaba absurdo y cansado. Si tuvieran un trasporte les seria más fácil viajar. Antes de cruzar la puerta, miró el lugar donde Sexto había dormido y como era seguro, lo encontró vacío. Esta vez no lo escuchó cuando se levantó, de verdad que estaba consumido por el cansancio.

Al salir observó a Sexto hablando con el dueño.

—Buenos días Alvar, veo que por fin te levantas —lo saludó con tono de burla Sexto cuando se acercó a él —¿Listo para trabajar?... ¿Te encuentras bien? —preguntó al verlo un tanto pálido.

—Estoy bien, solo un poco agotado, nada que con un buen ejercicio no se me quite. La paja y el suelo no son para mí —lo último lo mencionó algo avergonzado, pues la ultima persona que quería decírselo era a él. 

—Don me informó que el corral de reses necesita un buen mantenimiento. Espero que puedas seguir el ritmo.

—Pero claro que podré. ¡No soy inservible! Solo necesito saber qué hacer y dónde está ese corral.

Osses dirigió a Farías al lugar donde Don le había mencionado que estaba el corral del ganado vacuno. El día estaba trascurriendo rápido y más para Alvar quien nunca imaginó en su vida que podría hacer lo que Don le mandaba a hacer. Para él era algo nuevo, ya que antes se imaginaba que su vida acabaría siendo un trotamundos, se imaginaba viajar por las colonias, ahora en cierta manera lo hacía, pero no de la forma en que se imaginó. Aun así, lo que ahora estaba haciendo no era de su desagrado, por alguna razón se sintió atraído por el trabajo.

Las horas haciendo algo que no fuera caminar y caminar, se pasaban rápido. Mientras los dos nuevos obreros hacían su labor, Don se encargó de la negociación con los hombres que llegaban con camiones, los que procedían de los pueblos cercanos para llenarlos de los alimentos que la granja producía y así poder abastecer las tiendas de la civilización.

El descanso de la comida estaba apunto de llegar y en hora buena, porque los nuevos trabajadores estaban que se morían de hambre.

—¡Rayos! —oyeron al señor quejarse por algo.

—¿Le sucede algo Don? —preguntó Sexto para ver si podía serle de ayuda.

—Este viejo cacharro ya no funciona del todo bien —señaló un viejo tractor que utilizaba para arar la tierra y poder sembrar—, es el motor. Se hizo viejo junto a mí —lo último lo dijo algo divertido, aunque no le parecía, ya que era el único que tenia y si llegaba a descomponerse no sabría que hacer —¿Puedes ayudarme? —Hizo una señal al joven para que se acercara —, vamos a ver si podemos hacer algo al respecto Después se dirigió a Alvar —. Quiero que tú vayas al tercer granero y acomodes la paja en una pila, hay un desorden allí.

Farías iba a obedecer la orden, pero antes de eso escuchó a su espalda otro pedimento:

—Ya que te diriges para allá, llévate esas cajas —Don apuntó tres cajas de madera que se encontraban en el suelo, amontonadas una arriba de la otra. Alvar las tomó, batallando un poco en acomodarlas entre sus brazos, pero lo que más sufrió fue ponerse recto.

El granero tres era el que se localizaba más lejos de a casa de Don y Claudia y para poder llegar a éste, primero se tenía que pasar por detrás del primero que era donde estaba el segundo y del segundo tomar a mano derecha y a unos metros se encontraba el tercero, el cual era el más pequeño, ya que en este no había animales, solo material y alimentos perdurables.

Alvar estaba dispuesto a acabar con este trabajo, después de todo en su mente estaba el pensamiento: “Después de un agitado día, viene la paz del descansó” o algo así, comería en el receso, y pensándolo bien, a pesar de que en la mañana no había consumido ningún alimento, su estomago —a esas horas —no pedía nada. Lo que realmente su cuerpo pedía urgentemente, era un reposo. Pasó por la primera bodega y la segunda, entonces observó una llave que goteaba, dejando caer lentamente una gota cada dos segundos. En ese momento tenía ganas de beber, de tomar cada gota que se desperdiciaba y deslizarla sobre su seca garganta, porque por alguna razón, a pesar de haber bebido litros y litros de agua, no había podido erradicar la severa sed.  Ignorando esa tentación, desvió su mirada para centrarla al frente y seguir con su camino. Primero tenía que cumplir con su trabajo y así demostrar a Sexto que podía hacer cualquier encargo que se le pedía.

Mientras seguía caminando para ya casi llegar a donde lo mandaron, sintió su respiración pesada y difícil de llevar a cabo. Le fue extraño, ni cuando controlaba al 68-F4 sintió algo parecido.  Detuvo su paso al percibir que no fijaba bien su visión, todo a su alrededor empezó a moverse de una forma incoherente. Bajó las cajas depositándolas en el suelo para buscar algún lugar donde apoyarse, pero no encontró nada. Sintió que él mismo se movía de aquí para allá junto a las figuras que veía. Dejó de prestarle atención a su alrededor mientras escalofríos y a la vez un intenso calor se apoderaron de su organismo. Se tocó la frente dándose cuenta que estaba más caliente de lo normal.

Sexto se limpió con unos paños hechos de tela vieja, las manos que estaban manchadas de aceite que tocó cuando estaba checando el motor tan veterano como su dueño. Dejó los paños encima del tractor para dirigirse a ver como le iba a Farías. Tal vez necesitaba ayuda, ya que desde la mañana que lo vio lo notó demacrado y muy cansado. Río a sus adentros, estaba claro que su compañero no estaba acostumbrado a tener una vida de nómada, se crió en un lugar donde podía tener todas las comodidades.

—Sexto —escuchó la voz del dueño del lugar, quien también acababa de limpiarse las manos llenas de grasa—, ayúdame a cargar dos camiones —el joven se acercó al hombre —Después nos pasaremos a los graneros los cuales necesitan focos nuevos —dirigió su mirada al viejo tractor y casi con un suspiro mencionó: —, por ahora hay que dejar en paz a ese muchacho.

En la cocina, Iara y Claudia estaban por terminar los últimos retoques de la comida que servirían ese día para los varones que de seguro estaban muriendo de hambre. Trabajar de sol a grillo era muy pesado, por eso se les serviría una apetitosa comida. Merecido por su ardua labor.  

—Dime hija —habló la señora—, ¿no te da miedo estar con dos hombresotes?

Ella negó con la cabeza, después mencionó sincera.

—Son amables… Bueno, a Alvar no lo conozco muy bien ya que prácticamente lo llevo tratando dos días, pues estuvo varios días sin conocimiento, pero no se ve que tenga malas intenciones. A Sexto lo llevo conociendo por un poco más de tiempo, es amable y educado —con una risilla divertida agregó—, lo que a Alvar le falta.

—Oh, debes sentirte genial estar con dos hombres así —dijo la señora con una sonrisa en su rostro. Aunque la joven estuviera confiada no debería de creerse, los hombres seguían siendo hombres después de todo y ella era una chica muy linda.

—No sé si debería estarlo —respondió ella—, pero soy feliz si estoy con mis dos amigos.

—¿Alvar y Sexto?

Iara sonrió. Ella se refería a Impulso y Arco, con quienes se había encariñado mucho, eran como sus dos guardaespaldas.  

—Linda, hazme un favor, ve al granero dos y trae una docena de huevos que me faltan para terminar el omelette y así poder comer.

La joven hizo caso a lo dicho, tomó una canasta que se encontraba encima de una mesa que estaba pegada al lado del refrigerador que era precisamente la que se tomaba para cuando se iba a conseguir los huevos. Salió de la casa con la intención de ir por lo pedido. Llegó al lugar indicado, donde los huevos estaban empaquetados, ya listos para ser cargados a los camiones de los clientes que paraban en esa granja. Pero esos huevos no eran los que buscaba, debido a que solo eran para la clientela. Los huevos que ellos consumían estaban en una esquina, en el interior de una caja apartada y abierta. Se acercó a la caja, esos huevos eran para el uso del hogar. Tomó blanquillo por blanquillo con cuidado de no romperlos al tocarlos y de igual manera los colocó en el canasto. Al terminar se dirigió a la salida, para retirarse de allí e ir de nuevo a la cocina donde la señora la esperaba, pero se detuvo al dar los primeros pasos. Dio media vuelta,  pues algo en su interior le dijo que tenía que asomarse al lado del granero y al hacerlo, se quedó estática por un momento al no saber que hacer, pero posteriormente dio un par de pasos para solo echar una chequeada rápida. Al acercarse descubrió que Alvar se encontraba tirado en el suelo. La primera impresión que tuvo fue correr a su lado.

—¡Alvar! —empezó a gritar arrodillándose para darle unas golpecitos en su mejilla  tratando de llamar su atención, pero en el momento en que lo tocó, se dio cuenta que no tendría su atención ya que había perdió el conocimiento. Tocó su frente notando que estaba muy caliente. Su respiración era muy lenta y parecía que sufría al tomar aire.

Inmediatamente sin perder más tiempo, corrió en busca de Sexto o de Don para informarles el estado de Alvar. Se dirigió al primer granero y al asomarse se alegró de verlos allí. Osses se encontraba arriba de una escalera colocando una bombilla mientras Don sujetaba la escalera para evitar que cayera ya que esta no estaba muy firme, a su lado en el suelo una caja llena de focos, que por juzgar eran los nuevos que iba a colocar.

—¡Sexto! —Gritó la joven desesperada y un poco sin aliento ya que llegó corriendo a ese lugar —¡Alvar! ¡Algo le paso a Alvar!

—¿Qué le suce…?

No había siquiera terminado de formular la pregunta Don, cuando Osses ya había descendido la escalera, saltando de lo alto al suelo sin perder un minuto.

—¿Dónde está? —preguntó preocupado.

—A un lado del granero dos antes de llegar al tres.

Con esa información salió corriendo al lugar indicado. Sabia que no se encontraba con bien. Por la mañana lo vio pálido, no quería preocuparse así que se dijo que era porque no estaba familiarizado en esa clase de vida, pero debió haber visto más allá, no estaba acostumbrado a esta clase de vida y es por eso que podría correr más peligro a enfermarse y precisamente es lo que le había pasado, además, su intolerancia al chip había debilitado sus defensas inmunológicas. Corrió sin detenerse y sin prestar atención que Iara estaba detrás de él. Se detuvo cuando llegó al lugar donde Alvar había colapsado. Se acercó al enfermo para levantarlo y llevarlo a un lugar más seguro o por lo menos más cómodo.

—Ti-tiene fiebre —comentó Luna con voz entrecortada cuando le dio alcance.

—Ayúdame —fue lo único que dijo al escucharla. Ya se había colocado al desmayado sobre su hombro para llevárselo de allí. Iara se acercó y se colocó del otro lado de Alvar. 

Cuando llegaron a la entrada del granero dos, vieron llegar a Don junto con su mujer.

—¿Cómo se encuentra? —preguntó con tono maternal la señora.

—Parece que es grave —comentó Sexto —necesitamos a un doctor —la preocupación aumentó en Sexto como en Iara al haber dicho esa realidad. Sabiendo que era muy difícil encontrar a un doctor, además de que eran muy caros y no contaban con el suficiente efectovp de pagar uno, si es que lo encontraban. Era muy urgente contar con un doctor, ya que si no revisaban y diagnosticaban a Farías, este podría encontrarse en peligro de muerte.  

—Hay un pueblo a unos 10 a 15 minutos de aquí —informó Don apuntando la dirección donde se encontraba dichoso lugar—, podrían ir, quizás encuentren a uno.

—Iré yo —mencionó Iara agachándose un poco para poder salir de debajo del brazo del enfermo, Don tomó su lugar.

Iara al quedar libre y sin perder ni un segundo, se dirigió a toda la velocidad que su cuerpo podía darle, al pueblo.

Corrió hasta alcanzar a ver unas casas, pero aun así no detuvo su paso ni aunque entró totalmente a la villa. Gritó y gritó una y otra vez a media calle que necesitaba un doctor o preguntaba a la gente si había un doctor. Como era de esperarse, los pueblerinos solo se limitaron a verla extrañados. Ella ignoró esas miradas, su prioridad era encontrar a un especialista, no quedar bien con esa gente mal educada, que en vez de ayudarla o responderle algo, se quedaban atónitos, tartamudeando sin decir nada concreto o simplemente decían No, o no lo sé. Siguió sin perder la esperanza de encontrar uno.

—Amigo ¿no eres doctor? —preguntó un hombre en una tienda y éste le estaba despachando a otro de mediana edad, cobrándole un par de cajetillas de cigarros.

—Por ahora estoy de vacaciones —mencionó ignorando lo que sucedía afuera y pagando lo de sus cigarros. 

—Deberías ir a ver, se ve que está desesperada…

—Estoy de vacaciones —volvió a repetir recibiendo el vuelto de lo que dio.

Al recibir el cambio, tomó del suelo un maletín que identificaba a un doctor. Salió del local. Ya en la calle, abrió una de las cajetillas que compró, golpeando levemente la caja de la parte de abajo para sacar de una de las hileras un cigarro. Al sobresalir el primero, lo tomó y se lo colocó en la boca, mientras buscaba el encendedor en sus bolsas, mientras seguía escuchando a la joven pidiendo ayuda. Sonrió al encontrar lo que buscaba, sacó de una de su bolsa un encendedor redondo, abriéndolo para hacerlo funcionar para después acercar el fuego al cigarro, pero antes de encenderlo, cerró el aparato que crea fuego con fuerza y guardándolo donde mismo, se sacó el cigarro de la boca metiéndolo al mismo sitio donde dejó el encendedor.

—¡Maldición! —Dijo entre dientes —¿Por qué tengo que hacer esto en mis benditas vacaciones? —Se preguntó mientras se dirigió a la joven —¡Oye! —una vez consiguió la atención de ella, prosiguió —. Yo soy Doctor.

El hombre de mediana edad observó como la expresión de fatiga y preocupación de ella, se tornó despreocupada y alegre, como sin con esas palabras le hayan quitado un gran peso de encima, dejándola ahora descansar.

Sin perder tiempo, Iara se llevó al doctor a donde la granja, tomando el mismo camino que la condujo a la villa. Iara llevaba la delantera, a pesar de que corrió mucho no aparentó el cansancio. Por el contrarió, el especialista estaba a muchos metros atrás de la joven, preguntándose una y otra vez por qué estaba trabajando en sus vacaciones. Él había optado por ser doctor, porque ese negocio en este tiempo era muy bien pagado, debido a que la competencia era poca a causa de que pocos entraban a este puesto por la falta de interés o mala economía para sostener esta carrera.

Al llegar a la granja, Luna llevó al doctor adentro de la casa y lo dirigió al cuarto donde la noche anterior había dormido. Sabia que lo habían puesto en ese lugar y no se había equivocado, Alvar se encontraba acostado en la cama, Sexto, Don y Claudia estaban con él, la última estaba empapando una pequeña franela con agua que había en una charola, la cual estaba sobre un mueble pequeño a un lado de la cama. Con la tela fresca por el agua, frotó la frente del enfermo, haciendo esto para bajar la fiebre. Farías había perdido su color natural, ahora se encontraba colorado y muy sudoroso, pero una buena señal era que aun se le veía respirar.

El doctor se acercó al enfermo. Don le había arrimado una silla para que se sentara y lo revisara con comodidad sin tener que estarse inclinando tanto. El hombre empezó a examinarlo y de vez en cuando echó una miradita a las cuatro personas que se encontraban allí esperando alguna respuesta. Una buena. Después de unos minutos de silencio, el doctor tomó la palabra.

—Una bacteria lo está atacando. Se alojó en la garganta provocándole fiebre y espasmos.

—Pero ¿se va a poner bien? —preguntó la joven.

El doctor cogió su maletín que había dejado en el suelo a su lado, lo abrió y buscando entre las medicinas que llevaba adentro, prosiguió:

—No se preocupen por eso, afortunadamente no pasó a mayores. Procuren mantenerlo hidratado, en su estado no podrá comer, pero mientras le den líquidos, agua en especial, se pondrá bien y no intenten taparlo mucho aunque sienta frío —sacó un frasco y enseguida otro parecido al anterior y continuo: —Denle esto, —mostró los frascos —ácido acetilsalicílico e ibuprofeno cada ocho horas por tres días —el hombre colocó los frascos en la mesita junto a la charola llena de agua, luego sacó otro frasco— y de esta medicina, que es penicilina, le dan una tableta cada seis horas por cinco días— cerró su maletín y se levantó del asiento —Si hacen eso y lo dejan descansar se pondrá bien entre 3 o 4 días. Serán ocho grandes.

—¿Ocho? —repitió impresionado Osses, en serio que los honorarios de un doctor eran muy elevados. No tenía ni siquiera para alcanzar los cuatro. ¿De dónde iba a conseguir tanto dinero?

Don sacó su billetera del bolsillo trasero de su pantalón y esculcando en ella, tomó unos billetes y se los entregó al Doctor. El hombre contó el dinero  antes de cruzar el umbral de la puerta para dirigirse a la salida principal. La señora Claudia lo acompañó hasta ella.

Don dio un suspiro de cansancio.

—Señor —Sexto se acercó a donde él —, voy a trabajar por él y por mí hasta pagar la deuda.

—Eso espero —Don salió de la habitación y Osses detrás de él.

Iara se acercó a Alvar y sentándose a un lado de la cama, comenzó a observarlo detenidamente, deseando que en ese instante se levantara y dijera que se sentía de maravilla, pero sabía que eso no iba a ocurrir y que para que Alvar recobrara su salud, tenía que pasar su tiempo. Ella notó como los labios de Alvar empezaron a moverse sin pronunciar ni una palabra ¿Acaso estaba alucinando? Acercó más su oído a sus labios para ver si escuchaba algo y logró escuchar en un murmullo un nombre.

—Dana.


Capítulo 10:

Otra de las reglas importantes del Punto Negro era que cada “Controller” debía tener un médico particular. Cada médico era asignado a un soldado para que estos los revisaran cada tercer día. Siempre se les vacunaba cada 6 meses para que evitaran pescar alguna infección o enfermedad cuando salían del Punto Negro y luego contagiaran a los demás al volver.

En ese momento, el médico de Alvar Farías, Noemí Galindo, había decidido cambiar de paciente, lo que no era muy común, pero ya no podía tolerar un segundo más a su actual paciente y tenia que cambiar para el bien de ella, puesto que le irritaba, de hecho, sacaba a flote todas sus emociones negativas. Alvar era como una piedra dura que no se le podía hacer cambiar de opinión y jamás hacía caso de lo que sus médicos le decían, por lo tanto, ya hastiada de él, Noemí se dirigió a la sala donde los médicos disfrutaban de las conversaciones de sus compañeros o simplemente se dedicaban a investigar tranquilamente. Detuvo su paso cuando llegó hasta donde se encontraba el hermano mayor de su ex paciente.

Tu hermano es un arrogante, egoísta y un sinvergüenza respondón le mencionó sin siquiera saludarlo, moviendo de un lado a otro la carpeta llena de los documentos de Alvar.

Ariel, sin dejar de poner atención, escuchaba lo que la mujer decía, no era la única persona que iba a desahogarse de su hermano. En cierta forma se acostumbró a eso. Aunque aun no entendía por qué iban con él, con quien deberían aliviar sus penas era con la persona que les había echo sentir mal, Alvar, por supuesto.

¿Solo para eso has venido? —preguntó al fin cuando la mujer dejó de hablar. A decir verdad, solo lo buscaba para quejarse, cada vez que alguien se paraba detrás o al lado suyo, ya sabia que era para lo mismo. Nunca era para ir a verlo a él. El menor de los Farías era el más popular.

Y pensar que es tu hermano —suspiró cansadamente —.Deberían ponerte como su médico Ariel rió sin gracia al comentario. Al parecer también lo quería desgraciar —. Ahora lo que me pregunto es quién será su médico. Solo espero que sea una persona muy, pero muy dura, alguien que lo obligue a hacer las cosas —la mujer rió con sarcasmo —quisiera conocer a esa persona.

Aquí está, Noemí —uno de los encargados de Médicos se acercó a los dos. La mujer se volvió para prestarle atención —Tu nuevo paciente será Martin Books ¿Puedes entregarme la carpeta de Alvar Farías? —preguntó el hombre entregándole un folder donde se encontraban los documentos del que sería su nuevo paciente. Ella le entregó la que tenía y de esta manera intercambiaron los documentos.

¿Y ahora, quién va a lidiar con Alvar? —preguntó Ariel, no muy curioso ya que eso no le importaba mucho, de hecho, lo preguntó en tono divertido. ¿Quién sería el que ahora sufriría por culpa de su hermano?

La nueva graduada, Dana Tenor…

¿Cómo? —Farías dejo de hacer lo que hacía para ver el rostro del hombre. En su rostro se reflejó la sorpresa, Dana Tenor era una recién graduada en Medicina. Ella, una chica tan joven que ahora iba a lidiar con Alvar, el más bien conocido como un problemático entre los médicos del lugar. Pero eso no era todo, lo que también lo asombró fue que a una recientemente graduada, la mandaran directamente con un soldado, ya que a los graduados se les mandaba como “ayudantes” de los médicos con experiencia, por seis meses, antes de que se les asignara un paciente.

Pobre de ella —comento la señora Nohemí retirándose de allí para ir y presentarse con Martin.

¿Y por qué eso? —la intriga lo mataba, ¿por qué ese cambio tan repentino en el sistema, exactamente en el cambio de su hermano? ¿O acaso por esa misma razón estaban haciendo eso?

Los médicos veteranos ya conocen muy bien a tu hermano —mencionó el encargado de los expedientes— y su actitud altiva, es por eso que los médicos asignados desde un principio lo ven como a un animal que se tiene que domesticar, por esa razón la cabeza de médicos pensamos que seria mejor si le poníamos a un graduado, alguien que no lo conozca bien, puede que eso tranquilice las cosas para ambos. Solo es una teoría, hay que ver qué sucederá —Farías miró al médico, que se veía muy intranquilo ante la idea. No le importaría si el médico asignado fuera una persona mayor, pues ellos ya tenían experiencia con jóvenes rebeldes, pero ¿una joven? —. No te preocupes, si llegara a pasar algo, inmediatamente la removeremos y le pondremos a Edén.

Debieron de ponerlo a él desde un principio —dijo Ariel regresando a su trabajo.

Edén era una persona que antes de entrar a la medicina había sido un soldado. Pero renunció al servicio de soldado cuando tuvo un accidente en su pierna provocándole déficit de movimientos, así que no se podía mover como antes. Él era una persona que demostraba su autoridad. Perfecto para alguien como Alvar. Pero ahora él era médico de alguien más, del capitán Wong, y se rumoraba que por esa razón Wong es así por él, ya que a sido su médico desde que Wong era joven.

Pensamos en eso, pero sabes que él ya tiene un paciente con el que se encariñó.

Finalmente el hombre se marchó y Ariel, levantándose de la silla, se dirigió a la habitación de su hermano para hablar con él respecto a su nuevo médico. Se puso frente a la puerta para tocarla, escuchando casi enseguida que alguien se levantaba de la cama, y supuso que su hermano se encontraba descansando. Unos segundos después la puerta se abrió dejando ver a un Alvar cansado, con unas ojeras negras dibujadas debajo de sus ojos, lo que indicó dos cosas: Que había entrenado hasta tarde o no podía conciliar el sueño en las noches, debido a que aun estaba afectado por la muerte de su madre.

Te van a volver a cambiar de médico —informó con amabilidad, aunque quería hablarle con voz fuerte, pero al tenerlo frente a él, no podía hacerlo.

¿De verdad? —preguntó con mínimo interés —. Eso no es novedad, ya lo esperaba después de que Noemí me lo gritó en la cara ayer.

Oh, ya veo —se imaginó esa escena, conque eso era lo que provocaba su hermanito —. Alvar, por favor no te metas en más problemas, trata bien a tu nuevo médico, se llama Dana Tenor y es graduada…

¿Graduada? Oh, eso sí que es muy interesante, van a sacrificar a un corderito, sí que están desesperados.

Escucha, ella no tiene la culpa que la hayan asignado con el lobo…

¿Lobo? Oh, conque soy un lobo. Qué bonita comparación Ariel, pero no tengo tiempo de estar escuchando esas cosas, más al rato tengo que ir con Smith y tengo que descansar, estoy cansado por si no lo has notado.

Hablo en serio Alvar ¿Por qué no dejas de comportarte de esa manera y tratas con un poco más de respeto a tus médico? Además, si me entero que la haces llorar… —su voz empezó a elevarse, pero antes de que prosiguiera, el menor lo interrumpió con desdén.

¡Ya me quedo claro! Maldición ¿Ahora puedo irme a descansar?

Ariel suspiró después de afirmar con la cabeza. Se dio cuenta de lo que se había convertido Alvar cuando se enteró que su madre había muerto. Se podría decir que de los dos, él había sido el que la quería más, ya que siempre estaba al tanto de ella, visitándola cada vez que tenia tiempo, regalándole cosas, animándola, riendo juntos… Hasta que les dieron la mala noticia que había muerto debido a que estaba muy enferma y el más afectado sin duda fue Alvar. Después de eso se volvió más distante y frío con los demás. Un hombre que no necesitaba de la ayuda de nadie, ni siquiera de su hermano. Era su forma de demostrar lo triste y desolado que se encontraba. Cuando la puerta se cerró frente a sus nariz, Farías se retiró de ese lugar, preguntándose cuánto duraría Tenor con él.

Buenas tardes —saludó con una sonrisa radiante Dana a su paciente, el que le habían asignado —Mi nombre es Dana Tenor y de ahora en adelante seré su médico, espero que nos llevemos muy bien.

Alvar estrechó su mano.

Mi nombre es Alvar Farías, pero ya lo sabes, puesto que te dieron mis papeles médicos ¿cierto?

Eso es muy cierto, pero es mejor presentarse cara a cara. He escuchado un par de cosas sobre usted…

Llámame por tú al igual que yo lo voy a hacer contigo. Además solo te gano con un par de años.

Uno con cuatro meses exactamente. Me gusta la idea de llamarnos por tú, eso significa que tenemos más confianza ¿verdad? —sonrió.

Ya.

Bueno, me gustaría chequearte…

Ahora no tengo tiempo —la interrumpió, caminando hacia el lado contrario —voy a ir a otro lugar.

Pero necesito… —no pudo completar cuando ya se había alejado lo suficiente como para detenerlo.

Desde ese entonces ella trató de llamar a los chequeos mensuales, pero Alvar no hacía caso de ellos . No iba o meramente iba cuando se le plasmaba la gana. Dana había escuchado rumores sobre él, pero no quiso juzgarlo, ahora, a medida que pasaban los días, se daba cuenta que esos rumores eran ciertos. Alvar Farías era un hueso difícil de roer. Se empeñó que pasara lo que pasara no debía dejarlo porque quería ayudarlo y para eso tenia que tener paciencia y eso debía tomar el tiempo que se tenía que tomar. Tenía la firme convicción de que él no era de esa forma y solo necesitaba a alguien que estuviera a su lado, que lo comprendiera, alguien diferente a su hermano que estuviera con él, ya que como eran parientes, pensaba que era una responsabilidad estar con él.

Cuanto más el tiempo transcurría, Tenor había ganado un poco la confianza de Alvar, no era una gran cordialidad, pero en ese tiempo él había cambiado un poco respecto a ella, pero eso si, aún no le agradaban mucho los chequeos. Y eso provocaba que dejara o ignorara a Dana. Ahora estaba arrepentido, pues la había echo sufrir en cierta forma, cuando ella solo se preocupaba por él, una persona no muy agradable.


Alvar abrió los ojos y empezó a enfocar su visión, pues al principio no pudo percibir nada. Al lograr tener control sobre ellos, se dio cuenta que se encontraba acostado pues miró el techo de una casa y pensó que era la casa de la granja. Se sentó en la cama y por alguna extraña razón sintió su boca seca. Probó un extraño y fuerte sabor en el paladar. Viró su cabeza a su lado izquierdo y pudo ver una mesita, arriba de ella una charola que se encontraba vacía y aun lado de ésta un par de frascos, los que identificó como medicinas. Sacó la lengua saboreando el extraño sabor para identificarlo. Nunca le había gustado el sabor de la medicina y precisamente ese era el sabor que tenía en la boca. Tomó un vaso que estaba medio lleno de agua y se lo llevó a la boca tomándose todo el líquido, aliviando un poco la sequedad. Dejó el vaso de donde lo tomó y con un gesto de desagrado en la boca, murmuró:

Medicina.

¿Alvar? —se escuchó una voz, después por la puerta, se dejó ver Iara, quien muy alegre por verlo despierto, se acercó a él —¡Alvar! ¡Te encuentras mejor! —lo pensó mejor —¿Te encuentras mejor?

Creo que sí —se puso de pie y se estiró ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente esta vez? Sonrió no muy contento en sus adentros. Siempre se la pasaba acostado. Término de estirarse y luego se dirigió a la joven —¿Cuánto he estado aquí?

Tres días.

¿Tres? —se sorprendió mucho, definitivamente se la pasaba dormido, descansando, acostado… lo que fuera, siempre de perezoso.

Me alegra ver que te encuentres mejor. Todos estábamos preocupados de que la medicina no surtiera efecto.

Alvar observó los dos frascos sobre la mesa. Ahora que lo recordaba, Iara era quien le daba a tomar eso. Pero lo que más recordaba, o tal vez se trató de un sueño, fue del Punto Negro. De como Dana iba y lo buscaba hasta por el último lugar para obligarlo a que se tomara sus medicinas y él con despecho la ignoraba, hasta se encondía para evitar eso. Pero ella preguntaba y no dejaba de buscarlo hasta encontrarlo o se retiraba, pero solo cuando era muy tarde, pero al día siguiente era lo mismo. Y cuando por fin lo encontraba, él se pasaba de largo o se limitaba a decir: “Estoy bien”

Puso sus manos sobre su cara ¿Era tonto? Sí que lo era.

Estoy bien, estoy bien —se repitió una y otra vez —Ni siquiera sé si de veras lo estoy.

¿Aún te sientes mal? —preguntó la joven preocupada.

No, estoy bien, es solo que estaba recordando algo. A alguien realmente.

¿A Dana?

Su mirada reflejó sorpresa al escucharla nombrar ese nombre.

¿De dónde…? ¿Cómo es que tú…?

Repetías ese nombre una y otra vez mientras estabas enfermo. ¿Quién es ella?

Ella es… ella era mi médico de cuando vivía en el Punto Negro.

Ya veo ¿Y la extrañas?

No supo que responder, la verdad no estaba seguro si la extrañaba o solo la recordaba porque pensaba en el Punto Negro y ella pertenecía ahí, o tal vez porque estaba arrepentido de haberla tratado de la manera como la trató… o probablemente sí la extrañaba. Estaba a punto de plasmar sus pensamientos en voz alta, pero entonces, escuchó unos pasos dirigirse a ese lugar. Se dejó ver Sexto, quien se asomó por la puerta y miró a Alvar.

Te ves mejor. Eso es bueno, así me ayudas a trabajar.

Sexto ha trabajado por los dos, día y noche, literalmente —informó Iara —para poder pagar lo que Don pagó al doctor y las medicinas.

Eso salió caro, así que espero que puedas ayudar ahora y me pagues a mí lo que yo le pagué a Don, si es que puedes, claro —con eso, se retiró de allí, desapareciendo de la vista de los dos.

Farías no creía que el estuviera haciendo eso, lo de trabajar por los dos, pero no lo dudó mucho, y además, ahora le debía un favor, pero a pesar de eso, lo dicho anteriormente lo irritó, porque había sido una manera muy sutil de decirle que era un inútil. Y su deseo de mostrarle a Sexto que de quien hablaba no era un inutil, lo dominó. Haría que se retractara de sus palabras, trabajaría hasta pagarle lo que trabajó por él, pero claro, primero se dio una ducha. Se vistió con ropa limpia que Claudia le había proporcionado, tanto a él como a Sexto e Iara y después salió para encontrarse con Don para que le asignara algún trabajo y por fin, después de tres días, volver a poner manos a la obra.


Habían pasado dos días desde que Alvar despertara de su enfermedad. Era un día muy cálido y soleado, con un par de nubes blancas que de vez en cuando se atravesaban y tapaban el sol, dejando en sombras esa parte. Farías se encontraba recogiendo paja en forma de cuadros arriba de una camioneta. Luna estaba dentro de la casa ayudando a la señora. Osses estaba por terminar de limpiar el último granero. Este ultimo, al salir y sentir el viento que sopló y golpeó su rostro, percibió de inmediato que algo estaba mal, después escuchó un ruido peculiar, un leve sonido ocultándose entre el viento que hizo que recordara aquel día que también había escuchado eso. No sabia si estaba ocurriendo realmente o solo se trataba de un macabro juego de su mente, lo que no sería la primera vez. Pero no se trataba de un sueño más, lo supo cuando vio a Arco e Impulso saliendo de unos arbustos, acercándose velozmente a donde él estaba, y al verlos, salió corriendo. ¡Definitivamente, algo no andaba bien! Corrió a donde los dueños y sus compañeros.

¡Ocúltense! ¡Corran! —empezó a gritar con voz urgente.

¿Qué es lo que sucede? —Preguntó asustado Don al escuchar la voz alarmada de Osses, buscando con la mirada el motivo de la urgencia —¡Dios! ¡Pero eso… son…! —el hombre, sin pensarlo dos veces, se metió adentro de su casa. Advirtió a su mujer y a la joven que no salieran por ninguna circunstancia, hasta que todo terminara. Don salió llevando consigo un rifle.

En cuestión de segundos, una manada de Gums se había apoderado del terreno de la granja, yendo de aquí para allá como locos, sin tener cuidado de donde pasaban, destruyendo todo a su paso. Don disparó, las balas solo se oían rebotar en las duras pieles de los animales, pero ignorando el vano intento y muy desesperado, siguió con su labor.

¡Don, corra! ¡Abajo...! —Sexto se echo sobre él para derribarlo al suelo. Era inutil querer combatirlos con fuego, quienes saldrían perdiendo serían ellos.

Por otro lado Alvar al verlos, inmediatamente se tumbó al suelo, pero a pesar de eso, no estaban del todo protegidos, ya que como estos feroces animales chocaban unos contra otros, caían a tierra con una velocidad sorprendente que dañaban el suelo, como si se tratara de una lluvia de pequeños meteoros. Uno de ellos dio a no mas de dos metros de donde se encontraba Farías y la reacción del joven fue retroceder asustado, pero en el momento en que se puso de pie para correr a otro lugar, vigilando que el Gum que había caído junto a él no lo atacara, no notó que otro estaba apunto de golpearlo, sin embargo, antes de que lo golpeara, uno de sus semejantes lo tomó arrojándolo lejos de él, entonces se dio cuenta que Arco, el gum de Sexto, había evitado que sufriera una muerte dolorosa y que estaba protegiendo los alrededores donde estaba para librarlo del peligro.

Impulso, el Gum de Iara —Alvar se lo había regalado, la verdad ya no le importaba —estaba protegiendo la zona donde Don y Sexto se encontraban.

No había pasado mucho tiempo cuando los Gums descontrolados se habían ido, pero en ese poco tiempo, dejaron un terrible caos detrás de sí. La granja de la pareja que vivía allí estaba demolida, a simple vista parecía que un tornado había pasado por ese lugar, los graneros dos y tres eran los más afectados, estaban derrumbándose, el granero uno era el que en mejor condición estaba. La casa del matrimonio estaba dañada, un par de Gums habían entrado y destrozaron la mayor parte del interior, afortunadamente Claudia e Iara estaban muy bien escondidas pues no lograron hacerles daño. Para desgracia del dueño, algunos de sus animales se encontraban muertos, la mayoría estaban destazados por la brutalidad de los Gums

¡Malditos…! —Don furioso, estaba apuntando a un gum que se encontraba a poca distancia de Osses. Alvar puso su mano encima de la escopeta y bajándola poco a poco le dijo:

Ya terminó.

Pero esos… —el hombre intentó apuntar de nuevo su arma, pero Farías no se lo permitió.

Esos Gum son nuestros —informó Sexto acercándose al hombre, Impulso se quedo allí, no lo siguió.

¿Suyos?

¿Estas bien. querido? —los tres dirigieron la mirada a Claudia, quien saliendo de la casa apresurada, se aproximó a su marido para abrazarlo y llorar sobre su hombro, estaba feliz porque todo había pasado y muy aliviada de que Don estuviera con bien. Iara iba detrás de ella.

Me alegra que estás bien… tenía miedo…

El hombre la consoló y tranquilizó. Él también tenía miedo y de igual manera, estaba contento que su mujer estuviera sana y salva, y a pesar de que su granja estaba destruida, lo importante era que Claudia estaba bien. Miró a los jóvenes. Alvar e Iara sintieron su mirada de odio, provocando que se sintieran agraviados... o mejor dicho, lastimados. No era la típica y amable mirada de ese buen hombre.

Por favor, váyanse —fue lo único que pudo auricular por la rabia que sentía .

Pero… —susurro Alvar sin entender por qué esa reacción.

¡Váyanse! —volvió a repetir, casi histérico —¡Y llévense consigo esas cosas!

Lo entiendo —mencionó Sexto sereno, como si el suceso de ser despedidos también de esta granja, no le importara —Vámonos. Solo iremos por nuestras cosas. No nos volverá a ver —aseguró caminando a los graneros para ir por lo que les pertenecía.

Iara siguió a Osses. Alvar no se movió de donde estaba.

Sexto… —con su mirada, Farías siguió la trayectoria de Sexto y lo vio alejarse poco a poco, luego dirigió su atención a la pareja mayor que ya se iba rumbo hacia su humilde morada. Don continuaba consolando a su apreciada mujer y cuando la pareja se perdió en el interior de la casa, miró ahora el lugar por donde había salido esa manada de Gums.

Salvajes…



Capítulo 11

Deberíamos deshacernos de esos Gum —eso venía diciéndole Alvar a Sexto desde que Don los había despedido, aunque la decisión de Don no la tenia del todo claro. Pero lo que sí sabía era que cuando vio a los gum se asustó, sintió mucho miedo. ¡Claro! Y lo entendía. Esas criaturas eran para temerles.

Iara iba a decir algo, pero se contuvo, estaba consciente que les asustó, ella sí estaba segura que por esa razón el hombre los había corrido, pues como ya lo había mencionado Sexto: A la gente no les gustaba para nada los gum. Ellos no podían saber que Arco e Impulso eran sus amigos, eran unos tiernos animales que no harían daño a las personas. No, no podían saberlo, así como Don y Claudia no lo sabían. Ahora le quedaba más claro por qué Osses los dejaba cuando ellos entraban a un pueblo a descansar.

Escucha Sexto —continuó Alvar, en su cansada insistencia —, hay que deshacernos de ellos, será lo mejor —Sexto simplemente lo ignoró, pero en su rostro se pudo percibir que estaba fastidiado de estarlo escuchando —. Si queremos que la gente no huya debemos de... ¡matarlos!

Sexto se viró enojado para tomar a Alvar por el cuello de su camisa.

¡Cállate de una buena vez, soldado de pacotilla! ¡Cierra la boca!
Alvar reaccionó de la misma manera y también lo tomó de la camisa para empujarlo.

¿De pacotilla? ¡Tú eres el inepto!…—al empujarlo le dio un golpe en el rostro. Osses, bastante enojado, estaba por responder al ataque.

¡Ya basta! —Los detuvo Iara poniéndose entre ellos para evitar una pelea innecesaria —¡no peleen entre ustedes que son compañeros!

¿Compañeros? —inquirió Alvar burlón—. Él nunca será mi compañero ¡Nunca lo veré como uno!

Estoy harto y harto de tener que oírte ¡y también pienso lo mismo! —dijo al fin Osses dándose vuelta para seguir con el camino e ignorar por completo al ex soldado, el cual le irritaba hasta su presencia.

Y en una actitud de hermetismo, caminaron por horas hasta que el cielo empezó a tornarse color naranja con rojo, el tiempo en que la estrella mayor del sistema solar empezaba a esconderse detrás del horizonte provocando que después de eso, la noche hiciera su espectral aparición. Alvar ni Sexto se habían dirigido la palabra e Iara se encontraba entre los dos para impedir que siquiera se pudieran tocar. No le gustaba para nada verlos de esa manera, ignorándose uno al otro, aunque era una extraña manera de llevarse, porque a pesar de que algunas veces rozaran, no es que se cayeran del todo mal. Sexto se había preocupado por Alvar cuando se encontraba enfermo y pensaba que Alvar no debía tener alguna razón válida para odiarlo. Lo había ayudado cuando más lo necesitaba. Así razonaba ella.

Los tres se detuvieron para hacer una tienda y poder pasar la noche allí que, según el experto, era seguro y podían acampar con toda confianza convencido de que ningún animal feroz los atacara a media noche. Sobre los Gum salvajes era otra cosa, pues como no se sabía dónde exactamente residían, aquí o en otro lugar sería de igual manera puesto que la zona contaría con el mismo peligro o la misma seguridad, sin embargo, ellos no se tenían que preocupar debido a que Arco e Impulso detectarían si uno de los suyos se aproximaba y les avisarían. Eran muy buenos centinelas.

Cuando las primeras estrellas empezaron a aparecer en el cielo casi oscuro, Sexto se localizaba sentado mientras estaba recargado en un tronco de árbol, viejo y seco, sin vida alguna. Estaba observando a Iara acariciando a los dos Gums que los acompañaban, sonriendo, sin sentir ningún miedo hacia ellos. Por alguna razón se había encariñado con esos “peligrosos” animales. Desvió su mirada de Iara para seguir a Alvar que se dirigía hacia él, perdiéndolo de vista cuando él se puso del otro lado del tronco y lo escuchó recargarse en él.

¿Qué comen esas cosas? —preguntó Alvar minutos después de haberse sentado en el suelo al igual que su compañero de viaje. Al parecer, deseaba hacer la paz.

Sexto no respondió, aun se sentía indignado por el golpe que le había dado horas antes, aunque debía de aceptar que también era culpa de él ya que no le tenia paciencia, pero es que cada vez que Alvar actuaba de esa manera, un fuego ardiente en su interior se apoderaba de su ser y era difícil no descargar ese fuego que lo hacía sentir el enorme deseo de golpearlo y esta última vez tenia ganas de hacerlo, pero antes de poder darse el gusto, Alvar ya le había dado el puñetazo y después Iara lo había hecho entrar en razón al interponerse entre los dos. Quedó perdido en sus pensamientos, no obstante, sintió a Farías ponerse de pie para retirarse de su lado al no recibir ninguna respuesta de su parte.

¿Cómo los alimentaban ustedes? En el Punto Negro —habló entonces al ver a Alvar pasar a su lado. Farías se detuvo y pensó antes de responder.

No lo sé —fue lo único que dijo. Nunca le había interesado eso. Los doctores que se encargaban de los Gums eran los únicos que sabían. Ellos eran los que se encargaban del mantenimiento de los animales. Él solo sabía lo superficial, que los dormían con una especie de droga somnífera y que los colocaban en unas capsulas que funcionaban como camas para ellos, y eso era lo único que sabía, lo demás, y siendo sincero, no le interesaba... hasta ahora que el gusanito de la duda comenzó a carcomerlo. Aquella vez, la primera vez que vio a Iara con Impulso, ella le había dado una manzana y él le había dicho que eso era basura para ellos, pero lo había dicho solamente por decirlo, porque no sabia nada.

Que ignorante —escuchó la voz de Sexto entre sus pensamientos, pero no le respondió nada, no tenia derecho, porque se trataba de la verdad. Y ahora lo supo, era un completo ignorante en ese aspecto… y... ¡Oh! En todo aspecto, puesto que después de todo, era la primera vez que estaba fuera del Punto Negro… ¡Vaya! Ahora que lo pensaba mejor, había cosas que no sabia ni del propio lugar donde nació y creció.

Es hora de descansar—informó Sexto poniendose de pie y caminar hacia donde se encontraba la joven, con toda la intención de descansar y poder levantarse muy de madrugada.

De esta manera, al día siguiente, levantándose como habían previsto, antes de despuntar el alba, ya estaban levantando el campamento, así, para cuando los primeros rayos del sol salieron y empezaron a iluminar esa parte de la región, ya habían emprendido de nuevo su camino, andando por horas hasta que divisaron un pueblo.

Miren por allí —mencionó la joven señalando el lugar —, vamos a ese lugar a comprar provisiones que nos hacen falta.

Los hombres, haciendo caso a las palabras de Iara, se encaminaron al lugar que, según Alvar, se trataba de un pueblo de la Colonia B, puesto que habían vuelto a pasar por esa colonia por otro sector, sin adentrarse en el centro, sino que andubieron en la orilla para de esta manera rodearla y llegar, tal vez, si es que no perdían el rumbo, a la Colonia G, y de esta Colonia, podían llegar a la Colonia D, entonces, ya ubicada la Colonia D, implicaría seguir camino al sur hasta la Colonia A.

Alvar sabía que existía un camino directo que los podía llevar hasta la Colonia D, pero como no contaban con un mapa ni brújula y continuaban sin conseguir esos objetos en los pueblos, corrían el riesgo de perderse, por esa razón, como punto de ubicación, tenían que pasar por las Colonias ya mencionadas aunque así les quedaba más lejos.

Cuando entraron al poblado, descubrieron que era un lugar extraño, algo que ni Iara ni Alvar habían visto nunca. El lugar estaba hecho un asco, las casas estaban derrumbadas, visibles agujeros en el suelo y algunas paredes que se habían mentenido en pie, mostraron que los Gums habían hecho su aparición en ese sitio, y Alvar recordó como había quedado la granja de Don. Las banquetas estaban quebradas y sucias, llenas de basura, todas las calles estaban en mal estado y un extraño mal olor se podía percibir en el aire, como a huevo podrido e incluso el olor a orines de animales penetró en las fosas nasales de los recién llegados, sin embargo, lo que más les preocupó, fue ver a la gente mal cuidada, con ropas viejas, rotas y llenas de manchas de quien sabe qué. Sus miradas no se despegaban de los tres, eran penetrantes, muy diferentes a las de los otros pueblos. No eran de asombro, ni de preocupación, ni siquiera eran de miedo. Lo que se reflejaba en esas miradas era pura avidez y maldad, y lanzaban la promesa de que de un momento a otro se les lanzarían encima para poder robarles y quitarles las pocas cosas que llevaban y hacerles cuanto a la mente se les viniera. Los habitantes de ese pueblo eran como un león hambriento preparándose para atacar a su presa.

¿Que le pasa a este gente? —y aunque Iara se preguntó a si misma, Sexto la escuchó, así que respondió:

Parece que viven en pobreza extrema y eso los ha privado de emociones.

Sus miradas dan miedo —Sexto asintió.

Un lugar muy feo —añadió Farías.

Los niños se veían corriendo y jugando con rocas y palos, hasta se podía observar que también con bolsas y alguna basura dentro. Farías nunca se había imaginado que existiera algún lugar como ese, todo lo que veía le provocaba nauseas, ¿cómo era posible que hubiera gente que viviera de esa manera? Miró a Iara notando que esta se encontraba asustada y pálida y aunque él no podía verse, sabia que estaba de igual manera. Por otra parte, Sexto se observaba sereno, como si estuviera acostumbrado a esa situación por haberla visto muchas veces y ahora era algo “normal” a sus ojos. Lo único que hacia era ignorar las miradas y seguir su camino.

Debemos buscar una tienda, conseguir lo que nos falta e irnos de aquí lo más rápido posible —mencionó Iara con deseos de salir corriendo de ese lugar, pues pensó que solo así podían evitar que alguno de los pueblerinos los atacara.

Los tres pasaron junto a un grupito de chicos de entre ocho y nueve años de edad, los que no dejaban de mirarlos, sobre todo las bolsas que llevaban colgadas detrás de su espalda. Entonces, Alvar sintió que algo lo golpeó en la espalda, y al girarse, descubrió que una roca le había dado. ¡Le habían arrojado una piedra! Los muchachos solo se dispersaron huyendo con risas y burlas al aire.

¿Pero qué les pasa a éstos? —pregunto fúrico ante la actitud tan despreocupada y desvergonzada de esos mocosos y el deseo de ir por ellos y darles su merecido lo invadió.

Un joven de unos quince años, que estaba recargando en un poste de luz inclinado hacia un lado, los estaba mirando desde allí. El joven los saludó en la distancia, levantando su brazo derecho moviéndolo de un lado a otro. Trotó hasta llegar a una distancia prudente de los extranjeros. Este era un joven rubio, de ojos azules como el cielo en un día sin nubes, y su mirada reflejaba una contagiosa jovialidad, de buena apariencia, además de que les sonreía amigablemente, mostrándose así muy diferente a la gente que habían visto anteriormente, notándose que se trataba de algún rico, pues las prendas que vestía eran finas, elegantes y muy limpias, lo contrario a sus alrededores y vecinos.

Me es extraño ver a gente nueva por estos lares —dijo acercándose otro poco para extender su mano a Sexto, quien quedó más cerca a él— Mi nombre es Adrien Lemoine —después de saludar a Osses, saludo a Alvar e Iara —Les recomiendo que se retiren lo más rápido posible de este lugar —los apremió el joven, lo que provocó que los tres se sorprendieran por la evidente preocupación en la voz— esta gente no recibe con “amabilidad” a los extranjeros. Por no decir que los odian.

¿Es por esa razón que los pueblerinos nos miran con ese desprecio? —preguntó la joven —¿tanto odian a los extranjeros?

Los pueblerinos nos ven como si nos quisieran atacar —mencionó Farías —Es más, ya sufrimos un ataque. ¡Yo sufrí un ataque!

Nos iremos cuando compremos algunas cosas que necesitamos —anunció Sexto mirando a su alrededor, con la intención de encontrar alguna tienda.

No creo que puedan encontrar algo aquí —se escuchó la voz del joven.

¿Por qué razón dices eso? —preguntó Osses interesado, aunque no dudaba de que no encontrarían ni siquiera alguna tienda.

Porque en esta zona no hay nada, si pueden ver, es pobre.

Si es pobre, ¿por qué te vez diferente a ellos? —inquirió sospechoso Alvar.

La razón es que no vivo aquí, no soy de por estos lares. Un amigo y yo venimos aquí un par de veces al mes a dejar suministros de comida y ropa a la gente que aun habita en este pueblo…

¿Por qué esta gente vive de esta manera? —Se hizo oír Iara —¿Qué o quienes los obligaron a vivir así?

¿Quiénes? Los extranjeros, ellos vinieron y robaron su comida, obligándolos a dar hasta sus últimos suministros, ahora que no tienen nada, no se preocupan en parar por este sitio. No le importan a nadie. ¿Qué? Algunos de esas bestias han hecho de las suyas destrozando sus hogares. Por esa razón un amigo y yo venimos a tratar de ayudar a la gente… hasta… —guardó silencio.

¿Hasta qué? —quiso saber más Farías.

Pues hasta donde se les pueda ayudar —sonrió —hay gente que es mal agradecida y trata de robar la comida que les traemos o se ponen muy agresivos, en esas circunstancias nos retiramos. Aunque no los culpo, se sienten olvidados en este mundo.

No es de buena educación interrogar a alguien —mencionó Sexto —, dejémoslo así y vámonos de aquí.

Existe gente mala y gente sin escrúpulos en este mundo —dijo Lemoine, dirigiéndose de nuevo a los extranjeros —. Mencionaron que querían unas cosas ¿cierto? Yo puedo provisionarles algunas.

El joven Lemoine los condujo a la plaza, el centro del pueblo. Lo único que sobresalía ahí era un camión grande y largo estacionado en la calle principal, aparentemente se trataba del camión de provisiones del joven, pues tenía su mismo estilo, es decir, estaba en buen estado. Se dirigieron a la parte trasera del camión.

Parece ser que no ha llegado Luc —se mencionó así mismo al ver que la puerta estaba cerrada, protegida por un candado que estaba uniendo un eslabón a otro de una cadena, como protección y así evitar que alguien robara las provisiones cuando alguno de los dos no se encontraba cerca, aunque realmente un candado no impedía el saqueo, sino que él todavia inspiraba respeto y hasta el momento nadie lo habia asaltado. Ignorando en este momento que Luc no había llegado, sacó del bolsillo de la chaqueta blanca que vestía, una llave y colocándola en el candado lo abrió. Quitó la cadena y empezó a jalar una de las puertas, visiblemente muy pesada, pero el joven demostró su fuerza al abrir las dos hojas de acero y dejar ver dentro del camión un par de cajas grandes y detrás de éstas, había más cosas.

Suban —señaló trepándose ala parte trasera. Ellos hicieron lo sugerido—. Pueden tomar todo lo que necesiten.

¿Esto esta bien? —preguntó Iara a Osses.

No hay que desaprovechar una oportunidad como esta.

¿Ustedes a dónde van? —curioseó el joven, mientras sus invitados veían las cosas detalladamente, buscando algo que les sirviera.

Nos dirigimos a la Colonia A— respondió Osses.

Adrien se sorprendió al escucharlo, nunca había oído hablar que alguien quisiera ir a un lugar que prácticamente no existía. Iba a preguntar el motivo de su viaje, pero no le fue posible, al notar como una sombra se proyectaba y cubría gran parte de la poca luz que entraba al camión. Alguien estaba subiendo al sitio. Se trataba del compañero de Lemoine.

¿Quiénes son éstos? —preguntó dirigiéndose a su joven compañero. Era un hombre rubio y también vestía ropas finas. Además se podía ver que era mucho más mayor que cualquiera de las cuatro personas que se encontraban allí.

No era nuestra intención incomodarlos —dijo Osses, pero el hombre ignoró por completo el comentario y volviéndose a dirigir a su compañero, pregunto:

¿Por qué los metiste aquí?

Ellos son viajeros y pasaron por acá para comprar algunos suministros y como les mencioné que no encontrarían, les ofrecí de lo que tenemos y sabes, también estuve pensando que podríamos encaminarlos, van a la Colonia A…

¿A la Colonia A? —reaccionó de la misma manera que su compañero.

Se dirigen allí y a donde vamos podríamos encaminarlos…

¡No!

¿Por que no?

¿Qué hubiera pasado si éstos te roban?

¿Robar? ¡Nosotros no somos de esa clase de gente! —mencionó Alvar más ofendido que cualquiera de sus compañeros.

Adrien —Luc ignoró a Alvar, no iba a ponerse a discutir con alguien que no valía la pena. Esa reacción hizo que el joven ofendido se pusiera aun más iracundo —, venimos a ayudar a la gente de este pueblo, no ha ambulantes cobardes que huyen de los problemas a un lugar deshabitado —lo mencionó con tono de asco mientras se dignó a mirarlos de pies a cabeza para ratificar las palabras que acababa de decir.

¡¿A quién le dices cobarde?! —Alvar no soportó más e iba a irse contra el hombre que tuvo el atrevimiento de ultrajarles su dignidad de esa manera, cuando ni los conocía, pero Sexto lo detuvo antes de que hiciera alguna estupidez interponiéndose entre ambos.

Así es —ratificó el hombre sin retractarse de ninguna palabra, sin dejar de mirar a Farías —Cobardes ¿Por qué ir a ese lugar? Ese sitió está despoblado.

¡Eso ya lo sabemos! —aceptó Alvar, pero el ¿por qué ir? Realmente no lo sabia con exactitud, solo estaba siguiendo a Osses, quien aun estaba entre él y el hombre, reteniéndolo para evitar que lo golpeara.

Tranquilo. Esta bien —habló Sexto con voz tranquila para calmar un poco el ambiente, debido a que si seguían con esa actitud podía haber un pleito, lo que quería evitar, pues se lo debía al joven Adrien Lemoine, quien había sido amable con ellos —Nos vamos de aquí. Y no hay problemas por el transporte —lo último lo dirigió al joven, quien se mantenía atrás de su compañero—, podemos llegar a ese lugar caminando, como lo hemos hecho los últimos días —terminó regalándole una sonrisa de agradecimiento por su cordialidad.

Después de eso, bajaron del camión para seguir su camino.

Pero que le sucede a ese idiota, tan… —tan solo pensarlo hacía que la sangre de Farías se calentara de ira.

Alvar, te sobresaltas con rapidez, deberías pensar un poco antes de tratar de golpear a alguien —mencionó Iara.

Tiene razón —afirmo Osses.

¿Por qué los trataste de esa manera Luc? —preguntó Adrien sin entender la razón— Esos hombres no son unos delincuentes, solo querían conseguir algunos suministros para poder seguir su camino.

No me agrada la mirada de ese tipo —contestó Luc sin dejar de mirar el camino que habían tomado los extranjeros al retirarse del camión, desapareciendo entre las casas ruinosas.

¿De cual?

Del que me quería golpear.

¿Por qué?

No respondió al instante. Pensó un poco antes de contestar, dudando en hacerlo, pero al final lo dijo:

Porque me recordó a las miradas de los soldados del Punto Negro.

Adrien sintió un escalofrió correr por su espalda al escuchar su respuesta.

¿De los trotamundos? Pero no eran soldados. No iban en uniforme, solo eran tres y había una mujer con ellos.

Me dieron desconfianza, eso es todo.


Capítulo 12

Se sentía extraño, algo confundido y sabia que era porque no confiaba en su compañero. No sabía nada de Sexto Osses. ¿Por qué exactamente quería ir a la Colonia A? ¿Por qué no explicaba la razón del viaje? ¿Por qué un Gum lo seguía sin contar con un chip? Esas preguntas no dejaban de circularle por la cabeza cada vez que lo miraba. Y lo que más le extrañaba, era que Iara no preguntaba. ¿Acaso ella sabía algo que él no? ¿Cómo querían que él aprendiera o comprendiera si nadie le explicaba?

Sus pensamientos eran un caos total y tuvo la sensación que su cabeza iba a explotarle en una de esas. Su mente se había convertido en un torbellino hecho de interrogaciones. Se acercó a Osses, quien iba adelantado debido a que tenia las condiciones para acelerar el paso, todo lo contrario a Iara y él.

Respóndeme una cosa —habló para llamar su atención —¿A qué vamos a la Colonia A? —preguntó eso, aunque quería saber de dónde provenía, quién en realidad era él, sin embargo, sabia que si le preguntaba algo sobre su vida privada, no le contestaría o posiblemente, como él no era objeto de su confianza, cambiaria de tema. Pero por lo menos, confiaba en que esa pregunta se la respondería, puesto que fue su idea llevarlo a ese sitio.

Te lo había mencionado, para que sepas algo, es como un secreto…

¿De qué? ¿Qué es ese secreto? Sabes, estoy cansado de no saber nada y de caminar a ciegas, de encontrarme con gente que me preguntan algo de lo que hago cuando ni sé lo que estoy haciendo.

Que lástima. Se trata de la Zona gris. La verdad que lo único que quiero es llegar a la Zona gris y para eso necesito ir a la Colonia A, porque allí hay mapas. Tenia uno, pero lo perdí, me lo robaron. Verás, yo vivía en un pueblo de la Colonia D, pero un día me fui de allí y me dediqué a viajar sin dirección y así me tope con la Colonia A, en donde encontré el mapa que me robaron cuando estaba por dirigirme a la Zona gris. Lo único que quiero es que tú me guíes a esa Zona cuando consigamos el mapa, porque te soy sincero, no soy experto en uso de mapas.

Alvar trato de visualizar lo que había escuchado, pero todo eso se le figuró una broma, nada real.

¿Me estás tratando de decir que solo me estas utilizando para leerte un mapa y así poder llegar a la Zona Gris, un lugar por demás peligroso?

Precisamente —asintió sin vergüenza alguna —. Ustedes decidieron seguirme, si no te agrada la idea, entonces da media vuelta y deja de seguirme.

Esa fue una manera muy sutil de decirle que le daba igual que Alvar estuviera allí, pero a la vez, Alvar notó que era un tipo peligroso.

Tú estas enfermo de la cabeza.

¿Lo crees? —Se detuvo para mirarlo con brevedad, luego retomó el paso—. Si, tal vez sea eso.

Lo digo porque la Zona gris es muy peligrosa y puede que cuando pises allí, no sobrevivas —Alvar oyó su propio comentario. Había escuchado rumores sobre esa zona, pero realmente no sabia su ubicación. En el Punto Negro, solamente los del alto mando lo sabían, los soldados como él, no y al parecer era información confidencial.

Tal vez tengas razón —susurró Osses, pero él siempre tuvo interrogantes que le concedían el deseo de saber lo que era ese lugar exactamente. Es verdad que también había escuchado rumores de que se trataba de una zona donde los gum abundaban, y ese hecho convertía el territorio inexplorable e intocable. Pero a pesar de esos rumores, dudaba que fuera verdad, por eso quería verlo con sus propios ojos.

Alvar meditó en las palabras de Sexto y decidió que la intención verdadera de él era asustarlo con eso de ir a la Zona gris y que lo hacía para deshacerse de él porque no lo quería a su lado, pero no iba a funcionar, estaba decidido a seguir hasta que todo eso terminara, pues como bien había dicho Sexto, tanto Iara como él habían decidido seguirlo, así que todo lo que Sexto le había dicho, solo un 50% le creía, obvio que el otro 50 lo dudaba. Por una extraña razón no le daba crédito para creérselo todo y esa duda hacía que deseara continuar a su lado, porque quería saber sus verdaderas intenciones.

¿Por qué un Gum te sigue?

Por la misma razón que un Gum sigue a Iara. Le cayó bien. Le caí bien —se encogió de hombros —Eso es.

Difinitivamente lo dudaba un 50%, pero recordó aquella primera vez que vio a Iara junto al 68-F4, le había dado un amanzana ¿Una manzana? Ese recuerdo trajo esas otras interrogantes sobre esas criaturas ¿Los Gum son vegetarianos? Alvar miró sobre su hombro para ver a la joven y preguntarle ahora curioso qué es lo que le daba exactamente de alimento a los Gum. Se detuvo en seco al no percibirla. Tampoco vio a Impulso y Arco. Dio media vuelta para observar con detenimiento, pero sin ningún resultado positivo.

¿Dónde esta Iara? —preguntó, aunque no supo si fue en voz alta o para él, pero Osses lo había escuchado porque se detuvo y acercándose a él, preguntó:

¿No estaba aquí hace un momento?

¿Estaba aquí hace un momento?” se preguntó él. No había puesto atención a ella o a los Gum. Ni siquiera recordó haberla visto antes de acercarse a Sexto para hacer la anterior conversación. Miró a Sexto, que comenzó a gritar su nombre para ver si estaba cerca, pero no obtuvo respuesta, solo estaban ellos dos.

No es para preocuparse —mencionó, después volvió a gritar su nombre, retrocediendo por el camino que habían andado —Si Arco e Impulso están con ella no pasa nada, no es para preocuparse —mencionó y la preocupación se reflejó en su rostro.

A Alvar se le hizo muy extraña esa actitud de él. Ahora se podía ver muy intranquilo, tenia esa mirada muy diferente a la que anteriormente le mostró a él. Era una mirada llena de esa actitud amable que mostraba hacia gente como Don, Claudia, Adrien, Iara… pero a él le mostraba una mirada de completa seriedad, casi de aborrecimiento, similar a la de los hombres del local del primer pueblo donde pararon. ¿A él lo aborrecía?

Sexto y Alvar siguieron retrocediendo, hasta que pudieron distinguir a la joven sentada en la sombra de un árbol. A un lado de ella estaba Arco de un extremo y del otro, Impulso. Trotaron para llegar a ella.

¿Por qué te quedaste aquí? —preguntó Osses a tal velocidad que casi no se le entendió.

La joven dudó en responder. En su expresión se pudo percibir que no lo quería decir por vergüenza, ya que miraba a Sexto y después bajaba la mirada y así sucesivamente. Hasta que al fin lo dijo, porque esperaban respuesta.

No creo poder seguirles el paso.

¿Y por qué no? — preguntó Alvar extrañado por la actitud de ella. Iara era la que seguía el paso de Sexto, mientras que él a duras penas podía con el calor y el sol que atormentaban seguir su paso, lamentándolo. Debía de admitir que sus piernas no estaban adiestradas para caminar y mucho menos correr largas distancias a pesar de que se mantenía en forma debido a que entrenaba en el Punto Negro todos los días. Aunque pensándolo bien, más que entrenamiento físico, era entrenamiento mental. De todos modos, nunca había caminado distancias tan largas.

Porque —volvió su mirada a los hombres, después a sus pies —Creo que me lastime el pie, los pies.

¿A que te refieres con eso? —preguntó preocupado Sexto. ¿Acaso se había torcido el pie, o peor, fracturado?

Iara no respondió inmediatamente, se llevó su tiempo, dejando en intriga a sus dos compañeros. Lo que hizo fue quitarse un zapato mostrando un calcetín que le llagaba hasta los tobillos, de color blanco con rayas cruzadas de un extremo a otro color rosa fuerte. Se quitó el calcetín dejando ver ahora unas ampollas grandes y dolorosas en la piel y en el dedo pequeño algunas se habían reventado y sangraban.

Decidió no decir nada por miedo de que… ¿la dejaran sola?

Nos hubieras mencionado que no podías caminar y que sentías ese dolor —Sexto habló con tono parecido al de una madre regañando a su hijo porque había hecho algo peligroso, pero a la vez con preocupación y decepción por no confiar en ellos. Extendió su mano —Préstame el zapato.

No —se negó rebelde, guardando su zapato entre sus brazos.

Préstalo, lo quiero ver —se inclinó para quitarle el calzado, más ella se negó a dárselo aferrándolo como si se tratara de algo muy preciado, negando una y otra vez con la cabeza.

¡Me niego! —tenia vergüenza de entregarlo porque como llevaba días con él, estaba sudado y de seguro no tenía un olor agradable.

Por supuesto que no pensó que a Sexto no le importaba tal cosa, porque los suyos debían estar en la misma condición, él solo quería ver la estructura y material con el que había sido confeccionado, pero Luna se reusaba en su totalidad a cederlo. Alvar se limito a observar la escena que a su parecer parecía una niñería, algo de verdad sin importancia y casi suspiró de alivio cuando insistencias después la convenció de que lo dejara examinar su zapato. Sexto lo tomó y empezó a explorarlo, volteándolo de un lado a otro mientras Iara mostraba una cara de inconformidad, mirando como su compañero maltrataba su calzado al tomarlo de la parte de adelante para aplastarlo , doblándolo con facilidad, hurgando con sus dedos por el hueco para sentirlo por dentro, provocando que Luna siguiera todos sus movimientos y sin dejar de poner un rostro de asquerosidad, sacando la lengua.

Estos zapatos no son hechos para caminar.

Fueron un regalo de la señora Matilde, además que —lo ultimo lo dijo en tono apenado —eran los únicos que tenia.

Al escucharla, Sexto lanzó lo mas lejos que pudo el calzado perdiéndolos en la maleza.

¡Oye! ¿Por qué hiciste eso? —Exclamó la joven dirigiendo la mirada a donde había caído el zapato —Ahora no podré caminar.

Tengas o no el zapato no lo podrás hacer. Esos zapatos son incomodos, lo mejor será conseguir unos mucho más cómodos.

¿Y que voy a hacer mientras? —preguntó triste mirándose el pie desnudo, quería evitarles problemas, pero fue en vano.

Súbete a mi espalda —comentó, colocándose en posición para que a ella le fuera fácil subirse.

Obviamente que al principió se negó escandalizada, pero no podían dejarla allí abandonada y comenzó una nueva insistencia y Sexto le hizo ver que no debía preocuparse por ser cargada, además de que no había otra opción. De nuevo, ella había perdido ante la insistencia y ahora se encontraban caminando por una zona donde la vegetación empezaba a escasearse, además de la soledad que podía percibirse ante el suelo quebradizo por la sequedad que se extendía por kilómetros, así que se apresuraron a dejar atrás ese panorama y más tarde, llegaron a una vía hecha por vehículos que al parecer transitaban por ahí y eso significaba que alguien pasaba por esos lares tan desolados.

No te preocupes por mi —comentó Sexto a la joven, pues desde que la llevaba sobre él no había dejado de percibir su preocupación.

¿Y tú por mi sí?—No tuvo respuesta.

Este lugar se ve muy solo, parece un desierto, sin vegetación, ni agua, ni sombra… —comentó lo obvio Alvar, mirando el horizonte sin distinguir nada, más que tierra seca.

El sol podía sentirse más duro, produciendo un alto calor que la tierra sedienta dejaba salir, rechazando lo caliente del astro rey y a pesar de llevar pañuelos atados a sus cabezas para cubrirse el rostro y el cuello, sentían como los rayos del sol atravesaban su protección. Al seguir avanzando, el calor les produjo un sentido cansancio que se apoderó de sus cuerpos, los que sudaban haciéndolos perder más agua de la que consumían. Sexto, sin poder más, se detuvo y dejando a Iara sentada en el suelo, se acostó a un lado de ella, reconociendo en silencio que su paso había disminuído desde que comenzara a cargarla. Arco e Impulso iban de aquí allá sin importarles el infernal lugar. Eran unos animales muy resistentes que se adaptaban al entorno fácilmente.

Tengo calor y mucho —comentó Farías sentándose al otro extremo de la joven.

Igual, y mucha sed —apoyaron al unísono sus compañeros.

Acto seguido, los tres se acostaron en el suelo duro, sin olvidar colocarse los pañuelos sobre su cara para no quemarse provocándose un daño severo.

¡Oh! ¡Esto no puede ser! —empezó a quejarse Sexto e inmediatamente se puso de pie y caminó hacia adelante con la esperanza de encontrar un pueblo cerca.

Por otro lado Alvar, al sentir a Sexto levantarse, se quitó el pañuelo del rostro y se sentó para observar como su compañero se alejaba de ellos, pero Ignorando ese hecho, sacó su cantimplora para poder darle un poco de agua a su cuerpo notando que el agua estaba por terminarse, así que tomó un poco para disminuir la sed y guardaría el resto para más tarde, ya que no sabía cuanto tardarían en salir de ese lugar árido, aunque antes de guardarla sintió que no podía seguir, entonces se sorprendió cuando un tentáculo se aferró al recipiente de agua y con un solo estirón se lo quitó de sus manos.

¡Oye! ¡Devuélveme eso! —gritó enojado poniéndose de pie para poder quitarle su pertenencia, pero el Gum se movió para evitarlo, y quitando la tapa se lo acercó a su enorme boca.

¡Maldición! —Se volvió a sentar al ver como Arco se había tomado hasta la ultima gota, devolviéndole el recipiente vacío —No puedo creer que me esté peleando por el agua con un Gum —aulló irritado. Acto seguido, se dirigió a la joven quien aun permanecía acostada, descansando —Iara ¿tienes un poco de agua?

Se levantó para quedar sentada, tomó la pequeña mochila que llevaba y abriéndola agarró su cantimplora, quitó la tapadera y volteó hacia abajo el recipiente indicando que estaba vacío.

Nada.

Los dos desviaron su mirada a Sexto, quien se acercaba de nuevo a ellos, sus compañeros esperaban que diera una buena noticia, debido a que no tenían agua podrían morir de insolación o deshidratación, así que era muy urgente refugiarse en el pueblo para poder reponer sus recursos para seguir con el viaje. Pero la mala cara de Osses hizo que sus compañeros se preocuparan y pensaran lo peor y sus esperanzas cayeron cuando lo escucharon:

Lo único que se puede distinguir es más tierra seca. Esto es un extenso yermo desolado.

En pocas palabras no hay nada cerca —Alvar irritado por el sol, se volvió a acostar tapándose con su pañuelo. Tendrían que esperar a que anocheciera para poder caminar y resultó que no era mala idea seguir su camino en las noches cuando la temperatura bajaba y descansar en las tardes, cuando el sol era muy fuerte y molesto. Aunque por otro lado, la idea no era del completo agrado ya que los animales salvajes eran en su mayoría nocturnos y excelentes atacando en la obscuridad. Mas prefirieron enfrentarse a los peligros nocturnos que morir calcinados, las circunstancias lo ameritaban.

Los dos Gum simplemente se la pasaban de un lado para otro y según se había escuchado por ahí, ellos solían esconderse bajo la tierra, pero según Sexto, Arco ya no acostumbraba a hacerlo y Alvar pensó que como él nunca había visto a Impulso esconderse así, supuso que también estaba desacostumbrado.

Saben, pienso que moriré por dos cosas —mencionó Alvar al viento, aburrido, sentía que si no lo hacia se volvería loco, ese sentimiento le era irreconocible, no había sentido el fastidio tan penetrante como ahora, o tal vez no lo había notado mucho, no le daba tanta importancia a eso —Me secaré hasta que me vuelva como estas tierras o Arco e Impulso me comerán —sintió un golpecito en la frente y enseguida escuchó la voz de Luna:

No digas esas atrocidades, se pueden volver realidad.

De verdad que son negativos —se escuchó la voz de Sexto.

El tiempo transcurrió, no sabían si pasaron horas o simples minutos, pero lo que fuera se quedaron dormidos. Alvar fue el primero en salir de las manos de Morfeo al sentir que algo o alguien quería llamar su atención tentándolo por el brazo. Se quitó el pañuelo de su rostro y al mirar lo que tocaba su extremidad, reconoció que se trataba de Impulso que golpeaba suavemente su brazo con su cuerpo. Se sentó y se giró un poco en dirección Norte y frunciendo la frente distinguió de lejos una silueta de vehículo.

Oye, Sexto —habló para llamar la atención de su compañero. Escuchó una queja de disgusto y casi enseguida su voz:

¿Qué?

¿Los Gum pueden ver espejismos?

La pregunta que hizo Farías le fue extraña y sentándose, respondió:

No dudo que tengan esa capacidad, después de todo tienen cerebro. ¿Por qué?

Alvar se limitó a apuntar en dirección donde vio la supuesta silueta.

Si es así, Impulso y yo vemos uno.

No es un espejismo, eso es real.

Me lo imaginaba —Alvar se puso de pie inmediatamente y corrió a esa dirección para ponerse sobre la carretera y poder detener el automóvil, que se trataba de una camioneta de carga y cuya plataforma de carga estaba cubierta por una lona para evitar que lo que transportaban se ensuciara o mojara, lo que dejó claro que venían o se dirigían a lugares donde la lluvia era abundante. La camioneta se detuvo al ver a Farías frente a su camino. Alvar se movió a donde la ventanilla del copiloto viendo a un hombre.

No pensé que por aquí hubiera gente —comentó el hombre ante el volante.

Hola, me preguntaba si podrían darnos un aventón a mí y mis compañeros.

¿Cuántos más? —preguntó el conductor.

Dos y dos… —no sabía que decir respecto a los dos Gum que los acompañaban — mascotas.

¿Mascotas? —Ahora quien hizo la pregunta fue el colega del conductor —¿Quién en su sano juicio tiene mascotas en estas circunstancias? Acaso… —no pudo continuar al ver a dos Gums acercarse a su camioneta. Sus rostros se tornaron completamente asustados ante los animales. Alvar, al percatarse de su miedo, informó:

No se preocupen, no hacen daño. Son domésticos —lo ultimo lo dijo no estando tan seguro de esa aclaración.

Hola, señores —saludó Osses haciéndose visible detrás de Alvar para acercarse a la ventana —¿Algún problema? Si es por los Gums, no hacen daño alguno, son muy amigables —sonrió.

¿So- son soldados? —preguntó uno de los hombres, inseguro.

No tenemos que ver nada con ellos —mencionó Farías.

Con esa afirmación, los dos hombres se miraron, después echaron un vistazo de reojo a los Gums y a continuación se volvieron a mirar, casi enseguida miraron a las tres personas, en particular a Iara que acariciaba con cariño y gran confianza a Arco, de nuevo se volvieron a mirar y el copiloto se encogió de hombros diciendo:

Yo no sé, es tu camioneta.

Solo necesitamos un pequeño aventón, salir de estas tierras secas, si nos dejan moriremos y en su conciencia quedará nuestra muerte —dijo Farías un tanto impaciente al no llegar a nada.

¿Nos están amenazando?

No, claro que no —negó con las manos haciéndose para atrás—pueden dejarnos, no hay problema. Es su decisión.

De acuerdo —dijo al fin el dueño de vehículo —Suban atrás, los llevaremos hasta donde podamos.

Sometiendo una pequeña sonrisa, y sin perder más tiempo, los tres junto con los animales, se subieron atrás en la cajuela de la camioneta, y se acomodaron entre varias cajas de madera que quién sabe que llevarían adentro, los únicos que lo sabían eran los dos hombres de la cabina. También notaron que al fondo, recargado en la pared que daba a la cabina, había dos botes de 10 litros que contenían gasolina para poder alimentar el camión cuando fuera necesario, así que esos hombres eran muy precavidos y el conductor manejaba bien, pues ellos no sufrieron muchas sacudidas, así que pudieron relajarse y un par de horas después, miraron caer la noche sobre esa camioneta que no se había detenido para nada. Sin saber hasta donde los llevarían, —algo que no les preocupó mucho—cerraron por fin los ojos para descansar y poder recargar las energías que perdieron ese día.

 
Capítulo 13


El primero en abrir los ojos fue Sexto, notando que el cielo estaba iluminado totalmente por la estrella mayor, lo cual se le hizo extraño ya que su reloj biológico lo despertaba antes de que eso sucediera, pero no debió de ser tan raro tomando en cuenta que el día anterior fue pesado por estar al sol por mucho tiempo y eso provocaba que, aunque el cuerpo no hiciera nada físico, se cansara de igual manera debido a que sudaba y se quemaba produciendo el desgaste de muchas energías. También noto que el automóvil seguía marchando. Miró a su alrededor posando con brevedad su mirada en sus compañeros que aun no despertaban. Iara dormía echa una bolita en el suelo junto a un par de cajas. Alvar se encontraba recargado en la parte del camión a un lado de los botes de gasolina. Él había dormido en la misma posición con la diferencia de que estaba recargado a un lado de la puerta del gran cajón de la camioneta. No vio a Arco o a Impulso, pero eso no le extraño ya que sabia que se habían salido afuera, porque a estos animales no les gustaban los lugares cerrados y no los culpaba, él también se sentía claustrofóbico, y detestaba estar por mucho tiempo en lugares cerrados.

Mas no pudo hacer nada sino esperar a que sus compañeros despertaran. Un par de horas después los tres pasajeros empezaron a sentir como el vehículo disminuía su velocidad hasta detenerse completamente. Desde donde estaban escucharon que las dos puertas de la cabina se abrían al mismo tiempo e igual, sincronizaron al cerrarse. A continuación el compañero del dueño del camión se asomó por el espacio libre de la puerta.

Hacemos una pequeña parada aquí. Vamos a cargar el tanque. ¿Podrían pasarme uno de los botes? —apuntó el objetivo bajando la puerta. Alvar tomó uno de esos botes de combustible, se lo paso a Iara y ella se lo dio a Sexto, quien ya había bajado de la camioneta y el último se lo dio al hombre.

Gracias. Mientras llenamos la camioneta, pueden pasear o comprar algo de aquí… ¿Y los animales?

No les gustan los espacios cerrados, tal vez salieron por aire —comentó Sexto mientras observaba a Farías bajar de la camioneta. Después desvió su mirada al pueblo pensando que era una perfecta oportunidad para comprar algunas cosas y lo que más les urgía, era el agua. El lugar se veía mucho mejor que el ultimo que visitaron. Muy tranquilo.

Sexto volvió su mirada a la camioneta para ver a Iara sentada en la puerta que seguía abajo, con rostro mirando al suelo, serio y triste por algo. Se acercó a ella, pues ya sabía la razón de su tristeza.

No te preocupes —ella levantó su vista a Osses —Arco e Impulso están bien, saben que no pueden estar entre la gente debido al pánico que les tienen, están escondidos y cuando nos vayamos, regresarán.

Conque es eso —intervino Alvar acercándose a ellos —¿No sería mejor para nosotros si no regresan?

Ante ese desagradable comentario, Sexto miró a su compañero violentamente, después lo ignoró para prestar su atención a lo más importante, así que se puso en posición para cargar a Iara y así llevarla a que se consiguiera un par de calzado nuevo, ya que les urgían, tanto a ella como a Sexto.

Farías se limitó a observar. ¿Acaso los Gum podían distinguir entre odio, rencor o amor? ¿Era verdad que esas criaturas utilizaban su cerebro más que su instinto animal? Alvar desconocía todo respecto a eso, pero pensándolo detenidamente, los Gum eran seres vivientes… respiran, piensan, distinguen… sufren, sienten. Sienten. Los Gum sienten dolor, hambre, tristeza, sienten soledad… Eso hizo que recordara algo que no había pensado con detenimiento y mucho menos ahora que había salido del Punto Negro.

Dame una oportunidad…” Esas palabras se le vinieron a la mente. Esa frase que el 68-F4 ¡No! Impulso, le hablaba por medio de sus sueños, de sus pensamientos. Cada vez que dormía y despertaba, era con esas palabras. Ahora lo recordó con intensidad, esa voz que nunca reconoció y que ni siquiera estaba seguro que se tratara de una voz humana, pero que entendía y le decía:

Dame una oportunidad Alvar. Ahora somos uno. Debemos conocernos. Trabajar juntos, familiarizarnos, porque ahora somos uno Alvar. Uno”

La primera vez que las escuchó fue aquel día que despertó de golpe cuando le implantaron el chip y había tomado esa bocanada de aire, y desde ese entonces, la frase había estado en su cabeza, sin embargo, sus recuerdos mismos la habían ocultado, pero ahora lo comprendió, que el Gum quería ser… amigo de él.
Alvar empezó a tener un dolor agonizante detrás de su cabeza, el mismo dolor infernal que no había sentido desde que empezó esta nueva vida. El dolor le incrementó tan drásticamente que en cuestión de segundos lo hizo arrodillarse. Dejó salir un atormentado grito como desahogo.


En el Punto Negro, el capitán Llamas se levantó bruscamente de la silla que siempre tomaba cuando veía a su equipo designado, entrenar, mientras checaba algunas cosas. Sus subordinados dejaron de hacer lo que hacían a la reacción de su capitán, quien se veía asombrado de tal manera que su rostro se volvió pálido, y miraba detenidamente un aparato que estaba sobre la mesa pequeña donde dejaba la taza de café o sus bolsas de zanahorias.

Ahora vengo —informó y con prisa salió de la habitación de entrenamiento como alma que lleva el diablo, olvidando sus zanahorias, lo que fue algo sorprendente, porque nunca salía sin ellas, sin embargo, no olvidó llevarse el aparato que con estupor, observó. Todo su equipo dirigió su mirada al reloj, observando que faltaban un poco más de 30 minutos para que la preparación del día terminara. Eso provocó que en el cuarto se escucharan murmullos de los presentes.

Es extraño que se fuera a estas horas.

No se llevó su bolsa de verduras.

Bueno, bueno —aplaudió el teniente Smith para llamar la atención de su gente alborotada —Debemos seguir con lo nuestro.

El comandante Fontana en su oficina, estaba hablando por el teléfono con su secretaria, quien le había llamado para notificarle que el capitán Llamas estaba frente a ella y que pedía verlo para hablar de algo extraño y que el hombre se veía sobresaltado.

Déjalo pasar —dio la orden colgando el instrumento en su respectivo sitió.

Cuando Llamas entró a los aposentos de Fontana, se puso frente su escritorio.

¿Por qué tan exaltado, capitán? —Preguntó extrañado Jeremías —Parece que vio a un fantasma ¿o algo peor? —rió ante su comentario, lo cual no le pareció gracioso por ningún lado a Llamas.

Podría decirse que vi algo similar. Es sobre Farías.

¿Ariel? ¿Qué sucede con él?

No me refiero a él, sino a su hermano Alvar.

Quedó desconcertado al escuchar lo ultimo, ¿hablar de Alvar? Pero, ¿qué más podía decirle? Alvar estaba muerto. Dejó que el capitán continuara con la explicación. Llamas le mostró el aparato mostrándole un radar y continuó:

Vera, el radar muestra el chip de Alvar.

Efectivamente, Jeremías pudo notar que en la pantalla, se mostraba el código de Alvar, lo que sí era sorprendente, porque en los días pasados, el radar no lo había detectado y cuando no había detección, era porque el cerebro del Controller ya no funcionaba, estaba muerto.

¿Eso es posible? Alvar esta muerto. ¿No se trata del Gum que controlaba?

No lo sé. Pero el código es de Alvar. El 68-F4 ¿también tiene uno?

El comandante tomó de nuevo el teléfono y marcó un número, haciéndole a Llamas la señal de que esperara un minuto. Tendrían que preguntarle a un especialista.


Sexto había bajado a Iara al suelo para dirigirse de inmediato con su compañero. Alvar aun se encontraba de rodillas, pero el agudo dolor, así como llegó, ya comenzaba a esfumarse.

Alvar ¿Qué te sucede? —preguntó Osses cuando se hizo paso entre la gente que en un santiamén había rodeado a Farías para poder verlo, como si se tratara de una exhibición.

Al escucharlo, Alvar rió en su interior. No se encontraba bien ¿Por qué la pregunta? ¿Acaso se veía bien? Sexto trató de ponerlo de pie. El dolor ya no era agudo, se estaba desvaneciendo lentamente, había durado poco, como los que tenía en el Punto Negro, pero le había dolido mucho más.

Solo quería una oportunidad —susurró sin que Sexto lo escuchara —Me siento mejor —dijo a su compañero, después dirigió su mirada a la multitud hasta que ubicó a Iara, quien tenia sus pies desnudos, ensuciados por la inmundicia de la calle —Debemos ir por el calzado de Iara.


Ernesto, uno de los encargados de los laboratorios de los Gum, llegó a la oficina de Jeremías, y el comandante rápidamente le explicó la situación —el código de Alvar había desaparecido del radar durante días, pero ahora aparecía — entonces la pregunta era, ¿a los Gum también se les implanta un chip con localizador?

A los Gum no se les implanta uno—respondió Ernesto —solo a los Controller, debido a que ese chip de humanos es mucho más fuerte y especial, estos solo se leen en los radares.

Si es así, ¿como es posible que hace unos segundos se encontró la localización del chip de Alvar Farías, un soldado deshabilitado? La primera vez no se encontró y ahora por unos minutos, volvió su señal —Jeremías rió ante tal pregunta —Los Controller que no señalan los localizadores es porque mueren ¿No es así?

Antes de contestar, Ernesto meditó.

Eso es verdad, pero sabe, usted conoce el “deshabilitador de chips” ¿verdad?

Si, es un aparato que por ley, capitán y teniente de cada equipo de trotamundos debe tener, para poder desactivar el chip de un Controller que tiene problemas con su Gum antes de que sufra un derrame cerebral.

Efectivamente. Me dicen que Alvar apareció de nuevo en el radar cuando anteriormente se creía que estaba muerto, pues eso quiere decir que su chip se desactivó con un “deshabilitador”. Existe la posibilidad de que no esté desconectado completamente, solo se disminuyó su energía.

¿Con un deshabilitador? —El comandante pensó por unos segundos —¡Eso es imposible! —Golpeó desesperado el escritorio al no entender algunas cosas —solo los trotamundos tienen uno de esos… —guardó silencio al recordar cuando Alvar entró a su oficina para informarle que quien lo había atacado, había sido una persona que controlaba un Gum y pensó que era un espía que plagió la idea del Punto Negro, pero no se trataba de eso. Tal vez ese tipo del que habló Alvar se trataba de un trotamundos que se había revelado, aunque no tenía conocimiento de que alguién hubiese desertado, pero de ser así, ahora todo lo entendía mejor. Debió de haber tomado medidas para capturarlo lo más rápido posible aquella vez, pero solo se había limitado a ignorar a Alvar.

Comandante —escuchó la voz del capitán Llamas —Tenemos que tener en cuenta que nunca se encontró el cuerpo de Farías.

¡Maldición! —musitó enojado, tampoco habían encontrado el cuerpo de Alvar, pero había pensado que como había salido del Punto Negro solo, en mal estado y nunca supieron hasta dónde había conseguido llegar, además de que en el radar no se pudo localizar y como les fue imposible abarcar los pueblos de la Colonia B, dieron por muerto a Farías y su cuerpo desparecido, sin posibilidad de sobrevivir por su gravedad detectada mediante los estudios que le habían hecho. Ahora lo que lo intrigó, fue el deseo de saber por qué nunca había regresado si es que estaba con vida. Era su hogar… Pensó un poco en la situación. ¿Qué planeaba Alvar? ¿Por qué dejo el Punto Negro? ¿Se volvió un traidor? —Puede retirarse Ernesto —dijo al especialista y una vez cruzó la puerta dejándolos solos, Jeremías se dirigió a Llamas —Capitán, ¿en que zona estaba la ubicación de Alvar? Voy a mandar a alguien a ese lugar.

En el sector E27, H32 para llegar a la Colonia G.

Era en lo único que podía pensar, traer de vuelta a Farías para tener explicaciones. Además, no podía dejar de pensar en que estaba con un posible Trotamundos desertor, y quería saber quién era ese desertor. Quizás ambos habían planeado algo… acaso… un Trotamundos… No estaba seguro de nada, pero si existía un Trotamundos desertor ¡Eso era grave! tenia una mala sensación de todo eso.


Llegaron a una tienda e Iara empezó a buscar unos zapatos para su comodidad. Alvar y Sexto estaban esperándola afuera. El primero sentado en el suelo y recargado en la pared y el segundo, sentado en un tronco de madera. Alvar se sentía mucho mejor, el dolor de cabeza había desaparecido, pero la secuela de dolor estomacal y de náuseas aun los tenia presentes.

Ellos sienten —mencionó Farías. Sexto no sabia de que hablaba, pero lo dejó continuar —Los Gum sienten e Impulso quería ser un amigo —sonrió al decir lo último. ¡Ah! Si se escuchara.

Es obvio, son seres vivos.

Así es, creía que solo eran criaturas tontas sin sentimientos ¿Por qué no pensé en eso detalladamente?

Porque te criaste en un lugar como el Punto Negro.

No hay nada más haya del Punto Negro” ¿A qué se refirió su padre con esas palabras?

Bueno, mucho descanso —Alvar se puso de pie —iré por las cosas que nos hacen falta.

Las cinco personas subieron a la camioneta cuando compraron e hicieron todas las cosas que debían hacer. Con eso viajaron a la ciudad principal de la Colonia G, donde era el destino de la camioneta.


Aproximadamente tardaron un par de días en que los Trotamundos llegaron a la zona donde el chip de Alvar Farías había sido marcado. Los destacados camiones del Punto Negro, con el distinguido sello de la fortaleza, arribaron al pueblo, los soldados bajaron de los automóviles y sin demora, empezaron a esparcirse por todo el lugar para preguntar si habían visto a alguien controlar un Gum o a cierta persona, enseñándoles una fotografía de Alvar de cuando era un poco más joven. En la foto tenía 19 años, mas no tuvieron respuestas positivas y los pueblerinos negaban con la cabeza o simplemente decían: No.

Los Trotamundos comprendieron que habían llegado tarde. Al parecer, Alvar no se mantenía en un mismo lugar, lo cual era una desventaja para ellos. La pregunta era ¿A donde había ido? ¿Al Norte, Sur, Este, Oeste? Tendrían que esperar las nuevas órdenes del comandante en jefe, quien tendría que esperar que nuevas coordenadas de Alvar aparecieran en el radar... si es que volvía a dar señales de vida.



Capítulo 14

El camión de carga empezaba acercarse a la Colonia G. Iara, Sexto y Alvar se morían de ganas de bajar de la cajuela, pues ya se sentían muy adoloridos por estar sin ejercicio durante todas  esas horas que se habían convertido en días y solo habían bajado cuando tenían que atender sus necesidades biológicas, lo cual trataron de que no fuera muy seguido para no incomodar a sus amables transportadores, quienes viajaban de manera muy cómoda  y preferían no tener la más mínima idea de lo que se sentía viajar atrás. De cualquier modo, no podían quejarse ya que habían sido ellos los que habían pedido un aventón, así que lo único que podían hacer, era aguantar esas condiciones por el tiempo que fuera necesario.

El transporte se detuvo y los tres viajeros bajaron de la camioneta y de lo primero que se percataron y que los dejó admirados, fue una enorme instalación tan alta y ancha que no pudieron alcanzar a ver el final de arriba, ni ninguno de los lados. La Principal de la Colonia G era famosa por esa instalación, un edificio que abarcaba kilómetros y kilómetros de terreno. Constaba de cuatro niveles, cada nivel tenía muchos metros hacia arriba, y cada nivel era un pueblo. La estructura del interior era parecida a cualquier ciudad, con carreteras, caminos y camiones de pasajeros que trasladaban a la gente de un extremo a otro. La característica de los vehículos era que estos no funcionaban con motor de gasolina por motivo de la contaminación puesto que la Principal era una instalación cerrada completamente, así que se habían fabricado motores que funcionaban con energía magnética.  Los cuatro niveles contaban con un sistema de elevadores que permitían ascender o descender a los habitantes. Los elevadores habían sido hechos con gran comodidad ya que aparte del gran tamaño, contaban con cómodos asientos.

Los tres compañeros dejaron atrás a sus amables  transportadores que los habían conducido hasta este impresionante lugar, para buscar por donde ingresar a la Principal y después de caminar un poco, se toparon con una enorme puerta que estaba conectada a las instalaciones y las que al parecer, nunca estaban cerradas, pero al observar con atención, descubrieron que había guardias para no dejar pasar a cualquiera que, a su vista, se mostrara sospechoso, por lo tanto, trataron de actuar con normalidad y a pesar de que los tres estaban vestidos de manera sucia y dando toque de vagabundos, no les fue difícil entrar.  Los guardias solo se limitaron a observarlos y ellos agradecieron en silencio que se les permitiera la entrada a... vagabundos.

Una vez adentro, se detuvieron para observar que la gente se movía de aquí a allá en mucha actividad. Unas personas montaban en sus bicicletas, otros estaban paseando en el camión pasajero y algunos andaban a pie. Se podían ver casas, negocios, escuelas, cosas comunes y corrientes de cualquier pueblo, la única diferencia era que estaban adentro, iluminados por luces artificiales, algo similar con el Punto Negro, a diferencia que aquí había más pisos y una que otra pared tenía vidrios blindados para mayor visión y protección.

—Es maravilloso este lugar —mencionó Iara asombrada  y sin dejar de prestar atención a su alrededor —¿Cómo es posible que este lugar no se caiga con el peso de las construcciones y los de seguro, miles de personas?

Nadie respondió inmediatamente. Para Sexto, lo que observaba era un mundo nuevo, nunca había estado parado en un lugar semejante, por ello parecía haber hechizado su mirada, porque no podía apartarla de todo eso. Por otro lado, Alvar estaba igual de sorprendido, pero no a tal magnitud de sus compañeros. La principal la había visto anteriormente por medio de videos que le enseñaron cuando estaba en la escuela. Su vista se deleitó más al verlo en vida real, lo que nunca pensó que pudiera ocurrir.

—Sus cimientos se hicieron con hierro forjado y reforzado con otros metales resistentes —comentó a sus compañeros de lo que recordaba de las clases —, como bases tienen pilares del mismo material ubicados en un punto específico para que las toneladas de los pueblos de arriba se soporten y no se derrumben. Además, la forma de “U” que tiene permite que el peso se estabilice, sin contar que está construida en un terreno conveniente. En pocas palabras, la Principal de la Colonia G es un lugar seguro, situada en una zona donde no hay riesgo de inundaciones, terremotos, tornados, ni nada que sea de esa clase de peligros. La única amenaza sería la visita de una manada de Gums, seria incluso el final para la Principal. Es asombroso lo que el ser humano puede crear.

—El ser humano es inteligente —comentó ahora Osses —pero a veces sus propias “creaciones” llegan a ser un peligro para ellos mismos. Su pensamiento de ser Dios los ha llevado a matarse entre ellos —dejó su asombro y retomó el paso —Vamos a echar un vistazo a ver si encontramos un lugar donde hospedarnos.

Al caminar por las calles notaron como la gente estaba vestida de una manera elegante a pesar de que solo salían a asomarse a las puertas. En otros lugares, a los pueblerinos con dinero se les podía ver con simples ropas que conseguían en las tiendas de venta e intercambio.

Entre la confusión de no conocer, distinguieron a alguien que habían conocido anteriormente. El joven Adrien se acercó contentó y les dedicó  su amistosa sonrisa mientras los saludaba.

—Hola chicos, me sorprende verlos por aquí —les dijo a una distancia prudente.

—Hola Adrien, ¿vives aquí?

—Efectivamente — la respuesta no les sorprendió mucho, pues la última vez que lo vieron habían notado que llevaba una prenda distinta, de la clase que observaban aquí, debieron suponer entonces que era originario de la Colonia G. El joven continuó: —Díganme ¿tienen dónde descansar? —preguntó interesado y juzgando por su mirada, estaba ansioso que dijeran que aún no lo tenían.

—Estábamos buscando uno —respondió Farías volviendo su mirada a los distintos lugares de ese lugar —Es un lugar amplio y por tanto nos perdimos.

—Eso es muy cierto —estuvo de acuerdo el joven—este sector solo renta lugares caros, por una noche les costaría entre 6 y 8 grandes.

—¡Solo por una noche! —dijo anonadada Iara. No podía creer que por una noche de descanso cobraran tanto dinero, lo que indicaba que ahí era un lugar donde la gente con dinero vive cómodamente.

—Pero no se preocupen por eso —tomó la palabra Adrien divertido por la reacción de Luna —como ustedes son invitados especiales y conocidos míos, puedo hospedarlos en un sitio gratis.

—No queremos ser una carga —comentó Osses no muy contento.

—Eso no es problema, soy hijo de la familia Lemoine, la cadena más grande de hoteles de la Principal. A menos que deseen viajar a otro pueblo de la Colonia G, pero les tomará muchas horas llegar al más próximo.

—Bueno, si no es una inconveniencia—murmuró Osses apático.

—Debemos aprovechar la generosa invitación de Adrien, Sexto —opinó Iara —seria mal educado si no la aceptamos.

Sexto no tuvo más remedio que ceder, y la extraña sensación que sentía, se hizo más intensa. Era la primera vez que alguien era tan amable y eso lo hacía sentirse desconfiado, pero el joven se veía buena persona, así pues los tres lo siguieron. Adrien los guío hasta uno de los muchos ascensores que con sus sillones, invitaba a los pasajeros que viajaban, a ponerse cómodos en ellos. El destino de Adrien y sus invitados era el último nivel,  por lo tanto, tardaron varios minutos en ascender.

Al llegar al cuarto nivel, bajaron.  El joven Lemoine los dirigió hasta unas instalaciones brillantes y luminosas. Desde la entrada se podía observar que estaban diseñadas de extravagantes dibujos en las paredes y en los pilares. Al entrar a las instalaciones, Adrien,  se adelantó un poco y ellos se detuvieron para observarlo acercarse a un hombre que estaba detrás de un enorme escritorio y a juzgar  por su vestimenta tan bien arreglada, supusieron que se trataba del recepcionista. Miraron al empleado asentir varias veces y a continuación le entregó al joven un par de llaves.

—Listo —les  dijo volviéndose a ellos al tiempo que les regalaba una de sus mejores sonrisas —pueden entrar sin ningún problema —los invitó a seguirlo caminando por un pasillo, luego, deteniéndose, apuntó una puerta que rezaba el número 32 —Su cuarto será este chicos, el de Iara será otro debido a que es mujer.

—Eso sería lo más correcto —asintió Sexto, enseguida Lemoine le entregó la llave de la habitación y con eso, se fue a guiar a Luna a su cuarto.

Al abrir la puerta de la habitación, lo primero que los hombres notaron fue que era muy  espaciosa,  limpia y bien ordenada. Había dos camas matrimoniales, adornadas con una sobrecama con un bordado muy elegante.  Se sintieron sobrecogidos por el lujo. Sin duda alguna, habían llegado a la tierra de los reyes. Lo que hicieron después, fue acostarse cada quien en una cama y casi de inmediato el deseo de cerrar los ojos y así desaparecer por un tiempo lo que estaba a su alrededor, los dominó. Alvar se puso boca arriba  y recorrió con la mirada el techo. La sensación de una cómoda cama y todo lo que lo rodeaba, hizo que recordara su humilde cuarto del Punto Negro, y al mirar el techo le trajo a su mente el recuerdo de aquel agudo dolor que lo atormentaba haciéndolo recostarse en su cama y lo único que podía ver era aquel otro techo, el de su humilde cuarto, porque no podía levantarse a causa del dolor, así que debía permanecer allí acostado.

—Oye Sexto —giró a su derecha para ver la otra cama observándolo ya dormido, se había dejado abrazar por completo del dios del sueño tal y como había caído sobre la cama desde el principio.

Alvar también sentía la necesidad de dejarse abrazar, cerrar sus ojos y despertar hasta el nuevo día, pero sus deseos de ducharse con agua caliente eran más intensos, así que  aprovechando que estaba en ese lugar, no debía dejar de cumplirse ese deseo. Se paró de la cama y se dirigió al cuarto del baño, el que era tan grande como la habitación. ¿Por qué hacían las cosas tan grandes? Se preguntó al ver lo innecesario y desperdiciado espacio, de ese lugar podían sacar tres baños grandes y completos. Ignoró el hecho pues esa no era su propiedad. Mejor se concentró en darse esa deseada ducha.

Farías pasó su mano sobre el espejo para limpiar el vidrio empañado cuando salió de la ducha. Quería pasar más tiempo bajo el agua ya que ese había sido el baño más refrescante que tomó en su vida, pero no lo hizo porque no quería abusar de la propiedad que no era suya, además de que debía dormir. Volvió a pasar su mano al espejo pues el vapor volvió a empañarlo. En lo poco que alcanzaba a percibir antes de que el vapor hiciera de las suyas, notó que su rostro se veía más bronceado. El sol era mejor que una maquina bronceadora. Sus ojos estaban acompañados por unas profundas ojeras, pero eso era porque últimamente se levantaba muy de madrugada, aunque a pesar de eso, no se sentía muy agotado o mal descansado como cuando vivía en el Punto Negro, donde a pesar de que descansaba las horas requeridas, le era difícil levantarse por las mañanas. Notó su cabello un poco más largo de lo que recordaba, también vio una cicatriz sobre su ojo derecho y se la tocó suavemente con las yemas de sus dedos. Sin duda alguna se trataba de la marca que se había hecho cuando se encontró por primera vez a Sexto. Eso le hizo recordar a su médico Dana ¿Qué sería de ella ahora? Recordó a su hermano ¿Qué sería de él ahora? ¿Qué sería de Punto Negro?

Puso sus manos en la orilla del lavamanos. ¿Por qué no había regresado cuando pudo hacerlo? ¿Por qué aún se hacia esas preguntas a pesar de llevar semanas lejos de ese lugar? Era inevitable dejar de pensar en el Punto Negro, el lugar que lo vio nacer y crecer, el único lugar que hacía semanas, era el único hogar que conocía, pero ahora, su hogar eran las llanuras, los bosques y las colinas. La naturaleza eran las paredes de ese hogar y el cielo su techo.

Salió del baño con la toalla que usó para secarse, amarrada a la cintura. El baño lo había descansado, pero no lo suficiente para no dormir. Se dio cuenta que Sexto no se encontraba acostado en la cama, pero tampoco se veía por la habitación, había salido ¿A dónde? Quién sabe. Alvar se acercó a la cama y sobre ella situó la ropa que había usado, no quería volver a ponérsela ya que estaba muy sucia y la otra que tenía guardada, no estaba en las mejores condiciones, pero sí un poco más decente. Simplemente no le agradaba la idea de haber tomado un baño y luego ponerse la ropa que había usado. Antes de tomar la mochila para buscar la otra muda, escuchó que alguien tocó la puerta, Alvar se dirigió a esta para abrirla preguntándose si se trataría de Sexto que había olvidado la llave, sin embargo no era así. Quien estaba del otro lado era el joven Adrien, quien al ver a Farías comentó sorprendido.

—¡Oh! Pero que pectorales tan definidos.

—¿Se te ofrece algo? —preguntó incómodo por la observación, mientras observaba que el joven le mostraba un par de bolsas que contenían ropas limpias.

—Me imaginé que necesitaban ropa, así que les traigo estas, una es para ti y la otra para Sexto —se las entregó —¿No tienes ropas que quieran que les mande a lavar?

—Si.

Alvar se adentró de nuevo a la habitación y Adrien se quedó en el pasillo.  Se acercó a la cama de Osses y colocó sobre esta la bolsa que mandó Adrien, observando a un lado la mochila de Sexto y pensó que podría darle las ropas sucias de él, pero no quería meterse en problemas por andar hurgando en sus cosas, así que mejor no. Cuando él regrese de quién sabe dónde, que personalmente le entregue sus ropas a Lemoine. Se acercó a su cama, tomó la mochila y sacó algunas cosas de ella a excepción de la muda de ropa que pensaba ponerse y metió allí la que se había quitado, luego, se volvió al joven para entregarle su pertenencia.

—¿Y la de Sexto? —preguntó el joven extrañado al no ver la mochila de Osses y se asomó a la habitación —¿No tiene él ropa sucia?

—Él ahora no está, creía que estaba durmiendo, pero creo que me está evitando.

Adrien asintió y se fue. Farías se puso la prenda interior dejando el resto sobre una silla, bostezó y se metió después en la cómoda y atrayente cama.


Al día siguiente, Alvar se levantó dándose cuenta que la cama de su lado seguía igual a como estaba ayer, dando a entender que Sexto no había dormido allí. Se alistó para bajar al primer nivel cuando tampoco encontró a Adrien por ningún lado, ni a Iara, sin embargo, el que le preocupaba era Sexto. No había pasado la noche en la habitación, así que lo buscaría, aunque no tenía idea de donde lo encontraría.  Un pensamiento le vino de pronto. ¿Acaso Sexto se había ido de allí dejándolo solo?

Descendió en el elevador, pensativo y ya en el primer nivel, empezó su búsqueda no muy feliz. El lugar era grande y había mucha gente, no podría encontrarlo tan fácil. Podría esperarlo en la habitación, pero tampoco quería estar ahí, aburrido sin hacer nada. Por alguna extraña razón caminó hasta la puerta grande de la Principal, por la que habían ingresado ayer. Cerca de la puerta, la gente era menos y Alvar lanzó un suspiro de alivio. Tanta gente casi le provocaba un infarto. La Principal de la Colonia G tenía muchos habitantes. De pronto, entrecerró los ojos al distinguir de lejos a dos personas conocidas,  y se dio cuenta que se trataban de Sexto e Iara. Osses tenía la misma ropa de ayer, pero Iara llevaba ropa nueva, así que ella sí había dormido en el hotel. Notó que la joven se apartaba de él para dirigirse a las entrañas de la Principal. Alvar empezó a caminar para acercarse a Sexto, quien hizo lo mismo al verlo.

—No dormiste en el hotel.

—No me sentí cómodo —comentó —no estoy acostumbrado a estar encerrado. No entiendo como la gente puede vivir en un lugar como este, donde todo es ficticio, parques de mentiras, luces artificiales.

Era obvio que se sentía de esa manera,  pues quien sabe cuántos años había estado viajando solo y fuera de Colonias,  por lo tanto, no le gustaba estar con la multitud —ya ni siquiera a Alvar, que vivió rodeado de gente —y en un lugar que estaba dentro sin aire fresco, aunque tenían sus purificadores de aire. Alvar comprendió su sentir.

—Salí para ver como estaban Arco e Impulso —continuó Osses —En el alba me encontré con Iara quien estaba buscando a los Gum —miró al horizonte —Es increíble como los Gum fueron atraídos por ella. Iara es una chica muy agradable y amable y eso lo sienten los Gum, perciben el sentimiento humano. Son unas criaturas muy  inteligentes.

—Eso es correcto —confirmó Alvar —Es por eso que atacan a la gente que les tienen miedo y odio ¿Cierto?

Sexto no respondió nada, se mantuvo callado. Después de un momento de silencio incómodo, dio la vuelta para ir al hotel.

—Voy al cuarto.


Capítulo 15

Alvar vio a Sexto desaparecer entre la gente. Al quedarse solo, vio ahora como una persona forcejeaba con una señora mayor para quitarle el bolso y arrebatándoselo, echó a correr para huir con lo hurtado.

—¡Ayuda, ayuda, me han robado! —gritó a todo pulmón la mujer.

Si bien era verdad que ese lugar se veía pacifico, era claro que fuera donde fuera, siempre había gente que robaba a los demás. Alvar inmediatamente corrió tras el malhechor.

—¡Oye tú! ¡Detente…!

Ambos corrieron esquivando a la gente. El ladrón de vez en cuando volteaba hacia atrás para mirar si había perdido de vista a su perseguidor, acelerando su paso al notar que no era así. Se frustró  cuando se dio cuenta que no podía perderse del sujeto aquel que tampoco cedía en su carrera y lo llevaba ya pisándole los talones. Alvar le dio alcance y tomándolo por el cuello de la parte de atrás de su camisa, lo estiró con fuerza provocando que el hombre  se fuera de espalda cayendo al suelo, golpeándose dolorosamente al dar contra el asfalto, soltando de esta manera la bolsa. El hombre colocó sus brazos sobre la cabeza al pensar que su perseguidor iba a darle un puñetazo al verlo inclinarse,  pero Farías lo ignoró y solo se había inclinado para recoger la bolsa que pertenecía a su dueña y al levantarlo, aprovechó para lanzarle al ladrón una mirada seria, llena de advertencia al mismo tiempo que le decía:

—No gastaría mi tiempo en ti. Me llevo esto.

Al levantar su vista y alejarse un poco del ladrón, observó a un grupo de gente uniformada, notando por esos uniformes que eran la autoridad de la Principal. Estos hombres se acercaron a Alvar para tomarlo de los brazos al creer que él era el perpetrador.

—¡Hey, esperen! —Forcejeó para soltarse e intentó explicarse, pero éstos no lo tomaron en cuenta —El sospechoso está por ahí — movió su cabeza para mostrar dónde, pero se encontró con la desagradable sorpresa de que el ladronzuelo se había levantado y huido inmediatamente del lugar.

Sin hacer caso de las palabras del hombre,  pues ¿quién creería en las palabras de un ladrón? se llevaron a Alvar a la jefatura de policía para poder interrogarlo y después darle su merecido castigo mientras la señora firmaba una solicitud donde indicaba que había recuperado su pertenencia. Alvar no podía creer que esa gente incompetente —que de verdad lo eran —hubiese ignorado al verdadero delincuente. Él solo había perseguido al sujeto para devolverle la bolsa a la dueña, de haber sabido que hacer el bien significaba ir a la cárcel, no lo hubiera hecho, ahora tenía que esperar sentado en una silla hasta que lo interrogaran y así poder decirles en su cara lo negligentes que podían llegar a ser.

A la oficina entró un hombre que Farías reconoció inmediatamente, la persona se sorprendió al ver a Alvar allí.

—Tú eres el mismo de aquel día.

—Y tú eres Duc —saludó Alvar sin importarle mucho.

—Soy Luc —el hombre miró a Alvar con ojos de desprecio y después dibujó una sonrisa venenosa en su rostro —Conque robarle el bolso a una mujer mayor. Sabía que de eso se mantenían, vagos.

—¡No soy de esa clase de personas! —gritó Farías ofendido, mientras los de la oficina dejaban de hacer su trabajo para dirigir sus miradas al detenido.

—Si no es así, ¿por qué estás aquí? —preguntó Luc enojado por la falta de respeto que Alvar mostraba a la instalación policiaca.

—¿Por qué tú estás aquí? —preguntó a su vez mirando desafiantemente a Luc.

—Soy hijo de uno de los oficiales a cargo —informó devolviéndole la mirada desafiante, no iba a dejar que un simple vagabundo como ese siguiera faltándole al respeto.

—Otro hijo prodigio —susurró, enseguida continuó —Traté de decirle a esos incompetentes…

—¿A quiénes llamas incompetentes? —Luc se sintió  muy ofendido —El único incompetente presente eres tú, ¡Mírate, estas aquí por robar! — no pudo dominar la voz que se elevó por la irritación. ¡Cómo se atrevía a ofender a los oficiales!  ¡Este tipo lo sacaba de sus casillas!

—¡Que yo no  lo robé!

—Aquí no se permite que la gente duerma en las calles —informó un poco más tranquilo, no debía perder los estribos y mucho menos por ese tipo que estaba delante suyo —lo  que significa que necesitas dinero para poder pagar algún hotel, los que están fuera de tu alcance, monetariamente hablando.

Alvar sonrió. Era una buena hipótesis y era verdad que no sabía que los hoteles eran tan caros, pero nunca cruzó por su cabeza conseguir dinero de esa sucia manera, de hecho, tenían planeado que si al principio no podían pagar uno, saldrían para dormir afuera de la Principal, puesto que no querían problemas de ningún tipo, precisamente como este en el que ahora estaba metido por culpa de las autoridades que demostraban ser incapaces de hacer bien su trabajo.

—Soy un invitado especial de Adrien —informó, para que por lo menos quedara claro que no necesitaba el dinero para un hotel, ya que Lemoine había sido amable de dejarlos descansar en un lugar repleto de comodidad, además de darles ropa nueva y lavar sus otras ropas.

—¿Adrien? —Se sorprendió —Eso es mentira.

—Si no me crees ve y pregúntaselo personalmente.

Era clarísimo que Tessier no le creyó, así que sin quitarles los ojos de encima a Alvar, se acercó a uno de los escritorios que estaba a su alcance y cogiendo un teléfono, marcó los números de la suite de Adrien, acto seguido colocó la bocina a su oído.

—Buenos días, comuníqueme por favor con Adrien Lemoine… Luc Tessier… Así es… Gracias.

A Alvar aún le costaba creer con quien se había encontrado en este lugar y si acaso pensó que tal vez pudieran encontrárselo, lo harían junto con el joven Adrien, pero resultaba que este sujeto era precisamente el hijo de un coronel, alguien del alto rango. Se dio cuenta que Luc dejó de hablar y devolver el teléfono a su sitio,  luego se acercó a él.

—Es verdad lo que me dijiste ¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó ahora con un tono más suave.

—Perseguí al ladrón al ver como huía con la bolsa de la señora, al atraparlo y tomar la bolsa para entregársela a la dueña sin intención de quedármelo, me arrestaron y me trajeron a la fuerza a este lugar. Con eso el verdadero culpable huyó en las narices de tus hombres.  

—Tienen mucho trabajo, estaban un poco despistados —se excusó de esa manera, Farías no dijo nada, así que mejor guardó silencio,  ya no quería discutir.

Adrien junto con Sexto e Iara se adentraron a las oficinas donde aún Farías seguía detenido.

—Luc, pudo haber un mal entendido con él —fue lo primero que dijo el joven al pisar el lugar.

—Si, es lo que acaba de contarme. Aunque puede que haya sido un cómplice —miró a Farías y después al joven —Tienes un corazón grande, un día de estos te van a robar.

—Entonces, ¿ahora estoy libre? —preguntó Alvar, que de toda esa plática, era lo único que le interesaba.

—Sí, puedes salir y ten mucho cuidado para la próxima.

Alvar se levantó de la silla donde todo ese rato estuvo esperando, pensando que no tenía que hacerle saber eso, porque para la próxima,  dejaría que las autoridades hicieran su trabajo y hablando de ello, un uniformado se acercó a Tessier y a este se le veía muy contento.

—Ya mero tenemos fiesta —comentó —La Torre Cristal esta en las últimas etapas en su terminación

“¿Torre Cristal?”

—¿Qué es esa torre? —preguntó Iara interesada, acercándose a los dos oficiales.

—Es un proyecto que puede salvar a esta comunidad. Está ubicada arriba de estas instalaciones —informó Luc señalando una pared al fondo  donde se encontraba colgado y enmarcado,  un plano de la mencionada torre.

“¿Dónde la he visto?” se preguntó Alvar haciendo memoria, ya que se le hacía familiar y la respuesta le vino tan rápido como lo había preguntado “La torre del pueblo B-0. La torre de la salvación, la esperanza del pueblo”, recordó las palabras de ese anciano. Alvar salió de sus pensamientos cuando escucho a Tessier continuar.

—Una protección contra los Gum.

—¿Existe algo como eso? —preguntó Iara mientras se acercaba poco a poco al plano enmarcado, por alguna extraña razón se le hacía algo familiar, el plano lo había visto en otro lado, pero  ¿dónde?

—Sí, existe —asintió Luc caminado a donde la joven —Hace dos años, un hombre vino a entregarnos el plano para empezar la construcción, se estuvo hasta que los cimientos se terminaron. Era un hombre inteligente, ¿Cuál era su nombre? Empezaba con O, era calvo y llevaba lentes… ¿Oswaldo? 

—Oscar —dijo la joven tartamudeando, quedándose atónita y tragando saliva terminó la pregunta que mostró que no era una afirmación la que hacía, sino una ansiosa interrogante—¿Su nombre era Oscar Luna?

—Oh, ahora lo recuerdo, Luna como la luna. Ese era su nombre. ¿Lo conoces?

—Si. Es mi padre —respondió en voz baja dando media vuelta para ponerse frente a Tessier, quien sorprendido por su reacción, sintió como ella lo tomó por los brazos y  muy desesperada, empezó a preguntarle: —¿Sabes dónde está? ¿A  dónde fue? ¿A dónde fue?

Sexto y Alvar se acercaron a los dos para retirar a Iara de Luc, el cual no sabía cómo reaccionar a tal situación.

—Iara, tranquila —pidió Sexto con voz suave para serenarla. Pero ella quería tener más información sobre él, su padre,  a quien por varios años no había visto y uno de sus grandes sueños era el poderlo volver a ver, aunque había días que creía que él nunca iba a regresar porque tal vez había muerto. Nadie sabía lo mucho que lo necesitaba, lo quería, lo extrañaba.

—Lo siento, no lo sé. Se fue y no supimos más de él —anunció Luc dándose cuenta de su sufrimiento. No quería decirle eso, quería decirle a donde había ido, pero esa era la verdad. Nadie sabía a dónde había ido y tampoco habían vuelto a saber de él.

La joven inclinó la cabeza, triste. Los demás no dijeron nada y compartieron su sentir, pues se imaginaron que no saber de algún familiar era algo doloroso. Sin saber si aún vive o si ya no lo hace.

Iara contaba con 6 años y su padre aún vivía con ella. Siempre había vivido con él y no recordaba nada de su madre. Desde que tenía uso de razón había carecido de recuerdos de ella. No existía ninguna imagen real de su madre en su mente. Con respecto a su vida, esa parte se quedaba vacío, completamente negro.  No podía dejar de preguntar a su padre sobre su madre, de cómo era, dónde estaba, qué le había sucedido, haciéndole esas típicas preguntas que un niño suele preguntar a su único padre que la cuida y mucho más para una niña que veía a sus compañeras de clase, como eran llevadas por sus madres o por los dos padres y a ella siempre la llevaba su padre. Solo su padre.

Su padre siempre evitaba esas conversaciones, preguntándole otras cosas o simplemente cerraba los ojos y después de un suspiro decía: “Quisiera que ella estuviera con nosotros” acto seguido, abría los ojos y con una sonrisa le decía otra cosa, nunca lo que ella quería escuchar.  Así que la pequeña Iara se limitaba a verlo, y poco a poco fue dándose cuenta que cada vez que le hacia esa clase de preguntas, él se ponía triste, pero ella se ponía igual al no saber nada de su madre. Quería saber de ella, necesitaba saber de ella, la extrañaba a pesar de que nunca la conoció, y era por esa razón que cada vez que su padre y ella se ponían tristes, subían a la colina para ver el pueblo de lejos y así poder despejar su mente de la tristeza. Esa era una buena forma de desahogarse.  Esa colina se había convertido en algo precioso para ellos y el recuerdo de la vista de la colina era como una joya, así como lo era el recuerdo de su padre, pues a ella le gustaba vivir con él, le agradaba, y amaba a su progenitor por dos, como padre y como madre, y él luchó por ser ambos. Siempre estarían juntos, o por lo menos, eso era lo que creía, hasta que sucedió aquello.

Una tarde, Oscar estaba ayudando con un trabajo de clase a su hija, sentados en la mesa redonda que contaba con solo dos sillas. Por la pequeña casa se escuchó que alguien tocaba la puerta. 

—¿Quién podrá ser? —Preguntó el señor Luna dirigiendo su mirada a la puerta —Debe de tratarse de la vecina. Vamos —tomó de la mano a su hija para bajarla de la silla y así poder ambos dirigirse a la salida.

La vecina era un apersona de edad avanzada, que siempre tenía problemas por algunas cosas de su casa, a veces iba por el señor Oscar para que le ayudara a cambiar alguna bombilla, para arreglarle el fregador que se tapaba con las sobras de la comida o arreglarle el refrigerador que no enfriaba y tan solo estaba desconectado. Por simplezas lo buscaban y a Oscar nunca le molestó eso, a fin de cuentas no le costaba nada ir a checar.

Al acercarse a la puerta se fijó para afuera por el mirador, como tenia costumbre e inmediatamente que observó se retiró de la puerta, sorprendido por lo que vio y sin ninguna duda de que no se trababa de la vecina. Tomó de nuevo la mano de su hija y la dirigió al cuarto donde estaban anteriormente, la cargó y la sentó nuevamente en la silla y acercándole sus cuadernos, le mencionó:

—Hija, sabes cómo continuar ¿verdad? Yo voy a hablar con unas personas que están afuera, espérame aquí, no voy a tardar ¿De acuerdo?

Sin más, volvió a dirigirse a la puerta principal, la  que tocaron de nuevo con más fuerza y así atender a las personas que lo buscaban. Iara observó a su padre y con cuidado se bajó de la silla para caminar hacia la puerta que su padre había dejado entre abierta. ¿Quiénes buscaban a su padre? Se asomó por la rejilla y no conoció a ninguna de las personas que estaban hablando con su padre. Una mujer en especial era la que hablaba y cuatro hombres se limitaban a escuchar la conversación detrás de ella.

—¿Entonces no puedes venir con nosotros? —preguntó la mujer, quien tenía los brazos cruzados y en su rostro se veía desesperación.

¿A dónde se iban a llevar a su padre? ¿Se lo iban a quitar?

—¿Sabes cuánto tiempo tardamos para dar contigo? —Continuó, su padre aún seguía escuchándola, negando con la cabeza con cada frase que decía —¡Oscar! Necesitamos a gente con tus talentos, no te hagas del rogar y vámonos.

—Lo siento —Oscar habló con tono serio mirando a la mujer fijamente —No puedo abandonar a mi hija, lo sabes muy bien, ella me necesita y es mi verdadera prioridad.

—No sigas perdiendo esta oportunidad —Oscar negó con la cabeza, la mujer se irritó por su comportamiento, no había muchas personas que fueran arquitectas y Oscar era uno de los mejores—. Déjala al cuidado de alguien más —elevó la voz.

—¡No puedo hacer eso! —Gritó indignado Oscar por pedirle semejante barbaridad, no podía creerlo, dejar a su pequeña hija al cuidado de alguien más, eso era de barbaros, ella era una despiadada —Aun es una niña, ¡debo estar con nuestra hija! No me pidas algo como eso —se serenó un poco y trató de tocar el brazo de ella, pero la mujer lo reusó —¿Por qué no vienes a vivir con nosotros? Conmigo y tu hija ¿Eh?

—Me niego —mencionó fríamente.

“¿Mi madre? Esa mujer es mi madre” No podía creer lo que había escuchado. Los había dejado, a los dos. Su propia madre no los quería. O ¿solo a ella?

Oscar se puso triste ante la fría reacción de ella. No tenía corazón. Abandonó a su hija y ahora le pedía que él también la abandonara.

—Trabajen sin mí —Mencionó al final con firmeza mientras se dio la vuelta para dejarlos a su espalda y entró a su casa cerrando la puerta casi en sus narices.

—¡Vendré de nuevo! —Gritó la mujer —¡Te convenceré de que vengas con nosotros!

Desde ese día Iara no volvió a preguntar nada sobre su madre. Ya no quería saber nada de esa mujer, además, supo que inconscientemente hería a su padre al estársela recordando, por lo tanto, Iara la olvidaría como ella lo había hecho con ellos.

—A mí padre se lo llevaron, lo querían porque era muy bueno haciendo planos. Una y otra vez iban por él, la insistencia era tal que un día no tuvo  otra opción de irse con ellos. Se lo llevaron —Alvar y Sexto estuvieron escuchando la historia de Iara.

—A mi padre también se lo llevaron de esa manera —comentó Sexto —Se negó dos veces y a la tercera se lo llevaron —comprendía a la perfección como se sentía la joven, experimentaba ese sentimiento de arrebato.

Por ahora debían descansar para poder viajar mañana en continuación de su viaje.


En el Punto Negro, Jeremías estaba comunicándose por teléfono con el capitán Campbell, un encargado de los cuatro equipos que había mandado a cerciorarse de que Alvar aún seguía con vida.

—Todavía no tenemos rastro de Farías, señor —comentó el capitán—, pero cada equipo fue a un punto cardinal para pasar por los pueblos principales de las Colonias.

—Sé que es difícil seguir el rastro a un fantasma. Tres días más Campbell, solo eso, si no lo encuentran lo daremos por muerto.

—Entiendo, señor.

Jeremías colgó, después escuchó que alguien tocó la puerta de la oficina.

—Adelante —su secretaria se presentó.

—Señor, todos lo están esperando.

Fontana se levantó de su asiento para dirigirse al cuarto donde lo estaban esperando, entre quienes se encontraban las personas más cercanas de Alvar. El comandante daría un discurso de funeral para despedirse como debe ser de un buen soldado —Era una ley en el Punto Negro que el discurso del funeral se diera semanas después, para dar margen a la búsqueda del soldado perdido, de esta manera podían declarar muerto con certeza al soldado— Así pues, Jeremías llegó hasta la habitación, se subió a la plataforma y poniéndose detrás de un atril, observó a la gente reunida, con sus rostros tristes, vacíos, el reflejo del dolor de una pérdida. Todo ese sentimiento se percibió en la atmósfera de toda la habitación, e hizo que a Fontana se le enchinara la piel.

—Este día —empezó a hablar el comandante—, estamos aquí reunidos para recordar a un buen hombre, un gran soldado, amigo y familiar. Alvar Farías, quien nació aquí en Punto Negro, fue un excelente ejemplo a seguir. Fue muy triste enterarnos semanas atrás que lo habíamos perdido. Damos un gran pésame a su familiar, quien cuenta con todo nuestro apoyo —con esas últimas palabras, Jeremías terminó bajando de la plataforma, dejando establecido que Alvar Farías, estaba muerto.

Ariel, quien se encontraba cerca de la puerta, salió rápido de esa habitación que lo ahogaba en cuanto terminó el discurso. Dana se levantó de la silla al notar su retiro, así que lo siguió. Al salir se dio cuenta que se había quedado en el pasillo. Ahora Ariel la necesitaba, así que se acercó para hacerle notar que contaba con ella, que le daría todo su apoyo, pues ella misma se sentía muy triste por la pérdida, pero sabía que Ariel lo estaba pasando aun peor. Después de todo quien murió, había sido su familiar. Su hermano.

—Ya no tengo nada. Ya no tengo a nadie—escuchó hablar a Ariel. Ella no sabía que palabras usar en esas circunstancias, lo mejor que podía hacer era escucharlo, escuchar su desahogo —Pienso retirarme de Médico.

Dana se sorprendió al escucharle decir eso.

—¿Por qué?

—Creo que es mejor para mí irme a otro sitio.

—¿Y adonde irías?

—He pensado vivir en el pueblo B-12, es un lugar algo pobre, pero es el pueblo de donde era mi madre.

—Si eso te hará sentir mejor, hazlo —sugirió, pero si era sincera, no quería que se fuera, ya que él había sido tan amable con ella desde siempre, lo estimaba mucho y no quería perderlo, mas no quería ser egoísta y si para él era mejor irse, iba a apoyarlo en su decisión.

Al día siguiente, muy temprano por la mañana y como había sido previsto, Alvar, Sexto e Iara, se reunieron con Adrien, Luc e Iván, este último mano derecha de Tessier, para despedirse de ellos.

—Es una lástima que se vayan tan rápido —mencionó el más joven —pero me alegró mucho que estuvieran por aquí.

—No se metan en problemas —aconsejó Luc,  en seguida se dirigió a Alvar—. En especial tú.

—Tomaré eso en cuenta. Oh, antes que se me olvide ¿no tendrán un mapa que nos regalen?

—¿Un mapa? No creo, no solemos usar eso —contestó Iván estando de acuerdo Lemoine y Tessier.

—¿Alguna brújula?

—¿Brújula? Creo que eso sí —Tessier se dirigió rápidamente a las oficinas de las autoridades. Después de unos minutos regresó trayendo en sus manos una brújula redonda, bastante antigua y se la entregó al que lo pidió, o sea, Alvar.

—Gracias —la observó para examinarla y conocerla mejor, pues nunca había tenido una en persona, pero sabía que no eran muy difíciles de usar. Volvió a odiar que solamente los Trotamundos tuvieran una tecnología de ubicación y dirección avanzada, pero para el resto de los mortales, esas cosas estaban prohibidas —vamos al sur.

—A la Colonia A ¿verdad? —inquirió Adrien y sus nuevos amigos asintieron.

Se despidieron de sus amigos de la  Principal, propiedad de la Colonia G y retomaron su camino, ahora más fácil al llevar una brújula encima. Antigua, pero funcional.


Capítulo 16

Iara y Alvar se encontraban sumergidos en la desesperación, pero el que lo expresaba aún más era Farías, quien caminaba de un lado a otro dentro de la cueva que utilizaban como refugio, pues desde los últimos dos días se habían resguardado ahí debido a que afuera estaba lloviendo muy fuerte. La cueva estaba húmeda y se podían escuchar las gotas filtrarse y caer sobre las rocas. Hacía cuatro días que habían salido de la Colonia G y en la zona donde se encontraban ahora, era registrada como el sector de las lluvias torrenciales y en cuanto entraron a esta zona, era bien poco lo que habían avanzado, por un día se la habían pasado refugiándose debajo de rocas sobresalientes al llegarles precipitaciones repentinas que duraron algunos minutos, pero de manera consecutiva, hasta que se vieron obligados a entrar a esa cueva cuando no dejó de llover. En realidad, la lluvia era lo de menos, lo peor fue cuando a la lluvia la acompañó el granizo, canicas grandes de hielo que caían desde el cielo y que los golpearía de manera dolorosa si se aventuraban a dejar la seguridad de la cueva.

Iara observó a Farías en su recorrido de un extremo a otro. Ella estaba sentada ante la fogata que Sexto había encendido. El joven de verdad demostraba capacidades de sobrevivencia que ellos desconocían y Sexto había buscado entre la vegetación una especie de arbusto cuyo tronco podía encender aun estando húmedo. El tronco tenía la cualidad de que la humedad de la lluvia no traspasaba su corteza, así que la joven agradecía el conocimiento de su compañero, pues gracias a ese, podía obtener calor de ese cálido fuego que además, alejaba la oscuridad de la cueva.

—Alvar, por favor, deja de caminar de esa manera, me estas poniendo nerviosa, además me mareas.

Alvar se detuvo y observó a la joven echa casi una bolita para ayudarse a obtener calor.

—Lo siento —ella tenía toda la razón, no debía de transmitirle lo desesperado que estaba, pero el no poder salir lo estaba volviendo loco. Tomó asiento en el suelo rocoso —Hemos estado aquí por dos largos días y bueno… —Alvar guardó silencio. En parte, su desesperación se debía al confinamiento por culpa del pésimo tiempo afuera, pero por otro lado estaba el hecho de que Sexto, después de hacerles la fogata y darles instrucciones de que no la dejaran apagar, se fue dejándolos solos allí. Se había ido con el pretexto de buscar alimentos,  o ver si había civilización cerca, mas hasta el momento, el hombre no había regresado. Era obvio que su pensamiento sobre que los había abandonado, era lo primero que ocupaba su mente, y esto era porque a pesar de los muchos días que han estado juntos, su confianza en él no es absolutamente muy sólida.

—Dos días desde que Sexto salió —murmuró de pronto, un poco más tarde.

—Lo bueno es que no se llevó a Impulso y Arco —dijo Iara con una sonrisa en el rostro. A  Alvar le irritó su comentario ¿acaso solo se preocupaba por los Gums? ¡Sexto llevaba dos días desaparecido! Miró a los nombrados, los que estaban acostados en el suelo a un lado de Luna  y se diría que también estaban hechos una bola para cubrirse del frio, pero ellos ya eran una bola y dudaba que tuvieran o sintieran frio, pero como que vio que la bola que eran, era más pequeña, de ahí su imaginación de que estaban hechos también una bolita.  A continuación, escuchó de nuevo a la joven:

—No te preocupes por Sexto, no creo que nos haya abandonado. Tal vez se refugió en otro lugar cuando la lluvia no remitió y como no ha disminuido, no ha podido regresar —Farías notó como el rostro de Iara se puso triste y enseguida murmuró —:Eso fue lo que sucedió, no cabe duda.

Lejos de lo que pensaba Alvar, la reacción de la joven no fue por desconfiar que los haya abandonado, su preocupación fue al hecho de imaginar que pudo haber tenido un accidente, después de todo, la tierra y las piedras se vuelven muy resbalosas y peligrosas cuando están mojadas. Mirar su expresión triste hizo que Alvar se planteara con más detenimiento sobre su preocupación, y fue entonces que pensó en un accidente ¿Quizás Sexto no los había abandonado y había tenido un accidente? Lo ignoraba y no quería matarse por saber la respuesta, además, Osses era un experto para sobrevivir, así que descartó el accidente, lo único que quería era que la lluvia parara para poder continuar con su viaje, no faltaba nada para llegar a su destino.

Después de un rato, los dos decidieron hacer lo que los Gum habían hecho, dormir. Se acostaron lo más cerca que pudieron de la fogata y cerraron los ojos, claro, primero avivaron el fuego con un trozo de madera del arbusto que poseían de repuesto, pues no podían olvidar la advertencia de Osses. Si el fuego se apagaba, en particular en la noche que era cuando más descendía la temperatura, podían morir congelados.

Entre sueños, Iara escuchó un ruido que la hizo abrir los ojos y se dio cuenta que el sonido  no provenía de sus sueños, sino de la realidad. Arco la había despertado tocándola levemente, primero su brazo y después su estómago para llamar su atención, así que Iara se sentó y frotándose los ojos para ayudarse a despertar, observó al que la despertó. La fogata casi estaba apagándose. Se levantó y con cuidado de no despertar a Farías, tomó un pedazo de madera y la echó al ya casi inexistente fuego.

Arco se volvió a Iara y con una de sus extremidades la volvió a tocar y ella le prestó atención, detectando que el Gum no quería alertarla de que el fuego estaba por terminar, sino que al parecer, quería advertirla de otra cosa. Miró al Gum alejarse unos metros.

—¿Qué te sucede Arco? —susurró, sin comprender lo que quería que hiciera, lo supo cuando el Gum señaló el fondo de la caverna, a donde la luz de la fogata no llegaba y quería que lo siguiera o que se asomara por allí, por lo tanto, ella caminó para acercarse al animal —¿Arco? —el Gum ya había desaparecido entre la oscuridad de las profundidades de la cueva.

Ella se volvió y tomando una pieza redonda y larga de madera, para utilizarla como arma, se encaminó al interior,  pues algo extraño había llamado la atención del animal y quería que lo siguiera. Iara caminó con cuidado, pegada y guiándose con la mano libre por la pared rocosa. No podía ver la gran cosa a causa de que estaba muy oscuro, pero afortunadamente unos metros más adelante, observó en el techo grietas y aberturas que dejaban ver una noche de luna llena y por eso pudo apreciar que había dejado de llover y el cielo se había limpiado. Con la poca luz que entraba de la luna, se guío para seguir el camino por el frío corredor de la gruta y en ese silencioso momento, lo único que se escuchaba eran sus pisadas al dar con los charcos que se habían formado por el agua de la lluvia que las rocas había dejado pasar. Comenzó a ponerse nerviosa pensando quizás que no había sido una buena idea seguir al Gum, el cual se le había perdido por completo, además, había llegado otra vez a una parte muy oscura en donde no llegaba la plateada luz. Decidió dar media vuelta para volver sobre sus pasos y regresar a donde estaba Alvar, pero se detuvo en seco al escuchar un ruido.

—¿Arco? —susurró lo más bajo que pudo. Guardó silencio y no escuchó nada —Arco, es mejor regresar —no escuchó ni vio al Gum, empezó a caminar por los charcos tomando con sus dos manos la pieza de madera, apretándola con fuerza. Se aterró al escuchar una tos, alguien se encontraba en esa cueva y a juzgar por esa tos, se trataba de una persona. ¿Quién era? ¿Se había perdido? ¿Era peligroso? Continuó con cautela, después sintió como alguien se paró frente a ella, y el tremendo susto que sintió la hizo levantar la madera para golpear a la persona, pero antes de que pudiera tocarlo, la persona detuvo el golpe tomando la pieza y arrebatándosela con fuerzas de las manos. Al verse sin su provisional arma, Iara abrió la boca para gritar, pero la persona rápidamente se la cubrió con una de sus manos y tomándola con la otra mano libre, la pegó contra la pared. Ella forcejeó para escapar, pero no logró éxito, la persona era mucho más fuerte y por su fuerza supuso que era un hombre. Ahora estaba arrepentida por haber seguido al Gum. Y también estaba aterrada ¿Qué le haría? Sintió a la persona pegarse más a ella y en silencio, suplicó por ayuda, que alguien la ayudara. Cerró los ojos y pudo escuchar el frenético palpitar de su corazón, casi sintió  que su pecho le iba a estallar de miedo.

—¿Iara? —Escuchó una voz familiar —¿Eres tú, Iara? —ella abrió los ojos al reconocer al dueño de la voz y trató de visualizar a Sexto. Él la soltó.

—¡Sexto! —se alegró tanto de que hubiese sido él y no otra persona, se quitó una enorme preocupación de encima.

—¿Qué haces aquí? —preguntó seguido de la tos que ya había escuchado. Ella apenas carburó que cuando lo había sentido pegado a ella, lo percibió frio y empapado ¡Empapado! Seguro traía toda la lluvia encima.

—Sexto, ¿estás empapado, verdad?

—Tal vez, un poco —destornudó —Bueno, mucho.

—Seguro que sí, creo que todavía vienes destilando la lluvia ¿Estás enfermo? Vamos a la calidez de la fogata —sugirió en tono preocupado. No sabía por cuanto tiempo había estado así, a lo mejor desde que salió de esa caverna. Como lo escuchó, no dudó que estaba refriado.

—No te preocupes —dijo él con tono despreocupado para tranquilizarla.

—Debes cambiarte de ropa lo más rápido posible —mencionó ignorando por completo las palabras de Osses, no estaba en posición de pedirle algo como eso.

Ambos llegaron a donde Alvar se encontraba, quien se había levantado y se dirigía hacia ellos. Al igual que a Iara con Arco, Impulso lo había despertado para que se dirigiera también al interior de la gruta. Se detuvo al ver a Iara y Sexto.

—Pero si son ustedes —se asombró al ver a Osses. —¿Cuándo llegaste?

—Cuando me fuí, pensé que la lluvia pararía, pero lejos de eso, empeoró con granizo —mencionó Sexto—, así que me refugié en la primera cueva que encontré, no sabía que estaba entrelazada con ésta.



—Pues parece que finalmente, la lluvia y el granizo han dejado de caer—dijo la joven a Alvar, ella le estaba dando la espalda, mientras Sexto se cambiaba de ropa por una seca —y eso es bueno, ahora podremos seguir.

—Así es, al parecer Arco e Impulso ya lo sabían y ellos ya salieron, porque no los veo por ninguna parte… Ya terminé de cambiarme, Iara, puedes voltear.

Iara dio media vuelta y observó a Sexto que se había recostado sobre su mochila y cruzando los brazos sobre ella, escondió su rostro ahí. Iara se acercó a él y preguntó:

 —¿Ahora te sientes mejor?

Él simplemente asintió sin dejar su posición. Realmente no se sentía con ganas de hacer nada, solo limitarse a cerrar los ojos y poder perderse  en el sueño. Alvar se sentó en el otro extremo y observó a Iara sentarse a un lado de su compañero. No pudo evitar pensar  que cuando él estuvo enfermo, ella también se había quedado a su lado. No cabía duda de que Luna era una chica muy amigable y que de verdad se preocupaba por su prójimo. Ese recuerdo se convirtió en uno donde la protagonista fue Dana. Ella era una mujer fuerte y siempre estaba detrás de él, no solo con el fin de molestarlo, como solía pensar, sino porque verdaderamente estaba preocupada por él. El recuerdo lo hizo sentirse arrepentido de no haberla tratado con mejores modales, sin embargo, no dejó que eso lo molestara, así que decidió recostarse para también dormir.


Al día siguiente, afortunadamente no llovió, así que aprovecharon la mañana soleada y decidieron seguir con su camino. Iara era la más preocupada por Sexto debido que este se veía peor que la noche anterior. El resfriado había resultado ser gripe y lo estaba afectado mucho. Podía verse el sobresfuerzo que estaba haciendo para poder seguir el paso de sus dos compañeros.

Unas horas antes de que atardeciera, los tres habían llegado a la Colonia M, una ciudad con edificios altos y muy pegados los unos con los otros. En ese lugar no existían los automóviles, meramente había una vía de tren donde allí circulaban especies de tren-autobús que pasaban por las principales plazas de la colonia, pero este tren-autobús no tenía manera de salir de la Colonia M, sus vías se limitaban a la Colonia y solo abarcaba las plazas principales. Las calles en particular habían sido hechas para que la gente pudiera caminar con tranquilidad, pero eran muy estrechas, por lo que no había lugar para que transitaran los vehículos de cuatro ruedas. La gente se veía de aquí para allá y la mayoría estaban esperando en las paradas para poder dirigirse a sus respectivos destinos

Los tres viajeros tomaron uno de esos dichosos transportes y al subirse, se sentaron en una fila de sillas. En medio se encontraba Sexto, a su lado derecho Iara y del otro Alvar, por otra parte, la gente se había apartado de ellos, no por el miedo que les tenían, sino por la enfermedad que era notoria en uno de ellos. Como era muy difícil conseguir un doctor, era preferible no contagiarse, además de que  aquí y en cualquier lugar, los médicos disponibles eran muy caros.

Una vez el tren-autobús hizo la parada en el centro, se bajaron para conseguir un alojamiento. Esta vez Alvar tendría que encargarse de eso, por la pésima condición de Osses. Preguntó persona a persona que encontraba por las calles, hasta que una de ellas le dio informes sobre un hotel económico. Llegaron a dicho lugar y Farías se acercó al recepcionista, dejando junto a la puerta a Iara y Sexto. El trabajador le entregó una llave y le informó que más tarde mandaría a alguien para avisarle que debía volver a la recepción porque debía llenar una aplicación, por el momento no se podía porque se les habían terminado, pero estaban por llegarles. Con esa información, se dirigieron al cuarto, el que se encontraba en el penúltimo piso, así que subieron la escalera, pues no había elevador. Así eran esos hoteles económicos. Sin la ayuda de Alvar e Iara, Sexto no hubiese podido subir tantos escalones.

La habitación constaba de dos camas, un baño y un balcón con un enorme ventanal que carecía de cortinas para cubrir con discreción la ventana, la cual no tenía una vista muy agradable, solo se podía apreciar un callejón sin salida donde lo que abundaba eran los botes de basura que estaban hasta el tope de inmundicia. El lugar no era muy grande, pero era mucho más amplio que el primer cuarto que rentaron por primera vez. Recostaron a Sexto en una de las camas para que pudiera descansar más cómodamente e inmediatamente, Osses se volvió boca abajo cruzando sus brazos sobre la almohada y ocultó el rostro en estos. Por otro lado, Alvar se dirigió a la puerta al escuchar unos toques, al abrir miró a un hombre regordete que le informó:

—Señor, ya puede bajar para que llene y firme la aplicación que necesita.

—Ahora bajo  — el hombre asintió y se retiró bajando por las gradas y perdiéndose así de la vista del inquilino, entonces Farías miró a Iara, quien se había sentado y recargado a un lado de Sexto, el que a su vez, permaneció inmóvil, pero no por eso estuvo seguro que ya dormía, más sin decir nada para no molestarla a ella, salió de la habitación y bajó para dirigirse a la recepción donde lo esperaban. 

Al llegar al primer piso, se dirigió al lugar indicado encontrándose a un hombre detrás de un escritorio que lo estaba esperando con un puño de hojas, las que tenía que llenar y eso lo sorprendió pues había supuesto que sólo era una forma.  A pesar de que Alvar le informó que solo se iban a quedar una noche, el sujeto le respondió que llenar más de una aplicación era obligatorio del lugar. No tuvo otra opción y empezó a leer y llenar cada una de esas hojas. Así descubrió que como adelanto, se debía pagar la mitad de la tarifa por día, así que pagó la suma requerida. Para cuando terminó con el asunto, se dio cuenta que había tardado un poco más de tiempo del estimado. Se preguntó si en los Hoteles de la Colonia G se tenía que hacer el mismo procedimiento que aquí. Agradeció que Adrien fuera tan amable y les hubiese evitado tener que pasar por estos tediosos requisitos. Antes de dirigirse al cuarto, observó entrar a un par de hombres al hotel.

—¿Escuchaste que de nuevo vinieron los soldados esos? —preguntó uno de ellos.

—¡Ah! Esos desgraciados solo han venido a intimidarnos  —respondió el otro con voz molesta, aunque sonrió burlón —. Lo único que quieren son nuestras cosas, qué bueno que el alcalde se opuso a ellos…

—Sí, que se vayan a otro lado a molestar, esta Colonia es pequeña y será un poco pobre, pero está bien cimentada — su voz cayó a un tono desinteresado

No cabía duda que esos tipos hablaban de los del Punto Negro, y a juzgar por el tono molesto, burlón y algo desinteresado conque hablaban de ellos, se notaba que no les caían muy bien. Alvar los ignoró, pues escuchar esa clase de comentarios hacía que su rabia se apoderara de él y como no quería meterse en problemas, la mejor decisión que optó por tomar, fue la de retirarse de los hombres. Todavía le podía escuchar que se expresaran tan mal de los soldados.

Al regresar al cuarto, se dio cuenta que Sexto aún estaba en la misma posición e Iara se había quedado dormida y su posición, la del principio, no se veía cómoda, así que como buen caballero, se acercó a ella e inclinándose para estar a su altura, empezó a nombrarla en voz baja. Ella se movió levemente y casi enseguida reaccionó.

—Acuéstate en esa cama —murmuró señalando la cama vacía.

—No, gracias —contestó de la misma manera —aquí estoy bien.

—¿Estas segura?

—Sí, de verdad, no te preocupes por mí, debes estar cansado, tú recuéstate.

—De acuerdo —deseaba que tomara comodidad, pero no podía obligarla, además, ella era una testaruda, así que decidió dejarlo de esa manera, aunque no se sintió cómodo.

Él también necesitaba dormir, pero antes de eso, tomaría un baño, ya que él no podía vivir sin sus duchas, sin embargo, antes de hacer otra cosa, tenía que buscar en la mochila de Osses la otra parte del dinero de la renta del alquiler, así que tomó la mochila que estaba a un lado de la cama que el compañero ocupaba y la abrió para esculcar en ella, examinando primero una de las pequeñas bolsas que estaba a los lados, deseando que estuviera allí, ya que no se sentía muy cómodo hurgando algo que no le pertenecía, y como lo sospechó, no encontró nada allí, por lo que intentó en la otra y tampoco tuvo éxito. En la bolsa situada en el centro de la mochila localizó un libro —con el cual a veces se le veía leyendo —, que rezaba con el titulo: “El faro de Fin del Mundo”, de Julio Verne. La portada estaba a punto de desprenderse del lomo, acabada, lo único que se podía distinguir de la portada era el título, el dibujo de un faro y un sol poniente con nubes que casi tapaban al astro rey. Alvar volvió a dejar el libro en su lugar y metiendo la mano al fondo tocó algo y al sacarlo se dio cuenta que se trataba de una bolsita de cuero que se amarraba estirándole los cuerdas que tenía en la boca del portamonedas. Al extender su mano y vaciar casi todo el dinero en ella, empezó a contarlo. Aparte de ver algunas monedas sueltas, vio un adorno de collar, con la letra I. Farías dejo todo en su lugar, excepto el dinero.

Ahora sí, se dirigió al baño a darse esa ducha antes de acostarse. En su interior, una preocupación se adueñó de él. Quizás fuese porque estaban a punto de llegar a la Colonia A. Algo pasaría en ese lugar, un sexto sentido le indicó que sería así y por esa razón no pudo descansar muy bien esa noche.

Una leve luz traspasó sus parpados, provocando que abriera los ojos. Los rayos del sol habían traspasado las ventanas de la puerta del balcón. Alvar se sentó en la cama y dando un bostezo, se frotó los ojos, después se dio cuenta que Iara estaba acostada en la cama donde a Sexto lo pusieron. Se paró de la cama y observó que afuera, en el balcón se encontraba Osses, recargado en el barandal mirando el panorama. Alvar se colocó sus botas y salió para acompañar a su compañero.

—Parece ser que te sientes mejor —saludó de esa manera Farías.

—Me siento mejor —contestó sin dejar de prestar atención a la calle —Solo fue un resfriado, no suelo durar mucho con ellos.

Alvar se recargó en el barandal y miró el punto que atraía la atención de Osses, imaginándose que dentro de pocos minutos, esas calles se llenarían de gente.

—Solo falta poco para llegar a la colonia —dijo Alvar para romper el silencio.

—Así es — fue lo que respondió Sexto. Siempre era lo mismo, aunque Alvar tratara de romper el silencio, no obtenía respuesta de Osses más que una simple respuesta de sí o no. El convivir estos días con él, mostró que no le gustaba mucho hablar de nada. Eso era lo que producía el viajar solo. Unos minutos después, empeñado en su silencio, se alejó de Alvar para adentrarse en el cuarto.

—Bueno, es hora de seguir con nuestro camino — fue necesario decir y solo por eso volvió a hablar.


Capítulo 17

A pesar de que había estado intentando olvidar esas escenas todo ese tiempo, su mente no había logrado quitarlas del todo y cada vez que cerraba sus ojos, casi siempre soñaba con aquello y quedaba claro que aún no había podido borrar de la memoria esa desdicha, así que su mente empezó a vagar por un momento al visualizar la ciudad a la que finalmente habían llegado:    

Un niño de ocho años de edad estaba tratando se escabullirse de su hogar, se había quitado los zapatos para poder caminar sin hacer ruido desde su habitación a la puerta y para eso debía cruzar la cocina donde estaba su madre. Había logrado llegar a la puerta y en el momento en que tomó el picaporte para girarlo, escuchó detrás de sí una voz con tono irritado.

—¡Dino! ¿A dónde crees que vas?

El nombrado giró su cuerpo para poder ver a su madre que tenía las manos sobre su cadera, ella quería escuchar una respuesta inmediata, pero el niño tardó un poco en responderle, ya que estaba un tanto avergonzado por el hecho de que su madre lo hubiese atrapado a media escena de la huida. Con una sonrisa contestó:

—Solo iba a salir a jugar.

—¿Terminaste tus deberes escolares? —preguntó ella sin dejar de mirarlo con autoridad.

El muchacho dejó de sonreír y agachando la cabeza, negó.

Ella suspiró. Siempre era la misma situación. Estaba claro que su hijo siempre seguiría igual.

—Hijo, tu maestra me mencionó que en las últimas clases no has entregado ningún trabajo. Vamos a hacer un trato ¿sí? —el muchacho prestó más de la debida atención, le gustaban las ideas de su madre, era una mujer inteligente y por ese hecho la admiraba. Ella prosiguió: —Que te parece si  terminas la tarea mientras está lista la comida y una vez que te alimentes como es debido, te dejó salir a jugar hasta tarde ¿te agrada la idea?

Dino asintió gustoso, le agradaba ese plan y aunque no le gustaba para nada la escuela y mucho menos las tareas que dejaban, iba a poner de su parte y terminaría la tarea mucho antes de que su madre terminara de preparar la comida. Con esa idea en su mente se dirigió a toda prisa a su habitación y una vez allí, se sentó en el escritorio que su padre le había hecho precisamente para que pudiera hacer sus deberes escolares con tranquilidad. De su mochila sacó un libro y al ponerlo sobre el escritorio, lo abrió en la página asignada, tomó un lápiz y empezó a leer la primera lección para poder saber de qué iba su tarea.

Al transcurrir cinco minutos, Dino cruzó sus brazos sobre el libro y escondió su rostro en ellos, ya se había cansado de leer, absolutamente odiaba las tares y con cada trabajo que le dejaban, más los aborrecía. ¿Por qué los maestros dejaban trabajos para hacer en casa? ¿Acaso eran tan malos que no querían que sus alumnos disfrutaran del día libre? Dino suspiró al no pensar en una respuesta y dejó caer los brazos a su lado, solo dejando su cabeza recostada en la mesa y miró la ventana de su alcoba. Se le cruzó una idea por la mente. Saldría de allí por la ventana, así que inmediatamente se levantó de la silla ¿Por qué no había pensado en esa ruta de escape?

Movió la silla a la ventana y subiéndose a ella alcanzó al marco en donde se sentó dejando que sus piernas colgaran en el aire, una afuera y la otra adentro. Tomó la silla y cargándola la pasó sobre si para pasarla al lado de afuera y así bajarla con cuidado hasta el suelo, entonces se bajó. Ocuparía la silla para poder subir de nuevo cuando regresara.

En absoluta libertad, Dino corrió al parque pequeño que quedaba ubicado en el centro del pueblo, allí pudo ver a cuatro de sus compañeros de clase, quienes siempre se reunían en ese lugar. Se dirigió a ellos notando que dejaron de hablar para solo mirarlo.

—Hola chicos —saludó gustoso Dino —¿Qué hacen?

—Íbamos a… —otro no dejó que terminara de hablar al empujarlo.

—Guarda silencio.

—¿Puedo unirme?

—Claro que sí, Dino —mencionó otro diferente —pero con una condición.

—¿Y cuál sería? —preguntó un tanto desconfiado por esa proposición.

—Tráenos huevos.

—¿Huevos? ¿Para?

—Sabes, íbamos a jugar a aventarlos a la gente desde la casa abandonada, pero ninguna de nuestras madres tienen los suficientes, además ya sabes que son caros ¿verdad Dino? —eso lo decía porque Dino era hijo del dueño de una granja de gallinas —Entonces que dices ¿sí o no? Solo ve a la granja y toma unas cajas.

El deseo de que lo juntaran en el equipo era tan grande que optó por ir a la granja y hacer lo que ellos le dijeron.

La familia De Vilano de ese pueblo de la Colonia D era conocida por tener una granja de gallinas que proporcionaban huevos a los pueblos vecinos y al suyo, pero debido a una crisis de alimento, el precio de los huevos se había incrementado lo doble de lo que antes valían, provocando que algunas familias no pudieran comerlos por falta de ingresos. Las instalaciones se encontraban ubicadas casi en las afueras del pueblo, al norte y debido a que a su padre, dos meses atrás se lo habían llevado los soldados por su conocimiento de manejo de instalaciones y fabricación, hizo que su madre le otorgara la llave de la granja a un amigo de su padre para que le ayudara con el cuidado de la granja y Dino sabía muy bien que el señor amigo de su padre, más o menos a estas horas, estaba o se dirigiría a su hogar para comer, así que aprovecharía su ausencia para acercarse al granero y entrar.

Lo primero que hizo al estar frente el lugar, fue buscar una tabla suelta que permitía su ruta de entrada, por lo que no tardó en pasar debajo de ella y al adentrarse a las instalaciones, observó las gallinas en sus corrales respectivos, muy tranquilas, después desvió su vista a un montón de cajas llenas de huevos y acumuladas entre sí, formando una torre alta y con cuidado de no tirar la torre bien hecha con precisión, tomó una caja que podía cargar y se retiró lo más rápido posible dirigiéndose de nuevo a la abertura, dejando la caja en el suelo para mover la tabla y así poder salir. Todo habría funcionado muy bien, pero cuando cruzó, algo llamó su atención. A sus oídos llegó un ruido extraño, como el soplo del viento, sin embargo, otro sonido estaba oculto en el aire y casi enseguida, un ruido espantoso que hizo que su piel se estremeciera, retumbó.

 Ante él, el pueblo había quedado en silencio y lo único que escuchó fue ese último sonido, luego le llegó el alboroto de las gallinas  al cacarear alarmantemente y  lo que lo alarmó a él fue escuchar que un Gum se estrellaba en el gallinero con tal fuerza, que rompió una de las paredes y seguidamente, muchos Gums empezaron a hacer su aparición por toda la villa, atacando y arrasando con las casas, calles y todo lo que estuviera en su camino. Dino corrió de nuevo al granero y colocándose en una esquina, se acurrucó y cerró los ojos con fuerza, tapándose los oídos como si así fuera posible aislarse del mundo afuera, deseando que el ataque Gum terminara rápido.

La gente empezó a gritar y a correr como locos y los sonidos de los Gum al impactar con las cosas se oían muy perturbadores, parecido a la caída de granizo del tamaño de una pelota de fútbol, así que a pesar de permanecer con los oídos tapados y los ojos cerrados, Dino podía distinguir  las escenas por los terribles sonidos, y como lo más cerca de él eran las gallinas, las visualizó como cuando las gallinas cacareaban asustadas al ser atacadas por un lobo hambriento. Temblaba, así que permaneció allí recordando las palabras de sus maestros y sus padres, el consejo que podía salvarle la vida y este era que cuando los Gums atacaran, lo que se tenía que hacer sin pensárselo dos veces, era ocultarse en un lugar y no salir de este hasta que se dejara de escuchar ruido y estuviera un 99% seguro que todo había pasado.

Al transcurrir algunos minutos, los que parecieron horas, un silencio mortal fue lo que imperó. Dino se puso de pie y empezó a observar su entorno dándose cuenta del devaste que los Gums habían dejado a su paso. Era la primera vez que él había visto semejante cosa, estaba asustado y sorprendido. Su corazón empezó a acelerarse mucho más al pensar lo doloroso que hubiese sido que una de esas cosas lo hubiera golpeado. Él había salido bien librado, pero al ver  la granja de su padre, completamente destrozada, con las gallinas muertas, desparramadas de aquí a allá a través de todo el gallinero y las que tuvieron suerte, habían escapado, se sintió muy triste. En el pueblo, el muchacho observó más el ataque de los animales al observar las calles y las casas destrozadas. La gente lloraba y gritaba conmocionada. Emprendió la carrera cuando vio a una persona caída en el suelo…muerta, y la imagen de su madre le llegó como un flechazo. Se detuvo en seco al llegar a su casa o al ver lo que quedaba de ella, porque su hogar estaba en ruinas.

—Mamá —susurró al no poder distinguir nada entre los escombros. Al buscar entre éstos fue cuando pudo ver una mano salir de un montón de ruinas —¡Mamá! ¡Mamá! —gritó asustado, corriendo a donde ella y trató de retirar de encima un pedazo de lo que fue el techo, pero le fue difícil, porque estaba muy pesado, mas sacando fuerzas de flaqueza, pudo retirarlo un poco. Sus ojos se llenaron de lágrimas y deseó desde el fondo de su corazón que la persona no fuera su madre, no podía serlo… pero sí era, aún sin verle el rostro, la reconoció al ver un collar en su cuello, un collar que su padre le había regalado en uno de sus aniversarios. Abrazó lo que pudo del cuerpo y  empezó a llorar a grito abierto, quería que abriera los ojos, se lo suplicó, pero ella no pudo abrirlos. ¿Todo había terminado? ¿Ya no volvería a ver a su querida madre o la abierta sonrisa de su padre? ¿Nunca más?¿Había perdido a sus dos padres?

Tres camiones peculiares de los Trotamundos hicieron aparición en ese pueblo. Uno de ellos se estacionó y de este bajaron dos soldados.

—Pero mira, mira como ha quedado este sitió —comentó uno a su compañero al ver el devastado lugar.

—Un asco. Pero eso le pasa a todos los que no quieren colaborar con nosotros — Empezó a caminar para ver con detenimiento lo que los Gums habían hecho, estaba claro que esos animales eran un peligro ya que su fuerza era monstruosa. Un golpe de ellos junto con su velocidad  te destrozarían los huesos en un santiamén. Él estaba totalmente agradecido de no controlar uno de ellos, ya que odiaba a morir a esos animales y a pesar de que digan en Punto Negro el gran privilegio que es poder controlar un Gum, para él eso era una estupidez. Esos animales, junto con toda esa gente, debían desaparecer de la tierra, pero  por el momento, aprovechaban la fuerza bruta de los Gums.

El soldado se detuvo para escuchar con más calma los sollozos de la gente, pero un grito desesperado fue el que llamo su atención. Se acercó a ese sitio para observar a un muchacho abrazando el cuerpo de alguien. ¿Mujer, hombre?

—Está muerta —dijo sin sentimiento alguno el soldado al observar la escena y reconocer que el difunto era una mujer —Oye, ¿escuchas? —El oficial fue ignorado por completo —¡Te digo que está muerta! —tomó con brusquedad la camisa del pequeño para separarlo de allí. Dino se reusó por completo, no quería separarse de ella hasta que pudiera abrir los ojos. Pero la fuerza del hombre era más y pudo separarlo de su lado —¡Estás sordo! —lo arrojó sin compasión a un lado.

—¿Por qué? —empezó a balbucear Dino —¿Por qué? —no entendía por qué los trotamundos no hicieron algo para que evitaran esa masacre, se suponía que ellos estaban para eso, para proteger a la gente —¡¿Por qué no protegieron a mi madre?! ¡¿Por qué no detuvieron a los Gums?! ¡¿Por qué?!

—A los hijos desobedientes se les castiga —fue la única respuesta que obtuvo de él y no la entendió ¿a qué se refería? En ese momento su cabeza era un caos total, no podía mantenerse concentrado en nada concreto. Se encontraba en shock, sin poder entender nada. Se concentró en la voz de otro hombre, compañero del soldado.

—Larguémonos de aquí, lo ordenó el comandante. Los Gums volverán a atacar de nuevo.

—¿De nuevo?...

“¿De nuevo? ¿A que se refieren?… acaso ellos… tuvieron que ver con esto…ellos…”

—… ya que Fontana no está satisfecho con un ataque, han quedado varios sobrevivientes, así que lo quiere volver a intentar…

“Ataque… volver a Intentar” Dino observó como los dos desaparecían de su vista. Todos les tenían miedo a los soldados, se podría decir  que más que a los Gums. Los trotamundos se llevaron a su padre y por lo que él pudo escuchar y observar es que ellos tenían que ver con el ataque de su pueblo… ¿Cómo? ¿Era posible?

Dino ya no tenía nada, así que salió de su pueblo y empezó a caminar sin rumbo fijo, sin saber con exactitud a dónde lo llevaría el camino que había tomado, no obstante, era mejor que quedarse en ese lugar… ¿Estaba huyendo? Si, era eso. No podía soportar seguir viviendo allí, en ese lugar donde las dos personas más importantes para él, le habían sido arrebatadas.

Al estar todo un día caminando, empezó a sentir un hambre y sed terribles, pero ya no le importaba tanto, no le importaba si moría de esa horrible manera. Nada en ese mundo, en esa vida, era confiable. Las personas en las que pensaba y creía que eran para proteger, eran un fraude. La cruda realidad era que no era verdad, que no había protectores como le habían enseñado. Se detuvo al ver lo que se parecía a un campamento de los Trotamundos, pero éste estaba totalmente vacío. Así que aprovechó para buscar en la basura algo que pudiera digerir, mas su mayor anhelo era encontrar agua, pero lo único que encontraba eran cosas que ni sabía para qué eran. Después de todo, quizás sí moriría de desnutrición si antes no lo mataba la deshidratación… aunque le aterró la idea a pesar de que según él, era lo mejor. Al terminar de buscar, se acostó en el suelo y cerró los ojos.  Se sentía muy cansado y al cerrarlos, albergó  la esperanza de no volverlos a abrir nunca más, sin embargo, no se le concedió el deseo.


Esa era su segunda noche en el frío mundo afuera de su cómodo hogar. Estaba tan agotado que no le importaba dormir donde fuera, ya ni sobre un montón de piedras, granito o, tierra… acostarse era lo que su cuerpo le pedía además de agua y comida.  Entre sueños escuchó algo y al abrir los ojos se dio cuenta que el ruido se trataba de otra manada de Gums, los que se acercaban a una velocidad considerable. Dino se invadió de miedo, pero no podía hacer nada al respecto, estaba totalmente descubierto, así que lo único que podía hacer era esperar, por lo tanto, no se movió del sitio que ocupaba.  Los Gums pasaron desapercibiendo su presencia y a muchos metros de Dino, pero eso no hizo que el niño se tranquilizara, todo lo contrario… ser golpeado por uno de ellos debía ser doloroso, mortal.  Pensó en su madre ¿Sufriría? O ¿Fue una muerte rápida? Deseaba que hubiera sido la segunda, pero no lo sabía con exactitud. Todo terminaría pronto pues ya estaban alejándose, pero entonces, observó de pronto como un Gum se alejó de sus semejantes y se acercó con rapidez a él.

Dino retrocedió asustado, imaginándose lo peor. Seguro tendría una muerte muy violenta. El Gum tenía unos tentáculos y al llegar a una distancia considerable de él, alargó sus tentáculos y lo tocó con ellos, pasándolos por su cabello y rostro y el pequeño se quedó petrificado cuando de repente, el Gum, cosa que nunca hacían, abrió todos los ojos que tenía y lo miró  atentamente y en su mirada notó algo extraño, como una clase de ternura, algo que le hizo sentir calidez, entonces el Gum terminó de acariciarlo y se retiró de allí. Al ver que todos se habían ido, Dino soltó el aire, el que había retenido sin darse cuenta y acto seguido, empezó a llorar por las varias emociones que se sucedieron una tras otra. Hasta entonces descubrió que se había metido en el territorio de los Gums.

Esa noche no pudo dormir. A pesar de que tenía mucho sueño y el agotamiento era casi extremo, su cerebro le dictó que debía mantenerse en alerta, así que se mantuvo vigilando, pero aun así, no pudo evitar dar un salto cuando, a media noche, escuchó  caer  algo al suelo y rodar detrás de él. Se volvió para investigar que había sido eso, pensando que tal vez se trataba de alguna persona, pero se sorprendió al ver que no se trataba de ningún ser humano, sino de un Gum  que se había detenido detrás de él y la reacción al verlo fue la de levantarse con rapidez mientras lanzaba un gritillo de susto y se alejaba un par de pasos. Después observó en el suelo una manzana y un conejo muerto. A Dino se le hizo raro, pero algo le dijo que eso era para él, así que dio un paso hacia adelante y el Gum, el mismo de los tentáculos, se alejó mientras él se acercaba a la comida. El joven tomó la manzana y la mordió con avidez y sin duda era la mejor fruta que había probado en su vida. El Gum se retiró y después de unos minutos, regresó con más manzanas.

Por alguna razón, ese Gum no se veía tan feroz como otros y a partir de ese momento, el Gum empezó a seguir a Dino, aunque por supuesto, eso molestó al chico, ya que no quería a un Gum a su lado. La gente se asustaría al verlo, eso estaba claro. Con ese animal como compañía, no podría entrar a un pueblo, más el Gum no lo dejó de seguir y se convirtió así en su guardián.

Y así pasaron los días y los meses, hasta que estos últimos se convirtieron en un año y medio desde que Dino dejara su pueblo natal, y después de ese tiempo transcurrido, llegó a la Colonia A, esa colonia que escuchó, había quedado despoblada y devastada por culpa de los Gum y pudo comprobar que era verdad. La soledad y las ruinas imperaban en la Colonia A, y él empezó a explorar en la Colonia, buscando, no sabía qué, pero él tenía tiempo de sobra, de hecho, el tiempo era su amigo, así que por un largo periodo exploró y encontró información muy importante que revelaba lo que hacía falta conocer, algo que refutaba lo que realmente hacían en el dichoso Punto Negro y la Zona Gris.

La voz de Iara taladró los recuerdos de Sexto cuando preguntó preocupada al notarlo más que distraído, ausente

—¿Te sientes bien Sexto?

—Estoy bien —contestó un poco después, cuando dejó de mirar la Colonia A.


Capítulo 18

Un automóvil de los Trotamundos se estaba dirigiendo a la Principal de la Colonia G. El capitán Morales contestó el radio cuando escuchó que lo llamaban constatando que se trataba del comandante al escuchar su voz del otro lado de la línea

 —Morales ¿Dónde se encuentra?

 —Estoy en la Colonia G, a punto de llegar a la Principal.

 —Le dije que solo por tres días —la voz de Jeremías se oía muy molesta —Olvide por un momento este asunto y diríjase inmediatamente a la zona siete ubicada entre la Colonia L y J, los capitanes del escuadrón 8 y 6 tienen algunos problemas con sus hombres, necesito que vaya y resuelva ese problema. Enviaré al escuadrón 12 como apoyo. Cuento con usted capitán.

 —Estaré allí — la llamada se cortó. Morales dejó el radio en su lugar y después escuchó la voz de uno de sus hombres:

 —¿Dirección zona siete?

 —No. Iremos primero a preguntar en la Principal, estamos a punto de llegar, si no hay información nos dirigimos a la siete —con esa orden, el escuadrón 10 siguió con lo planeado.


El escuadrón 10 llegó a la Principal y en cuanto estacionaron el vehículo y sin pérdida de tiempo, los cinco hombres que componían el equipo, se adentraron al lugar que era  también conocido como “La Ciudad de los Reyes”. Los habitantes al verlos se limitaron a alejarse lo más rápido posible para no estorbarles. La peor cosa que alguien podía hacer, era quitarles su tiempo. Los soldados se empezaron a dispersar de aquí a allá, pasando por los lugares más concurridos, indagando sobre un soldado extraviado. Al terminar el nivel 1 seguirían con el 2 y así sucesivamente.

 El capitán Morales, junto con otro de sus hombres, fueron directamente a las oficinas de la policía de ese lugar. Los oficiales, al igual que las personas, se hicieron a un lado, estos no eran siquiera una excepción.

 —¿Dónde está el encargado de aquí? —se escuchó la voz de Morales por toda la jefatura, la cual se quedó totalmente en silencio.

 —El señor Tessier, pero no se encuentra en estos momentos, pero yo, su hijo, lo atenderé ¿Qué se le ofrece, señor?

 —Estoy buscando a un hombre —se acercó a Luc mostrándole una fotografía, él la tomó y se sorprendió al reconocer que se trataba de Alvar —Su nombre es Alvar Farías.

 —¿Qué fue lo que hizo? —quiso saber Tessier, ya que como encargado de un departamento de policías, debía saber las causas de que a un hombre lo estuvieran buscando y más aún si se trataba de los Trotamundos.

 —Es un hombre muy peligroso. Es un fugitivo de Punto Negro, no necesita saber más que eso.

 —Lo lamento —le entregó la fotografía —No lo he visto, pero les comunicaré algo si llego a verlo o a tener información de él.

 Morales guardó la fotografía, ya estaba acostumbrado a la misma respuesta, sabía que sería difícil encontrarlo. Iría directamente a la próxima Colonia, pero debía ir primero a cumplir las órdenes de Fontana.

 —Eso espero.

 Dio media vuelta al escuchar como el soldado que lo había acompañado había hecho la misma pregunta, pero obteniendo una respuesta diferente. Una respuesta favorable a ellos.

 —Lo he visto, he visto a este hombre.

 Luc no recordaba que su mano derecha había ido a despedirse de Sexto, Iara y Alvar, ahora, a pesar de que quería encubrirlo por lo menos unos minutos, no pudo. Morales redirigió rápido al hombre, quien se puso nervioso al ver como los fríos ojos del soldado lo miraban.

 —¿Lo has visto? ¿A dónde se dirige?

 —No lo sé con exactitud —al parecer, esa respuesta no le agradó mucho a Morales, ya que entrecerró los ojos, así que él continuó —Pero mencionó que se dirigía a la Colonia A.

 “¿A la Colonia A?”, pensó algo impactado Morales. Esa situación era más grave de lo que se imaginaban. Inmediatamente dejó la oficina y se dirigió a paso veloz de nuevo a la salida.

 —Teniente Owen —comunicó por radio a su teniente —¿Me escucha?

 —Si capitán, diga sus órdenes.

 —Quiero que inmediatamente deje el edificio, recoja a sus hombres y se dirija al camión —colgó antes de obtener alguna respuesta de parte de su teniente.

 El primero que llego al vehículo, entró en este y tomando el radio se comunicó al Punto Negro.

 —Aquí Morales, capitán del escuadrón 10.

 —¿Qué es lo que quiere? —la voz de  Fontana se oía de mal humor, como si le hubiesen dado una mala noticia. Si fue así, ¿cómo se pondría con ésta que iba a recibir?

 —Tenemos código rojo señor. Alvar Farías se dirige a la Colonia A.

 —¡Que! ¿Cómo es posible? —la noticia impactó mucho a Jeremías, entonces sus pensamientos eran ciertos.

 —Sus órdenes comandante.

 —Olvide lo de la zona siete. Diríjase a la Colonia A, detenga a Farías y tráigalo ante mí vivo o muerto, me da igual, pero lo quiero ver. ¡Escuchó!

 —Si comandante —al colgar, se comunicó con su teniente —Teniente Owen, nos dirigimos a la Colonia A, nuevas órdenes del comandante.


 La Colonia  A resultó ser según los rumores.  Era totalmente un sitio inhabitable. Sus edificios altos y con ventanas a su alrededor, estaban rotas y algunos a punto del desplome. Las calles pavimentadas de dos carriles y las banquetas, lucían gruesas grietas y grandes pedazos de pavimento  estaban levantados. Algunos automóviles que se podían ver, estaban oxidados y abollados. La hierba había crecido tanto hasta alcanzar algunos edificios y tapaban algunos carros. Casi todos los semáforos estaban doblados o derrumbados en el suelo. Las señales de tránsito, a falta de mantenimiento, ya no manifestaban lo que debían mostrar. Con simplemente verla así, uno se podía imaginar lo hermosa que debió haber sido en tiempos pasados. Una Colonia sin igual que ahora exhibía desolación, como si un tornado o una fuerza natural hubiera pasado varias veces por la ciudad, hasta transformarla en lo que ahora se podía percibir.

 Sexto, Iara y Alvar, caminaban con cuidado, observando con atención donde pisaban en   una de las muchas calles destruidas del lugar. Por fin habían llegado a su destino. Alvar estaba ansioso por saber del por qué exactamente estaba en ese lugar y qué podía encontrar en un sitio tan ruinoso como lo era esta colonia.

 —¿A dónde vamos? —se hizo saber Farías, especialmente para Sexto.

 —Es por aquí —los guío, caminando hacia el sitio y unos metros después, se dirigió a la joven —Iara, ¿puedes esperarnos aquí?

 —¿Ella no viene? —cuestionó Farías, extrañado que le pidiera eso.

 —Yo los esperó aquí —estuvo de acuerdo la joven, mostrando  con una sonrisa que de verdad no le importaba quedarse ahí.

 Acto seguido, Osses condujo a Farías hasta ese lugar que desde un principio deseó que viera. Arco e Impulso siguieron a los dos, sin quererse quedar junto a la joven. Unas cuadras enseguida, Sexto detuvo su paso, lo mismo hizo Alvar, quien se dio cuenta como su compañero se quedaba mirando la entrada de una casa, para mirarlo después a él.

 —Cuando era niño, una manada de Gums atacó mi pueblo —habló Sexto, lo cual hizo que Alvar se sorprendiera, no creía que le contaría algo como eso, pero como le interesaba, guardó el más completo silencio para que pudiera continuar —, destruyeron todo por completo, incluida mi madre. Ella murió ese día. Los soldados provocaron eso.

 —¡Espera! —rompió el silencio muy asombrado, sin poder creer lo que estaba escuchando. Comprendía que debió ser doloroso perder a su familia de esa manera, pero culpar a los soldados…  Ellos son los que protegen a las personas de esos animales —¿Estás diciendo que los Trotamundos son los que provocaron la destrucción de tu pueblo, mandando una manada de Gum? —Rio ante tal hipótesis —¡Es algo absurdo!

 Osses desvió la mirada del ex soldado para observar de nuevo la casa e inmediatamente volvió a hablar, pero estaba vez sin dignarse mirar a Farías.

 —Es por esa razón que no quería decírtelo, sabía que actuarías de esta manera. Incrédulo al hecho de que los soldados, los Trotamundos, el Punto Negro, pudieran hacer algo semejante. Es exactamente por esa razón que decidí que si querías saber algo, tenías que venir primero a este lugar, donde encontré pruebas sólidas de lo que oculta el lugar donde naciste, evidencia contundente sobre lo que es verdaderamente la Zona Gris. Ese lugar, en esa casa está la verdad.

 Alvar observó la dirección donde su compañero tenía concentrada su atención, dándose cuenta que en la esquina de la casa, se podían distinguir dos señales, los que por la vejez y suciedad de éstos, no se podían leer, pero Farías pudo distinguir un poco, las calles se llamaban: 6th ave y la Osses.

 —No me digas que…

 —Allí adentro hay un largo pasillo y al fondo, una habitación cuyo único mueble es un escritorio, en este un cajón y en su interior hay un montón de documentos. Ve, léelos.

 Alvar se acercó a la puerta dándose cuenta que la casa estaba igual que cualquier edificio de esa colonia; destrozada. Entró manoteando para retirar las telarañas que daban aún más evidencia del abandono. Había varios pasillos, pero él tomó por el más largo y como le había dicho Sexto, al fondo, frente a él, ubicó la habitación y al entrar, lo miró. Un único mueble. Se dirigió al escritorio pisando con cuidado los escombros y escuchando a Sexto quien lo había seguido quedándose afuera, en el pasillo.

 —Cuando hui de mi pueblo, anduve errante un largo tiempo, hasta que involuntariamente llegué a este lugar. Al estar aquí recolecté información que con el tiempo iba encontrándome, pues me la pasé aquí mucho tiempo y toda la información encontrada la dejé en ese lugar, guardándola, pues no me animé a llevármela conmigo por temor a perderla, ya sabes, que me detuvieran, la descubrieran ellos y me la quitaran. Lee, Alvar, Tómate todo el tiempo que necesites. Yo estaré afuera.

 Farías deslizó el cajón del escritorio que era de metal, el que por estar un poco oxidado por los años, tuvo que realizar más esfuerzo para abrirlo y así visualizar una pila de hojas, viejas y sucias, algunas con partes quemadas y desprendidas. Al tenerlas en sus manos empezó a leerlas detenidamente, sorprendiéndose por cada palabra que sus ojos analizaban.

 "Nombre: Germin Gum, Sexo: Masculino, Edad: 24 años. Joven científico creó extrañas y peligrosas criaturas. Gum es detenido y llevado a las potestades, presentándolo ante la autoridad suprema de la ciudad Initum (Conocida ahora como Colonia A). Germin, joven científico es sentenciado a prisión, tres años después el juez Victorio propuso que lo utilizaran para que investigara sus propias creaciones para poder detenerlas. El gobierno estaba estremecido por esas criaturas que no han resultado fáciles de exterminar, más cuando su número ha aumentado drásticamente. Germin trabajó encerrado sin ningún resultado favorable…

 Proyectos que realizó G.G tras su detención:

 1)           “Ondas para alterar los sentidos de los animales provocándoles un derrame interno” . Por todo el plano estaban unas enormes letras rojas que decían: FALLIDO, enseguida proseguía: “Estas ondas provocan, no un derrame, sino una excitación en las criaturas, provocándoles que sean agresivas”
2)           “Acumulación de energía, creando un campo de fuerza, para evitar que esas criaturas pudieran traspasar algún lugar” En el plano se veían unas enormes letras que decían: EN ESPERA. El plano era la misma torre que había visto en La Principal y en el pueblo B-0.
3)           “Chips para tener el control total de las criaturas…” Proyecto rechazado.
4)           “Cápsulas para envenenar al animal” idea descartada, imposible de realizar. Los animales son inmunes a los venenos conocidos por el ser humano, solo llegan a aturdirse por un tiempo.
5)           “Capsulas para dormir a los animales” Experimento inservible.
6)           “Radar para obtener la ubicación exacta del chip” Junto con el deshabilitador, ambos rechazados, como algo inservible.

 Muchos de esos planos y fórmulas que Gum pudo haber hecho, se lo negaron o simplemente no funcionaba. Ninguno de ellos favorecía a las autoridades de la colonia A. Después de tantos años Germin murió de enfisema pulmonar. Algunos papeles mostraban que estaban firmados por el juez Victorio, cartas mandadas tres meses después de la detención del científico.

 “Aprobación de una base militar a cargo de controlar a esas criaturas: Nombre: Punto Negro. Ubicada en el oeste, zona 5’ 7-4. Comandante a cargo: Mauris Randal…”

 “Aprobación de Zona Gris ubicada en el Noreste, poco más arriba de la Colonia E…”

 Al leer eso Farías quedo sorprendido, no sabía que la Zona gris se tratara de un lugar militar. Siempre había creído, siempre le habían hecho creer que era una zona peligrosa. Continuó leyendo, esto se ponía aún más interesante y aunque no podía leer algunas cartas completas debido a la falta de pedazos, se podía dar una idea de lo que se trataban. Una de esas era que había vivido engañado.

 “… base militar hecha para la creación de armamento contra los Gum, finalizada un año después de la muerte de Germin Gum. Idea propuesta por Fernando Fontana actual (en esas fechas) comandante de Punto Negro”

 Algunas cartas eran dirigidas para el juez Enrique, quien rechazó la propuesta de Gum sobre los chips, de Fontana; éstas estaban incompletas, pero lo que se podía leer, decían:

 “Su señoría, el científico Germin Gum fue un hombre inteligente, fue una verdadera lástima que no valorara su intelecto y aceptara sus ideas… yo como comandante de Punto Negro, aceptaría con mucho gusto sus planes e ideas…

 La carta fue respondida un día después de ser enviada, siendo negada por completo al disparate del comandante Fontana. Tres años después, Fernando volvió a escribir a su señoría:

 “Con todo el respeto que usted se merece, es una gran idiotez rechazar esa propuesta… le envío esta carta para que sepa que muy pronto recibirá un acogedor regalo de parte de Gum, de una de sus muchas creaciones…”

 Según la fecha en la que estaba mandada esa carta, fue un día después de que la Colonia A fuera atacada por una manada de Gums, después del primer ataque, más ataques se presentaron, hasta obligar a la colonia a ser abandonada.

 Lo que le mostraba sus ojos lo perturbó e hizo casi imposible que su mente reaccionara, sin embargo, poco a poco fue cayendo en el entendimiento. Las palabras de su padre fue lo primero que dejó entrar: …no hay nada más allá del Punto Negro. ¿Acaso se refería a esto? Fuera del Punto Negro no existe la libertad. También recordó a la gente que odiaba a los soldados y tenían muchas razones válidas para hacerlo. A pesar de que cada una de sus preguntas se respondía, algunas aún estaban en blanco y otras habían aparecido, como por ejemplo, ¿por qué hacían eso? ¿Qué ganaban al hacerlo? Lo que quería hacer en ese preciso momento era ir al Punto Negro y exigir ver a Fontana y reclamar una explicación de todo este desagradable asunto.

 Dejó de nuevo las hojas, papeles, planos y cartas en el cajón, pensó en llevárselas, pero al especular detenidamente, los documentos estarían mejor allí guardados. Se dispuso a salir y ahora encarar a Sexto, quien al verlo, fue él quien preguntó:

 —¿Cuál es tu plan? ¿Qué piensas hacer?

 —¿Qué pensabas al traerme aquí? —cuestionó sin responder a las preguntas.

 —Querías saber la verdad, por eso lo hice. Además de que me seguiste.

 —Así es —estuvo de acuerdo, aunque no pensó que esa verdad tendría que ver con algo como eso. No era cualquier cosa, se trataba de algo muy grande. Dio  un suspiro y dirigió su mirada a los Gum que estaban viéndolo detenidamente —No puedo creer que Fontana tenga que ver con esto —lo dijo aun estando convencido que sí se trataba de él, pues su antepasado planeó eso, además que ahora su tataranieto era comandante.

 —Fontana ¿he? —Susurró para sí mismo Osses, mientras recordaba ese nombre—. Los Trotamundos van de pueblo en pueblo, de colonia en colonia haciendo negocios con los mayores de éstas, cambiando seguridad por provisiones y los que se niegan a colaborar o son pobres, aquellos que no tienen nada que ofrecer, no son protegidos. El pueblo D-7 fue uno de esos dos casos, se llevaron los suministros hasta que lo dejaron en pobreza.

 —Mandando a los Gum con esa máquina que lanza ondas que los hacen agresivos — dijo Alvar haciendo memoria a la imagen del plano.

 No continuaron con su plática, porque un gritó aterrado hizo eco por las calles solitarias de la colonia.

 —¡Iara! —gritó Sexto corriendo en dirección a donde los estaba esperando. No estaban solos, alguien más estaba con ellos.


Capítulo 19

Dos camiones de los Trotamundos llegaron a la Colonia A, separándose uno del otro para abarcar diferentes calles y así poder encontrar lo que estaban buscando. Uno de ellos se detuvo al darse cuenta que por las pésimas condiciones en que se encontraba el lugar, no se podía avanzar más, así que dos soldados bajaron del vehículo para proseguir su búsqueda a pie. Caminaron hasta que alcanzaron a ver a Iara, quien estaba sentada esperando a sus compañeros. Ella gritó al verlos acercarse a ella.

—Oye chica, no grites de esa odiosa manera —dijo uno de ellos acercándose aún más para poder callarla, ya que su grito lo había molestado bastante—¿Y qué haces en estas ruinas?

— Quizás ella sepa algo —sugirió su compañero.

Eduardo se detuvo unos metros antes de llegar a la joven, al escuchar un ruido y advirtió:

—Cuidado Max, alguien se acerca.

Efectivamente tenía toda la razón Ed, pues Sexto se estaba acercando a ellos a toda prisa, directamente al que estaba acercándose a Iara.

—¡No la toques! —gritó Sexto.

El soldado, adivinando la reacción de ataque del que venía acercándose, se preparó para recibirlo, percibiendo como el hombre levantaba una pierna para propinarle una patada, así que sin ninguna intención de huir,  levantó sus brazos como protección, pues el pie izquierdo del sujeto fue dirigido a su pecho, por lo tanto, el pie de Osses impactó en los brazos cruzados del soldado, quien a su vez vio la oportunidad de tomar el pie del atacante con toda la intención de hacerle perder el equilibrio y lanzarlo al suelo, pero en el momento de tomarlo, Sexto se apoyó sobre las manos del hombre y dando un salto con el pie que lo sostenía, levantó todo el cuerpo en el aire y con el pie libre, le propinó una patada al soldado en la barbilla. El soldado lo soltó por el impulso del fuerte golpe y mientras daba un par de pasos de lado, Sexto aterrizó sobre el mismo pie que lo había sostenido y manteniendo la pierna alzada, volvió a utilizarla aprovechando la posición  en la que se encontraba el trotamundos, pues parecía desorientado por el golpe en la mandíbula, así que esta vez  dirigió su pie a pleno estómago, con tal fuerza y velocidad que provocó que el soldado se desequilibrara y fuera a dar contra el suelo de espalda y sin desear darle oportunidad al soldado para que se levantara, Osses le dirigió un puntapié al costado izquierdo, pero antes de alcanzarlo, el soldado rodó por el suelo alejándose lo más que pudo de él. El puntapié de Osses rasgó el aire.

—Es bueno —se dijo entre dientes Ed, mientras con una maniobra bastante ágil, se ponía de pie y miró con gusto como Max se disponía a ayudarlo.

Sexto hubiera continuado con su ataque a Ed, pero lo que hizo fue esquivar el golpe del compañero del soldado que sin previo aviso lo atacó, logrando agacharse a tiempo para sentir como el puño de Max pasaba a milímetros de su cabeza sin que impactara sobre su rostro y como quedó abajo, lanzó un gancho al hígado.

—¡Cuidado Max! —gritó Ed para advertir a su compañero, pero fue demasiado tarde, pues el gancho de Sexto ya se había clavado en la región deseada e hizo que Max  se doblara de dolor y este mismo dolor lo sentó en el suelo, mientras sentía como se quedaba sin aire. Aspiró profundo con los ojos llorosos. Jamás un puño tan potente lo había alcanzado. Miró a Osses con ojos cristalinos. ¿Quién era ese tipo y de dónde tenía tanta fuerza?

Por otra parte, Ed se enfureció al ver lo sucedido. Miró en el suelo a su compañero, casi derrotado y se apresuró a atacar a Osses, muy indignado porque el hombre había osado levantarse contra ellos. ¡Nadie se atrevía a desafiarlos de esta manera! ¡Ellos eran Trotamundos! ¡Lo máximo en inspirar respeto... y miedo! El rebelde merecía ser castigado, sin embargo, se detuvo en seco al ver como un Gum se puso a lado del individuó.

—Este mal nacido tiene un Gum —dejó escapar sorprendido al ver a la criatura.

—¿Cómo es posible que tenga un Gum?— se preguntó por lo bajo Max, perdiendo más color e intentando incorporarse.

Sexto levantó su mano para chasquear los dedos, la señal que Arco conocía para atacar a alguien. Pero antes de poder hacerlo, escuchó la voz de su compañero de viaje.

—¡Espera Sexto! —Alvar se acercó a toda prisa a donde estaba la pelea. Recordando que Osses odiaba a los soldados, era posible que matara a estos dos y él no quería que pasara eso. Además, los rostros pálidos de los Trotamundos, le hizo saber que estaban asombrados y asustados. Observó a su alrededor y no vio a otro Gum cerca, lo que indicaba que ellos tal vez no controlaban uno. Quizás ellos no fueran Controller. Su mirada se posó un instante sobre Iara, quien no había perdido detalle de la pelea y  en Impulso, que se mantenía quieto a un lado de ella.

—¿Ahora qué, Alvar? —preguntó irritado Sexto por la interrupción.

—¡¿Qué está pasando aquí?! — Se escuchó de pronto otra voz y el dueño de ella se hizo presente apareciendo por la esquina de esa calle. Era un hombre demasiado alto y  grande, monstruosamente musculoso, cabello oscuro, corto y de piel negra. Su sola presencia se imponía, por lo tanto hacía que cualquiera temblara, conocido como Sanders. Aun lado de él estaba otro hombre, mirándose a su lado como un enclenque, por lo delgado y pequeño, cabello negro y piel crema, quien al ver a Alvar, se acercó a él presuroso.

—¡Alvar! —se detuvo frente a él y Alvar esperó expectante a que le dijera algo... o lo atacara, pero entonces sintió como el recién llegado lo abrazó —¡Estas vivo, amigo! ¡Vivo! —Farías se vio rodeado por el abrazo que lo estrujó con júbilo sacándole el aire.

—Gutiérrez… —fue lo único que pudo decir, pues estaba atónito por lo que estaba viviendo.

—No puedo creer que aun estés con vida —dejó de abrazarlo, pero colocó las manos en sus hombros y lo miró con alegría sin poder ocultar sus lágrimas, las que detalló Farías asombrado, pero motivándolo a recordar que Gutiérrez era una persona un tanto sentimental y por lo mismo, su sensibilidad le dejaba salir sus lágrimas, por estar feliz, por estar triste, en sí, por  cualquier sentimiento fuerte y emotivo—. Creíamos que habías dejado este mundo. Pero mírate, sí que has cambiado —mencionó al final apartándose de él y verlo detenidamente.

—¿Qué es lo que pasa aquí? —Pregunto Farías queriendo una explicación —¿Por qué nos atacaron?

—¡Respondan! —se escuchó la voz firme del capitán Sanders, aturdiendo a los presentes.

—Nosotros estábamos… —empezó a hablar Ed—. Vimos a la joven y bueno, ella empezó a gritar, solo quise calmarla, creía que necesitaba ayuda o estaba perdida. Es la verdad.

—¿Qué es lo que haces aquí, Alvar? —pregunto Gutiérrez.

—Eso les pregunto a ustedes ¿Los envió Fontana? —cuestionó serio Farías. Tal vez el comandante los envió allí por él. Pero no era así, lo supo al ver como Gutiérrez negaba con la cabeza, pero sin decir nada. La voz de Sanders fue la que hizo que todos prestaran atención al hombre fornido.

—Vamos con los demás…

“¿Hay más?” se preguntó Sexto disgustado y desconfiado. No podía creer que hubiera más de ellos.

—…muy pronto anochecerá y la temperatura descenderá, vamos a donde nos esperan con una cálida fogata y allí platicaremos más cómodamente —terminó Sanders. 

Así se hizo, los tres viajeros siguieron a los soldados, pero estos estaban muy pendientes —sobre todo Osses— por si se trataba de una trampa o emboscada, sin embargo, se dejaron guiar y al llegar al lugar indicado, se dieron cuenta que alrededor de una fogata habían más soldados.

—Me hicieron teniente del escuadrón 8 cuando “moriste” — le informó Gutiérrez a Alvar cuando el nuevo teniente se sentó a un lado suyo para recibir la calidez del fuego. Ya para entonces, Alvar les había contado la razón por la que él estaba en la Colonia A.  El comentario de Gutiérrez lo hizo recordar que a él le habían propuesto ese trabajo,  sin embargo, el puesto que iba a obtener sería el de capitán. Después de todo fue a Gutiérrez a quien se le dio el puesto de Teniente.

—¿Pero qué hacen aquí? —eso era lo que le importaba realmente a Alvar.

—Cuando nuestros escuadrones, el mío 8 y  el del capitán Sanders, 6, se juntaron en la zona siete que está entre las Colonias C y J, me enteré que al capitán Sanders no le agrada la manera en que los Trotamundos tratan a la gente y a mí tampoco. Yo siempre había creído que ayudaban a los pueblos, no que los amenazaban. Por esta razón nos unimos y decidimos salir de la Élite de los Trotamundos. En pocas palabras: Hemos dejado el Punto Negro. Maximiliano y Howard son del escuadrón de Sanders y fueron los únicos que se unieron, y de mi escuadrón están Eduardo, Damián y Francisco.

—¿Por qué decidieron venir a este lugar?

Ahora el que respondió esa pregunta fue Sanders.

—Decidimos venir a este lugar porque creímos que en esta colonia antigua podríamos encontrar algo más que tendría que ver con la dichosa Zona Gris. Hace tres años que era un lugar peligroso para mí, pero cuando me hice capitán de mi escuadrón, me enteré que no es verdad, que es algo así como una base de experimentos. Aunque la verdad nunca he ido a ese sitio, solo escucho comentarios de mis compañeros capitanes.

—Ni yo he ido —comentó Gutiérrez.

—Y yo acabo de enterarme de esa verdad —admitió Alvar —Lo que se me hace extraño es que ni Gutiérrez ni usted estén completamente convencidos de que sea verdad.

—Al llegar a la alta Élite de los Trotamundos nos lavan el cerebro (no literalmente hablando) —replicó Francisco —Por ejemplo, a mí me decían que el Punto Negro debía de ser respetado por todas las colonias y estaba de acuerdo con eso.  Poco a poco nos hacen creer que esos “planes”, son lo mejor para la sociedad en general, pero no me agradaban esos planes del todo.

—Supongo que así es. Una cátedra parecida nos dan a los soldados. Por cierto ¿En qué llegaron? —preguntó Farías interesado.

—Traemos dos camiones —contestó Gutiérrez —en éstos hay cuatro cápsulas de Gum, dos en cada uno. Francisco, Howard, Eduardo y yo somos Controller, pero el Gum que controla Francisco estaba en otro camión, así que solo tres de nosotros tiene uno.

—Pero no sirve de nada —dijo Sanders—, el Doctor que venía con nosotros murió y como no sabemos la contraseña para abrir las capsulas, no podremos controlarlos. Los Gum dormirán indefinidamente.

Alvar pensó un poco y recordó que cuando fue a pedir a Impulso aquella vez que quería ver a Osses, el Doctor había colocado 276-782 en la máquina.

—Deberían intentarlo con el código 276-782, ese vi que pusieron a la cápsula donde estaba Impulso y me imagino que es solo una contraseña para todas las cápsulas.

—Tiene mucha lógica, así se ahorran mucho trabajo, de otro modo serían cientos de códigos para aprender. Realmente sería abrumador —comentó el capitán —¿Impulso? ¿Le has puesto nombre a tu Gum?

—Oh, yo no, ellos —se dirigió a Iara y Sexto, quienes se mantenían alejados de los soldados gracias a la desconfianza. Alvar por el contrario, se sentía como en familia, puesto que ya los conocía, o por lo menos a Gutiérrez y lo conocía desde niño dado a que se criaron juntos. Él era un par de años mayor que Gutiérrez. Los soldados dirigieron su mirada a ambos, lo que provocó que Sexto se levantara de allí y se apartara aún más, mostrando con eso que no le gustaba estar con esa gente.

—Tu amigo es muy callado —mencionó Howard.

—Más que eso, da miedo —informó con una risilla Eduardo, recordando cómo estaba perdiendo la lucha contra él. —Creí que enviaría a su Gum y me destrozaría allí mismo.

—Lo que sucede es que él no está acostumbrado a estar con mucha gente —se escuchó hablar a Iara —Eso es todo. Pero no es tan malo.

Alvar se quedó mirando a Iara por un momento, después desvió la mirada para dirigirla al capitán Sanders.

—Capitán, vino aquí por información ¿verdad? Sé dónde la puede encontrar.

—Es genial escuchar eso, pero solo llámame Sanders y ya no soy capitán.

Alvar se levantó. Su plan consistía en encarar a Jeremías Fontana. Volver a Punto Negro y decir a todos que el comandante tramaba algo sucio. La protección de ciertos pueblos y el desastre de otros.

—Sexto —el nombrado volteó para mirar a Farías, él continuo: —¿Puedes llevarlos a ese lugar?

Osses frunció el ceño.

—¿Por qué no lo haces tú?

—Porque no recuerdo donde queda —le dijo eso con una sonrisa. Sexto lo vio irritado, dudando ¿se trataba de eso?

—De acuerdo —dio un suspiro de cansancio, no discutiría con él a esas horas de la noche. Mañana sería otro día.

—Si es así, vamos chicos —ordenó Sanders, es cierto que ya no era capitán, pero las mañas aún se le notaban —Damián, Howard, traigan unas linternas para iluminarnos en el camino.

Cuando los soldados regresaron de los vehículos donde tenían las lámparas y otras cosas y que no estaban estacionados muy lejos de ellos, Sexto los llevó contra su voluntad a la casa,  pero Arco los acompañó.  Alvar los vio perderse entre la oscuridad y dejo de ver la luz que creaban las linternas. Se acercó a Iara sentándose a su lado.

—Respóndeme una cosa mujer, ¿sabías desde un principio de todo esto?

Ella afirmó con la cabeza y después dijo:

—Él me platicó, pero no con lujo de detalle. Me contó sobre lo que el Punto Negro y los soldados piensan hacer. También me contó lo que le pasó a él y su pueblo y que desde hace mucho tiempo está viajando solo, junto con Arco y también como conoció a Arco.

—¿Y qué opinas de todo eso?

—En mi pueblo estaban construyendo una torre parecida a la que vimos en La Principal, mi padre  trabajaba en ese proyecto antes de que se fuera con… ellos. Mi madre tal vez no es un Trotamundos, pero sé que trabaja con ellos. Además, días antes de irse, mi padre me advirtió que donde estuviera y hubiera una torre parecida a esas, iba a estar a salvo. Eso se me hizo extraño y aún más cuando me dijo que todo pasaría cuando el comandante de Punto Negro y Zona Gris dieran la orden. Entonces no entendí nada de eso, pero cuando Sexto me explicó un poco, razoné más. Sin contar que algunas compañeras y yo nos preguntábamos como es que los soldados sabían cuando los Gum iban a atacar, porque ahora sé que la alarma sonaba no para avisarles a ellos del ataque, porque por ejemplo, mi pueblo queda lejos de Punto Negro, así que, ¿cómo podían ellos saber? La alarma es solamente para que podamos refugiarnos. Creo que en los pueblos donde suena la alarma son experimentos para verificar si siguen funcionando correctamente esas ondas para hacer a los Gum agresivos o algo así.

Esa conversación hizo que Alvar pensara lo ignorante que era, nunca se había planteado ninguna cuestión antes de salir del Punto Negro. Ahora la pregunta que de verdad le preocupaba era: ¿Cuándo es que Fontana iba a poner en marcha el plan? Y Aun no le quedaba en claro cuál era su plan. Por esa razón quería ir a verlo, quería sacarle toda la información que estos años había estado guardando para sí. Alvar puso sus manos en su rostro, de verdad que se sentía como un gran idiota ¿Qué pensaría Sexto de él? Río al preguntarse eso.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la joven.

Alvar no respondió, tan solo la miró por un momento, después dibujó una sonrisa y contesto:

—Sí, estoy bien —se acostó en el suelo para poder ver el cielo oscuro siendo adornado por muchas estrellas. Se levantó con rapidez al escuchar un ruido. Al principio creyó que se trataban de Sexto y compañía que habían regresado, pero se percató que no se trataba de ellos, pues pudo notar que el ruido era de unos neumáticos. Alvar tomó a Iara de la muñeca para correr a refugiarse, presintiendo que habían venido por él, un sexto sentido le advirtió eso, no obstante, antes de encontrar un refugio, los faros de una camioneta los encandiló a los dos, provocando que como reacción, se taparan los ojos con sus manos. La camioneta se paró frente a ellos y otro par de camionetas se pusieron detrás de ellos, acorralándolos. Ambos escucharon como de uno de los automóviles, alguien bajaba y una voz se escuchó, la voz del capitán Morales.

—Alvar Farías, estas arrestado, no intentes huir ya que estas rodeado.

Otro soldado se acercó a Iara y tomándola por detrás,  le tapó la boca.

—¡No le hagan daño! — Alvar  intentó acercarse a Morales, pero en el primer movimiento, dos soldados lo tomaron por los brazos. Impulso quiso de igual manera  ayudar a Iara, como a Alvar, yéndose contra los camiones para desbaratarlos e impedir que se los llevaran, pero un Gum mucho más grande lo detuvo, empujándolo y golpeándolo. El Gum era mucho más fuerte y grande que Impulso, así que no pudo contra este.

—Tienes mal educado a tu Gum, Farías —dijo en tono odioso Morales. Farías forcejeó para soltarse, pero fue en vano. Morales se acercó a él  y quedó frente —No es necesario que  te fuerces.


Las ocho personas regresaban a donde Farías e Iara los esperaban, y se extrañaron al ver como unas luces iluminaron gran parte de las calles de la colonia, dándose cuenta que se trataban de Trotamundos. Varios escuadrones circulaban por las desoladas avenidas.

—¡Iara! —fue lo primero que gritó Sexto, corriendo con la intención de ayudar, pero sintió como alguien se le lanzó encima deteniéndolo, cayendo ambos al suelo. Gutiérrez detuvo a Sexto de las piernas.

—No seas imprudente —mencionó éste sujetando con fuerza las piernas de Osses, con la finalidad de no soltarlo.

—¡Suéltame! —forcejeó para salir de las garras de Gutiérrez y al hacerlo, se incorporó rápidamente, pero volvió a sentir de nuevo  la mano del soldado y volviéndolo al suelo, ahora lo sujetó con fuerza del pie, pero con el que tenía suelto, Sexto trató de patear el rostro de Gutiérrez, más el soldado lo detuvo con su mano libre. 

—¡No seas idiota! —empezó a molestarse ante su forcejeó —Si nos atrapan ¿Quién va a ir a rescatarlos?

—Maldición —masculló entre dientes golpeando el suelo.


Impulso estaba siendo derrotado por ese monstruoso Gum. Iara estaba siendo forzada a subir a uno de los vehículos.

—No la dañen —repitió de nuevo Alvar, estirándose para acercarse más a Morales, pero los dos soldados lo sujetaron con fuerza, Alvar empezó a sentir la presión que hacían a sus brazos.

—Si no se resiste, no veo la necesidad —escuchó la odiosa voz del capitán del escuadrón 10 en tono frío.

—Llévame con el comandante.

—No es necesario que me lo digas —hizo una señal a los dos soldados para que se llevaran a Farías adentro de la camioneta, al hacerlo, su misión había terminado en ese momento, capturar a Alvar Farías.

—Señor —uno de sus hombres se avecinó a su mayor —¿Qué hacemos con ese Gum?

—Lo dejaría aquí, pero este es parte de la operación, así que nos lo llevamos, pónganlo en una capsula y esperemos las órdenes del comandante Fontana —ordeno el capitán.

El mismo Gum que venció a Impulso, lo colocó en la cápsula en donde lo durmieron y ya con las órdenes cumplidas, los Trotamundos se fueron a sus respectivos camiones para retirarse de la colonia, así manejaron perdiéndose entre la fría y oscura noche, dejando atrás la sombra de la Colonia  A.



Capítulo 20

Sexto estaba mirando el lugar donde vio desaparecer los camiones de los Trotamundos, llevándose todo, tan solo dejando las marcas de los neumáticos. El amanecer poniéndose.

—Osses, todo está listo, podemos irnos —se escuchó Sanders colocándose a un lado de él, quien sin dejar de mirar aquel lugar, preguntó:

—¿A dónde se los llevaron?

—Puede que a la Zona Gris. Si es verdad lo que me informó Gutiérrez que Farías “supuestamente” murió y si se lo llevan al Punto Negro eso sería un escándalo para ellos y para evitar eso, se lo debieron llevar a la Zona Gris donde nadie lo conoce —al decir eso, le dio un par de palmadas en la espalda, después dio media vuelta y se retiró a donde estaban los soldados ya listos arriba de los camiones, Sexto hizo lo mismo.

Sanders estaba emocionado en cierta manera por ir a esa zona, ver al comandante cara a cara y tener alguna explicación sobre todo lo que estaba o estaría por pasar. Al subir al camión y enseguida de Sexto, informó:

—Mi única preocupación es que tal vez no ajustemos con el combustible, ya que estamos escasos.

—Quería evitar parar en los pueblos —comentó Damián, quien era el conductor, refiriéndose a que en los pueblos era muy difícil conseguir gasolina y si en el primer pueblo no consiguen, no sabían cuántos pueblos debían pasar para conseguir la gasolina necesaria. Osses recordó algo.

—¿Podríamos pasar a la Colonia G? Allí conozco a alguien que podría darnos combustible.

Damián miró al capitán.

—¡Haga lo que dice el hombre! —fue lo único que dijo, enseguida el conductor arrancó el automóvil, después del otro vehículo y marchando, se dirigieron a su nuevo destino: a la Zona Gris.

En el camión que iba adelante, se encontraban Damián, Sexto en medio y Sanders en el lado del copiloto y en la cajuela, protegido por la lona, iba Maximiliano. En el otro vehículo que marchaba detrás, estaban Howard el conductor, Gutiérrez en el copiloto y en la cajuela, Eduardo y Francisco.


A Alvar lo tenían en la parte trasera de la camioneta, un tanto apretado en una esquina. Sus manos estaban esposadas una de la otra detrás de su espalda, así que esa posición no ayudaba mucho con su estado actual. Los dos hombres que en un principio lo habían sujetado y metido a ese lugar, estaban con él, ese par de soldados tenían mala pinta. Más que su propia preocupación, Alvar no sabía en qué condiciones estaban tratando a la pobre de Iara y no dejaba de pensar en ello, eso hacía que él preguntara sus circunstancias, pero esos mastodontes, mascotas del comandante, porque eso era lo que eran, simples mascotas, y pensar que él alguna vez lo fue, no le respondían nada. Ni una sola palabra escuchó de ellos desde que estuvo viajando, es más, hasta dudó que pudieran hablar.

—¡Oigan! —pero a pesar de que lo ignoraban, Farías seguía con insistencia y no iba a parar hasta que escuchara palabra de ellos ¡Pobres de ellos si eran sordos! —Me llevaran al Punto Negro ¿Verdad? —Aun no obtenía respuesta, haber quien se rendía primero —¿Son sordos o mudos? O ¿Simplemente su cerebro tarda en carburar lo que les digo?

Los dos hombres pusieron un rostro de irritación, por fin habían cambiado su expresión de robots.

—Escuchen —prosiguió Farías, pero ahora con tono serio y amenazante, aunque  viendo las circunstancias, no estaba en posición de hacerlo—, si me entero que le hicieron algo a Iara, les juro que yo mismo les cortare la cabeza…

—¡Ya calla esa boca, imbécil! —dijo uno de ellos irritado de tanto oírlo hablar, a pesar de que dejaba de hablar, aun lo escuchaba taladrar sus oídos, estaba fastidiado, así que se puso de pie sin quedar derecho para evitar chocar con el techo y acercándose a Alvar, lo tomó del cuello de la camisa y levantándolo un poco, se lo acercó a su rostro —Si no dejas de hablar tendré que cortarte esa maldita lengua.

—Alberto, no le tomes cuidado —dijo su compañero, quien aunque estaba también harto del prisionero, se mantuvo en su postura—, no debemos dejar que este nos enfurezca. Un simple fugitivo traidor. Un desertor.

Alvar desvió su mirada para ver al otro soldado.

—Conque soy un fugitivo traidor.

Alberto empujó a Farías, provocando que este se golpeara la espalda en la pared del camión, pero lo que más le dolió fueron las manos atadas, por esa incomodidad.

—Maldito traidor —masculló entre dientes el soldado tomando de nuevo su asiento.


Los camiones donde iban Sexto y Sanders habían llegado a la Colonia G y disminuyendo la velocidad se detuvieron a unos metros de la puerta de la Principal. Sexto, Sanders y Gutiérrez bajaron del automóvil y adentrándose a la Principal se encaminaron a la comisaría.

—¿Pero qué sucede aquí? —cuestionó Luc al ver como dos de sus hombres se acercaban con rostros pálidos y preocupantes, uno de ellos le informó:

—De nuevo están aquí los soldados.

Tessier se extrañó de escuchar eso, ellos no venían tan seguido, dejaban pasar hasta meses para que volvieran, pero al pensar mejor la situación, se le vino a la mente que vinieron para informarles que estaban preparados para que activaran la torre porque estaba por sobrevenirles un ataque. Había sido más rápido de lo que le informaron y calculó. Pero su preocupación disminuyó un poco al ver entrar a alguien de rostro familiar.

—Luc, necesito que nos hagas un favor —fue lo primero que dijo Sexto ante su presencia.

El hijo del oficial fijo su vista sobre el hombro de Osses para observar a los dos hombres que usaban el distinguido uniforme que los identificaban como Trotamundos. Frunció el ceño al no poder comprender nada de lo que pasaba.

—¿Qué es exactamente lo que pasa? —preguntó ahora mirando fijamente los de Sexto, tratando de encontrar alguna explicación.

—Se llevaron a Iara y a Alvar. Necesitamos combustible para alimentar los camiones y así ir directo a la Zona Gris sin detenernos. Por favor, Luc.

—¡Iván! —Se dirigió a su mano derecha —llévales lo que están pidiendo Sexto —ahora volvió a dirigir su vista a él —Muy pronto el Punto Negro dará la alarma, lo más recomendable es refugiarse en algún pueblo donde tenga una torre, es la mejor manera de estar seguros de ese ataque… —no prosiguió al observar a Sexto, quien se dio cuenta que tenía razón, pero pasara lo que pasara, iría a por sus amigos, así que lo único que pudo  hacer, fue darle una palmada en su hombro y decirle—. Te deseo lo mejor.

Sexto sabía que tenía las mejores intenciones, pero no podía darse el lujo de refugiarse cuando sus dos compañero de viaje estaban en peligro, por esa razón seguiría con su viaje.

El camión donde Alvar se encontraba por fin se había detenido al llegar a la Zona Gris, el viaje se le hizo eterno y eso que llegaron más rápido de lo que él y sus dos compañeros hicieron de la Colonia B a la A, pero por la incomodidad en la que estaba le pareció una vida completa. Los dos soldados bajaron dejándolo solo, él estaba irritado y cansado de todo y lo único que quería era ver a Fontana, y si es que no lo dejaban verlo, se iba a enojar mucho. No pudo escuchar nada ¡Malditos camiones blindados! Frunció el ceño molesto al no poder percibir nada de afuera, pero casi enseguida una persona se asomó para ver al prisionero, Alvar quedo petrificado al ver al soldado que se asomó, se trataba del Teniente Smith, quien al verlo, simplemente se volvió a retirar. ¿Acaso él sabía todo lo que estaba ocurriendo? ¿Quiénes eran los que sabían la verdad? ¿Todos los del Punto Negro? O ¿Simplemente él no lo sabía? Negó con la cabeza para quitarse esas preguntas, era imposible, no todos… solo se trataba de los de alto rango, capitanes y tenientes. Smith volvió a asomarse y dijo algo, pero no era dirigido a Farías.

—De acuerdo, llévenlo con el comandante Jeremías.

—¿Es el Punto Negro? —se preguntó en voz alta Farías cuando lo bajaron del automóvil, pero no era el lugar que lo vio crecer, lo habían traído a la Zona Gris, la cual era casi una copia exacta del Punto Negro madre, de todos los males.

Los dos soldados empujaron a Farías a las instalaciones sin importarles si lo lastimaban o no, ellos tan solo se limitaban a seguir órdenes. Al entrar, Farías pudo observar que el interior era totalmente diferente al Punto Negro. Ese sitio tenía la mejor tecnología que nunca había visto, gente, doctores, médicos, arquitectos… ese lugar en donde se creaban armas, cápsulas donde se dormían los Gum, materiales para las torres, de todo lo que Germin Gum había plasmado en un papel.

Lo dirigieron a un pasillo que era  tan amplio que podían caber dos camiones, pero en vez de estos, una especie de pequeños carros cargaban materiales con lo que parecían ser brazos, pero de acero.

Lo condujeron a una puerta que rezaba el número 13-B7 con grandes letras blancas. La dichosa puerta se abrió al poner un hombre un código en la máquina. Dentro de esta, en el centro, se encontraban tres personas, Alvar solo conocía a una de ellas, a Jeremías Fontana, las otras dos no las conocía, el varón que estaba al lado izquierdo del comandante, tenía cabello gris cortado a rastrillo, su mandíbula era cuadrada y tenía un rostro que daba escalofríos, una persona muy seria y llevaba el uniforme del Punto Negro. La mujer al otro lado era muy guapa, de cabellos dorados, echa una trenza colgando sobre su hombro, usaba lentes y estos no le hacían opacar su belleza, entre sus brazos cruzados llevaba una tabla llena de hojas.

—¿Dónde está Iara? —preguntó yendo al grano una vez lo pararon frente a las tres personas. Pero aun lo tenían sostenido.

—Alvar —habló Jeremías —te preocupas más por ella que por ti.

—Donde la tienen, maldito… —los dos hombres lo sujetaron con fuerza cuando vieron que se pondría agresivo y estirándolo con violencia lo retiraron un poco del comandante.

—Escucha, quiero presentarte a estas dos grandes personas, la mujer se llama Abigail y es la técnico de información y computación, la que da mantenimiento a estas instalaciones —abrió los brazos para mostrar el entorno —Y él es Daniel, comandante de la Zona Gris…

—No me importa, lo que quiero saber es donde está Iara… —sintió como lo volvieron a apretar con fuerza para callarlo, Alvar se limitó a sonreír con burla y mirando a Fontana, dijo con voz calmada —Quiero saber una cosa mi comandante, ¿Qué piensa hacer realmente? Descubrí que un ex-comandante por nombre Fontana, ¿curioso no?, fue quien destruyó o envió a una manada a destruir la Colonia A ¿Me puede explicar eso, mi comandante?

A pesar del tono de sarcasmo que se oía en la voz de Farías, Jeremías respondería la pregunta.

—Fernando Fontana, mi antepasado, quiso crear un nuevo lugar, pero por desgracia murió, afortunadamente yo volví a recrearlo al encontrarme información de él. Me pareció una interesante propuesta.

—¿Qué es exactamente lo que planea hacer?

—¡Limpiar! Deshacerme de todo pueblo o Colonia que no quiera cooperar con Punto Negro. Deshacerme de toda mancha inservible, que solo hace ver al Punto Negro sucia…

—¡¿Quitándoles sus material, para mantenerse?! —Tan solo esa loca idea hacia que Farías odiara aún más a Jeremías —¡¿Dejándolos en la ruina?! ¿Ahora quiere exterminarlos?

—Basura, Alvar, nada más que eso. No existe nada que no sea por el negocio: Proteger a cambio de algo. Nada es gratis en este mundo.

No podía creer lo que escuchaba y a pesar de que en cierta manera era verdad, por desgracia la gente no hace favores a menos que se les pagara por ello. A pesar de eso, Alvar sabía muy bien que existían personas, familias que eran dadoras de corazón y que estas no debían de morir siendo asesinadas por las manos manchadas del Punto Negro. Ellos tenían el deber de proteger a cuan gente se tratara. Punto Negro se había creado con la finalidad de proteger a las personas de los Gum, no para provocar que los Gum atacaran a las personas. La ira de Alvar penetró los ojos de Fontana, quien mencionó al percibir su furia:

—Farías, eras un muy buen soldado, es una lástima tener que deshacerme de alguien de tu categoría —al terminar, se dirigió a los dos hombres que aun sostenían al exsoldado —Llévenselo.

Los dos hombres emprendieron las ordenes de Fontana y a pesar de que no les dijo a donde específicamente, ellos ya sabían el lugar a que se refería, así que estirando a la fuerza a Alvar, quien se resistía, lo alejaron de las tres personas.

—Jeremías eres un mentiroso, egocéntrico… si salgo de esta me la pagaras —A pesar de que dijo eso, no estaba seguro de que podría salir vivo de esa situación —¡No tienes derecho de hacerlo!

La continuación de la historia esta aquí: aquí, por razones de no poder actualizar en este lugar. Gracias por su compreción.