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Hay ocasiones en las que la imaginación vuela más allá de las estrellas, veces en las que simplemente creas y creas cantidad de leyes diferentes a las conocidas, mundos inauditos, a los que desas dar imágen y validez. Nada mejor que otros vean aquello que piensas para que sea valorado. Disfruten de los universos que se crean aquí y relaciónense con ellos. Vean qué afecta en su vida, qué es igual, cómo lo cambiarían y qué harían en el lugar de x personaje. No sean tímidos y dejen lo que su mente piense en el momento. Sean felices siempre.

martes, 8 de julio de 2014

Entre


Capítulo 1

Sabes lo que tienes que hacer ¿Cierto? —se escuchó la voz de un veterano, la que se notaba cansada debido a los años que cargaba, pero en ese momento sonó firme al decir esas palabras.

A si es. No debo tener trato con las personas e ir directamente por el objetivo respondió una voz mucho más juvenil a la anterior y en contraste, llena de júbilo y con un tono de emoción por terminar el encargo lo más rápido posible, anhelante de demostrar que era capaz de hacerlo.

Si tienes eso en mente, estás listo para ir. Ve y tráela a su hogar.

Un joven de 20 años de edad se encontraba en uno de los muchos callejones de esa ciudad. Estaba de rodillas y al ponerse de pie se quitó de encima una gabardina color azul rey, la que, una vez de pie se la colocó con un movimiento magistral detrás de su espalda abrochándosela alrededor del cuello.


El joven se llamaba Rive Mosc, y era de buen aspecto. Alto, de cabello color plata y sus ojos de un color verde como la esmeralda, reflejaban gran fuerza y viveza.

Rive miró a su alrededor notando que era muy diferente a lo que él estaba acostumbrado y supo sin dudarlo que se localizaba en un callejón al ver por su entorno basura tirada, aunque los botes de basura se encontraban vacíos. Las paredes que se levantaban sobre él eran viejas, con un color verde, pero no por la pintura, sino por el moho que se había apoderado de ellas, mas lo que imperaba en el lugar, era una desagradable pestilencia y deseó salir de allí, sin embargo, su comodidad no era lo importante, así que ignoró su repulsión mientras de su bolsillo trasero del pantalón sacó una pequeña fotografía que abarcó toda su palma. La fotografía mostraba a una joven de no más de dieciséis años cuya sonrisa era lo más sobresaliente. Al verla, cualquiera diría que llevaba una feliz vida. Su cabello castaño claro era corto, sus ojos eran color miel. Atrás de ella había un jardín con flores y rosales.

Rive dejó de mirar la fotografía para regresarla a su bolsillo. Suspiró sintiéndose emocionado, por fin había llegado a su destino y para ser sinceros, era su primer viaje a esta dimensión. No conocía nada de ésta e ignoraba como trabajaban las personas de este sitio, algo podía salir mal, pero como tenía el deber de encontrar a Zaquin y llevarla a su verdadero lugar de origen, deshizo todo pensamiento negativo y se centró en buscarla, así que lo primero que hizo fue salir de ese mal oliente callejón que solo tenía una salida. Ya en la calle, observó muchos edificios que se levantaban altos, conteniendo decenas y cientos de pisos. Por las avenidas, los vehículos circulaban uno tras otro produciendo un ruido ensordecedor y molesto. La gente caminaba por las aceras, despreocupadas o con prisa por llegar a sus respectivos destinos. Mosc giró a la izquierda y topándose con las personas empezó a detenerlas y enseñando la foto les preguntó si habían visto a esa chica y como era obvio, estas negaron con la cabeza o mencionaron que no la conocían. La nula información no hizo que el joven dejara de preguntar, por lo tanto continuó con cada persona que pudo detener para preguntar, pero después de un buen rato, los resultados no fueron fructíferos.

Entonces pensó en cambiar de escenario, así que dejó la banqueta para cruzar la avenida y pasar a la otra acera y seguir haciendo su labor sin darse cuenta que un automóvil iba pasando y que el hombre que iba manejando frenó repentinamente al verlo para no atropellarlo. Por toda la calle se escuchó el frenazo. Las llantas rechinaron en el asfalto levantando humo y un pestilente olor a hule quemado, pero a pesar de su esfuerzo, como el auto iba a una velocidad alta, el conductor no pudo frenar a tiempo, sin embargo no llegó a impactar contra Rive porque en el último momento, él percibió el auto y para evitar ser atropellado, saltó al otro lado en una espectacular y sorprendente maniobra.

La gente que estaba visualizando lo acaecido se imaginó lo peor, pero como no fue así y al ver que el joven desconocido había esquivado el peligro, se asombraron. El dueño del vehículo se bajó rápidamente cuando este se detuvo por completo y dirigiéndose presuroso al joven, pregunto:

¿Estás bien? De verdad que lo siento —su preocupación disminuyó al verlo erguido pero aun así no del todo, a simple vista se veía que nada grave le sucedió —Fue un accidente… te me apareciste tan de repente que yo…

¿Ha visto a esta chica? —preguntó sin tomar en cuenta lo que sucedió segundos atrás. La primera prioridad de él era localizar a la joven.

El hombre se sorprendió a tal reacción por parte de él, pero sin más tomó la fotografía de la chica para verla mejor y como era de esperarse, le dijo negando con la cabeza.

No, lo siento, no creo haberla visto le entregó el retrato y mirándolo continuó— Si ha desaparecido, es mejor que vayas con la policía.

¿Con la policía?

Así es, ellos llevan esa clase de casos y pueden encontrar a las personas desaparecidas.

¿La policía? Entiendo —Así, sin darle importancia a nada, se dirigió a donde ese buen hombre le recomendó, a ese lugar donde tal vez la conocían o le ayudarían a localizarla.

¡Lo lamento! —gritó por último el hombre al perderlo entre la multitud. Acto seguido se dirigió a su automóvil ya que algunos conductores molestos sonaban su bocina debido a que había dejado el carro a mitad de la calle siendo un estorbo para los otros autos.

Rive llego hasta un centro de policías, encontrándolo por preguntas. Ese sitio era muy grande, abarcaba toda una cuadra, y para poder entrar se necesitaba primero subir muchas escaleras, las que ascendió, después empujó la puerta para entrar. Lo primero que vio en el interior, fue un cubículo con el letrero “Recepción” y supuso que allí podían atenderlo, pero antes de dirigirse hacia allá, se detuvo al observar a dos personas hablar.

Una mujer madura hablaba con un hombre, por juzgar el uniforme de este, se diría que era un policía, el trató de calmar a la mujer, pues según lo que hablaban, desde ayer su hija no regresaba de la escuela, había hablado a las casas de sus amistades, pero ninguna de estas la habían visto. La madre estaba preocupada, por eso había ido personalmente a la policía. Una vez que terminó de explicarle su situación, el oficial le señaló un lugar donde otro policía la estaría esperando para atenderla mejor. La adolorida madre se dirigió al sitio señalado. Rive tomó esa oportunidad y se acercó al uniformado y enseñándole la foto preguntó lo que toda la mañana había preguntado.

No. ¿Ha desaparecido?

No.

¿¡No!? —El oficial se sorprendió, no se encontraba en situación de bromas—, entonces, ¿por qué está aquí?, vea que ahora mismo no podemos atender cosas como esas, ya que nos han llegado informes que dos adolescentes escaparon de casa.

Pero es urgente que la encuentre.

Escuche, por el momento yo no puedo atenderlo, pero espere por ahí —señaló la sala de espera donde se encontraba la gente en cómodos sillones mientras se les atendía—, le enviaré a alguien para que le ayude a encontrarla si es tan urgente como dice.

Acto seguido, el oficial corrió adonde su compañero y la mujer, mientras el joven se acercó a la sala, tomó asiento al lado de una mujer quien se encontraba leyendo una revista de las que estaban sobre una mesita para que cualquiera las pudiera tomar y así poder matar el tiempo.

Buenos tardes —saludó la mujer amablemente —¿Alguna factura?

Estoy buscando a alguien —le mostró la fotografía como lo había hecho con los demás —¿La ha visto?

La mujer tomó la foto y la miró detenidamente, sonrió al reconocer a la persona de la imagen.

Sí. Le doy clases —miró al joven devolviéndole lo que le pertenecía—, su nombre es Rosely Zaquin…

Rosely —murmuró.

—…es una chica muy inteligente, tiene unos excelentes modales y es una muchacha muy amable. ¿Es algún familiar tuyo?

¿Dónde puedo encontrarla?

¿Dónde? —trató de recordar donde vivía, pero fue en vano, daba clases en una escuela y a muchos alumnos, le era imposible acordarse de memoria donde vivían exactamente sus alumnos. Negó con la cabeza—. No recuerdo donde es su dirección, pero mañana puedes preguntar a la directora de la escuela Oliver que queda frente al parque Margaritas.

Rive se despidió de la mujer una vez ella le apunto la dirección de la dichosa escuela. Como se había hecho tarde, esperaría hasta el día siguiente para poder verla y conocerla en persona. Sus ansias de poder conocerla se volvían más grandes al imaginarse que pronto lo haría.


Rosely ayudaba a su madre en la cocina, ambas se encontraban felices y esa felicidad se debía a que mañana iba a regresar su padre y esposo. Phal Zaquin era un hombre de negocios, jefe de su propia empresa y debido a eso, a veces tenía que viajar por varias semanas, hasta meses.

Phal era también un hombre audaz, muy bien parecido con sus cabellos color negro azabache, el que era un poco largo antes de conocer a su esposa, pero ahora lo llevaba corto, siendo sus ojos de un color verde fuerte, los que fueron la atracción que derretía a las chicas cuando joven. Un galán que enamoró a primera vista a Catalina, su esposa.

Catalina Connor era una mujer muy hermosa que deslumbraba cuando estaba en preparatoria y seguía siéndolo, pero en sus tiempos de juventud su belleza deslumbraba aún más, con unos grandes ojos color miel, su cabello tan largo, que siempre lo llevaba suelto y muy sedoso. Inteligente y audaz, era una muchacha deseada a los ojos de los hombres. En la graduación, en su último año de preparatoria, había hablado con el chico que le había robado el corazón desde que había entrado a esa escuela.

Después de animarse y declarar lo que sentía por él, él aceptó, empezaron a salir y después de tener varias citas y con seis meses de noviazgo, Dilan Gabler le pidió matrimonio, ella aceptó muy feliz a tal declaración, convirtiéndose en Catalina de Gabler. Después tuvieron un hijo, al que nombraron con el nombre de Brian Gabler, un muchacho parecido a su padre. A pesar de eso, dos años después, lo que fue una bella vida, se esfumó como vapor de una tetera cuando ella se dio cuenta que su esposo la estaba engañando con otra mujer. Sin más, ella pidió el divorcio, el que Dilan aceptó sin ningún remordimiento, simplemente firmó el documento junto con el que hablaba que no quería ninguna responsabilidad por su hijo. Después de eso, ella nunca supo más de él, pero se sintió muy agradecida por eso, pues su vida fue más fácil sin tener que saber de la persona que la había dejado con una profunda herida en el corazón y por mucho tiempo tuvo la creencia que esta nunca sanaría y por ende nunca volvería a enamorarse. Pero dos años después y de trabajar duro por mantener a su hijo y haber luchado contra la depresión, conoció a Phal, quien al tratar con él se enamoró profundamente y ya tenían muchos años de matrimonio. Con él tuvo una hija, cuyo nombre era Rosely.

Ahora, ambas escucharon la voz de Brian, quien se dirigió a la cocina.

Hola familia, eso huele muy bien ¿Qué es? ¿Puedo servirme?

Todavía no —contestó inmediatamente Rosely—, aún no está lista. Así que vete.

Tengo mucha hambre. No seas ingrata —mencionó mientras le enseñaba la lengua a su hermana.

Ya mero está, no seas impacienté hijo, de mientras puedes darte una ducha —mencionó Catalina cortando apio para acompañar lo que estaban cocinando.

Brian fue obediente porque urgentemente necesitaba de un baño, pues apestaba a sudor y estaba lleno se tierra. Acababa de llegar de jugar fútbol soccer. Tenía la costumbre de ir a jugar con sus amigos todos los miércoles y sábados, después de llegar a casa se daba una ducha y descansaba un rato hasta hacerse las ocho de la noche, horario en que se iba a trabajar en un restaurante de comida, ejecutando varios papeles, unos días era el de mantenimiento, otras de cocinero y de cuando en cuando atendía en la caja registradora.

Después de que la comida estuvo lista, puesta en la mesa y Brian de darse un baño, los tres se sentaron alrededor de la mesa para empezar a comer del pequeño bufet. Así cada quien se sirvió lo quiso.

No olviden que mañana regresa su padre —informó la señora de la casa con una sonrisa en su rostro—, por eso los quiero temprano para que me ayuden a prepararle una rica comida de bienvenida.

Yo no podré —menciono Brian metiéndose una cuchara llena de comida a la boca.

¿Cómo que no puedes?

Mañana me quedé de ver con mis colegas para ver una película, ya hicimos los planes.

Pero nuestros planes eran desde una semana atrás —mencionó disgustada la más joven por el comportamiento desinteresado de su hermano —¿No puedes ir después? Decirles que tienes algo más importante que hacer.

No puedo hacer eso, ya compré las entradas, además, cuando llegue lo saludo y ya está ¿Por qué tengo que estar aquí?

¿Cómo que por qué? ¡Es nuestro padre!

Lo sé, si pregunta por mí solo díganle que salí. Si no estoy no se acabará el mundo.

Pero…

Está bien —se interpuso la medre para calmarlos—, no te preocupes Rosely, puede saludarlo cuando llegue. No discutan, estamos comiendo.

Rosely empezó…

Brian.

¡Es mentira! Tú fuiste.

Rosely. Ya ¿no? no discutan en la mesa. Disfrutemos de la comida.

Por sugerencia de Catalina, los dos dejaron de discutir. Después de que el ambiente mejoró un poco empezaron a platicar de cómo había sido la escuela o el trabajo, esas clases de charlas eran las comunes, siempre acompañadas de risas.

La noche llegó y todos se dispusieron a hacer sus respectivas actividades, los que descansan a dormir y los que trabajan a trabajar.

Al día siguiente, Rosely, como todos los días que va a la escuela, se levantó muy de mañana para vestirse y arreglarse, tender su cama, y dirigirse después a la cocina en donde se sirvió un plato de cereal con leche, el que comió de prisa para finalmente encontrarse lista para otro día de escuela.


Un joven de 17 años se localizaba en el cuarto de mantenimiento de la escuela. Este era rubio de ojos miel, su nombre era Dylan Backus. Él era un chico humilde, nada popular entre los chicos de la escuela, pero famoso por ser un chico ignorado y debido a que siempre estaba solo, casi no hablaba con nadie. Era usual que a la hora del almuerzo se le viera apartado de los demás porque a él mismo le gustaba mantener distancia de los compañeros de clase.

Ahora se encontraba en este cuarto porque era uno de sus lugares preferidos, ya que allí podía hacer monólogos sin pasar por vergüenza, precisamente estaba haciendo uno frente a un trapeador.

Hola Rosely ¿Te acuerdas de mí?... ¿No? Bueno, soy tu compañero de la clase de cocina… —río —ese soy yo, pero sabes, me gustaría salir contigo —después de decir eso, negó rotundamente con la cabeza —¡No, no, no! eso no, es mejor decirle: me gustaría hablar contigo para conocerte mejor —meditó en eso, poniendo sus dedos bajo la barbilla— ¿No sería un poco raro? —Se agarró la cabeza con las manos y dio leves vueltas mientras hacía un sonido de frustración —No, no, no, ¡así no! Me creerá un tipo raro…

Se sobresaltó cuando de pronto escuchó la puerta abrirse, dejando inmediatamente de monologar. Miró entrar al hombre encargado del mantenimiento, quien al ver al joven allí le dijo molesto:

¿Otra vez por aquí chico? Esta es la tercera vez que te veo aquí.

Lo siento mucho señor, precisamente ahora me iba — se acercó a la puerta dispuesto a marcharse, pero cuando iba a cerrar la puerta se detuvo al escuchar la voz del señor de mantenimiento.

Solo dile que te gusta, si no te corresponde es porque no es para ti.

jeje tiene mucha razón— río nerviosamente, con ese consejo cerró la puerta totalmente.

Caminó por uno de los muchos pasillos de la preparatoria para dirigirse a su aula. Suspiró. En el pasillo se podían ver estudiantes platicando, tal vez los que tenían esa hora libre, por ejemplo él, aunque a varios de ellos no los conocía. Después de esa clase libre, tocaba la de cocina, esa clase le gustaba mucho debido a que se trataba de la única que compartía con Rosely Zaquin, pero para él le bastaba, tan solo con verla un día se alegraba. A él le gustó la primera vez que la vio, y como algunos dicen: “El amor a primera vista tocó su corazón”

Quería entablar una conversación con ella, pero no había podido debido a que tenía dos cosas en su contra. La primera: Es que era muy tímido y como nunca ha tenido una conversación con alguien a parte de sus familiares, le era un poco difícil llevar un diálogo solido con alguien más. La segunda: Estar frente a la chica que le gustaba le impedía hablar de algo, pues la mente se le ponía en blanco, así que no atinaba a decir algo coherente. Solo algunas ocasiones había podido hablar con ella, pero solo se trataba para preguntarle algo o para ayudarla en algo y casi nunca se presentaban esas oportunidades, ya que sus compañeras de equipo la ayudaban. Quería conocerla más, saber sus gustos y disgustos. Lo único que sabía era su nombre y donde vivía, fuera de eso… nada, pero lo poco que había visto de ella le decía que era una chica alegre, optimista y que era muy docta para entablar una buena conversación con cualquiera y eso fue lo que primero le llamó la atención a él.

Mientras llegaba a su aula, pensó en lo grandioso que sería hablar por más de un minuto con ella. Su mente quedó en blanco cuando, al mirar por el pasillo delante de él, descubrió que se estaba acercando su amor platónico. Ella estaba platicando con una amiga y se volvió a enamorar cuando miró su esplendorosa sonrisa. Ella pasó por su lado sin siquiera saludarlo. Dylan se detuvo, dio media vuelta y sin pensarlo siquiera, dijo su nombre. Ella se detuvo y al notarlo, lo saludó amablemente:

Hola Dylan ¿Todo va bien?

Todo bien —quiso hablar más, decirle algo más, pero su garganta no se abrió para decir otra cosa, sintió como su corazón se aceleraba con cada segundo que la veía—, te veo en clase —rápidamente desvió su mirada de ella.

Claro, hasta luego —La joven continúo con su camino retomando la plática con su amiga. Dylan volvió a dirigir su vista hacia ella, mirándola partir, alejarse de él. Suspiró decepcionado de sí mismo al no poder decir más. La irritación tomó el lugar de la decepción.

¡Ah! Eres un estúpido —gritó a su persona.


Rive Mosc se encontraba sentado frente a la directora de la escuela Oliver. Él pedía ver a Rosely Zaquin.

Pero ella no es ningún familiar suyo ¿cierto? Lo siento mucho, pero no puedo permitir que alguien entre a las instalaciones a ver a un alumno que no es familiar de él.

Entiendo.

Pero si es tan urgente como usted menciona —se levantó de su cómoda silla y caminó a un estante en donde abrió un cajón y empezó a buscar entre muchas carpetas hasta encontrar lo que buscaba, sacando un sobre y de este una carpeta; la carpeta contenía todo lo relacionado con esa alumna, como su dirección, el nombre de sus padres, dónde había estudiado antes de entrar a esa escuela y otras cosas—, debería ir a su casa, le daré su dirección, pregunte por su padre, él se llama…

Phal Zaquin.

Así es, ¿lo conoce?

¿Me dará su dirección?

Claro. Es mejor hablar con el padre primero, para evitar problemas.

Tiene mucha razón.

Al darle la dirección, Rive se despidió de la directora. A continuación se dirigió a la puerta principal del campus y se paró a un lado de esta. Iba a esperar a que las clases terminaran para verse con ella personalmente. Estaba consciente que al sonar el timbre de salida, todos los alumnos saldrían y que tal vez se le pasara, pero si esto sucedía, optaría por el plan B: “Ir directo a hablar con Phal”.
 
Capítulo 2

Gabriela y Rosely caminaban hacia la salida de la escuela después de que el timbre que anunciaba el término de clases, sonara. Estaban platicando de varias cosas, sobresaliendo el tema del par de chicas que habían desaparecido dos días atrás y como los oficiales decían que se habían escapado de casa, pues esa clase de cosas eran comunes. Las jovencitas en esa etapa, se peleaban con sus madres por todo y esas razones eran suficientes para irse de casa.

¿De verdad crees que Beatriz se escapó de casa? —Preguntó Gabriela a su amiga, ya que la verdad no lo creía. Pensaba que solo eran excusas para la policía librarse de esos casos. Betty era una de las chicas desaparecidas y era una conocida de una amiga suya, así que la conocía poco, pero lo suficiente como para determinar que ella no era, o por lo menos, no aparentaba de ésas que se iban de casa tras una discusión con sus padres.

La verdad no lo sé, no la conocía muy bien —recordó lo poco que trató con ella—. ¿Y si de veras la secuestraron?

¡No digas eso Ros! —pidió su amiga con tono preocupado —Imagínate, que feo sería si de verdad hubiera un secuestrador merodeando por aquí. ¡Qué miedo! Me daría terror caminar de la casa a la escuela. Pensándolo bien, es mejor que mi papá nos lleve y traiga de la escuela, hasta que la cosa esté más segura.

Esa es buena idea —estuvó de acuerdo Rosely, un tanto divertida por la reacción de su amiga, pero después se puso seria al ver la importancia de esas palabras—. Tienes mucha razón, es mejor prevenir que lamentar. Además, es recomendable no ir solas por las calles, es mucho mejor si estamos acompañadas. Hay que darnos prisa.

Para la próxima nos traeremos a Mar, a la fuerza si es necesario.

Ante el comentario, las chicas soltaron un par de carcajadas, continuando el camino a sus hogares muy divertidas, sin darse cuenta que alguien las estaba siguiendo. El joven Rive, había pasado por entre los alumnos para poder darle alcance a Rosely cuando la vio, pero ellas caminaban de prisa y al ver que la estaba perdiendo, gritó repetidas veces su nombre, lo que hizo que ella se detuviera y volteara para ver quien la llamaba, sin embargo, cuando vio que era un desconocido, se asustó. Ambas chicas aceleraron el paso sintiéndose aterradas y con el recuerdo de las chicas desaparecidas, su corazón comenzó a palpitar con frenesí en sus pechos por el temor.

¡Espera Rosely Zaquin! —gritó el desconocido y sus palabras se escucharon por toda la calle. Algunas personas vieron la situación, pero no hicieron nada por evitar que las siguiera, más bien, algunos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para poner atención a lo que sucedía, concretándose solo a mirar.

El perseguidor acortó la distancia, pero ellas empezaron a correr y a gritar: “¡Auxilio!”
Una patrulla con dos agentes estaba merodeando esa colonia y al escuchar gritos despavoridos de jóvenes estudiantes, los siguieron descubriendo al joven detrás de las dos chicas, lo que levantó sus sospechas, así que rápidamente encendieron las sirenas y se adelantaron un poco al joven, pero este no se detuvo, por lo tanto, los agentes no tuvieron otra opción que estacionar la patrulla cerca y seguir a pie al sospechoso para detenerlo.

¡Deténgase! —ordenó uno de ellos.

Su compañero, debido a su mejor condición, corrió más rápido acercándose al perseguidor, pero el joven no se detuvo e ignoró a los dos hombres.

¡¿No escuchó?! ¡Deténgase!

El oficial apresuró la carrera dejando atrás a su compañero, pensando que el joven no quería colaborar, que se reusaba a detenerse, así que estaba huyendo de los oficiales, lo que era para determinar que era culpable de algo. Finalmente el oficial logró darle alcance tomándolo por la gabardina a la altura del hombro, lo que provocó que Rive se detuviera bruscamente e inmediatamente el oficial lo tomó de los brazos llevándolos hacia atrás y pegarlos a su espalda. Rive se retorció tratando de soltarse. No podía perder el tiempo, Rosely se le iba y no podía darse el lujo de perderla, pero tampoco podía hacer nada, el oficial lo tenía muy bien sujeto. Las dos chicas se detuvieron al ver que habían detenido al perseguidor, y se alegraron de que la persecución terminara. El otro oficial llegó y con la respiración agitada por la carrera, se acercó a las estudiantes.

No se preocupen—balbuceó entre bocanadas de aire— ahora está detenido. Tranquilas, pueden irse a su casa en paz, pero tengan mucho cuidado en el camino.

¡Rosely, Rosely…! —gritaba Mosc, quien aún se reusaba a someterse a la autoridad. Se sintió frustrado cuando el policía lo acercó a un auto, lo recargó en este y colocando su cabeza en el techo, lo registró para asegurarse que no llevara armas, luego lo enderezó, colocó sus manos adelante y las sujetó por las muñecas con unas esposas para conducirlo así después a la comisaria en donde podría ser examinado con más atención, de esta manera se decretaría su culpabilidad o su inocencia.

¡Rosely! —fue lo último que dijo mirándola desaparecer entre las calles y a él lo alejaron de ella conduciéndolo a la patrulla.


Las dos amigas en todo el trayecto que les faltaba para llegar a un punto y así poder separarse e ir a sus respectivas casas, se la pasaron en silencio. Poco después se detuvieron en una calle, mirándose sin decir nada, lo único que hicieron fue decirse con sus manos adiós. Se habían despedido incómodas, pues lo que habían vivido unos minutos antes había sido algo inusual y aún estaban aterrorizadas. Los casos que últimamente se estaban escuchando harían que cualquier persona se preocupara y estuviera muy alerta. Además, conociendo a Gabriela, le iba a decir a su padre que desde ahora la llevara y trajera a la escuela. Nadie la culparía por extremar cuidados. Era mejor así, que los padres se dieran cuenta de lo que les sucedió a que no lo supieran, así estarían más pendientes.

Así que cuando llegara a su casa, ella también le iba a contar todo a sus padres. Con un estremecimiento, notó que no podía quitarse de la cabeza a ese chico y muchas preguntas se levantaron en su mente ¿De verdad era un acosador? ¿Un secuestrador? Si no, ¿cómo sabia su nombre si ella nunca lo había visto? Esa pregunta la hizo pensar que tal vez él llevaba tiempo observándola, vigilándola para secuestrarla, entonces era bien evidente que sí se trataba de un acosador y se sintió contenta de que se lo hubiesen llevado a la cárcel. Esa clase de personas pertenecían a ese lugar.

Al llegar a su casa, toda su preocupación se borró al ver un auto estacionado frente a su casa, sin duda alguna, ese Roll Royce azul plateado era el auto que manejaba su padre. Su interior apartó toda clase de amargura para ahora llenarlo de alegría pues volver a ver a su padre la hacía sentirse muy contenta, aunque se le hizo extraño que llegara a esa hora, había llegado más temprano de lo esperado. Su alegría no podía esperar más. Se dirigió rápidamente a la puerta, la abrió y entró a la casa esperando ver o escuchar a su padre, pero no fue así. Lo primero que escuchó fue la televisión de la sala la que estaba en el canal de las noticias locales de la ciudad. Se adentró más a la casa y casi enseguida escuchó la voz de su padre.

¡Papá! — gritó emocionada al verlo en la cocina, parado junto al garrafón de agua tomando de esta en un vaso.

Hola hija —respondió gustoso cuando terminó de beber de la refrescante agua, ya que su garganta pedía algún líquido.

Bienvenido a casa —mencionó mucho más que contenta y se le lanzó para darle un fuerte abrazo de bienvenida, él la recibió respondiendo el caluroso abrazo.

Ya estoy en casa.

Rosely se separó de él y dando un par de pasos hacia atrás, colocó sus manos sobre sus caderas y con tono de reproche, mencionó:

Llegaste más temprano de lo esperado.

Oh, lamento que hoy no hubiera tanto tráfico, niña —contestó en tono juguetón mientras le picó la frente con el dedo índice para demostrarle lo divertido y feliz que estaba al regresar a su hogar.

Es que queríamos sorprenderte con una gran comida de bienvenida —explicó su comportamiento, la verdad que deseaba que su padre se diera una sorpresa al ver el banquete que tenían pensado hacer ella y su madre, pero desafortunadamente sus planes se habían arruinado.

Catalina, quien había observado la escena en silencio, sonrió al comentario verdadero de su hija, después se dirigió a la lacena para tomar algunas cosas y poder empezar la comida, ya que de seguro su esposo había llegado con mucha hambre después del largo viaje. Rosely se acercó a su madre para ayudarla.

Siento mucho que Brian no esté aquí —informó Catalina preparando las cazuelas y cucharas.

No te preocupes por eso. Déjalo que se vaya a divertir con sus amigos. Por cierto hija ¿cómo va la escuela?

Esa pregunta hizo que recordara lo que pasó cuando venía de la escuela, pues por estar tan emocionada de ver el auto de su padre, se le había olvidado por un momento ese asunto. Iba a contarles, pero guardó silencio cuando escuchó algo sobresaliente en las noticias locales, notando que también había captado el interés de sus padres, así que los tres prestaron toda su atención a lo que decía una reportera por medio de la televisión.

—“… me acaban de informar que las dos preparatorianas que estaban desaparecidas desde hace dos días, realmente no se escaparon de casa como habían dicho los oficiales, pues ambas acaban de aparecer y estas se encuentran en estado muy crítico; Una de ellas, por nombre Matilde Escobedo, se localizó debajo de un árbol en el parque “Rosas azules” en estado de shock, al parecer, y según lo que mencionan los doctores, no recuerda nada y lo que más preocupa a las autoridades es que se encontraron desnutridas, pálidas y en mal estado de salud, la pregunta que ahora se hacen es: ¿A qué se debe su estado tan lamentable pues solo dos días estuvieron desaparecidas? Es lo que se está tratando de averiguar. La otra chica, por nombre Beatriz Rincón, se encuentra en coma. La policía…”

La noticia no continuó debido a que la señora Catalina tomó el control de la televisión y la apagó estremecida.

Pero que horrible es eso. Pobres chicas, me pongo en el lugar de las madres, me sentiría destrozada si algo llegara a pasarle a mis hijos.

Una ola de frío apoderó a la menor. Pensó en qué hubiera pasado si la policía no hubiera intervenido para detener a ese joven que la seguía, aunque tal vez solo estaba exagerando un poco las cosas. Desde hace un par de años que la ciudad ya no era tan pacifica como lo era antes, se habían dado muchos robos, delincuencia, pandillas y cosas como esas.

Saben… —empezó a hablar —un joven se me acercó cuando regresaba a casa, él sabía mi nombre, pero yo nunca lo había visto, ni siquiera se trataba de un estudiante, ya que se veía más o menos de la edad de Brian. A Gaby y a mí nos dio miedo y corrimos…

¿Cómo era? —la interrumpió Phal con tono preocupado.

Rosely hizo memoria. Lo había visto por unos segundos y no se había percatado muy bien de su apariencia, así que por un momento pensó que no lo recordaría, sin embargo, la imagen del joven hombre saltó a su mente y vislumbró más que nada su vestimenta, pues esta era algo extraña, por lo tanto, no le resultó difícil describirlo.

Tenía una capucha, una gabardina azul, un estilo que nunca había visto y su cabello pintado era gris, como dije, como de la edad de Brian. Lo bueno fue que había una patrulla cerca y la policía lo detuvo y se lo llevaron.

Gracias a Dios que había una patrulla circulando por esa zona —mencionó la madre, regocijada de que su hija volviera a casa sana y salva.

El asunto no había pasado a mayores y se alegró que Ros les contara todo, por otra parte, a Phal no le agradó escuchar eso. Ese joven, ¿era quien creía que era? En su interior deseó que sus pensamientos estuvieran equivocados y que solo se tratara de algún chico enamorado de su hija y la siguiera igual que el de aquella vez, pero... se sumió en un mundo de preocupación y solo la voz de su mujer hizo que volviera a la realidad.

Es mejor que tú, de ahora en adelante, la lleves y la traigas de la escuela, hasta que todo esté más seguro.

Si, en eso estaba pensando, así que aunque te de vergüenza que tu padre te lleve a la escuela, tendrás que aguantarte —sonrió. Las dos mujeres rieron ante el comentario.

La puerta de entrada se escuchó abrirse y en seguida cerrarse, los tres pusieron atención a pasos que se adentraba a la casa y después a la cocina. El dueño de las pisadas era el hijo mayor, quien al ver a Phal sentado, se sorprendió.

¡Hey! Llegaste antes de lo planeado.

Hola Brian.

Ambos se saludaron chocando sus manos y después apretándoselas. Esa era su manera de saludarse.

¿No estabas con tus amigos? —preguntó la joven, extrañada al verlo allí.

Estaba, pero les dije que me disculparan porque hoy tenía algo más importante.

¿Algo más importante? —repitió en pregunta en tono sarcástico.

Esos eran los planes. No molestes, ¿quieres?

Con eso, los cuatros ayudaron en la cocina para que la comida estuviera lista y cuando estuvo en su punto, se sentaron a disfrutar de una deliciosa comida en familia.

Ahora ayúdenme a limpiar —mencionó la madre a sus hijos y estos, como buenos hijos asintieron, por lo tanto se levantaron de sus respectivas sillas y empezaron a recoger la mesa para llevar los trastes sucios al fregador.

Antes que se me olvide —habló el señor de la casa levantándose también de su silla dirigiéndose a la sala donde había dejado su maleta, la tomó y regresó a la cocina—. Les traje un regalo a cada quien —situó la maleta en una silla abriéndola para sacar algo y lo primero fue una camisa de fútbol soccer en color naranja, con un escucho en el lado derecho del pecho. Brian sonrió, era una camisa de su equipo favorito —¿Qué te parece? —se la dejó en sus manos— firmada por el mismísimo Antonio Márquez.

Muchas gracias Phal. Es el mejor regalo.

Lo sé —sonrió por la reacción de su hijo, después se dirigió a su hija —Y para la señorita le traemos…— esculcó en la maleta y de ella sacó una pulsera compuesta por seis pulseras haciéndola parecer una. Cada pulsera adornada por piedras muy hermosas. Se la entregó y ella sin perder tiempo se la puso en su muñeca izquierda.

Muchas gracias papá, es hermosa —le dio otro abrazo de agradecimiento y para demostrarle cuanto lo quería.

Después de eso, los dos hijos con más ganas, se pusieron a recoger la mesa y a hacer lo que le correspondía a cada quien. Brian limpiar la mesa, Rosely lavar los trastes y Catalina limpiar la estufa para después ponerse a barrer.

Mientras tanto, Phal salió afuera a tomar un poco de aire. Anduvo por el camino de piedra que estaba de la entrada del terreno a la puerta de la casa. Se detuvo a mitad del camino observando el cielo y distinguió como este se estaba poniendo nublado tornándose en un gris oscuro, lo que indicaba que pronto llovería. Desvió ahora su mirada al frente al escuchar a alguien caminando hacia él. A unos metros de distancia, el joven de la gabardina azul rey lo miró fijamente con sus ojos color esmeralda. El señor no espero más y preguntó regresándole la mirada.

¿Quién eres tú? —a pesar de haber preguntado ya sabía de quien se trataba.

Mi nombre es Rive Mosc y he venido a llevarme a la que es nombrada Rosely.

Phal, al escuchar la confirmación de lo que ya sabía, hizo sus manos puño y las apretó con fuerza, pues no pudo evitar sorprenderse y alterarse. Siempre pensó que ese día no llegaría, pero… tenía que llegar.

Señor Zaquin, los Diamond ya comenzaron su búsqueda, ellos saben que ella vive aquí, aún no saben quién es y eso es una ventaja, pero han empezado a atacar, tengo que llevármela a Blue Side, allí estará más segura.

¡Cállate! —Recordó las noticias, esas desapariciones habían sido cosa de los Diamond —No tienes el derecho de llevártela.

No, pero usted tenía…

¿No te habían detenido? —preguntó para cambiar el tema al recordar la historia de su hija, trató de relajarse para no perder los estribos mientras esperaba una respuesta.

Así fue, pero logre escapar.

Recordó lo sucedido:

Los dos policías lo habían tratado con brusquedad y Rive no entendía la razón, él tan solo quería hablar con Rosely. ¿Acaso estas personas eran así de agresivas? Tenía razón el líder al decir que las personas de este mundo eran muy peligrosas y bravuconas y que por eso tuviera mucho cuidado al tratar de buscar a la chica.

Se lo llevaron a la patrulla metiéndolo en la parte de atrás, sin quitarle las esposas, luego los dos oficiales abordaron la patrulla y el conductor, tomando un radio, habló por este mientras el otro no dejaba de mirar al joven. Al arrancar el automóvil el joven tomó palabra.

Disculpen, tengo que ir a otra dirección.

Guarda silencio muchacho— le dijo con un tono no muy agradable el copiloto—, no te hagas el inocente de que no sabes lo que hiciste, por ahora a dónde vas a ir es a la comisaria, ahí los jefes dirán si dejarte en libertad o no.

No puedo creerlo —tomó la palabra su compañero mientras observaba al joven por el espejo retrovisor—, ahora los jóvenes en vez de ponerse a estudiar andan de acosadores, solo piensan en mujeres. Lo ven como algo inocente, pero después que pasa el tiempo se convierten en secuestradores y violadores.

Yo no he hecho nada de eso.

Pero asechar a una persona es un delito…

Los dos policías se quedaron estupefactos al ver como el joven tomó al conductor desde atrás, apresando su cuello con su brazo izquierdo, apretándolo contra el respaldo del asiento. Como reacción, el uniformado frenó y la patrulla se detuvo con brusquedad provocando que los carros que estaban detrás de ellos se desviaran drásticamente, pero afortunadamente no hubo un accidente.

Necesito ir a otra dirección —informó de nuevo Rive, sin soltar el cuello de policía.

Su compañero había sacado su arma y apuntándolo en el costado, le grito:

¡Suéltalo maldito! —aun no podía creer lo que había pasado. Lo habían metido con esposas en las manos ¿cómo fue posible que se las quitara? Además, sus movimientos para apresar al policía habían sido tan veloces que ninguno de los dos lo percataron hasta que había sucedido.

El oficial, al ver que no hizo caso a la orden, estuvo decidido apretar el gatillo del arma para herirlo, pero antes de disparar, sintió como una descarga eléctrica invadió su cuerpo hasta dejarlo inconsciente, tampoco pudo mirar la velocidad que el joven empleó para atacarlo. Rive había sacado de su suela del calzado, algo que tenía un pequeño pedazo de metal, tan delgado y largo como un palillo de madera. Ese instrumento generaba toques de electricidad tan enérgicos como para dejar a la víctima inconsciente. También hizo lo mismo con el que tenía sujeto con su brazo. Cuando se sintió libre, bajó de la patrulla y retomó su camino a su verdadero destino: La casa de los Zaquin.


Rosely estaba por terminar lo que le correspondía.

¿Crees que pueda llevarnos al parque? —preguntó a su madre, estaba tan feliz, que quería salir a dar una vuelta por allí al lado de su padre.

No lo sé hija, debes tener en cuenta que tu padre debe de estar cansado por el viaje, tal vez quiera descansar.

Voy a preguntarle, quizás ni quiere estar en casa, ya lo conoces —sonrió a su madre mientras se alejaba para salir y preguntarle directamente a su padre.

Al salir quedó sorprendida al ver a su padre platicando con el joven que esa misma tarde la estaba siguiendo, su reacción fue asustarse, pero se tranquilizó a l razonar que tal vez se trataba de un conocido de su padre, ya que estaba platicando con él. Ella dio un par de pasos para acercarse a los dos.

Papá —se hizo escuchar, para llamar la atención.

Hija…—Volteó rápidamente cuando la escuchó. Su hija era la última persona que él quería que estuviera allí y precisamente ocurrió su temor. Tenía pensado despedir al joven antes de que alguno de sus hijos saliera, pero fue demasiado tarde.

Rosely —articuló Rive con la intención de caminar hacia ella, pero antes de siquiera dar el primer paso, Phal le ordenó:

¡No te acerques! —Rive hizo caso a la advertencia al notar en el tono de su voz, la ira y Phal podría hacer cualquier cosa si no actuaba con prudencia. Por su parte, Rosely dio un paso atrás asustada. Nunca había visto a su padre comportarse de esa manera, la había asustado y eso indicaba que algo no muy bueno estaba ocurriendo. Quería irse, algo en su interior le dijo que debía retirarse de ellos, pero sus pies no respondieron a tal petición, además, de repente surgió la interrogativa de querer saber quién era el joven de cabello plateado y esa interrogante se apoderó por completo de ella. Quería saber quién era él y también lo que se ocultaba detrás del rostro preocupado de su padre.

Rosely, al igual que Phal, dirigieron la mirada a Rive al escuchar su voz:

Ella tiene que saber la verdad.

¿Cuál verdad? —inquirió Ros sorprendida, pues de verdad estaba ocurriendo algo fuera de lo normal y sus deseos de irse corriendo de allí aumentaron, pero también sus ganas de querer saber esa verdad —Papá ¿Cuál verdad? ¿Cuál es esa verdad? —volvió a preguntar al no tener respuesta alguna de su progenitor.

La verdad es... —Rive empezó a hablar al ver que Phal no diría nada, pero casi al instante lo calló.

¡No se lo digas! Quiero que se entere por mí —obviamente no deseaba contarla, siempre quiso evitar que este día llegara, pero sabía que a pesar de que hiciera todo cuanto pudiera por evitarlo, ese día tenía que llegar y ese día era este. No tenía otra opción que decírselo y aunque le costara y al mismo tiempo le doliera, prefería mil veces que ella supiera la verdad de boca de él, que de boca de Rive. Él la miró y se dio cuenta que ella estaba totalmente confundida, pero no le sorprendió, pues era un síntoma que tarde o templado tendría que experimentar. Se aclaró la garganta y al abrir la boca, la volvió a cerrar. Después de todo no podía decírselo y mucho menos al recordar que los años que vivió con su familia iban a desaparecer juntó con la felicidad —No puedo — dijo al fin agachando la cabeza, era un cobarde. ¿Qué clase de padre era?

Al escuchar esas palabras, Rive, como un permiso dado de su parte, miró a la joven castaña y le informó la verdad que ansiaba saber.

Eres una prueba y por esa razón debes ir a donde perteneces: A Blue Side.
 
Capítulo 3

Eres una prueba.

Esas palabras le retumbaron en la cabeza. Lo primero que se le vino a la mente fue que no era verdad, que solo era una simple broma, ¿pero de verdad se trataba de eso? Eso era lo que ella quería creer. Eso pedía en silencio. Que solo fuera un sueño, un sueño formulado por su mente para fastidiarla. A pesar de esos pensamientos, no pudo evitar que un par de lágrimas salieran de sus ojos y resbalaran lentamente por sus mejillas hasta desaparecer a la altura de su boca. Miró fijamente a las dos personas que en ese momento no sabía quiénes eran en verdad. Ya no reconocía a su padre.

¿D-de que habla? — preguntó en voz muy apagada.

Phal no supo que responder a tal pregunta.

Lo lamento tanto, hija —el hombre se giró para ver el rostro lleno de sorpresa e incredulidad de Rosely y concluyó con voz lenta —:Tienes que ir con él.

¡Qué! —su sorpresa incrementó aun más. Mantuvo la mirada en su padre, para después dirigirla al joven —Pero…pero… —negó mientras daba un par de pasos hacia atrás, incrédula a esas palabras.

Rive se acercó a ella y la tomó de los brazos.

Debemos irnos, entre más rápido mejor.

¡No! !No voy a ir! —Trató de quitar las manos del joven de ella, pero ese movimiento fue en vano, él no desistió.

Es duro para ti, pero tienes que venir —la voz de Rive se escuchó comprensiva.

Al ver que él se negaba a soltarla, Ros empezó a forcejear, como acto, Rive se resistió a cualquier intento de escape y para terminar eso, comenzó a arrastrarla contra su voluntad. La mente de Rosely estaba más que confusa y no entendía del todo esa situación, ignoraba por qué su padre no hacía nada a sus súplicas de ayuda, lo cual provocó que una parte de ella se destrozara por dentro. Lo que sí sabía con seguridad era que no quería irse con ese joven.

Rive la llevó con él a pesar de la resistencia de ella, aunque la trató con sumo cuidado para no lastimarla, aguantando los manotazos y golpes que Ros le lanzaba con desesperación.
¡Suéltame! ¡Suéltame! —Gritó a todo pulmón la estudiante con la esperanza de que alguien la ayudara, de que alguien fuera a su rescate.

¿Pero de dónde son esos gritos? —Preguntó Catalina extrañada, asomándose afuera para ver el escándalo.

Abrió los ojos de par en par al observar como su querida hija era forzada a salir de la zona de la casa. Pero no sintió nada igual cuando visualizó a su marido parado sin hacer nada para impedirlo.

¿Qué haces parado allí? —Preguntó llena de desilusión y sin perder tiempo a que el hombre respondiera, corrió a toda prisa a darle una mano a su hija.

A pesar de los buenos deseos de ella de ayudarla, no pudo avanzar más cuando Phal se interpuso en su camino y la detuvo. Catalina asombrada, miró el rostro de su marido y quedó muda al ver que no solo no hacía nada, sino que ahora evitaba que ella hiciera algo. Un nudo se formó en su garganta.

¡Déjame! ¡Déjame ir con mi hija! —Su voz se quebraba aún más con cada palabra que pronunciaba —¡Déjame ir! Necesita mi ayuda —no aguantó más y comenzó a llorar, sin dejar de mirar como Rosely había desaparecido de su vista al ser llevada por el joven desconocido fuera de la propiedad.

Phal la soltó y cuando sintió aquello, Catalina rápidamente corrió afuera, pero al llegar a la calle, no observó a nadie, ya no estaba su hija. Una profunda tristeza la abrazó y arrodillándose en el suelo, comenzó a llorar como nunca, dentro de ella sintió que había fracasado como madre. Y aunque no había sido su culpa, sentía que pudo haber luchado más para poder llegar a donde Rosely.

Por otro lado, Phal Zaquin se sentó en el pasto, no evitó que un par de lágrimas traicioneras salieran de sus ojos resbalando hasta su barbilla. El sí que había fallado como padre y como esposo; como ser humano. No podía hacer nada al respecto, estaba consciente que este día iba a llegar tarde o temprano. Alzó la vista y observó el cielo nublado, una gota de lluvia cayó sobre su rostro y a los segundos, más.

Hace frío —susurró.


Todo acaeció tan rápido que no supo con exactitud lo que había ocurrido, además en ese instante sentía una sensación extraña en el estómago, el que estaba revuelto y eso evitó que pudiera visualizar lo que acababa de ocurrir con detenimiento. Se sentía peor que aquella vez cuando era pequeña y sus padres la habían llevado a un parque de diversiones donde no solo había los típicos juegos infantiles, como resbaladillas, columpios, etc. También había juegos para niños más grandes y hasta para los jóvenes y adultos. Ella había visto un juego que llamó su atención, el dragón, que se movía como péndulo. Sus padres le había dicho que aún no podía soportar esa clase de juegos, pero ella había insistido tanto que la dejaron subir. Esa vez fue la experiencia más horrible que había vivido. En ese momento se sentía como aquella vez, mareada, pero el mareo que sentía se le quitó instantáneamente al darse cuenta que de estar en la banqueta frente su casa, ahora se encontraba en un sitio mucho, demasiado diferente y también se dio cuenta que estaba tan pegada al joven que podía escuchar su corazón trabajar, lo último que recordaba fue que el joven la cubrió con su gabardina, después de eso, nada.

Parpadeó un par de veces desconcertada, alzó la vista un poco para mirar a su raptor a los ojos, pues antes no lo había visto tan cerca; no había podido apreciar sus hermosos ojos verdes.

¿Te encuentras bien? —Escuchó su voz con tono dulce mientras dibujaba una sonrisa.
Ella se alejó rápidamente de él, la pregunta le había sido una especie de burla o una pregunta estúpida, ¿quién se siente bien al ser raptado? Aquel enojo que sintió, se convirtió en sorpresa al apreciar con más claridad el lugar donde se encontraban. Ese extraño sitio no parecía una ciudad “normal” de cualquier estado o país. Era muy diferente.

Bienvenida a Blue Side —de nuevo volvió a escuchar la voz del joven mientras se acercaba a ella, pues con la impresión dio un par de pasos adelante.

Blue Side era otra dimensión. Es una de las muchas dimensiones que ese universo tenía. En esa dimensión el cielo es de un tono color naranja; tratándose como de una puesta de sol. Por las noches el cielo se oscurecía, pero completamente, ya que no existían estrellas, ni luna que reflejase la luz del día, así que por causa de esa intensa oscuridad, las personas que vivían en Blue Side eran iluminadas por torres que emanaban luz. Las casas eran todas iguales, cuadradas de color blanco, y todas alineadas, ninguna fuera de lugar, provocando que las calles se vieran en línea recta, abarcando muchos kilómetros de longitud. A simple vista, podría decirse que los residentes de Blue Side se vestían de la misma manera, puesto que todos vestían con una gabardina similar a la de Rive, sin embargo, bajo la gabardina, llevaban ropas diferentes. Lo más extraño de ese sitio era la sobresaliente torre que estaba ubicada en el centro. Ese lugar era nombrado Old Tower, donde se encontraba el líder de Blue Side, que respondía por el nombre de: Ban Tastur.

Rosely secó sus lágrimas con sus muñecas mientras observaba con detenimiento ese raro lugar a la que había sido llevada. Veía a la gente caminar como si ella fuera alguien que viviera allí, además los niños aun jugaban con felicidad. Ros no podía dejar de mirar todo a su alrededor.

Por favor sígueme, quiero presentarte a alguien —informó Rive e iba a tomar su muñeca para orientarla, pero ella la retiró rápidamente y le lanzó una mirada llena de rabia.

No me toques —le advirtió.

Sígueme por favor —el joven comprendió aquella mirada—, voy a llevarte con el líder.

Dime una cosa —habló al final mientras seguía al joven de cabello plateado, en dirección de la Old Tower; la que no estaba lejos —¿Qué o quién soy? ¿Por qué mencionaste que soy un proyecto o experimento o lo que sea?—preguntó con voz seca, pero realmente estaba ansiosa por saber porque se la habían traído a este extraño lugar.

Mi objetivo era encontrarte y traerte a este lugar en donde puedes estar segura; protegida de los Diamond.

¿Y quiénes son ellos?

Ese nombre se les dio debido a la sustancia que se utilizó para su creación, pues ellos son otro experimento; uno fallido y a ti te quieren para completar su potencial. Quieren hacerse más fuertes y convertirse en los hombres más poderosos del universo.

Entonces no me quieren proteger, solo quieren evitar una catástrofe —mencionó eso en voz baja —Pe-pero hay algo que aun no entiendo ¿Por qué yo? —No sabía realmente si quería saber la respuesta, mas en esos momentos quería saber todo lo posible.

El joven iba a responder algo, pero fue interrumpido por un hombre mayor que se acercó a ambos jóvenes casi llegando a la torre. El mayor saludó amablemente a la joven.

Buenos días señorita Zaquin, me da mucho gusto conocerte en persona. Me presento: yo soy Ban Tastur, el líder de Blue Side. Te doy la bienvenida a esta dimensión, la cual desde un principio debió ser tu hogar. Ahora estarás a salvo en este lugar y no permitiremos que…

No lo entiendo —interrumpió al líder, todo empezó a darle vueltas, se agarró la cabeza debido a que sentía que esta le iba a explotar en cualquier momento—, esto no es real, es solo un sueño —empezó a decir eso una y otra vez, para así convencerse a sí misma que se trataba de una broma de su mente y que iba a despertar de esa pesadilla. ¡Eso era! Eso era lo que iba a suceder.

No te mientas a ti misma, tú lo sabes, sabes muy bien que no es un sueño, es la realidad”

No, no, no, no es verdad, es una pesadilla”

Abre bien los ojos y mira que esto no se trata de una pesadilla ¡No estás en un sueño! ¡Tu padre te abandonó!”

¡No es verdad! —gritó a todo pulmón, provocando que tanto el líder como Rive se asombraran, el último quiso tranquilizarla, pero antes de poder tocarla, Rosely corrió, decidida a escapar de toda aquella pesadilla.

¡Rosely!

Es inevitable que esto suceda —el joven dirigió su vista al hombre al escucharlo hablar. El mayor suspiró y cerrando los ojos, prosiguió: —Por esa misma razón le dije a Phal que debíamos traerla a este lugar cuando solo era una pequeña, le advertí que esto podía ocurrir, pero se negó —volvió a abrir los ojos y miró al joven—. Sucedió lo peor, se encariño con esa mujer y su hijo y también de la joven. Por culpa de eso Rosely ahora esta paranoica y no la culpo, no la culpo.

Rive fue tras de Rosely en cuanto el líder terminó de hablar. Debía encontrarla y detenerla de nuevo para evitar que hiciera alguna estupidez.
 
Capítulo 4

Rosely corría sin detenerse, como nunca lo había hecho en su vida y sus piernas le empezaban a doler gritándole descanso. Su desenfrenada carrera la hizo sentir que muy pronto iba a colapsar, pero a pesar de la tortura física, un sentimiento aún más fuerte crecía en su interior y era el que la hacía huír, sin embargo, a pesar de comprometer todas sus energías, sentía que no era suficiente. Se frustró ante la sensación de que no avanzaba, pues veía frente a ella un pasillo sin fin.

¿A dónde vas? No podrás escapar, no puedes dejar atrás la verdad” escuchaba una y otra vez esas palabras en su interior. Quería creer que era un sueño, pero en el interior sabía que no lo era.

En un punto se detuvo, pero no porque no pudiera continuar, sino porque sintió como una mano se apoyaba en su hombro. Se volvió para para ver quién era y miró a Rive, entonces cayó de rodillas, pues sus piernas temblorosas ya no pudieron sostenerla y el cansancio que la invadió fue terrible mientras respiraba con agitación para ventilar su interior. No pudo evitar que unas lágrimas se escaparan de sus ojos.

Quiero regresar a casa, quiero regresar, quiero regresar…—el único pensamiento que tenía era el de volver a su hogar, volver a tener su vida.

Lo siento, pero no puedes —le respondió él con voz amable mientras se arrodillaba también para poder verla. Deseaba tranquilizarla, pero no sabía cómo, no sabía lo que ella sentía, pero de lo que estaba seguro era que sufría mucho y no le gustaba verla de esa manera, quería hacer algo para alegrarla pero...

Vamos —estaba tratando de ponerla de pie para llevarla a descansar, eso es lo que por el momento necesitaba con urgencia. Ese día había sido muy duro y pesado para ella.

Como… como vas a mi mundo —dijo apoyándose en Rive para no volver de nuevo al suelo, ahora sí sentia el resentimiento en sus piernas de correr tanto, éstas no dejaban de temblarle.

Por medio de mi gabardina.

Rive había llevado a Ros a un cuarto de la Old Tower, una habitación bien ordenada, se veía limpia, las paredes eran de color violeta bajo, las cortinas de las dos ventanas eran tan largas que casi llegaban al piso y tenían un color azul cielo. En medio de la habitación se encontraba una cama grande en la que fácilmente cabian dos personas. Una vez allí, Rive dejó sentada en la cama a la joven estudiante, para que descansara y pudiera dormir hasta el día siguiente. Y así hizo, se recostó cerrando inmediatamente sus ojos, los que le pesaban mucho, además de que se sumaba un dolor de cabeza, así, poco a poco empezó a quedarse dormida entregándose completamente en manos de Morfeo, cayendo en un estado de completa ignorancia.

Rive se quedó a un lado de la contra cabecera hasta que vio que la joven permaneció profundamente dormida. Se alegró de verla así, pues por fin estaba en paz. El joven se acercó a la puerta del cuarto y desde allí se volvió para verla por última vez, enseguida apagó la luz de la habitación y cierró la puerta para dejarla reposar.

A la mañana siguiente, la habitación donde estaba Rosely Zaquin estaba siendo iluminada por los primeros rayos del sol, lo que le confirió un color naranja, entonces el joven Mosc entró al cuarto para levantarla, pues por orden del líder, tenía que mostrarle y enseñarle los lugares y cultura de Blue Side. Una extranjera era bienvenida en ese lugar y mucho más si se trataba de una invitada del líder.

Mosc se acercó a la cama reina y lo único que ve es un bulto de cobijas en medio de esta, al parecer la invitada se había tapado por completo, tal vez para evitar que la vieran o para evitar ver a alguien. Él empezó a tocar y mover el bulto con la intención de llamar la atención de la tímida joven, además de hacerle saber que estaba allí.

Despierta, es hora de que conozcas el lugar. Pero antes, me gustaría mostrarte un lugar en especial —la voz de él era muy amable y cálida, trataba todo lo posible porque ella se sintiera en casa.

Me niego —escuchó la voz de ella entre el bulto y esta se notaba algo ronca—, déjame en paz, quiero estar el resto del día aquí, todo el tiempo aquí —su voz se elevó con más enojo con cada palabra que decía.

El joven dio un suspiro, tomó las sábanas con sus dos manos y con ellas comenzó a jalar de las blancas prendas para arrojarlas al suelo; no iba a permitir que se quedara allí. Rosely también empezó a estirarlas, para evitar que su plan funcionara, ¿si no quería levantarse a las buenas, que le haría creer que lo haría a las malas?

Vamos levántate, tarde o temprano tienes que hacerlo —comentó Rive aun jalando las sabanas ya mostrando un poco de fastidio —Vas a tener hambre y sed.

No me importa, me aguanto, así que déjame y vete. ¡Largó! No quiero saber nada de ti.

Él inmediatamente soltó las sabanas, lo que provocó que Rosely, quien aún las estiraba, se ladeara un poco hacia atrás. Nunca imaginó que se rindiera tan fácil. Rive cerró los ojos y dando otro suspiro, analizó la situación, aun no se rendía y ella notó en el aire su perseverancia, pero estaba claro que fuera lo que pensara iba a permanecer en ese lugar. Casi enseguida de haber hecho clara su idea, Mosc abrió los ojos.

La verdad me da igual —informó con voz seria —Pero…—en un parpadear de ojos, la tomó y la cargó—… son órdenes del líder.

¡Suéltame! —empezó a gritar, pataleando y golpeando lo que podía del joven, pero como siempre, sin resultado alguno.

Con esfuerzo, Rive salió de la habitación y caminó por un largo y elegante pasillo, pasando por otros cuartos, llegó hasta unas escaleras, las cuales empezó a bajar con cuidado, pues era difícil caminar con la joven en brazos, la cual le pesaba y sin contar que aún seguía moviéndose como pez fuera del agua. Él siguió su camino llegando a una enorme habitación, donde en medio de esta había una larga mesa de ocho sillas. Rive se acercó a esta y retirando una de las sillas de la cabeza, sentó a la joven en esta, dirigiéndose después hasta la otra silla de la cabeza; al otro extremo de la mesa, en donde se sentó.

Buen provecho —dijo tomando los cubiertos y comenzar a comer del plato que estaba servido.

¡No! —ella cruzó los brazos en forma arrogante.

En su expresión se notaba un gran odio hacia el joven que podía ver frente a ella, también por la comida, pero no porque esta se viera desagradable, al contrario, se veía muy apetitosa y más para ella que tenía mucha hambre, debido a que no había comido nada desde ayer. En eso, sus tripas se escucharon por todo el comedor vacío. Hasta las dos sirvientas que estaba a un lado de la mesa, para ver lo que se les ofrecía, habían escuchado el gruñido que habían hecho su traidor estómago. Ros sintió mucha vergüenza, sintió como su cara se tornaba color roja, no se vio, pero debido al calor que sintió se pudo dar cuenta que esta estaba roja. Entre sus penosos pensamientos, escuchó la voz de su secuestrador mientras cortaba un pedazo de carne con un cuchillo.

Come con confianza, puedes estar tranquila, no está envenenada.

Una oferta tentadora y por desgracia perdió. ¿Quién podía aguantar sin comer al tener comida frente a uno, contando que desde el día anterior no lo hacía? Además la comida no solo se veía apetitosa, también desprendía un rico olor, lo que hizo que su hambre incrementara. Agarró los cubiertos y cortando un pedazo de carne y colocarla en su boca, masticarla y pasarla por su garganta, observó al frente notando al joven sonriendo. Eso hizo que se molestara mucho, lo último que deseaba era divertirlo.

Durante todo el tiempo que duró en terminarse la comida servida, ignoró al joven, pero le fue un poco imposible puesto que la ponía nerviosa que él la estuviera mirando todo el rato. Sus ojos verdes no dejaban de mirarla. Una vez acabado de llenar sus estómagos, Rive se levantó de la silla, se acercó a la joven castaña y le dijo extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.

Te llevaré con el líder.

Te sigo —aceptó levantándose de la silla e ignorando por completo la cortesía del joven, limitándose a segurlo.

La gabardina” pensó al recordar lo que le había mencionado el día anterior “Tal vez si consigo su gabardina pueda regresar a mi verdadero hogar.” No dejaba de mirar la espalda donde colgaba la gabardina del joven. A como diera lugar tenía que quitársela, pero, ¿cómo?

Buenos días señorita Rosely —saludó Ban cuando llegaron a un lugar de la Old Tower donde el hombre ya los estaba esperando —¿Te gustó la comida? ¿Verdad que es igual a la de tu dimensión? No hay mucha diferencia, pero bueno, yo no estoy a cargo de informarte, ese es trabajo del joven Rive Mosc —el veterano se dirigió al joven —Llévala a que conozca el lugar de dónde vienen nuestros suministros.

Ahora mismo se lo enseño.

De acuerdo. Yo solo quería ver que nuestra apreciada invitada había descansado bien.

Disculpen —se hizo escuchar ella para llamar su atención—, antes que nada me gustaría cambiarme de ropa, no me siento cómoda con la de ayer.

Eso es muy cierto, pero que desconsiderados somos —habló Ban —Lo mejor es que por ahora tomes una ducha —el hombre se dirigió a una joven señorita que no estaba muy lejos de allí—, por favor Kary, lleva a la señorita a que se tome un baño.

Sí señor —la mujer se dirigió a la joven para llevarla de nuevo a su habitación.

Rive dio media vuelta para seguirlas.

Espera Rive, ¿esta mañana ha preguntado por su hogar, por su antigua casa?

La verdad no. Solo dijo lo que opinaba de mí.

Oh ya veo, parece ser que lo está tomando muy bien, aun así es mejor que la sigas vigilando.

Ante eso, Mosc asintió para ahora dirigirse a la habitación donde las dos señoritas habían ido. Al llegar, esperó afuera a un lado de la puerta. Minutos después, la mujer que la había guiado salió de la habitación e informó al joven:

Terminó de bañarse, solo está arreglándose un poco, aún sigue en el baño.

Tras asentir, Mosc se adentró a la habitación y al ver que ella aún estaba en el baño, se iba a sentar en una silla, para esperar un poco más, pero antes de poder sentarse escuchó un leve gritó por parte de ella, así que sin perder tiempo se dirigió velozmente al baño y al abrir la puerta y un poco después de dar el primer paso para entrar al lavado chocó con ella, provocando que un envase de crema que tenía la joven en sus manos se cayera al piso.

No podía abrir el envase —miró la camisa blanca del joven manchada de la misma crema que se había derramado en el piso —Lo siento mucho.

El joven dirigió su vista a la mancha.

No es problema, solo tengo que cambiarla —Después de decir eso, salió del baño y antes de salir de la habitación mencionó—. Sigue con lo tuyo, no tardo nada.

Al salir de la habitación, ella lo siguió con cuidado y mientras lo veía por entre la puerta se dio cuenta que él entró a la habitación de al lado. Con sigilo salió del cuarto que se le había dado y se asomó entre la rejilla de la puerta de la habitación vecina, donde había visto entrar al joven. Rosely observó que Mosc había dejado la gabardina sobre la cama, al ver eso, ella sonríe, eso es lo que había planeado y realmente no creía que fuera a funcionar.


Rive Mosc, quien estaba en el gran armario que todas las habitaciones de la torre tenían, había acabado de ponerse una camisa nueva, con eso, se dispuso a salir para volver a regresar con Rosely encontrándose con la sorpresa de que sobre la cama donde había dejado su prenda, ya no estaba. A toda prisa salió del cuarto y empezó a buscar a la joven Zaquin, pensando que no podría estar muy lejos, el lugar era muy grande y se perdería. Eso le sería una ventaja o, por lo menos eso pensaba, pero no se había percatado que ella había preguntado la salida más cercana a una mucama y como era de esperar que esa gente era muy amable con los desconocidos, se la señaló. Así que ahora se encontraba de nuevo en las extrañas calles de la ciudad de Blue Side con la gabardina en sus manos, pero a pesar de ello, ¿cómo funcionaba? ¡No lo sabía! ¡Diablos! Debió de preguntar, pero no quería hacerlo, no quería ser tan obvia, sin embargo no permitió que su desconocimiento le robara la esperanza de regresar a su hogar, cuando menos ya contaba con el boleto, solo faltaba saber dónde usarlo.

Pensaba en alguna posibilidad, trataba de recordar como hizo aquella vez Rive cuando la llevó a ese sitio, pero no tenía su mente concentrada en ese detalle, lo que se le venía era el regresar al lado de su madre, su hermano... Se detuvo en seco, su padre, aun no entendía la razón por la que la dejo ir. Abrazó la gabardina con fuerza y melancolía, casi limpiándose las lágrimas que sus ojos derramaron, todo un día completo que no dejaba de llorar, ni siquiera recordó que cuando era niña llorara tanto. Le dolió el pecho tan fuerte que sintió que el corazón le saldría. Lo que más deseaba en ese momento era regresar a su hogar, estar con su familia otra vez, ¿por qué le quitaron eso? Los recuerdos de felicidad que pasó al lado de su familia ahora le eran como si ellos fueran el sueño y que eso era la realidad. ¿Adónde pertenecía? ¿Cuál era su verdadero hogar? ¿Su verdadera vida?

La voz de Rive la despertó de sus pensamientos. Se giró para observarlo corriendo a donde ella, mientras gritaba su nombre. Rive era bastante rápido, ya la había encontrado. No podía hacer nada al respecto. Pero no dejaría que así la detuvieran, tenía que luchar más antes de arrojar la toalla, si aún sus piernas la dejaban correr, ella correría hasta ver a su frente la meta o un obstáculo tan grande e imposible de pasar. El joven Mosc aceleró su paso, ahora que la localizó no la dejaría escapar, estaba a unos metros por llegar, ella aún seguía corriendo a pesar de que cada segundo disminuía su velocidad, Rive observó su determinación y la admiró, pero no podía hacer nada por ayudarla, así que tenía que llevarla de nuevo a la torre, ante el líder.
  
Capítulo 5

La gabardina era uno de los instrumentos, en esta ocasión, para viajar a la dimensión donde vivía la familia Zaquin y a Blue Side. Su funcionamiento consistía en esto: El botón que se utiliza para abrochar el cuello de un extremo al otro, al ser presionado se acciona un pequeño circuito que está ubicado dentro del botón y así el portal funciona abriéndose para viajar y son los cuatro botones extras de la prenda de vestir los que crean dicha puerta por la que pueden viajar dos personas juntas siempre y cuando el destino esté ubicado dentro del radio permitido y por alguna extraña razón Rosely pudo descifrar y abrir la puerta siendo trasportada y desapareciendo ante los ojos del joven Mosc, quien estaba ya a tan solo escasos centímetros de distancia, volviendo la muchacha a su amada ciudad. Ahora que se encontraba en las calles que ella reconocía, empezó a caminar con tranquilidad a su casa.

Escasos metros antes de llegar a la residencia Zaquin, la joven se dio cuenta que la entrada principal estaba abierta, lo que indicaba, ya que conocía muy bien a su madre, que estaba haciendo limpieza general, pues era costumbre para ellos tomar un día del mes para limpiar la casa a profundidad, por esa razón dejaban la puerta abierta para evitar que el polvo y la tierra no se encerrara dentro de la casa. La joven se acercó ahora presurosa y jubilosa por el hecho de que estaba a nada de volver a ver a su madre, no sabía con exactitud si el tiempo que vivió en la dimensión Blue Side era el mismo que el de este. Para ella había sido una eternidad.

Entró a la casa y escuchó a su madre en la cocina, se acercó y vio que ella estaba limpiando el horno de la estufa. Catalina Zaquin escuchó a alguien detrás de ella que tenía una respiración cansada, miró sobre su hombro para ver de quién se trataba y al ver a Rosely se levantó rápidamente, sorprendida, creyó que se trataría de su hijo quien estaba en el ático y había bajado o de su marido quien estaba en la cochera, pero no era ninguno de los dos. Miró con detenimiento a Rosely. La reacción que tubo su madre no era la que esperaba.

¿Quién eres? ¿Qué esta haciendo dentro de mi casa? —esas preguntas junto con la mirada de su madre, que mostraba confusión, provocaron que la joven incrédula abriera la boca negando que su madre no la reconociera.

Mamá, soy yomencionó evitando sonar preocupada.

Catalina retrocedió sin dejar de mirarla. ¿Acaso había ido a la dimensión equivocada? Se preguntó Ros, pero descartó esa probabilidad, definitivamente estaba en su hogar, entonces, ¿por qué no la reconoció? Pensaba que se pondría feliz de verla. Temblando, dio un paso hacía adelante para acercarse a su madre, se detuvo al ver en el rostro de su progenitora miedo, era como si fuera hacerle algo, pero claro, si no la reconocía debía pensar que era una loca o algo así. Enseguida, observó a Brian ponerse a un lado de Catalina y mirando con extrañeza a la joven preguntó:

¿Quién es ella? —El joven miró a su madre con seriedad y la señora negó —¿Quieres que llame a la policía? Es propiedad privada.

El mundo de Rosely se desplomó convirtiéndose en pequeños fragmentos de desconsuelo. Se quebró como si se tratara de un espejo al ser arrojado con gran fuerza al suelo y cada uno de sus fragmentos se convertía en polvo. Rosely volteó al escuchar que alguien se acercaba descubriendo a su padre, quien se detuvo al ver la escena, su mirada se desvió a su mujer y a Brian y después a la de la joven, quien lo miraba detenidamente, como esperando algo.

Rosely —dijo incrédulo al verla allí. Frente a él estaba su hija. La hija que nunca creyó volver a ver.

¿Solo él la recordaba? ¿Y por qué solo él? Era la ultima persona que quería ver. Pasó de largo a su padre y corrió saliendo de su casa asustada por lo que estaba viviendo. ¿Que había pasado con su vida? ¿Qué había pasado con su familia? ¿Qué había pasado con su padre? La joven con el corazón destrozado corrió por las calles, ignorando por completo los automóviles que circulaban y se detenían de golpe al ver que ella no se detendría y también no hacía caso de los gritos de Phal, quien la nombraba consecutivamente.


Rive volvió a la dimensión de Rosely y corrió directo a la casa de los Zaquin, ya que estaba seguro de que ella fue directo ahí, por otro lado Phal aún no se rendía en la búsqueda de su hija, quería encontrarla y explicarle todo lo sucedido, quería volver a estar con ella, quería demostrarle lo arrepentido que estaba de haberla engañado y de no haberla protegido como debió haber sido desde un principio. Ya la había perdido una vez y no quería perderla de nuevo. Dio vuelta en una esquina, le aterraba no saber lo que podía hacer. Se detuvo en seco al ver a Rive.


Mientras tanto, Rosely fue a la casa de sus amigas, o por lo menos eso creía, pues una vez que llegó con una, esta le había dicho que no la conocía y la otra hasta le había dicho que si no se iba iba a llamar a la policía. No solo su casa, también la gente que la había conocido ya no la recordaban. Más lágrimas derramaron sus ojos, ya no sabía que hacer ¿Rosely existió alguna vez? ¿Quién era ella? ¿Todo lo que vivió acaso fue un producto de su imaginación? Esas preguntas la herían, ¿a dónde pertenecía? ¿Era de aquí o de allá?

Comenzó a caminar sin rumbo fijo, no le quedaba nada. Su mente empezó a vagar, entonces algo llamó su atención, así que giró su rostro un poco al reconocer a una persona, a un compañero de la clase de cocina, nunca tuvo la oportunidad de entablar una conversación sólida con él, pero tenía la esperanza de que él le dijera quien era ella.

Dylan detuvo su andar cuando escuchó la voz de una persona, esta se oía desesperada. La joven se detuvo en seco unos metros antes de llegar con él, no tenía caso, él la miró detenidamente y con aquella mirada que vio en su madre, su hermano y sus amigas.

¿Me conoces? —preguntó extrañado el rubio y trató de recordar de quien se trataba o dónde la había visto y cómo es que sabía su nombre; él no era un joven que hacía amistades con facilidad y mucho menos con una joven. Además era muy malo con los nombres y rostros de las personas, así que trató de recordarla, pero fue en vano y sonrió nervioso —¿Quién eres?

Soy Rosely.

¿Cómo? —se acercó un poco a ella al no escucharla bien, se escuchó como si fuera un susurro.

Soy yo —ahora escuchó con más claridad, su voz se oía ahogada. Ros lo vio directo a los ojos y alzando la voz mencionó: —Soy Rosely Zaquin. Soy tu compañera de la clase de cocina, soy yo Dylan... la de cocina... —no aguantó más, cayó de rodillas y comenzó a llorar. Estaba desesperada, quería que alguien la reconociera y le dijera que ella era Rosely.

Al ver esa escena, Dylan miró a sus lados y acercándose aún más a ella se agachó para tratar de tranquilizarla y de ponerla de pie. Trató de recordarla pero no podía, repasó los rostros de todos sus compañeros de clase de esa materia, pero le fue imposible, una extraña niebla parecía impedir llegar al recuerdo de esa chica.

No existo ¿verdad? Nadie me conoce, ¿quién soy yo? ¿Quiénes son ellos?”


Ambos, el señor Zaquin y el joven Mosc estaban buscando a la castaña. Una vez que se encontraron decidieron buscarla juntos en vez de discutir, por ahora tenían la misma tarea y era la de encontrar a Rosely. El joven se detuvo preocupado, eso lo notó Phal, pero le ignoró y prosiguió con su labor. Mosc escuchó un ruido el que se le hizo familiar, al no volver a escucharlo siguió con su paso, tal vez su mente le jugó una broma, dispuso todo su sentido del oído al no estar convencido totalmente y cuánta razón tenía, volvió a escucharlo, ese gruñido pertenecía a una sola cosa. Los Rock estaban allí y muy cerca, casi al asecho. Fijó su mirada a una de las calles de donde se produjo el gruñido y lejos observó algo moverse con rapidez.

¡Maldición! —Dijo entre dientes al percatarse de que se trataban de los Rock —Nunca están solos —acto seguido corrió a esa dirección, los detendría antes de que llegaran a donde la joven. Phal se detuvo y observó alejarse al joven, pero no le dio importancia y siguió su camino.

Unos metros adelante la vio, su corazón brinco de alegría. Allí estaba. Gritó su nombre para llamar su atención mientras corría hacia ella. Al escuchar la voz de su padre y dirigirla a ella, su expresión no fue muy agradable en comparación a la de su progenitor, este se preocupó mucha más al notar la inquietud de ella, en eso Dylan la tomó de la muñeca y se la llevó de allí para alejarla de ese hombre. Fue tan solo un impulso, no sabía la razón exacta del por qué había hecho eso, ni siquiera sabía si estaba haciendo lo correcto.

Phal no detuvo su andar, todo lo contrario se apresuró al ver como ese joven se llevaba a su hija y sin dejar de gritar su nombre acelero el paso a pesar de su cansancio. Dylan miró sobre su hombro al percatarse que el hombre se detuvo para tomar un respiro, mientras miraba el camino que habían tomado con rostro de tristeza.

¿Quién es esta chica?” se preguntó el joven. No lo sabía pero necesitaba de su ayuda, “¿De verdad que la necesita?” se preguntó tras pensarlo detenidamente, después de todo ella nunca le pidió ayuda, él obró por su cuenta, pensando que hacía lo correcto, pero ella no se rehusaba o le decía algo, así que tomo eso como una aceptación.

Ninguna vez se detuvieron y abarcaron algunas casas antes de que el joven detuviera el paso al sentir que no podía seguir, se escondieron detrás de una casa, creyendo que sería un buen escondite, entre el silencio solo se escuchaba la respiración de ella y él, pero ese silencio no duro mucho, pues los pasos de aquel hombre se escucharon cada segundo más cerca, pero se detuvieron y el hombre habló sintiendo que ellos se encontraban por ahí escondidos:

Ros, hija, escucha…

¿Hija?” no se imaginó tal cosa, fue una total sorpresa para él.

—…lo siento mucho de verdad, no tenía otra opción, si no hacia eso… tu madre estaba muy mal, estaba muy grave, igual tu hermano, tuve que aliviar su dolor. Perdóname, regresa de nuevo a nuestro lado. Te extrañamos.

La nombrada comenzó a alejarse de Dylan, quien tan solo se limitó a verla. Al principio la quería “salvar” pero ahora, sus músculos no respondieron a su deseo, no tenía el derecho de apartar a una hija de su padre, así que no hizo nada, ella salió de su escondite mostrándose a su padre, quería perdonarlo, quería olvidar todo lo ocurrido y volver a vivir como solía hacerlo. Eso era lo que realmente deseaba. Creyó en las palabras de su padre.

Ambos mantuvieron su mirada en Phal. Rosely caminó con la intención de acercarse más a su progenitor para que viera que estaba de acuerdo con él y que regresaría, pero se detuvo en seco cuando algo repentinamente y con una velocidad sorprendente se la llevó. Phal como Dylan no evitaron sorprenderse y mirar el lugar de donde la joven Zaquin desapareció.
  
Capítulo 6

Una especie extraña de perro grande se había raptado a Rosely, y ella tuvo que agarrarse con fuerza del pelaje color gris con tonalidades verdes adornado con rayas y manchas cafés y negras. Este animal era nombrado “Rock” y estaban a la orden de los Diamond, quienes los habían enviado con la misión de atrapar como fuera a la joven Zaquin. Ellos nacieron debido a una mutación que los mismos Diamond habían hecho. El Rock corrió a una velocidad sorprendente y no se detendría hasta llegar a donde sus amos, pero de pronto se detuvo repentinamente, chocando contra una pared que evitó que siguiera con su carrera y Rosely cayo del lomo del perro por el abrupto detenerse sin llegar a golpear con dicha pared.

Desde el suelo, ella pudo notar con detenimiento como el Rock luchaba con esa barrera invisible, extrañándose debido a que ella no sintió aquella pared. Giró su cabeza a su izquierda al escuchar la voz de Rive quien se acercó presurosamente a donde ella.

¿Te encuentras bien?

El joven sin esperar obtener respuesta de ella, tomó una pequeña caja que sostenía su cinturón y esta cajita la manipulo hasta darle la forma de una resortera, la parte de arriba era redonda. De nuevo de su cinturón sacó ahora una especie de flecha del tamaño y grosor de un lápiz, la que puso en medio del círculo y una extraña fuerza arrojó con una velocidad sorprendente la flecha atravesando el duro cuerpo del Rock, quien aún seguía luchando para ser libre. En el preciso instante en que el proyectil lo atravesó, el mutante se convirtió en ceniza, sin siquiera darle la oportunidad de quejarse.

El diamond era una sustancia blanca liquida, pero al dar contra la luz se veía como pequeños diamantes brillantes. Este líquido debía estar muy bien protegidaoy sellado, pues al hacer contacto con Oxigeno o Carbono, los diamantes se convertían en ceniza. La sustancia de diamond era utilizada en Blue Side.

Los Rock fueron creados con la misma sustancia que los Diamond, los últimos experimentaron con animales para que tomaran fuerza, velocidad, durabilidad y así fue que el Rock nació pero con la desventaja de que sus moléculas no se adaptaron a la sustancia dejando al mutante completamente invulnerable ante el oxígeno y el carbono, con hacerles una pequeña cortada y al entrar el aire a su piel, explotaban por dentro volviéndose ceniza.

Los dos vieron como los restos del Rock se dispersaron con el aire desapareciendo de su visión. Mosc se acercó a lo único que no se había convertido en cenizas del Rock, el collar que llevaba puesto, lo cogió del suelo y sacando una pequeña botella de spray del cinturón. esparció el líquido sobre el collar, oxidando por completo el metal, después con todas sus fuerzas arrojó este al suelo. Los Diamond los tenían bien controlados, con ese collar podían localizarse entre ellos, pero si alguna misión era fallida, este explotaba hiriendo al Rock. Después sacó de una de sus bolsas un frasco redondo que cabía en su mano y abriéndolo se agacho para recoger del suelo unos pequeños circuitos fabricados especialmente para detener cualquier cosa de metal. Estos eran llamados P-M los cuales formaban una barrera magnética que rechazaba algún metal, en este caso contra el collar que llevaban puestos esos mutantes, en esos casos aquellos collares eran una ventaja para detenerlos.

Al terminar su trabajo Rive miró a la joven quien aún permanecía en el suelo atónita por todo, él extendió su mano para ayudarla a levantarse, pero ella la rechazó y mirándolo fríamente se levantó por su propia cuenta. Casi en seguida los dos voltearon al escuchar la voz del señor Zaquin, detrás de él Dylan. El hombre, respirando cansinamente se detuvo para mirar su hija, nuevamente.

Ella viene conmigo —comunicó el señor mirando seriamente a Rive —Infórmale esto al mayor: dile que Phal Zaquin de ahora en adelante protegerá a su hija —lo último lo mencionó elevando la voz y enfatizando “hija”.

Al joven no le pareció, pues su misión era ir por ella y cuidarla. Es más, se indignó de escucharlo decir eso.

¡¿De qué está hablando?! ¡No pudo ni protegerla de ese Rock! —su voz se escuchó enfadada —Entonces, ¿qué quiere decir con que la va a proteger?

¡Que la voy a proteger aún que me cueste mi vida! —Respondió ofendido el hombre —Eso quiero decir. Eso es lo que un padre debe hacer.

Las últimas palabras tuvieron un efecto en el joven, más la decisión que tenía lo hizo pensar un poco, su mirada se volvió a Rosely quien también se veía que deseaba regresar con su familia y no a Blue Side. No podía hacer nada respecto a eso, él también quería proteger a Rosely, pero lo que podía hacer por ella era no alejarla de su familia, de ese mundo donde pertenecía, el que la vio crecer.

Vámonos hija —dijo con voz dulce el padre mientras caminaba a donde ella y extendiendo la mano para que la tomara, pero antes de alcanzar su objetivo sintió como algo atravesaba su cuerpo, haciéndolo sangrar, perdiendo las fuerzas poco a poco, lo que lo hizo cerrar los ojos mientras el dolor lo doblaba, así que sus piernas debilitadas, no pudieron sostenerlo más. Rosely grito y se apresuró a su lado notando como su voz comenzaba a apagarse poco a poco y lo último que escuchoó de él fue su nombre.

Ella se hincó incrédula por lo que estaba viviendo, por lo que estaba presenciando, seguía sin poder comprender esa realidad, sus ojos se convirtieron en cascadas que no detenían el flujo de las lágrimas, gritaba a su padre con lo que sus fuerzas le podían dar, le hablaba para que abriera sus ojos… no obstante ninguna de esas cosas resultó

La acción inmediata de Rive fue la de mirar a sus lados, pues ellos estaban aquí, sabían dónde se encontraban… precisamente su pánico se incrementó al dirigir su mirada y ver entre las sombras que formaban las casas deshabitadas, unas sombras y estas eran de los Diamond, esa horrible forma humana. De verdad que sintió pesar por Rosely, pero no podía permitir que la tomaran, así que se acercó a la joven y tomándola la arrebató del cuerpo de su padre y colocando su gabardina sobre ellos, se la llevó al lugar que era seguro por el momento. Blue Side.

Al llegar levantó su rostro y la miró, notando su aspecto lleno de sentimientos negativos, así que la abrazó sintiendo su soledad y tristeza y le susurró al oído:

De verdad lo lamento, pero tengo que borrarte la memoria, es lo mejor para ti…


Dylan se encontraba pensativo sentado sobre la cama de su habitación, se había levantado como siempre para ir a la escuela y al terminar de alistarse, se miró al espejo y no evitó sentarse en la cama, recordando todo lo que había visto la tarde del día anterior y aun le era algo irreal. Su pensamiento se volvió a la chica y las preguntas se hicieron presentes. ¿Quién era ella? ¿Por qué lo conocía? Se levantó de la cama, no sabía exactamente la razón, pero comenzó a buscar por los cajones de sus muebles, algo le decía que debía buscar, sin importarle empezó a sacar camisas haciendo un desorden de todo, porque lo que buscaba, quería encontrarlo, así que sus movimientos se veían desesperados y cuando terminó de examinar esos cajones, se dirigió al buró y de allí sacó las cosas también, encontrando en el último cajón una cajita cerrada con llave, en la que guardaba las cosas más importantes para él desde que tenía memoria. Su abuelita se la había regalado.

La llave… —ahora nervioso se buscó la dichosa llave en los bolsillos, siempre la llevaba con él. No la encontró y recordó que aún estaba en el pantalón que se había quitado, por lo que se acercó al cesto que estaba lleno de ropa sucia y buscó el pantalón entre las prendas que estaban listas para irse a la lavadora. Al encontrarlo esculcó en las bolsas y sacó la llave que después insertó en la cerradura. La tapa se abrió y con manos nerviosas, movió las cosas dentro hasta dar con una foto en el fondo —Es… ella… —Murmuró. En la fotografía aparecía Rosely y estaba de perfil y había otra donde la toma era de frente ¿Por qué él tenía fotos de ella? Ya la conocía. ¿pero cómo? ¿Por qué no la recordaba?

¿Qué eran esas cosas?

El recuerdo de las criaturas o humanos o lo que fueran las del día anterior, hizo que su piel se pusiera de gallina y un escalofrío se apoderó de él. Esas cosas se habían movido tan rápido que desaparecieron de su vista y también lo habían hecho Rosely y ese joven, Se habían ido dejándolo solo con… ¡Ah! Con esa persona que habían matado… recordó al hombre, al padre de ella tendido en el suelo, sangrando. Pudo ver todo con más claridad. Repasó los hechos, esos que sucedieron después del asesinato: él se había alejado corriendo de lo que podría ser una escena de crimen y al llegar a su casa se adentró a su cuarto en donde se tiró a la cama tratando de dormir para olvidar lo que había vivido, pero al despertarse descubrió que el recuerdo de lo sucedido había quedado grabado muy bien en su mente y aunque trató de desecharlo, no pudo hacerlo. Una ira se apoderó de él al no poder olvidar y tampoco descifrar lo que ocurría. No encontró respuesta para las preguntas que lo carcomían. Enojado arrojó todas las cosas que estaban sobre su buró, provocando un ruido sordo.

El picaporte de la puerta de su habitación se escuchó, pero como la puerta tenía el seguro, la persona detrás de esta no pudo entrar. Después se escuchó la voz de su madre.

¡Dylan! ¿Qué estás haciendo? ¡Sal ahora o vas a llegar tarde a la escuela!

Ahora voy.

Al llegar a la escuela y una vez el timbre del almuerzo se escuchó, buscó a las dos chicas que eran compañeras de él en la clase de cocina. Al dar con ella, les mostró las fotos de la joven y preguntó si la conocían, pero la respuesta fue negativa.

Nunca la he visto.

Oye —habló la otra al verla—, creo que la he visto.

¿De verdad? ¿Era compañera suya?

No. Creo que es la que vino ayer a mi casa. Mencionó que sí la conocía, pero no, no la conozco. Debía estar confundida.

O loca —dijo la otra compañera —La recuerdo, dijo lo mismo y hasta sabía mi nombre y decía que debía recordarla. ¿Tú crees?

Entonces no… —Dylan volvió a guardar la fotografía.

Era como lo había temido, nadie la conocía a pesar de que ella si lo conocía a ellos y eso era lo que a su cabeza le daba vueltas. Se retiró de allí con las esperanzas en el suelo. Ahora se dirigió a la oficina de la directora y preguntó a la superior lo mismo que venía preguntando toda la mañana.

No tenemos ningún dato de una Rosely Zaquin —dijo al fin la directora al revisar los datos de los alumnos en su computadora. Backus, al escuchar esa respuesta tan solo agachó su cabeza y miró la foto de ella. Se veía tan feliz y sonriente, pero la de ayer se veía triste y desolada, su rostro sin brillo. Se levantó de la silla y despacio salió de la oficina. Caminó por el pasillo para dirigirse a sus clases pues el timbre había sonado.

Se detuvo en seco y miró por un instante a los alumnos caminar a sus respectivas aulas, fue cuando la visualizo, como si se tratara de un fantasma. La miró caminar por esos pasillos, platicando, siempre sonriendo. Tomó una decisión y sin más corrió fuera de las instalaciones escolares y no se detuvo. No le importó detener bruscamente los carros o a la misma gente y solo se detuvo cuando estuvo frente de la presidencia. Ahí comenzó a mirar los departamentos en los que el local se dividía y al encontrar el que buscaba, preguntó a la recepcionista del registro civil por Rosely Zaquin. Ni siquiera en ese lugar estaba registrada, no cabía duda que ella no existía allí.

El joven salió del lugar muy abatido e incrédulo de eso. Caminó aún con la cabeza gacha, se detuvo al ver a unos metros de él un periódico de la ciudad, lo tomó y comenzó a leerlo. Él no solía leer los periódicos, le gustaba más mantenerse informado mediante la internet, pero una noticia llamó su atención.

“… el empresario Phal Zaquin se encontró ayer muy mal herido. La herida presentaba ser de arma blanca, un cuchillo o navaja…”

La noticia hablaba sobre un posible ataque de delincuentes. Dylan pensó que se trataba de ese hombre al que la joven había dicho padre. Al leer donde se encontraba, fue a ese hospital. Al entrar al centro preguntó por el paciente y cuando la amable recepcionista le dijo en que cuarto se encontraba fue directo a este. Estaba en el tercer piso, así que subió al elevador. Al llegar se encontró con la señora Zaquin y su hijo.

¿Quién eres tú? —Brian preguntó no muy contento al verlo acercarse.

Buenas —saludó cortésmente a la señora y al joven —Mi nombre es Dylan y necesito hablar con el señor Zaquin —trató de ser lo más respetuoso.

Lo siento, pero no está dispuesto por ahora —fue la respuesta de la mujer.

Es urgente hablar con él. Solo será por unos minutos… —trató de que entendieran su urgencia.

Ahora no está para ver a nadie —alzó la voz el hijo —¿No lo entiendes? Además ¿Quién eres? Largo que aquí.

Lo entiendo. Pero tengo que preguntarle algo…

¡No lo entiendes! —se puso a la defensiva. Dylan comprendía que él estaba de esa manera porque habían atacado a su padre y que estaba muy grave, pero realmente necesitaba hablar con él, así que dio un paso con la intención de adentrarse al cuarto, pero no pudo al sentir que Brian lo detenía.

¡Señor Zaquin, necesito hablar con usted! —Comenzó a gritar, provocando que Brian se opusiera aún más, su madre estaba tratando de tranquilizarlo pero no pudo —¡Necesito…! —las enfermeras que estaban presenciando no tardaron en llamar a los guardias para que se llevaran al problemático. El rubio seguía forcejeando sin importarle que los guardias hubieran llegado y no cedió a que se fuera tranquilo, aún insistía en ver al enfermo.

La señora Zaquin se adentró al cuarto de su marido por sugerencia de su hijo y se acercó a la cama de él. Phal se encontraba despierto, su rostro estaba pálido y unas ojeras negras debajo de sus ojos era lo único que sobresaltaba.

¿Quién era? —pregunto con voz apagada y casi inaudible.

Un joven, quería hablar contigo.

¿De qué?

No lo sé, pero dijo que de algo urgente…

Quiero hablar con él —la respuesta que dio sorprendió de gran manera a la mujer, no podía gastar mucha energía en hablar.

Pero querido…

Quiero saber quién es. Déjalo pasar, por favor —pidió.

De acuerdo —accedió—, pero no te exaltes.