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Hay ocasiones en las que la imaginación vuela más allá de las estrellas, veces en las que simplemente creas y creas cantidad de leyes diferentes a las conocidas, mundos inauditos, a los que desas dar imágen y validez. Nada mejor que otros vean aquello que piensas para que sea valorado. Disfruten de los universos que se crean aquí y relaciónense con ellos. Vean qué afecta en su vida, qué es igual, cómo lo cambiarían y qué harían en el lugar de x personaje. No sean tímidos y dejen lo que su mente piense en el momento. Sean felices siempre.

viernes, 30 de enero de 2015

Esbozando lo Prohibido (2º Parte)

Esbozando lo Prohibido (1º Parte)


PARTE 2
Cuidad Cuarzo


Capítulo 24
Viaje al pasado; un nuevo futuro se forma

 Transcurría el año 2116, dieciséis años después de la nueva era de la reconstrucción de la humanidad. En el año 2100 la gente por fin se vio liberada de la esclavitud a la guerra, peleas y muerte. Años atrás, estallaron dos guerras que amenazaron en la casi extinción de los seres humanos, donde la tecnología era simplemente para la utilización de armas, ocasionando que se detuviera para la población. Casi al borde de la extinción, en el años 2100, se detuvo la última guerra y de nuevo se dio el privilegio a los humanos de vivir en paz; los gobiernos también prometieron no volver a guerrear contra otros, y por el momento estaban haciéndolo según lo planeado. Así transcurrieron los años, hasta nuestra época, en la ciudad Cuarzo, más adelante nombrada ciudad Del Comienzo, llamada de esa manera por ser la sede madre de la tecnología; donde unos invitados inimaginables llegaron.



Una extraña luz, como si se tratara de un rayo de color violeta claro, estalló en el cielo, observándose de una manera asombrosa; las personas despistadas de seguro no captaron ese suceso, pero los que sí, tan solo pensaron que debía tratarse de algo de poca importancia, así que se olvidaron de aquello. Uno de ellos fue un joven, quien se encontraba situado en una colina un tanto retirada de la ciudad, tenía entrecerrado los ojos mientras con su mano derecha se hacía un gorro para protegerlos del sol. Una vez que aquel color violeta del cielo se esfumara por completo, se giró sobre su eje y dirigió su vista a una camioneta de color roja.

—¿Ustedes vieron cómo se puso el cielo? —preguntó a sus compañeros.

Uno de ellos era un varón, quien se mantenía a su espalda y maniobraba una laptop que reposaba sobre el capó del vehículo, demostrando que no observó lo que su compañero vio; la joven que se mantenía dentro la la camioneta estaba absorta en el espejo arreglándose el maquillaje, así que tampoco observó la anomalía del cielo. Por ello ante la pregunta del joven contestaron un “no” sin importancia alguna.

—Oye, Mark, —desde dentro la joven, tras terminar de hacer lo suyo, bajó del vehículo y golpeando la puerta con fuerza se acercó al de la laptop—, ¿vamos a ir a la fiesta de Silvia?

—Ella nos invitó, ¿no? Vamos a ir, creo. —Más que estar concentrado en lo que su compañera le preguntaba, no dejaba de ver su portátil.

—Odio a esa maldita —masculló con irritación al momento que se recargaba en la camioneta aun lado de su compañero—. La odio porque se cree la muy importante, yo solo le hablo porque me da pena.

—Entonces si no quieres, no vayas, Kelly —mencionó Matías, el que había preguntado anteriormente sobre el cielo y quien se acercaba a ellos; miró a la nombrada y le sonrió, lo que provocó que tanto esa reacción, como el hecho de que le mencionara eso, ella le devolviera una sonrisa burlesca.

—Eso es lo que ella quiere, pero no le voy a dar el gusto —ella se giró a su derecha y miró a Mark —Repíteme por qué nos trajimos a Matías, es una molestia, ahora entiendo por qué nadie se junta con él.

—Oye Kelly, eso fue muy cruel, ¿sabes? —dijo Matías sonriendo sin gracia al comentario de su compañera, y es que a él se le consideraba como una gente “anticuada”, o sea, aquellas personas que mantenían las “normas o modas” de años pasados, y no solo eso, fue condenado al ostracismo por sus compañeros de clase por ser un inmigrante.

Muchos años atrás, su familia se obligó a emigrar de su región natal debido a las horribles condiciones que dejó la posguerra en ese lugar. La ciudad Cuarzo fue una de las pocas que pudo salir rápido de la crisis económica, así que varias familias iban a ese lugar.

—Cómo sea —habló Mark girándose para ver a su compañero y señalando el portátil con su mano, continuó—, has lo que prometiste hacer. Allí esta el numero de mi cuenta de ahorros.

La reacción de Kelly fue de sorpresa, aun que ya sospechaba el porqué habían hablado con Matías, el varón se decía que era bueno hackeando cuentas o algo así. Anteriormente, Mark le había mencionado que tenía ganas de ir a pasear, pero no tenía suficiente dinero, así que el plan de Mark era que pasara dinero a su cuenta de ahorros. También por eso se encontraban retirados del centro de la ciudad; si las autoridades llegaban a darse cuenta rastrearían la red que se utilizó para el hurto de dinero y así irían detrás de ellos, pero a ellos les daría tiempo de huir. Y lo que estaba a su favor era que en ese tiempo no existía una seguridad de alto nivel en las redes sociales de internet. El cracker se acercó.

—Una vez que haga eso, me dejarás entrar a su equipo, ¿verdad? Ese fue el trato.

—¿Eso le prometiste? —preguntó la fémina nada contenta y mirando fijamente y con sequedad al dueño del portátil. Su rostro dibujó una mueca de disgusto.

—Vamos, Kelly —mencionó Mark sin cambiar su rostro al notar el disgusto de su compañera—, dentro de dos semanas nos graduaremos de la universidad, ¿a dónde piensas que iremos a festejar con el dinero que tenemos? ¿No es mejor conseguir un poco más?

—Pero eso quiere decir que también nos llevaremos a Matías al viaje. ¿Los otros están de acuerdo?

Matías, ya manipulando la laptop, tan solo sonreía ante la conversación de sus compañeros. Después de unos minutos, cuando Matías estaba por terminar de hacer una pequeña transacción, lo menor posible para que no se dieran cuenta, los tres jóvenes escucharon un ruido procedente de no muy lejos de donde estaban. Mark se preocupó porque pensó que la policía se habían dado cuenta, aunque tal idea la desechó inmediatamente porque había sido muy rápido, y sin contar que se aseguró de cambiar su IP. Pero para estar más seguro, se encaminó a donde el ruido que indicaba que alguien se acercaba y distinguió a una persona. Debido a lo lejos, entrecerró los ojos como acto de reflejo y distinguió que se trataba de un joven, quien seguía acercándose. Los ojos bicolor de aquella persona lo miraban fijamente sin mostrar nada en su rostro que no fuera pura seriedad.

—¿Quién es? —se escuchó la voz de Kelly.

—No es nadie de importancia —comunicó el joven al momento que daba vuelta para ver a su compañera—. No te preocupes, no es la policía.

Estaba a punto de dar el primer paso para acercarse de nuevo a la camioneta y así subir a ella e irse de allí, ignorando el hecho que la otra persona era Andro y que se había acercado lo suficiente a él; no se imaginó que esas iban a hacer sus últimas palabras. Lo último que sintió fue cómo Andro lo tomó de la cabeza y sin siquiera permitirle saber lo que ocurría, le aplastó el cráneo con la facilidad que se apachurra una hormiga con el pulgar. El terror combinado con el asombro de tal brutalidad invadió por completo el cuerpo de Kelly así como el de Matías, quienes observaron todo lo sucedido. La mujer gritó aterrada al momento que se dirigía al interior de la camioneta; por otro lado, el joven se quedó inmovilizado, siendo presente de cómo el joven de ojos bicolor miraba sus manos manchadas de rojo y hasta juraría que lo observó dibujar una media sonrisa.

Andro desvió sus ojos de sus manos para mirar al joven; sus grandes ojos grises desorbitados lo reflejaban, como si se tratase de un espejo, Andro se limpió sus manos sobre su extravagante vestimenta de una sola pieza; retomó su camino, y a pesar de las ganas que tenía Matías de correr al ver como el asesino se acercaba cada vez más a donde ellos, sus piernas no respondían, ni siquiera pudo decir algo a su compañera cuando ella rápidamente salió de la camioneta llevando en sus manos una pistola y alterada, notándose por la respiración que trabajaba lo doble por la impresión y con los ojos húmedos, apretó el gatillo dos veces. Pero el resultado hizo que se agitara aun más. Las balas cayeron al suelo sin haberle hecho nada al asesino. Incrédula, soltó asustada el arma y al sentir que sus piernas no pudieron con sus peso, cayó al suelo. Y pesar de que no fue nada para el androide lo que a acababa de pasar, por últimas vez volvió a mirar a los jóvenes, quienes impactados, derramaban lágrimas como si no existiera más que hacer. Él siguió con su camino.



Sintió que su cabeza le dolía como nunca en su vida, aunque se sentía consciente, no podía abrir los ojos; el dolor de cabeza mezclado con las nauseas que se palpaba en su estómago no se lo permitía. Pudo hacerlo cuando el dolor comenzó a disminuir; abrió con lentitud los ojos, al principio no pudo distinguir nada, lo último que recordaba fue que había entrado a la máquina del tiempo de Klaus y que por algo se había accionado. Ese recuerdo la obligó a despabilarse por completo; se levantó como pudo, pues sentía su cuerpo muy pesado, cómo si el día anterior hubiera corrido muchos kilómetros. Colocó sus manos sobre su boca para evitar exclamar en voz alta. Lo primero que observó fue su alrededor, un campo muy abierto que tenía mucha vegetación y después, una calidez, miró hacía arriba notando el cielo azul y el fuerte sol. Debido a las cosas que en la ciudad del futuro se habían armado arriba al construir las calles del cielo, no se percibía la luz solar de esa manera. Estimando su alrededor, dedujo que sin duda alguna viajó al pasado, ¿pero a dónde? ¿Qué año era? ¿Cuánto tiempo se alejó de su hogar? Ella se obligó a quitarse de encima el pasmo ante lo que veía, pues estaba cociente que había cosas más importantes, como el hecho de encontrarse con Neón.

—Señorita —Eva se giró velozmente para ver al dueño de la voz que le llamó la atención. Se trataba de un hombre uniformado y por su atuendo debía tratarse de un policía, ahora y en el futuro, no había mucha diferencia en el uniforme —¿Se encuentra bien? —preguntó al notarla pálida, ella asintió no convencida —¿No se ha encontrado con algún sospechoso? —preguntó y al apreciar que ella no comprendió su pregunta, explicó: —Esta zona es peligrosa. Se está buscando a un asesino.

—¿Asesino? —repitió ella al momento que su mente se venía la imagen del robot-perfecto de Val —¿En que dirección? —se preguntó con rapidez.

—¿Usted sabe algo? —cuestionó el hombre mirándola con ojo insidioso, la joven negó rápidamente, se expresó incorrectamente.

—No. Solo me gustaría saber si sabe cómo es el agresor, por si acaso lo veo.

—Hubo un par de testigos, dos jóvenes. Aun se encuentran en gran shock. Están en comisaría. La muerte de su compañero fue realmente brutal —se estremeció al recordar las fotos que le mostraron anteriormente.

—¿Ocurren muy a menudos esos casos?

—No realmente, por lo menos desde que la guerra se dejo atrás. Si se hubiera tratado de una persona mayor, estaríamos consciente que pudiera tratarse de un veterano traumatizado por la guerra, pero por lo que sé, fue un joven. Pero no se descartan, no se digan los inmigrantes.

Las ínfimas dudas que Eva tuvo de que ese caso se tratara del llamado Andro, se despejaron y estaba convencida que se trataba de él. Por ahora deseaba ver a los testigos para poder hablar con ellos y así preguntarles con más detalle cada uno de los movimientos que hizo, cómo reacciono, lo que fuera. Por ello pidió al oficial que la llevara a la comisaría, donde le informaron que allí los mantenían mientras los interrogaban. También deseaba encontrarse con Neón, y por lo que le contó el uniformado que allí cerca fue el asesinato, llegó a la conclusión que los cuatro, llegaron a ese tiempo juntos, por lo menos no estaban tan lejos. Sin saber que la persona que deseaba encontrarse, ahora precisamente estaba frente a frente con Andro.

—Eres diferente a mí y a los humanos. ¿Qué eres, Neón? ¿Un defecto?


Capítulo 25
Recuerdos

Neón prestó toda su atención a la condenada creación de Klaus Val, aun teniéndolo enfrente, no podía creer que estuviera allí, vivo. Lo primero que preguntó el androide al verlo fue aquella pregunta, la que por seguro ya la sabía. La fluidez de su habla había mejorado casi completamente, notando que no solo aprendía observando a su alrededor, ya tenía consigo lo principal, como sobrevivir, comunicarse y sus metas. Pero lo que más le sorprendió al menor fue distinguir el color escarlata opaco que sobresalía del traje, lo que indicaba que había hecho de las suyas y tal expresión de asombro lo distinguió Andro y se lo hizo saber, cuando le comunicó:

—La sangre humana es hermosa —miró por unos instantes al impactado joven —. Los humanos son fáciles de romper, Neón. ¿Qué tan rápido lo eres tú?

Ante lo ocurrido, la única reacción que hizo Neón fue retroceder un paso hacía atrás al sentir una amenaza, apretó sus puños y como mera reacción los levantó creando una postura de ataque; ante su inesperada reacción el androide ladeó su cabeza a un lado y enseguida abrió la boca para dejar salir una expresión para señalar que comprendió su postura.

—0.1% fatal —mencionó, estimulando a que Neón arqueara la ceja al no comprender a lo que se refería—, máximo 0.3%. Menos del 25% de probabilidad por sobrevivir —el menor tardó en comprender que lo que decía era el porcentaje de sobrevivencia si en ese momento se enfrentara con él; la primera cifra se refería a los seres humanos—, bajando un 10% si no te defiendes. 100% si lo dejas así. ¿Lo intentas? —Andro se colocó en la misma posición que el menor.

No necesitó que Neón mencionara o dijera algo, Andro comprendió muy bien lo que sus ojos reflejaban, por ello, se incorporo de nuevo y comenzó a caminar acercándose a Neón, quien en ningún momento lo dejó de mirar y sus ojos lo siguieron hasta verlo a su lado y sin decir nada, Andro pasó a un lado del joven. Una vez se fue, él soltó un suspiro; apretó con fuerza su pecho como si de esa manera calmara a su agitado corazón. Cerró sus ojos con fuerza al momento que lleno de angustia, formaba una mueca, no podía creer que tuviera miedo, pero es que no pudo evitarlo y eso lo supo muy bien el endemoniado robot y es que lo que lo salvo, por decirlo de esa manera, fue el hecho que tenía como misión el deshacerse de Isaac Ferrie. Ante esos pensamientos, a su mente vinieron recuerdos del joven que acompañaba a Eva y pocas veces al taller Calomela; Ruber. Cuando estuvo con él, nunca se había sentido similar a como se sintió hacía un par de segundos al estar frente al androide, a pesar de que tanto Ruber como Andro eran el mismo, ¿Por qué? ¿Cuales fueron las causas por la que ambos, siendo el mismo, eran tan diferentes? ¿Qué había sucedido? ¿Cuál había sido la diferencia? Aunque Andro despertó prácticamente hace poco tiempo, ya sentía la misma maldad y posiblemente la locura de Norez. No sabía qué hacer, no se sentía con la capacidad para encararse a Andro, pero tenía que hacer algo y lo que se le vino en mente, era encontrar al joven.





Lo primero que hizo al llegar a ese sitio, fue ocultarse, Ruber siempre estuvo consciente que debía mantenerse oculto. Encontró una zona de tierra que tenía muchas estructuras llenas de alimentos, se trataba de una granja. Entró a un granero pequeño, el que no estaba lleno, lo que más sobresalía era lo deteriorado de éste y la humedad. No había muchas cosas, tan solo un par de herramienta y alguna paja que se utilizaba para alimentar a los animales, pero para él aquellas condiciones no le serían un problema. Se sentó en el frío suelo y recargándose en la pared de madera, alzó los ojos para echar un vistazo a las instalaciones del lugar. Comenzaría a hacer lo que desde un principio se disponía a hacer; sus deseos de padecer el descanso eterno se incrementarían, el que por supuesto sabía que a él nunca le llegaría; por ello tan solo esperaría.

Su mente viajó a algunos recuerdos similares a los de ahora, al llegar a un nuevo año, para ser más exactos al 2155, había decidido mantenerse oculto, observando cómo los días y noches transcurrían. Por esa misma razón no cambio el futuro, ya que el nunca se interpuso en el mismo, ya que era como si no existiera. Su mente se despejó cuando observó que la puerta del granero se abría poco a poco, dejando un poco de luz del exterior, provocando que una línea de luz se dibujara en el piso y crecía poco a poco hasta ser lo suficiente para que ahora se dibujara la sombra de una persona, la que al avanzar más dentro se perdía. Ruber tan solo esperó allí, no hizo nada; no veía la necesidad de hacerlo, sus ojos siguieron la silueta hasta que a unos metros de donde se encontraba, se paró una pequeña que le daba la espalda. Tendría unos seis años, con tez blanca y abundante cabello rubio y sin percatarse del intruso de allí, ella comenzó a mover algunas piezas de metal y cajas que algunas se observaban pesadas para ella.

Entre las sombras, el bicolor observo cada uno de sus movimientos, fue hasta los pocos minutos que ya en sus manos llevaba un par de juguetes y con estos se disponía a salir, y para ello se giró y fue cuando notó que no estaba sola, tal sorpresa hizo que soltara lo que sus pequeñas manos llevaba y sorprendida abrió los ojos tan grandes como un plato; abrió la boca, pero antes de que pudiera pronunciar palabra alguna o un grito de auxilio, Ruber le indicó que guardara silencio al poner su dedo índice sobre sus propios labios. La pequeña comprendió, parpadeó un par de veces confundida y al transcurso de segundos de silencio, ella misma lo rompió al preguntar:

—¿Quién es usted?

El joven tardó en responder. Y dudoso, respondió al final:

—Me llamo Ruber Corindo.

—¿Qué está haciendo en este lugar? —cuestionó la niña sin dejar de mirarlo con sorpresa y con intranquilidad; después de todo se trataba de un extraño y sus padres le mencionaban con insistencia que existía gente que a veces no tenía hogar o que viajaban a esa ciudad porque sus lugares no estaban en condiciones para vivir y al llegar allí no tenían nada.

También ellos les mencionaba que debía de ser generosa y respetuosa con esas personas, pero que no debía de acercarse a ellos, por seguridad. Y que tuviera cuidado de ellos, pues había muchos que no tenían buenas intenciones.

El invitado no contestó, por ello preguntó:

—¿Se escode?

—Algo así —Fue lo que atinó a decir y es que no sabía qué contestarle exactamente, como pensó, debía de ir a un lugar que definitiva estuviera solo—. Huyo, realmente.

—¿Huye? ¿De quién?

—De todo.

—¿Por qué? ¿Es un inmigrante?

Ruber se limitó a encogerse de hombros, para después sonreír divertido por las preguntas de la pequeña, y es que pensándolo bien, sí era un extranjero, aunque no precisamente de ese tiempo, ya que no pertenecía a ningún lugar, ni siquiera debía de existir. Y algo le quedó muy, pero muy claro mientras la pequeña tomaba asiento en el sucio suelo y comenzaba a contarle unas historias; él no pertenecía a ese mundo. Y ahora escenas se formaban a su mente, en armonía con lo que pensaba, poco a poco esas escenas crearon un recuerdo. El recuerdo de haber platicado con un niño de la misma edad que la pequeña. El momento que había llegado a ese lugar, un estrecho callejón de la ciudad Del Comienzo, ese pequeño lo había visto con la misma expresión que ella, sus ojos cafés reflejaron asombro.

¡Ruber! —fue lo primero que escuchó de alguien, ese nombre que le arrebataría al dueño y no solo eso, también su vida—. ¡Ruber, ¿me escuchas?! Hay alguien aquí.

Maldición, Efrin —se escuchó una voz molesta, un joven preparatoriano se acercó a su hermano y tomándolo del brazo lo jaló, pero el menor se molestó ante tal acto que se rehusó a seguirlo y se soltó de él—. Te he mencionado que no te acerques a ellos —le recordó el mayor.

Pero él se ve que necesita ayuda. Se le nota desorientado —Efrin apuntó al androide y es que no aparentaba, estaba confundido.

En esos años, en la ciudad se habían formado tres pandillas delincuentes que lo único que hacían era perturbar a la comunidad, asaltaban y me metían en peleas contra los otros de las pandillas. Estas se distinguían por que cada miembro se teñía el cabello con el color que representaba la banda. Por ello, Ruber tenía el cabello rojo como el mismo fuego y por esa misma razón desconfió del joven, pues al ver su cabello lo encontró de dos colores; aunque debía de admitir que eso era extraño, y no se quedó callado.

¿Eres de los del norte, sur o del centro? —no obtuvo respuesta.

Por un momento a su mente cruzó que tal vez se trataba de un retrasado o lago así, lo único que hacía era mirarlo.

Tal vez no sea de ninguno de ellos —se interpuso Efrin—. ¿Eres de esta ciudad? —preguntó al momento que daba un paso y sintiendo como su hermano alargó su brazo para detenerlo, para que no se acercara más al individuo.

Esa acción molestó al jovencito porque Ruber, su hermano mayor siempre era sobreprotector con él. Y lo quería, pero a veces le molestaba su manera de ser. Por otro lado, el androide se levantó y dirigió su vista al mayor y a los segundos al menor.

Busco a alguien —dijo al final con un extraño acento.

Lo vez, Ruber —Se hizo notar Efrin con voz alegre—, no es de aquí. Yo lo sabía.

¿A quién buscas? —El preparatoriano ignoró a su hermano y sin dejar de mirar los ojos de diferente color del otro, esperó respuesta.

A Klaus Val.

Ruber pensó en el nombre y trató de recordar si conocía a alguien con esa denominación, pero fue en vano, creía que tal vez se trataba de alguien de otra pandilla, pero no era así. Es más, al par de días siguientes, los dos Corindo estuvieron dispuestos a ayudar a encontrar a esa persona, por decirlo de alguna manera, al ver que el bicolor no aparentaba ser una amenaza, más que eso, era un inexperto. Confiaron en él y hasta le facilitaron un lugar para que descansara. Aún sus más cordiales deseos, ambos ignoraban lo que pasaría a los días. Fue una terrible tarde, dos jóvenes del equipo rival comenzaron a molestar al mayor de los Corindo y siempre era de esa manera, ninguno de las pandillas soportaba a los miembros de las otras. Ruber comenzó a pelear, pero como era de suponerse, iba perdiendo y le estaban dando una paliza. Cómo estaba de espectador, Efrin gritaba que se detuvieran pero obviamente no lo hicieron, golpeaban más y más, hasta que el menor ya con el rostro bañado de lágrimas se volvió al bicolor quien no hacía nada, tan solo miraba como golpeaban a su compañero. Efrin lo tomó del brazo y halando le gritaba que hiciera algo, que los detuviera.


—¿Se encuentras bien? —preguntó la pequeña mirándolo con preocupación, de estar atento al escucharla hablar, había mirado sus manos y aunque no había nada en ellas, él pudo verlas manchadas de rojo, recapitulando lo que había hecho ese día. A petición del niño. ¡No! A petición de él mismo, se deshizo de aquellos dos agresores, golpeándolos y golpeándolos, sin detenerse hasta que sus rostros se vieron difíciles de descifrar, que si no fuera por sus documentos o sus ADN no sabrían de quienes se trataban.

Pero no había quedado satisfecho con eso, aun en el suelo impactado por la reacción del bicolor, el verdadero Ruber pretendió levantarse y huir con su hermano, pero no tuvo la siquiera suerte de poder ver a los ojos de su hermano menor cuando el androide le quitó la vida, atravesando su mano a su pecho, estrujando su corazón.

Eso era lo que él era, un engendro. E iba a ir por el pequeño, quien conmocionado y con mirada perdida, observaba el cuerpo ensangrentado de su hermano. Una vez que el androide se giró para atacarlo, se miró las manos, tal y como debía hacerlo y fue allí que algo dentro de él cambio, cometió un error, ese escarlata no era el que buscaba. Aquellos ojos no eran los que debían de haber sido arrebatados su brillo de vida. No era la persona. Comprendió que su error fue garrafal y que no había vuelta atrás. Después de aquel suceso escapó de la escena y dejando atrás todo, decidió que lo mejor sería si se mantenía escondido. Solo tal vez aquel suceso, esa equivocación hizo que él cambiara o que no se formara bien o como fuera que se llamara a su situación. Eso lo ignoraba, pero estaba cociente de algo más, él era un peligro para la humanidad, ¿qué sería de su otro él?

Se levantó teniendo con sigo lo que debía de hacer. Detenerse a sí mismo, detenerlo de dañar a otros. ¡No! Detener a su igual, porque era Ruber y el otro era Andro, ambos completamente diferentes, tal vez ambos nacieron de donde mismo, pero se habían criado de manera diferente.


Capítulo 26
Arresto

En las oficinas principales de la policía, Eva ingresó con rapidez dejando atrás al policía que tuvo la amabilidad de llevarla. Lo que quería era hablar con los dos testigos, al informarse que ellos estaban siendo interrogados en un cuarto, se le pidió que no los molestaran, pues un oficial de alto cargo estaba hablando con ellos; pero ella no quería tardar, estaba ansiosa de hablar con ellos, así que ignorando a la secretaría, se acercó a la puerta que ingresaba al interrogatorio, agarró la chapa de la puerta decidida a entrar, pero antes de hacerlo, como una reacción, echó un vistazo por la ventanilla de vidrio que adornaba la puerta y no evitó sorprenderse al reconocer a los interrogantes.

—Mis abuelos —se dijo en voz baja al momento que daba un par de pasos hacia atrás.

Sin duda alguna se trataban de Matías y Kelly Mohs, los reconoció porque ella ya había visto un par de fotos de cuando ellos eran jóvenes y sin duda alguna eran ellos; tal vez aquí un par de años más jóvenes, pero ellos de cualquier modo. Y ahora sabiendo que fueron sus abuelos quienes presenciaron tal asesinato, ya no tenía consigo la firmeza de ir a platicar con sus antecesores. Dudó cruzar la puerta, se sentiría muy extraña, ahora no creía que pudiera siquiera entablar alguna conversación con ellos. Indecisa por esa decisión, lo meditó mejor y tras pensarlo una y otra vez, se decidió en esperar a un oficial, específicamente el que estaba hablando con Matías y Kelly. Tomó asiento en una silla de la sala de espera y comenzó a observar a su alrededor, siguiendo a las personas que entraban y salían de salas o habitaciones; en eso, mientras su vista seguía a un oficial, se detuvo al notar que a metros alejado de donde ella estaba, estaba Neón.

Se levantó de la silla sorprendida y se acercó al joven apresuradamente e iba a decirle algo, pero no lo hizo cuando notó la total concentración de él en la pizarra donde había muchas noticias. Con cautela, ella se acercó y se colocó a su lado para observar detenidamente lo que el menor veía. Se trataba de un anuncio, específicamente con un rótulo “Se busca” de un criminal. Se trataba de Andro, era un dibujo exacto de Andro, la persona que cometió tal acto maligno. Neón se dio cuenta que Eva estaba a su lado y la miró, pero casi en seguida se volvió al dibujo. Los retratistas hicieron un excelente trabajo.

—Eso es malo —mencionó preocupado el joven sin dejar de mirar la imagen, el tono por como lo dijo, alarmó a la mujer—. Él ahora no esta dispuesto a hacer nada más que buscar a Isaac Ferrie y darle fin, pero si las autoridades lo atacan ahora, él se defenderá y dará comienzo a una catástrofe; una masacre.

La angustia de Neón se trasladó a Eva, comprendiendo en su totalidad sus palabras; los oficiales harían enojar a Andro y si eso ocurría, muerte no se haría esperar.

—Debemos encontrarlo —Neón se giró para ver a Eva—, a Ruber. Él es el único que puede detenerlo.

Tenía mucha razón, él era el único que podía detenerlo, es más Eva no creía que aquel joven que conoció y era tímido, fuera realmente el “robot perfecto” de Val. Ella miraba la imagen y no evitaba recordar cómo lo había conocido, cuando iba a la escuela lo encontró en medio del patio dando vueltas a su alrededor, perdido y notó que observaba detenidamente a los otros estudiantes y que se mostraba no solo confundido, admirado, pero con una seriedad que ahora que lo pensaba se le hizo extraña. Cuando ella se acercó y habló con él, Ruber le sonrió y la saludó con alegría al momento que le decía: “Hola, ¿cómo has estado?” eso le pareció graciosos, reaccionaba como si ya se hubieran conocido de antes. Ahora era que comprendía; ese día tal vez estaba observando a los demás para saber cómo debía reaccionar. Sus ojos se nublaron de tristeza, ahora entendía a la perfección la manera de ser de él y algunos comentarios que hacía.



La noticia voló más rápido de lo esperado. A la mañana siguiente tanto en los programas de televisión, como en los volantes de las noticias daban la notificación de un joven asesino que era muy peligroso y que si alguien lo identificaba o lo veía, se comunicara con las autoridades y que por seguridad de las persona no se acercaran a él; se debía tener mucha precaución. La noticia recorrió alarmando a muchos ciudadanos, pero también muchos lo pasaban por alto, no porque creyeran que no había asesinos, de esos muchos, pero pensaban que se trataba de una exageración, la fama que tenían los informáticos.

—Acabo de ver a un joven que me dio la apariencia del joven que están buscando —se escuchó la voz de un señor desde el otro lado de la linea. El jefe de la policía recibió esa llamada—. Tenía una gorra en su cabeza y unos lentes oscuros, pero me pareció que se trataba de él —termino de decir.

—¿Me puede decir en que dirección lo vio? —preguntó el mayor al momento que sacaba una pequeña libreta de su bolsillo de la camisa y tomando un bolígrafo de su escritorio anotaba la dirección que le dio el hombre.

Al terminar, agradeció y colgando salió de su despacho y se dirigió a la sala principal dando la orden de ir a inspeccionar la zona; él junto con varios de sus hombres se subieron a una patrulla y se encaminaron al domicilio. Una vez allí, los tres carros comenzaron a moverse por los alrededores, tomando precaución para no asustar a los vecinos y evitar que el buscado no se escapase y que los ciudadanos no se sintieran en peligro. El copiloto de unas de esas patrullas apuntó a un joven que caminaba como escondiendo algo.

—¿Cómo es que viste el sospechoso? —preguntó al conductor al notar al mismo joven que su compañero vio.

El joven llevaba un pantalón de mezclilla negro con unas botas al estilo Harley del mismo color, con una chaqueta de color verde oscuro y lo que más les llamó la atención fue que escondía su rostro con lentes oscuros y una gorra de lana, tal y como había mencionado el hombre.

—No hay duda, se trata de él —se dijo en voz alta al momento que tomaba el radio y comunicaba a sus compañeros —Vamos por él —informó a su compañero al colgar la radio y disminuyó la velocidad para no pasar al joven.

Encendieron las luces, sin emitir el sonido de las sirenas, por ello, las paredes de las calles se iluminaron de las luces de las sirenas, dándole una señal al joven que los oficiales estaba allí. Y lo que querían hacer les funcionó, ya que el joven se viró a donde ellos y sin moverse se quedo allí; aquel gorro de la lana no dejaba ver su cabello, pero los hombres supieron que se trataba del sospechoso. Ambos uniformados se bajaron del vehículo con la intención de ir a arrestarlo, pero antes de acercarse totalmente a él, notaron que el joven dibujo una extraña mueca y en eso, se giró con rapidez y corrió al lado contrarió, impresionando a los oficiales. Uno de ellos, el copiloto, lo persiguió gritando que se detuviera, mientras que el otro, velozmente ingresaba a la patrulla y con la radio comunicó a sus compañeros que se había dado a la fuga.

El primer oficial más que desear correr, no podía si quiera acercarse más al sospechoso ya que esté corría muy rápido; o era un experto en carreras o él ya había perdido sus fuerzas, lo que fuera, lo estaba perdiendo y sin más, se detuvo para tomar aire mientras que se agarraba la parte derecha del costado al sentir un agudo dolor. Volvió a dar un vistazo al lugar donde desapareció el joven, afortunadamente, sus compañeros ya habían llegado, esta vez habían encendido las sirenas para hacerse notar y comenzaron a seguir al sospechoso, quien ni siquiera al entrar a los callejones sin salida lo detenían. En una de esas, una patrullas se colocó en la entrada para evitar que escapara, cualquiera al verse en esas circunstancias se rendiría y eso es lo que pensaron los oficiales, por ello bajaron del vehículo para arrestarlo, pero no se esperaron que el perseguido se giraría hacia ellos y sin importarle nada, corrió hasta trepar por la patrulla y caminando por la parte de arriba, saltó al otro extremo, prosiguiendo con su escape. La conmoción de tal acto hizo que los policías se petrificaran asombrados, pero al recuperarse, se subieron a la patrulla y comunicó a sus compañeros que tuvieran cuidado, pues era bueno al escabullirse.

Las tres patrullas oficiales trataron de acorralarlo, pero siéndoseles difícil, hasta que por orden del comandante, idearon un plan y pudieron acorralar al joven con los tres vehículos.

—¡Manos arriba! —gritó el comandante rápidamente bajando de la patrulla—. Muchacho, no me obligues a disparar —le advirtió apuntando su arma a él.

Los demás copiaron lo mismo que su mayor. Todas las armas estaban siendo apuntadas al joven.

—Alza las manos en donde podamos verlas —ordenó otro, notando en su voz nada de satisfacción.

Todos los presentes estaban con sus armas en la mano, preparados de tirotear si es que se daban las circunstancias.

Ruber maldijo a sus adentro al momento que levantaba las manos arriba de su cabeza, se giró para encarar a los oficiales. Exactamente eso era lo que quería evitar; evitar que le dispararan y vieran que las balas no le hacían daño, eludir que las personas de este tiempo vieran cosas que eran muy avanzadas para su año. Pero también quería salir de allí para ir con el verdadero culpable, ¿cómo se los iba a decir? Uno de ellos se acercó con cautela, mientras que otro de sus compañeros se acercaba pero a distancia prudente no dejaba de apuntarlo. El primer oficial, como rutina, comenzó a registrar entre sus ropas alguna posible arma que tuviera escondida, al parecer estaba limpio en ese aspecto, así que se lo hizo saber a su compañero, quien se acercó y ordenando al joven que bajara las manos, las sujetó por las muñecas con unas esposas para así conducirlo a una patrulla y llevarlo a la comisaría y así procesarlo para llevar un juicio a su contra por el delito grave que cometió.

—No quiero cuestionar su trabajo —se hizo escuchar Ruber ya dentro de la patrulla—, pero no soy a quien están buscando.

—Escucha, joven —habló con tono amable el piloto del vehículo, pero antes de continuar lo miró detenidamente—. Eres igual al de la descripción, sería totalmente fácil dar contigo. Lo digo por tu físico. —El hombre maniobró la patrulla y comenzó a seguir a sus compañeros.


Tan rápido como se emitió la noticia del joven asesino, se infundió de igual manera su arresto; todas las noticias se actualizaron a esa reciente noticia. La verdad había sido todo un éxito, contando que el mismo día que se emitió la novedad, ya habían arrestado al sospechoso y ahora se esperaba una corte debido a que él negaba haber actuado de tal manera. Los noticiero no se hicieron esperar y reporteros comenzaron a grabar lo que alcanzaban de la detención del susodicho.

Me has quitado la atención, ¿verdad, camarada?” fue el pensamiento de Andro poniendo la atención y mirando las escenas de Ruber siendo llevado a la comisaria desde una de las muchas televisiones que eran de muestra de aquella tienda grande.

Andro ya no vestía con el excéntrico traje de una sola pieza, ahora llevaba ropa común de aquel años. Vestía una camisa gris, con unos pantalones simples de un color caqui, llevando un sombrero café que a diferencia de su semejante, no le importaba ocultar todo su cabello. Andro guardó sus manos en las bolsas de su pantalón y sonriendo con sorna, no dejaba de mirar las imágenes que proyectaban las televisiones, y sin importarle el hecho que un par de guardias de seguridad y el dueño de la tienda comercial que se acercaban a donde él. Ya que como se imaginaran, el joven entró allí y tomando las ropas, se cambió y se las puso y salió del vestidor con ellas, ya dispuesto a irse sin más. Todo eso lo captaron las cámaras y por ello esas tres personas iba a reclamar tal acto de vandalismo; los clientes tan solo miraban a ver qué pasaba.

—Disculpe, joven —habló el dueño con educación a pesar que se sentía burlado por la desfachatez de esa persona, ¿a quién se le ocurría hacer semejante cosa, sabiendo que las tiendas contaban con seguridad?—. Las ropas que lleva puestas no las ha pagado y eso es un delito, ¿por qué no acompaña a estos hombres?

—¿Ellos me llevarán con él? —Andro ni siquiera se dispuso a mirar a los hombres.

—Déjate de bromas —alzó la voz uno de los guardias, no estaba dispuesto a ser “amable” con gente como esa, por ello dio el primer paso y estaba dispuesto a detenerlo y tal acto hizo que su compañero comprendiera y también caminara para ir por él.

Pero nunca se imaginaron lo que les iba a ocurrir, el primer uniformado, en el momento que lo tomó del hombro para girarlo y los encarara, Andro rápidamente tomó el brazo de su agresor y con la fuerza innata que poseía, lo impulsó hacia adelante para que hiciera una maroma sobre él, logrando que el uniformado cayera al piso de espalda y que emitiera un sonido de disgusto y dolor ante el impacto. Pero aquello no terminó así, pues sin siquiera darle nada de tiempo para asimilar lo que le ocurría, Andro se giró para mirarlo, y sin compasión alguna, colocó su pie debajo de la barbilla, comenzando a presionar el cuello, obligando al oficial a moverse lleno de desesperación al sentir no solo un agudo dolor, sino que sus pulmones no cogían aire. Por ello, su compañero saltó contra él con todas las intenciones de derribarlo, pero quien fue derribado fue él al sentir cómo el joven le proporcionó un doble golpe en la nariz y esternón, no solo provocando que cayera al suelo por el impacto, sangrándole la nariz al haber sido fracturada sentiéndose sin aire alguno, revolcándose en el suelo mientras con desgarradores gritos se tomaba la nariz.

Algunos de los clientes decidieron retirarse, aterrorizados por la escena y también para evitar meterse en problemas; al contraste de otros, que decidieron quedarse porque sus fuertes ganas de “curiosidad” eran más que cualquier cosa. Con la boca abierta, el dueño, al salir de su asombro, giró y corrió a su despacho y así llamar a la policía. El oficial que estaba debajo de los pies del joven, porque Andro no solo dispuso a ahogarlo, sino que se subió completamente arriba del hombre sin escuchar sus repetitivas súplicas. Lo que hizo que levantara su pie para que el uniformado volviera a respirar como era debido, fue el sentimiento de que debía irse de allí; no debía estar perdiendo tiempo con los insignificantes civiles, por eso se retiró del lugar.