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sábado, 23 de agosto de 2014

El Señor Mapache y La Rana​ (Cuento)

Érase una vez un bosque muy hermoso, en donde todos sus habitantes se mantenían ocupados haciendo sus deberes. El Alce estaba descortezando un árbol con sus astas, una Mofeta estaba persiguiendo a una Ardilla, pareciendo jugar. Un pequeño animalito recogía madera para poder hacer su casa en el agua, se trataba del señor Castor; estos y más animalitos se mantenían ocupados, pero un animal muy peculiar, el Mapache, esperaba impaciente en su madriguera que la oscuridad se apoderara del cielo azul, a pesar de que le gustaba andar por el día, prefería salir bajo la luz de la luna.

miércoles, 18 de junio de 2014

La Pintura del Ojo (cuento)


Esta es la historia de un ojo, un ojo que fue pintado por un excelente artista que, mientras vivía, no fue conocido como debió haber sido por la humanidad. Sin embargo, su legado al arte contendría lo inimaginable. 
 
La Pintura del Ojo
 
Érase una vez un ojo que nació de la mano de un artista muy talentoso, pero no solo tenía talento, sino que era un genio, pues todo lo que su mente recreaba, los pinceles y la pintura le daban existencia, así, cuando el cuadro del ojo fue hecho, sin imaginarlo siquiera, este cobró un significado, un sentimiento y una calidad artística tal, que de alguna manera adquirió consciencia.

martes, 31 de diciembre de 2013

Los juguetes



Los juguetes

Ella salió del centro comercial con la bolsa de plástico colgando de su mano izquierda. Adentro, dos juguetes en sus cajas, envueltas para regalo, ocupaban todo el espacio. Un juguete era una figura de acción: Iron man, el más actual del mercado. Las luces que tenía en el pecho y mano derecha le encantarían a su pequeño hijo de seis años, a quien había prometido regalarle el juguete que más deseaba si él aceptaba dominar su temor a la hora de ir al colegio. Por causa desconocida, Dennis temía enfrentar el reto de asistir al nuevo colegio y no solo él, sino también su hija, la gemela de Dennis, así que para ella era el segundo juguete; una muñeca Barbie, morena, ojos cafés, esbelta y linda, tal como Daniela, su pequeñita.

viernes, 8 de febrero de 2013

Monstruos en mi Armario



Monstruos en mi Armario

No, no soy una niña de cinco o seis años para hacer esa afirmación. Soy una estudiante universitaria de veinte años que creció en una sociedad incrédula y que, por defecto, es escéptica, pero lo aseveraré una vez más: hay monstruos en mi armario. ¿Por qué lo digo?

Bueno, la situación comenzó cuatro meses atrás, cuando mi familia y yo nos mudamos por sexta vez en toda mi vida. Una casa linda, amplia, lo suficiente para cuatro personas. Mi habitación por primera vez tenía armario. No diré que me emocioné demasiado, no soy un infante, pero me sentí ligeramente feliz, pues mi ropa ya no sufriría por estar en espacios pequeños como cortos tocadores u otro tipo de muebles no precisamente hechos para guardar ropa. Las primeras dos semanas transcurrieron un poco ajetreadas por todo lo que precedió a la mudanza, pero nada fuera de lo normal, hasta que la decimoctava noche llegó, la que marcaría el inicio de todo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El Chico de la Guitarra

La canción que utilizo aquí se llama "No todo lo que brilla es oro" y la canta Liran Roll.



El Chico de la Guitarra

La tarde era avanzada y Justina y Refugio jugaban en el amplio patio delantero de la casa en la que se encontraban. Sus padres habían tenido que viajar aquel fin de semana por asuntos de negocios y como siempre que esto sucedía, ellos se quedaron con su abuela Francia. Ambos amaban estar con ella y pasar el rato a su lado, no sólo por los biscochos y la deliciosa comida que les preparaba, sino que también porque las historias que les constaba eran muy interesantes y como niños de diez y doce años, respectivamente, a ellos les fascinaban. Una mujer mayor, un tanto encorvada y el plateado a punto de cubrir por completo sus cabellos negros, se asomó por la puerta de la casa.

—¡Chicos, es hora de unas galletas!

martes, 13 de noviembre de 2012

Valioso don

Valioso don

La selva era espesa. Los árboles y demás vegetación se alzaban de tal manera que simplemente no era capaz de distinguirse ninguna figura por delante. La humedad del ambiente hacía difícil la respiración del hombre y la mujer que corrían a través de aquel campo salvaje de la naturaleza, logrando que su ya agotado aliento ante la carrera, se tornara mucho más jadeante, siéndoles casi imposible acumular el oxígeno necesario en sus pulmones. No obstante, no podían detenerse a pesar de eso ni del hecho de que sus pies fueran por poco alimento del espeso fango que amenazaba con tragarse sus botas, deteniéndolos en fracción de segundos que eran necesarios para ellos. Su vida dependía de que mantuvieran el paso veloz que llevaban. No había cabida a las dudas e indecisiones.