Érase una vez un bosque muy hermoso, en donde todos sus habitantes se
mantenían ocupados haciendo sus deberes. El Alce estaba descortezando un
árbol con sus astas, una Mofeta estaba persiguiendo a una Ardilla,
pareciendo jugar. Un pequeño animalito recogía madera para poder hacer
su casa en el agua, se trataba del señor Castor; estos y más animalitos
se mantenían ocupados, pero un animal muy peculiar, el Mapache, esperaba
impaciente en su madriguera que la oscuridad se apoderara del cielo
azul, a pesar de que le gustaba andar por el día, prefería salir bajo la
luz de la luna.
Un Blog donde puedes encontrar diferentes historias/novelas ficticias, totalmente en español, para pasar el rato. Las historias son hechas por Fans, no son de profesionales. Nosotros nos divertimos escribiéndolas y ustedes se divierten leyéndolas.
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sábado, 23 de agosto de 2014
miércoles, 18 de junio de 2014
La Pintura del Ojo (cuento)
Esta
es la historia de un ojo, un ojo que fue pintado por un excelente
artista que, mientras vivía, no fue conocido como debió haber sido
por la humanidad. Sin embargo, su legado al arte contendría lo
inimaginable.
La
Pintura del Ojo
Érase
una vez un ojo que nació de la mano de un artista muy talentoso,
pero no solo tenía talento, sino que era un genio, pues todo lo que
su mente recreaba, los pinceles y la pintura le daban existencia,
así, cuando el cuadro del ojo fue hecho, sin imaginarlo siquiera,
este cobró un significado, un sentimiento y una calidad artística
tal, que de alguna manera adquirió consciencia.
domingo, 2 de febrero de 2014
La Mancha (Cuento)
La Mancha
Había una vez
una familia compuesta por una mamá y un pequeño hijo que vivían en una linda
casa y aunque la casa no era muy grande, era muy bonita porque la mamá siempre
la tenía muy limpia. La mamá era muy trabajadora y todos los días lavaba,
planchaba, cocinaba, barría, sacudía y hacía todo cuanto podía para que en su
casita no hubiera huella de suciedad, ni
mucho menos desorden, así que privaba a su pequeño hijo de jugar dentro de la
casa y el pequeño debía salir afuera, por lo que pocas veces tenía la atención
de su madre y eso realmente entristecía mucho al niño.
Entonces sucedió
un día en que la mamá estaba limpiando los pisos, que encontró una mancha negra
en la sala. La mancha era muy pequeña, casi imperceptible, pero a sus ojos
resultó ser desagradable, así que hincándose junto a la abominable imperfección,
puso jabón en el cepillo de mano y talló con energía. Por un momento, la espuma
fue todo lo que se miró en el piso, sin embargo, cuando enjuagó con el agua,
descubrió que la mancha no solo no había desaparecido, sino que se había hecho
un poco más grande; ahora sí resultaba visible desde cualquier lugar que se le
mirara.
Al verla, la
mamá lanzó una exclamación de desagrado, así que volvió a poner jabón y junto
con este, un chorro de cloro y talló más enérgica aún, pero descubrió que entre
más tallaba, más crecía la mancha. Lanzó maldiciones de descontento e
incrementó su ardor al tallar y talló y talló, pero la mancha creció y creció,
mas sin darse por vencida, vertió sobre la insolente y ahora grande mancha,
todos los productos de limpieza que tenía, pero la cosa no desapareció, por lo
que la mamá, frustrada, agotada y enojada, recriminó tal fealdad y en medio de una
larga letanía de insultos, siguió en su empeño de eliminarla, pero nada.
La mancha había
invadido gran parte del suelo y la mamá estaba para morir de la ira.
—Mamá —la llamó
su pequeño hijo con voz llorosa.
La madre dejó de
tallar y controlando su agitada respiración, se volvió a mirar a su hijo, quien,
de pie en el umbral de la puerta, la
observaba con ojos lagrimosos mientras se tocaba las rodillas que sangraban.
—¡Oh, por Dios!
—Exclamó la madre dejando el cepillo y la preocupación por su hijo se reflejó
en su rostro — ¿Qué sucedió?
—Me caí —sollozó
el niño mientras su madre lo conducía al sofá.
La madre extrajo
del botiquín médico gasas y desinfectante para limpiar las heridas del pequeño
y mientras lo curaba, le susurraba palabras de aliento y cariño, a la vez que
acariciaba su cabello y depositaba besos en las mejillas y frente del niño, olvidándose
de la presión e ira que momentos antes había sentido por causa de la mancha.
Sus dulces palabras de consuelo flotaron en la habitación, invadiendo cada
recoveco, atravesando los átomos y ocurrió que con cada caricia, con cada
palabra y con cada beso, la mancha en el suelo comenzó a empequeñecer.
La madre,
dándose cuenta de este suceso, continuó prodigándole todo su amor a su hijo,
cantando su cariño en dulces y bellas palabras:
No temas niño amado,
que mis brazos te han amparado,
en ellos seguro estás
esto pronto olvidarás.
Y la mancha
disminuía, disminuía…
La razón de mi vivir eres
el más importante de todos los seres
ahora y siempre te amaré
por ti mi amor potenciaré.
Y la disminución
se convirtió en desaparición. La abominable, desagradable y extraña mancha, había
dejado de existir. La madre acarició el cabello de su hijo y meditó en el caso
curioso de la mancha, así fue que comprendió que su actitud, estaba empañando
su relación con su hijo.
Así que se hizo
una promesa:
Antes que
cualquier cosa, primero sería su hijo.
F I
N
jueves, 9 de agosto de 2012
El Árbol Inconforme (Cuento)
El Árbol Inconforme
Érase una vez un álamo que estaba en un bosque. Don árbol
era una creación de la flora respetado por todos los seres vivientes del lugar
debido a que llevaba muchos años allí y había visto crecer el boscaje; pero estos
últimos días se encontraba más serio, callado, indiferente e inconforme, por lo
que un día decidió desahogar sus penas con el hada del bosque.
— ¡Ay, hadita! No tienes ni idea de lo que es ser un
árbol viejo, carcomido y apolillado. Los niños me usan de columpio; los perros
me usan de baño. Han roto mis ramas para hacer leña. No soporto el ruido de los
humanos y sus máquinas motorizadas cuando vienen a “pasarla bien”. Estoy harto de que pequeños animales como ardillas
y pájaros se pelen sobre mí; que las hormigas arranquen mis hojas. ¡Y lo peor
de todo! Tener que fingir que no me importa, que no me duele y que no me cansa.
No sabes lo difícil que es ser yo.
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