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Hay ocasiones en las que la imaginación vuela más allá de las estrellas, veces en las que simplemente creas y creas cantidad de leyes diferentes a las conocidas, mundos inauditos, a los que desas dar imágen y validez. Nada mejor que otros vean aquello que piensas para que sea valorado. Disfruten de los universos que se crean aquí y relaciónense con ellos. Vean qué afecta en su vida, qué es igual, cómo lo cambiarían y qué harían en el lugar de x personaje. No sean tímidos y dejen lo que su mente piense en el momento. Sean felices siempre.

miércoles, 18 de junio de 2014

La Pintura del Ojo (cuento)


Esta es la historia de un ojo, un ojo que fue pintado por un excelente artista que, mientras vivía, no fue conocido como debió haber sido por la humanidad. Sin embargo, su legado al arte contendría lo inimaginable. 
 
La Pintura del Ojo
 
Érase una vez un ojo que nació de la mano de un artista muy talentoso, pero no solo tenía talento, sino que era un genio, pues todo lo que su mente recreaba, los pinceles y la pintura le daban existencia, así, cuando el cuadro del ojo fue hecho, sin imaginarlo siquiera, este cobró un significado, un sentimiento y una calidad artística tal, que de alguna manera adquirió consciencia.
Consciente de sí mismo, el ojo solo amaba una cosa: el observar, sin embargo había un detalle; como estaba recién nacido, por decirlo así, no conocía el nombre de las cosas, ni las personas que veía. Solo conocía a Balí de O’Cortho. No estaba seguro del por qué sabía ese nombre, pero no importaba. A él solo le interesaba observar, y estaba agradecido de que alguien siempre lo tomaba con suavidad, casi con ternura y todos los días lo colocaba sobre un caballete enfrente de paisajes espléndidos. Agradecía que esa persona no lo ponía en el mismo lugar, así que nunca veía el mismo paisaje y cada uno era más hermoso que el anterior. Era una pena que no conociera a nadie para hablar de lo mucho que le fascinaban aquellos paisajes, y aunque lo conociera, no podría hablar, porque él no tenía esa cualidad.
Mas sucedió que un día, el ojo fue arrebatado de las manos de aquella persona que lo consentía tanto y al sentir como otras manos lo tomaron con violencia y despreocupación, extrañó de inmediato el suave trato que antes había recibido. Desde ese día, su acostumbrado y amado estilo de vida desapareció. Durante un largo tiempo no lo volvieron a poner frente a un hermoso paisaje y pasaba todo el tiempo cubierto por una lona negra. La oscuridad era su única compañera y los recuerdos de aquellas hermosas vistas, estaban perdiéndose, sumiéndolo en más oscuridad, además, no podía acostumbrarse al hecho de pasar frecuentemente de mano en mano.
¿Cuánto tiempo vivió así? Nadie sabe, ni él mismo; lo que sí sabe es que un buen día decidieron quitarle la lona negra que lo cubría y colgarlo sobre una pared. Su sorpresa fue muy grata cuando descubrió que se encontraba en una sala enorme llena de otros cuadros, todos muy hermosos, pero más importante aún, todos con miles de historias que contar y lo extraordinario fue que por una extraña razón, todos se entendían y podían comunicarse sin la necesidad de hablar, las palabras al aire estaban de sobra, no así los pensamientos que iban de cuadro en cuadro, fabricando diálogos mudos entre ellos. Fue así que el ojo adquirió gran sabiduría que le dio una experiencia mayor que la de cualquier hombre en la tierra, observando y aprendiendo de los demás cuadros que ahora lo acompañaban y a medida que su enorme conocimiento aumentaba, una necesidad en él se hacía más constante. Deseaba saber si alguno de los cuadros sabía algo de un tal Balí de O’Cortho, pero nadie sabía nada, por lo tanto, el no conocer a esa persona, era el único vacío que sentía en su nueva vida.
Así vivió con esa necesidad de saber quién era Balí de O’Cortho durante algunas décadas y cuando ya casi había superado el hecho de nunca conocerlo, un día llegaron nuevos cuadros a esa sala, hogar de miles obras de arte. Un par de pinturas preguntaron por él y de entre aquellas que fueron colocadas cerca, el ojo observó a las dos: uno era una boca y el otro una ojera.
¿Preguntan por mí? —inquirió el ojo.
Sí ¿Sabes quién es Balí de O’Cortho? —interrogó la boca.
No —respondió el ojo y el conocido vació lo estrujó— ¿Ustedes saben?
 
Balí de O’Cortho fue nuestro creador —Dejó saber el oído—. Y nosotros somos él.
Así es, nosotros somos el ojo, la oreja y la boca del señor Balí de O’Cortho. Al fin estamos juntos, así que podemos compartir nuestras experiencias, lo que yo puedo decir, lo que tú has podido ver y lo que el oído de Balí ha podido escuchar todo este largo tiempo.
El ojo estaba estupefacto, no podía creer que todo ese tiempo él fuera Balí de O’Cortho.
¿Qué ha sido de nuestro creador? —Quiso saber el ojo.
Murió hace mucho tiempo. Nosotros somos su rostro, su legado, para eso nos hizo, para que él pueda existir aún después de su muerte. —informó el oído.
Fue maravilloso para el ojo descubrir quién era y por qué existía en realidad. El conocer el propósito de su creación lo llenó de una gran dicha que llenó el vacío que sentía. Su destino era estar junto a sus hermanos para inmortalizar a su creador: Balí de O’Cortho.

F I N