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Hay ocasiones en las que la imaginación vuela más allá de las estrellas, veces en las que simplemente creas y creas cantidad de leyes diferentes a las conocidas, mundos inauditos, a los que desas dar imágen y validez. Nada mejor que otros vean aquello que piensas para que sea valorado. Disfruten de los universos que se crean aquí y relaciónense con ellos. Vean qué afecta en su vida, qué es igual, cómo lo cambiarían y qué harían en el lugar de x personaje. No sean tímidos y dejen lo que su mente piense en el momento. Sean felices siempre.

martes, 25 de junio de 2013

Punto Negro (Continuación)

Capítulos del 1 al 20



Capítulo 21

Alvar se encontraba en una especie de habitación. Lo habían llevado a ese lugar, adentrándolo  aún más a las instalaciones de la Zona Gris, donde lo trataron con brusquedad. El cuarto era pequeño, no más de 4 por 3 metros y lo único que había en esa claustrofóbica pieza, era una silla, pegada en una de las esquinas. Decidió sentarse allí sin tener la más mínima idea de lo que más  adelante le esperaría.

Se sentía frustrado, sin contar que se encontraba cansado debido a que esos mastodontes lo golpearon una y otra vez antes de arrojarlo a esa habitación. Al principio no sintió nada, al contrario, quería que lo siguieran golpeado para que vieran que no le importaba, pero ahora que la adrenalina se le había bajado, sentía  muy adolorido su cuerpo. Pero, a pesar de la ignorancia en la que se encontraba, más que por él, estaba preocupado por Luna ¿Dónde la tenían? ¿La estarían torturando? Tan solo pensar en esa posibilidad hacía que su sangre hirviera. Otro sentimiento le sobrevino, el de la inutilidad, no podía hacer nada para ayudarla. Ni siquiera se podía proteger el mismo. Entre sus pensamientos tortuosos, distinguió un ruido, como el de una puerta metálica que se estaba abriendo y eso era; la pared que estaba a su frente, empezó a levantarse, dejando ver poco a poco del otro lado, un cuarto aún más pequeño, pero los ojos de Farías no vieron el interior de esa habitación, lo que vieron fue a Impulso siendo liberarado para que lo atacara. Después lo que llamó su atención fue la voz de una persona que se escuchaba por todo el cuarto y que con tono burlón decía:


—A quién tenemos aquí ¿eh? Alvar Farías, unos de los mejores Controller de la fortaleza Punto Negro, quien presenciará en primera fila cómo los Gum reaccionan ante las ondas que los enloquecen. Tu propio Gum te matará —elevándose en la última frase el cinismo de su voz.


De ese se trataba. Ahora sabía la razón por la que se encontraba en ese lugar, en esa habitación reducida de tamaño. Moriría destrozado por un Gum. ¡Por su propio Gum! Morir de esa manera era su peor pesadilla y precisamente de esa forma se despediría.
La voz prosiguió:

—Me gustaría que primero vieras como lo haremos con la mujer con la que ibas acompañado… —Al escuchar eso, la reacción de Alvar fue levantarse bruscamente de su asiento.

—¡¿Dónde está?!

Ignorando por completo la reacción del enojo, la cual le resultó de su agrado, terminó de decir:

—El comandante lo quiso así, dio la orden de deshacernos de ti lo más rápido posible.

Lo que  realmente le preocupaba era lo que harían o le estuvieran haciendo a Iara; esa era su mayor preocupación, pero no podía hacer nada, aunque quisiera no podía luchar, lo único era esperar a que todo eso terminara. Cerró sus ojos, respiró hondo dándose cuenta que se encontraba muy nervioso, después de todo, ¿quién quería morir?, soltó el aire con lentitud y cuando volvió a abrir los ojos, las luces del lugar se apagaron. Quedó en completa oscuridad, de esa manera tan brutal iba a decir adiós.


—¿Pero… qué…? —maldijo entre dientes el hombre encargado de la ejecución de Farías, pues en el último minuto un apagón surgió, tomándolo a él también por sorpresa, un minuto después,  las luces de emergencia empezaron a parpadear hasta que estuvieron totalmente en función. Se había sentado ante un panel de control y antes de que pudiera levantarse para examinar la máquina de las ondas que se bloqueó por el apagón, muy cerca de él escuchó el martillo de un arma de fuego ser accionado, sintiendo como el frío cañón de ésta fue colocado en su cien.

—Abra la celda del rehén.

Al escuchar la voz amenazante, el hombre giró un poco su cabeza para poder ver a su agresor, sonrío cínico.

—Señorita Abi ¿está traicionándonos?

Abigail presionó aún más el arma contra su cien.

—¡Haga lo que le digo o sino disparo!

—¡Dispara! —en un movimiento veloz, con su mano tomó el arma para apartarla de su cabeza, provocando que ella retrocediera un poco impresionada por el arriesgado movimiento que hizo, pero que le funcionó de maravilla, sin embargo no le permitiría que le arrebatara el arma y la apretó con fuerza. El hombre se puso de pie y tomó el brazo libre de ella, lo cual hizo que la joven forcejeara para librarse de él, pero siendo en vano pues él era mucho más fuerte que ella y lo notó enseguida al sentir como lastimaba su brazo, no obstante, no  lo dejó apropiarse del arma por completo, pues si llegaba a tenerla no dudaría en que le dispararía.

—¿Ahora qué piensas hacer?


Alvar golpeaba con fuerza la pared de la habitación, no veía nada y esta no contaba con luces de emergencia. Algo había sucedido, al principio creyó que se trataba del plan, pero comenzó a dudarlo al pasar el tiempo y ver que no sucedía nada.

—¡¿Qué sucede?! ¡Abran!

Entre sus gritos de desesperación,  escuchó otro ruido y no solo eso, sintió como la pared temblaba, ¿acaso se trataba de un terremoto? Puso sus palmas sobre el muro al pensar que estaba alucinando, pero se percató de que era real. La pared temblaba.

¡Impulso!

Era el Gum que chocaba intencionalmente para abrir un hueco y así poder salir. No podía verlo, pero lo sentía y lo escuchaba muy cerca de él y era tanta la fuerza que el pequeño cuarto temblaba con cada golpe. Pero era imposible para un solo Gum poder romper una pared de hierro de tal grosor. Pero la persistencia del animal era muy grande.


El hombre empujó a la mujer hasta que su espalda tocó la pared, ninguno de los dos estaba dispuesto a soltar el arma.

—Suelta la maldita arma, mujer. Ya verás cómo te mato con facilidad —el hombre se distrajo al escuchar un extraño ruido, giró su cabeza nervioso para ver qué sucedía, pero no vio nada fuera de lo usual.  Abigail aprovechó el descuido de él y soltando el arma lo golpeó con todas sus fuerzas en el rostro en el momento que  él volvió a virarse al sentir como ella soltaba el arma. Fue tan doloroso el impacto que retrocedió quejándose del dolor, el golpe le había roto la nariz.

—¡Maldita! ¡Maldita! ¿Sa-sangre? ¡Ahora si te mato! —ahora que tenía en su total control el arma de fuego y haber recibido ese fuerte golpe, estaba más que furioso con ella e iba a matarla en ese instante, pero antes de disparar, volvió a recibir otro doloroso puñetazo por parte de la mujer, quien no estaba dispuesta a dejar que el hombre se recuperara, no lo dejaría que tuviera otra oportunidad y no descansaría hasta verlo en el suelo, lo que sucedió con el tercer golpe que le lanzó, pues este fue con el pie calzado con una gruesa bota que dio justo en sus partes genitales, lo que provocó que el hombre gritara de dolor y se hincara al suelo soltando la pistola. Abigail tomó el arma de fuego y con rapidez se dirigió al monitor, empezando a buscar con desesperación abrir la puerta donde metieron a Faría. Debía actuar con rapidez, pero le era difícil porque no veía muy bien, las luces de emergencia no eran muy buenas, mas no debía esperar a que las luces se encendieran ya que si eso sucedía, se darían cuanta que ella fue la causante de que las luces principales se apagaran. Finalmente dio con los botones indicados y pudo abrir la habitación,  luego de unos segundos,  Alvar se asomó notándose muy desconfiado  pues tal vez se tratara de una trampa, sin embargo salió sorprendiéndose al ver a la técnico que mantiene la zona Gris.

—¿Qué sucedió aquí? —preguntó extrañado dirigiendo su mirada al hombre caído que maldecía, mientras pálido, se quejaba de dolor.

—No hay tiempo de una explicación, más importante, el comandante Jeremías se está dirigiendo al Punto Negro, allí es donde tiene más monitores para hacer funcionar las ondas que alteran a los Gum, tienes que detenerlo Farías.

—Pero antes ¿Dónde es…? —Abigail levantó su mano para que guardara silencio, era tan obvio lo que iba a decir, así que sin preámbulos dijo:

—La chica está bien. Yo iré por ella, preocúpate por detener a Fontana para evitar más daños innecesarios.

Sin dudar en que iría a salvar a Luna, como había arriesgado su vida por salvarlo, se dio cuenta que era una mujer sincera y podía confiar en ella, así que sin perder más tiempo en sus pensamientos, salió como bala de ese lugar y detrás de él fue Impulso. Corrió por un pasillo y totalmente perdido siguió sin detenerse. No sabía dónde estaba la salida, o alguna salida. La gente que trabajaba allí se veía alborotada debido a que las luces se habían ido y algunos lugares no contaban con las de emergencia, así que gran parte del sitio estaba a oscuras y eso le era una  ventaja, pues lo mantenía oculto y también una desventaja, porque  no veía con claridad los pasillos o cuartos que podrían llevarlo a una posible salida.

Más de pronto, como invocadas, las luces se encendieron por completo iluminando con claridad sus pasos, sintiéndose aliviado por ese hecho, no obstante casi enseguida los altavoces se escucharon anunciando que: “el prisionero Alvar Farías escapó”. Salir rápido de ese sitio fue lo que invadió su pensamiento. Impulso se adelantó indicándole a donde ir, y no le quedó la menor duda que esos animales eran de una gran ayuda pues su memoria era sorprendente, como un elefante que era llamado por el agua en medio de la sabana. Impulso lo llevó hasta la salida más cercana y por fortuna, todavía ningún oficial lo estaba siguiendo. Se detuvo al ver la luz del sol, aspirando profundo para tomar del aire fresco. Estaba cansado y al ver para todos los lados se le vino la pregunta del millón: ¿Ahora qué haría?

Desde la distancia pudo avistar dos camionetas. Sonrió al darse cuenta que se trataba de sus colegas. Eso era perfecto porque iría al Punto Negro en uno de ellos, así que sin pensarlo dos veces se adelantó para ser visto y como resultado, los camiones se detuvieron al percibirlo.  Todos bajaron y el que se adelantó para llegar a Farías, fue Sexto.

—¿Dónde está Iara?

—Ella está bien —contestó poniendo fe en las palabras de la técnico.

Sexto desvió su mirada para ver a Impulso y después a la fortaleza, frunció el ceño, dio un paso con la intención de entrar, pero Farías lo detuvo.

—¿A dónde piensas ir?

—Por Iara —levantó la voz pensando que la joven todavía se encontraba en Zona Gris, así que aun podía estar en peligro, dudando lo que dijo su compañero porque no estaba con  él, así que entraría para ayudarla.

—Te dije que ella está bien. No vayas y corras peligro innecesario. Necesito ir al Punto Negro, debemos detener a Fontana.

Antes que pudiera contestar o reclamar, ambos, junto con los otros, observaron como dos personas salieron de la fortaleza y corriendo a prisa se acercaban a donde ellos. Eran  Abigail e Iara, perseguidas  por varios hombres.

—¡Howard! ¡Francisco! Vayan a ayudarlas —ordenó Sanders. Los dos obedecieron la sugerencia del hombre y fueron en su ayuda, deteniendo a los hombres que querían atraparlas. Maximiliano y Eduardo hicieron lo mismo a pesar de que no se lo pidieron, pero sabían que las circunstancias lo ameritaban, los enemigos aumentaban.

Las dos mujeres se acercaron y fue cuando Alvar y Sexto observaron como la joven Luna tenía el labio inferior partido y una mejilla más hinchada de lo normal, esos salvajes la habían golpeado sin tener compasión de ella.

—Iara, estás… —habló Sexto, pero fue interrumpido por ella.

—Estoy bien, no es nada grave —se oyó tranquila, todo lo contrario a la otra dama que se dirigió a Farías indignada.

—¿Y tú sigues aquí?

—Siento haber tardado en encontrar la salida —comentó de la misma manera y en tono sarcástico.

—La gente de Zona Gris, por órdenes del capitán, está detrás de ti, por esa razón es el momento de que te vayas.

—Eso significa que lucharemos contra nuestros excompañeros —se escuchó Sanders con emoción en su voz.

—Sería imposible poder luchar contra tanta gente —informó Abigail —, creo que la mejor manera sería deshacernos de las instalaciones y yo sé cómo. La haremos explotar.

—¿Y eso es posible, señorita? —preguntó Sanders interesado en la propuesta.

—Existe una “bomba”, por llamarla así, en el interior de la zona, su finalidad al hacerla funcionar, es producir la autodestrucción de las instalaciones por si acaso llegaba a existir algún enemigo muy fuerte que pudiera apoderarse de la fortaleza.

—¡Hasta para eso pensaron! —mencionó Sexto irónico al escuchar eso, a continuación continuo: —¡Yo voy!

—Eso es peligroso —habló ahora Iara al pensar que si explotaba el lugar era posible que no regresara con vida y eso no quería que sucediera. Abigail observó su preocupada  reacción y dirigiéndose al joven,  informó:

—La única que sabe su funcionamiento soy yo, así que no es necesario que vayas.

—Sí que lo es —dijo devolviendo su vista a la fortaleza y observar que aun más enemigos estaban saliendo de ella, no estaban en posición para negarse ayuda —Alguien tiene que limpiar el terreno —ahora se dirigió a la mujer —Si no te acompaña alguien, no podrás si quiera llegar a ese lugar. Esos indeseables te pararán enseguida.

—Tal vez… es verdad —lo meditó bien, ella no era muy buena para pelear y sería fácil que la detuvieran y le quitaran la vida en un santiamén, pero si alguien la acompañaba, la posibilidad de eso se reducía.

—Sexto, no puedes arriesgarte de esa manera —Iara no estaba de acuerdo. Osses metió su mano en uno de sus bolsillos y sacando el adorno de collar de la letra I que siempre guardaba, se la entregó a Luna.

—Para mí, esto es muy preciado, así que no cabe duda que regresaré por ello. Arco, te encargo a Iara —ordenó a su Gum y empezó a caminar, girándose metros después al sentir que Arco lo seguía —Arco, ve con ella —volvió a ordenarle, pero el animal se negó a hacerle caso, quería estar con él en todo momento y eso lo comprendió —Da igual.

—Creo que nuestra batalla comienza aquí —informó Sanders al ver alejarse a Sexto y Abigail junto con el Gum —Farías, comentaste que quieres llegar a Punto Negro. Gutiérrez, te encargo que lo hagas llegar allá.

—¿Y usted?

—Quiero presenciar la destrucción de esta zona, además que mi equipo está aquí y no pienso abandonarlos y tu deberías ayudar a tu amigo —miró a Alvar y aun lado a Iara y después paso su mirada a Gutiérrez, quien confirmó con su expresión que entendía. Sanders, a pesar de su enorme tamaño y su rostro, era una persona muy amigable, razonable y fiel a sus amigos y compañeros y a pesar de que Gutiérrez lo había conocido recientemente, lo admiraba y respetaba.

—Subamos a la camioneta —mencionó el joven a Farías y Luna —Siguiente parada Punto Negro, misión, detener al comandante Fontana.


Capítulo 22:

El camión que era manejado por Gutiérrez, viajaba a la velocidad que el suelo en mal estado, lleno de baches y hoyos, les permitía ir. Después de haber salido, llenaron el tanque con gasolina hasta el tope, con la finalidad de no detenerse y así poder ganarles terreno a Fontana y a Smith, que habían tomado ventaja. Iara se encontraba en el medio y Farías en el copiloto; los dos empezaron a sentir nauseas por el movimiento brusco que el vehículo hacía con cada agujero en que caían, sin contar con las maniobras descuidadas que Gutiérrez hacía, con razón Sanders sugirió que fuera éste  el que los llevara; el hombre manejaba como loco.

El radio empezó a sonar, pero el conductor ni siquiera lo captó, pues estaba concentrado en la carretera, así que Iara lo tomó y se lo pasó a Alvar, quien al tenerlo en su poder, habló, sin embargo percibió que en el otro lado de la línea se escuchaba mucha estática y la persona que respondió apenas fue audible, por lo que al principio no pudo distinguir de quien se trataba, pero al fin pudo reconocer a Sanders.

—…la fortaleza…una enorme explosión… pocos sobrevivientes…—la voz se cortaba con regularidad, pero Farías supo lo que había sucedido por allá.

—¡Háblame de Sexto! —gritó Alvar interrumpiendo al excapitán, lo que produjo que Gutiérrez disminuyera, la alteración de su compañero lo despertó de su concentración,  y al disminuir, hizo que la señal mejorara un poco —¡Sanders! ¡¿Qué sucedió con Sexto y Abigail?! —no obtuvo respuesta.

—Lo siento… —se escuchó por fin —Ni la mujer o él. Damián, Howard y Max también estaban adentro y me temo que no sobrevivieron… no creo poder hacer nada… —la señal se cortó repentinamente, dejando por completo una molesta estática. Alvar apretó con fuerza el comunicador, viro para ver a Iara, quien apretaba con fuerza la I que le había entregado Osses. El camión se detuvo drásticamente.

—¡Maldición! —Gutiérrez no pudo aguantar mucho y empezó a limpiarse con sus manos las lágrimas que no dejaban de fluirle de sus ojos. Fue cuando Iara hizo lo mismo, acompañando sus sentimientos. Alvar se sentía de la misma manera, por todo eso se había hecho una guerra que entre camaradas estaba, peleando, no podía creer que Sexto o Abigail o cualquier otro compañero, estaban muertos; por esa razón tenía que detener a Fontana, para evitar que mucha más gente fuera lastimada o muriera.


El teniente Smith, aunque manejaba, contestó el radio que sonó.

—Habla Greck Smith.

—Teniente, Zona Gris está totalmente destruida, la técnico activo la bomba y hemos tenido muchas bajas.

El comandante le arrebató el comunicador al teniente.

—Cuál es la situación.

—Comandante, los que sobrevivimos aún estamos tratando de detener a los sobrevivientes enemigos.

—¡No traten, háganlo! —La voz de Jeremías se escuchó furiosa —¡Ni siquiera parecen un ejército! Inútiles.

Colgó con fuerza el aparato, teniendo en su mentalidad que llegaría a Punto Negro y así poder efectuar su plan de una mejor vida. Quería pensar que nadie estaba detrás de ellos, pero pensar de esa manera era una forma de mentirse, así que por ello, si fuera verdad o no, pensó en hacer todo rápido.

Por esa razón atravesaron la Colonia L en un día, por lo mismo en dos días llegaron a la Colonia B , tan solo se habían detenido la noche anterior para descansar un poco, pero solo un par de horas, no se arriesgarían en darse el lujo de pasar la noche completa, los nervios de Fontana explotarían.

En el caso del otro equipo, tanto Alvar y Gutiérrez se turnaban el manejo para no detenerse ni un minuto, pero la mayoría fue Gutiérrez ya que Alvar manejaba un poco lento debido a que no tenía gran experiencia y su lentitud era desesperante para su compañero. En tal caso, Jeremías y Greck como era previsto, llegaron primero al Punto Negro, así que una vez la camioneta se detuvo al ingresar al interior de la fortaleza, ambos bajaron del automóvil para dirigirse a la oficina del comandante.

Alvar, al asomarse por la ventana, sonrió al poder distinguir a lo lejos el Punto Negro, por fin habían llegado. Sintió como el transporte empezaba a perder velocidad, ahora que habían llegado tenían que tener cuidado.

—No disminuyas —sugirió Farías —continua de la misma manera. No hay tiempo de eso, entraremos a la fuerza.

—¡Estás loco! —dijo Gutiérrez a la loca idea, ya que el Punto Negro siempre tenía las puertas cerradas y solo se abren cuando el comandante lo ordena, y sabía muy bien que ellos no eran bien recibidos —Si chocamos contra la pared, ¡hicimos todo en vano!

Alvar tenía la esperanza de que por lo menos una de las puertas que componía el lugar estuviera abierta, tal vez, si no se equivocaba, la que uso Jeremías al entrar, pues sus cálculos decían que estaban pisándole los talones además de que las puertas por grandes y pesadas no se cerraban en un santiamén, todo eso llevaba su tiempo y afortunadamente fue así, al llegar más cerca vio una.

—La puerta al sur —elevó la voz al ver a tres camiones acercarse a ésta.

—¿Qué?

—¡La puerta del sur! —Alvar pasó sobre Iara, quien se sobresaltó por la reacción del hombre, y lo miró tomar el volante girándolo a su derecha, eso hizo que el camión diera un giro brusco provocando que Iara y Gutiérrez se asustaran y gritaran al sentir que por la fuerza se iban a volcar.

—La puerta del sur. Ésa.

Gutiérrez quitó las manos de Farías del volante.

—Ya entendí, ya entendí.

Se dirigieron a ese lugar y como uno de los camiones de carga estaba a punto de entrar, frenó bruscamente al observar el conductor por el espejo de su lado un camión que iba hacia él rápido, acercándose para pasarlo, pero no había suficiente espacio para hacerlo, así que debió frenar, pero no lo hizo con suficiente rapidez, así que lo embistió por detrás cuando el conductor no logró alejarse y lo arrastró adelante y el camión manejado por Gutiérrez giró al no detenerse del todo y aun tratando de frenar entraron a las instalaciones, asustando al personal y haciendo que se retiraran de allí al sentir que estos les iban a pasar encima. Por fortuna no hubo heridos, pero los vehículos se detuvieron cuando el del conductor chocó de frente contra una pared y este quedó destrozado y el conductor desmayado.

—Son camiones de los nuestros.

—¿Pero… que sucedió? ¿Quiénes son?

Algunas interrogantes se escucharon por toda la habitación, la gente se reunió alrededor del desastre, sin saber si ayudar o no. No estaban seguros de que fueran sus camaradas por la manera como entraron. De entre esa multitud se acercaron tres capitanes, uno de ellos era Llamas. Todos observaron que la puerta del conductor del camión de atrás se abrió y aunque no sabían de quien se trataba, se alegraron al saber que estaba bien, vieron salir a Gutiérrez.

—Creo haberme roto algo —dijo feliz al encontrarse con vida. Casi en seguida, la puerta del copiloto se abrió con un poco de dificultad, a velocidad bajó Alvar.

—¿Te encuentras bien? —preguntó a la joven que ayudo a bajar del vehículo. Afortunadamente no se encontraban con daño severo, no se habían roto ningún hueso, solo algunos rasguños, moretones y una que otra cortada.

—¡Alvar! —gritó sorprendido el capitán Llamas al verlo.

Entonces el murmuro se incrementó y uno  a otro se vió sorprendido al ver al supuesto soldado que había muerto.

—¿Qué esperas? ¡Vete! —gritó Gutiérrez, no por nada habían sufrido para que se quedara plantado observando a la gente sorprendida al ver a un fantasma. De esa manera fue que Alvar reaccionó y corrió hacia la oficina del comandante. Pero se detuvo cuando Llamas se plantó en su camino.

—¿A dónde crees que vas?


Greck y Jeremías caminaban por uno de los pasillos de Punto Negro el cual llegaba a las oficinas de Fontana. Ambos se detuvieron al escuchar que alguien llamó al comandante. El hombre esperó a que hablara y sus palabras lo hicieron enfurecer al escuchar que Alvar había aparecido, el informador al hablar se veía feliz, pues Farías estaba vivo y eso era impresionante, pero para Fontana no lo fue, si estaba aquí significaba que venían pisándole los talones.

—¿Y? —dijo sin poder disimular su furia.

—Bueno, creíamos que estaba muerto y no es así.

—¿Y es bueno que siga con vida?

—No lo sé —se puso nervioso al no entender a su comandante.

—¡Largo de aquí! —al ver que se fue, se dirigió al teniente —Smith quiero que vallas y lo detengas ¡Es una orden!

Greck asintió y se retiró del lugar dejando solo a Fontana, quien a pesar de su enojo, no podía ocultar el sentimiento de preocupación, pero bueno, debía de hacerlo, un hombre no sería capaz de detenerlo, su plan debía efectuarse, debía recrear los planes se su antepasado y así poder limpiar las tierras de la gente inservible, de todas aquellas personas que no aportaban nada al Punto Negro.

En otro caso, Alvar no dejaba de mirar a los ojos a Llamas, quien dando honor a su nombre, se veía fuego en sus ojos.

—Capitán, no tengo el tiempo para explicarle mi situación. Solo que tengo que buscar a Fontana.

—¡Consígalo! —no podía creer la arrogancia de su excapitán, no lo recordaba de esa manera. Pero no tuvo otra opción, así que trataría de ser lo más breve posible.

—El comandante Fontana ha creado un extraña máquina que provoca que los Gum se vuelvan aún más agresivos y ataquen todo a su paso. Los pueblos “elegidos y ricos” son los únicos que tienen un campo originado por antenas que los protegen de los ataques de los Gum, los demás serán destrozados —a pesar de la velocidad en que lo dijo trató de poner pausas para ser entendible, pero la respuesta de Llamas le fue una verdadera sorpresa.

—No veo lo malo en ello.

—¡¿Usted sabia de eso?!

—Así es.

Murmullos entre los presentes volvieron a escucharse, preguntándose si era verdad lo que acababan de escuchar y para la sorpresa de algunos, que no fue muy diferente a la de Farías, algunos de sus compañeros ya lo sabían; fue así como comenzó una discusión entre los que no lo sabían y los que estaban de acuerdo con ello.

—Está loco —uno de los capitanes se acercó a su compañero, Llamas —mi madre vive en un pueblo que no tiene muchos recursos ¿Morirá?

—¡Esa es la ley del más fuerte! —mencionó Llamas.

—¿Matando gente inocente? —Gutiérrez se acercó al capitán —¡Eso es un fraude! ¡Es traición! No tienen derecho de hacerlo, no importa si son soldados de Punto Negro, eso no los convierte en jueces que deciden quien es merecedor de la vida o no lo es —el hombre tomó a Llamas del cuello de su vestimenta —Vete de una vez Alvar.

—Deténganlo —ordenó a los involucrados y esas eran sus intenciones, pero las personas que estaba desilusionadas las detuvieron y se fueron contra ellas. Con ese hecho y declaración, una batalla entre trabajadores se efectuó en esa zona de Punto Negro. Alvar no perdió tiempo y prosiguió con su propio camino, alejándose de ahí para poder adentrarse a la base, fue cuando observó muchos pasillos ¿siempre había tenido tantos pasillos?


—¿Por qué demonios el Punto Negro es tan grande? —se desahogó, necesitaba un atajo para poder llegar más rápido posible a la oficina del comandante.


Capítulo 23

Dana Tenor se dirigía a donde había escuchado que una pelea se había iniciado, lo había escuchado de alguien en la sala de médicos, pero también escuchó que Alvar estaba con vida, no podía creerlo, eso era imposible, nada puede volver a resucitar a alguien y no creía que fuera un fantasma. Al principio río al pensar en ello, aun así quería verlo con sus propios ojos, cerciorarse si ese rumor era verdad o tan solo una broma de sus compañeros, pero no fue de esa manera, lo creyó cuando lo vio, parado a metros de ella, estaba buscando algo, porque no la vio. Alvar se encontraba con vida, lo podía ver y aun así no podía creerlo, pero era verdad, era él. Su alegría no pudo más.

—¡Alvar! —él dio media vuelta para ver a la persona que lo llamó, sintiendo de súbito como ella lo abrazó y escondiendo su rostro en su pecho, empezó a llorar de alegría —Estas vivo, estas vivo— repitió una y otra vez.

—Dana —sonrió al escucharla de nuevo, respondió a su abrazo; se encontraba con bien y eso lo alegraba, pero no podía quedarse allí, debía hacer otra cosa, así que colocando sus manos sobre sus hombros, con dulzura la retiro de él, observando su rostro bañado en lágrimas de alegría —Dana… —limpió sus lágrimas —No llores.

—Cómo quieres que no llore cuando creía que te había perdido y ahora estas aquí.

—Siento mucho haberte preocupado, pero escucha, por ahora quiero que vayas con Ariel y se refugien en un lugar seguro, la gente está un poco alterada.

—¿Ariel? —se limpió el rostro, era cierto, su hermano ahora ya no trabajaba allí —Ariel renunció y decidió irse a vivir al pueblo de donde era tu madre.

—A… ¿B-12? —exactamente su hermano dispuso irse a vivir a un lugar donde no tenía torre, pues el pueblo era pobre, apretó con fuerza sus puños.

—¿Qué sucede Alvar? —preguntó Tenor al verlo de esa manera.

—Lo siento, Dana, es una larga historia —no quería preocuparla —Pase lo que pase debo decir dos cosas: refúgiate en un lugar que creas es seguro, la gente está como loca, no quisiera que te hicieran daño y dos, me alegro mucho haberte visto.

Al decir eso, corrió para seguir con su camino dejando sola a Dana, que no entendía lo que estaba sucediendo, al parecer algo malo y tenía que ver con esa pela que se inició, pero, se sentía mucho mejor al haberlo visto también, aunque a pesar de ello, una preocupación se apoderó de ella, un mal presentimiento emergió.

Mientras tanto el comandante había llegado a su oficina y sin perder tiempo de andar saludando a nadie, se adentró a su oficina encaminándose a la pared donde estaban colgados los retratos de los que fueron comandantes del Punto Negro. Se paró frente al segundo, al de Fernando Fontana, descolgó el marco dejándose ver un aparato que tenía muchos números y al apretar el código correcto, de la otra pared de al lado se abrió una puerta, dejando ver otra habitación cuyo interior dejaba ver recargado en la pared, un monitor de una computadora y en el centro una base cilíndrica de un metro y medio de altura donde en medio se encontraba un botón azul que era protegido por un material resistente transparente.

Jeremías se dirigió al monitor y tomando asiento empezó a mandar el anuncio a todas las colonias y pueblos que activaran la torre porque era el tiempo. Y así fue como los mayores líderes de esos lugares recibieron el correo y empezaron a efectuar su trabajo que los ayudaría a sobrevivir de la catástrofe que iba a ocurrir.

Después, Fontana prendió un micrófono para hablar por medio de él y así ser escuchado por todo el Punto Negro.

—A todos los encargados de las puertas se les ordena sellar las aduanas y no dejar entrar a nadie —Alvar estaba tomando el atajo cuando escuchó la voz de Jeremías, tan solo le faltaba cruzar una habitación, después otro pasillo y así llegaría a su destino, se detuvo frente una puerta cuando volvió escuchar la voz de Fontana repitiendo lo que dijo anteriormente. Debía apurarse, solo le faltaba poco.

Al abrirse la puerta y adentrase a la última habitación, se detuvo al dar el primer paso adentro, la otra puerta de salida estaba siendo bloqueada por el teniente Greck Smith, su Gum lo acompañaba.

—Sabía que tomarías este camino —mencionó caminado un par de pasos al frente.

—Greck —Farías se adentró más a la habitación —, no es el momento adecuado para esto, por favor déjame pasar y detener a Fontana —no vio la intención de que le haría caso —Matará a mucha gente ¿no lo entiendes? —alzó la voz irritado.

—¿Por qué Alvar? No lo comprendo, el comandante te estimaba mucho y ahora lo estás desobedeciendo.

—¿Por qué? Porque se va a deshacer de muchas personas, de gente que aún cree que el Punto Negro los va a proteger. ¡Matará a mi hermano!

—Ariel decidió irse, fue su decisión, no obedeció al comandante cuando le dijo que se quedara, es su castigo. Fontana insistió y no hizo caso.

—Pero no sabía la razón por la que debía quedarse —esta vez Greck no respondió —Déjame pasar, sé que no quieres que esto suceda, te conozco. No quisiera pelear con un amigo, así que por…

—Pues es una lástima, si no lo haces… —lo interrumpió fríamente y ordenó a su Gum que se fuera contra Alvar —entonces muere.

Como estaban aún alejados, Farías pudo ver cuando el Gum de Smith reaccionó para atacarlo, así que con rapidez se lanzó al otro lado, esquivándolo, si se tratara de un Gum de velocidad no lo hubiera podido esquivar, a pesar de eso, sintió que por poco no alcanzaría, si fuera golpeado por uno de ellos todo terminaría para él.

—Buenos reflejos compañero, no por nada eras uno de los mejores. Es una lástima que lo hayas podido esquivar —Greck negó una y otra vez con la cabeza, después que Alvar se puso de pie, observó al Gum y vio que se hizo invisible. Eso provocó un dolor de estómago a Alvar, ahora sí que estaba en problemas —Ahora trata de esquivarlo —nunca detestó tanto en su vida oír a Smith como ahora. Lo que podía hacer era correr como loco de aquí allá y eso fue lo que hizo, pero se dirigió a donde Greck, debía noquearlo para detener al Gum o por lo menos salir a la fuerza de ese lugar.

Pero antes de siquiera acercarse un metro al teniente, el Gum lo golpeó y el golpe lo mandó por los aires hasta chocar contra la pared, la que no estaba lejos, por lo tanto el golpe fue algo fuerte por lo cerca que estaba. Alvar gritó a todo pulmón, el impacto fue tan fuerte que no creyó que sobreviviría, sino fuera porque aun respiraba y con dificultad, pues para inhalar y exhalar le dolía el cuerpo.  Escupió sangre.

—Ups, el golpe no fue lo suficientemente fuerte para matarte —su Gum se volvió visible y continuó acercándose poco a poco al adolorido —Aun puedes retractarte y seguir siendo un soldado —a pesar de la mala condición en que se encontraba Farías, levantó su vista y sonriendo contesto:

—No creo que eso sea posible.

—Si así lo deseas. El ataque que viene no será tan suave como el anterior.

Fue inevitable que Alvar viera venir su muerte, estaba frente a sus ojos. El Gum del que fue su teniente y amigo le iba a dar el golpe de gracia. “Tú solo hazle caso a todo lo que diga y ordene el comandante…” las palabras de su padre fue lo primero que se le vino a la mente. Bueno, si eso iba a terminar de esa manera no podía evitarlo, solo esperaba que de verdad ese ataque fuera el último y lo llegara a matar, porque si no, le sería muy doloroso. Pero lo esperado nunca llegó, pues antes de que lo pudiera tocar, Impulso, que lo había seguido, llegó a toda velocidad y empujó al Gum de Greck, lo que hizo que Smith se sorprendiera abriendo sus ojos como platos para observar la escena.

—Ese… es el 68-F4 —Smith se dirigió a Farías —Conque aún lo controlas.

—Estas equivocado… —mencionó Alvar poniéndose como pudo de pie —Su nombre es Impulso.

Volviendo a dirigir su mirada a los Gum, Greck ordenó al suyo que se hiciera invisible. Eso hizo que Impulso no lo pudiera ver ni captar, ni aun cuando abrió todos sus ojos. Con ello una batalla entre ellos comenzó, pero tan solo se veía a Impulso moverse de un lado a otro, tratando de predecir los movimientos de su semejante, pero era imposible, La clase de Gum que era el de Smith, eran muy letales en la familia.

—Oye Greck —escuchó la voz de Farías y al voltear para verlo recibió un golpe en el rostro por parte de él, pues estaba tan centrado en la pelea de su Gum con Impulso. Ordenarle que se hiciera invisible y permaneciera así, era trabajo doble para su cerebro Y eso lo sabía muy bien Alvar, la pelea contra un Gum y una persona al mismo tiempo, era muy difícil para un Controller, además de las consecuencias, por esa razón…

—Escucha Greck, debes de dejar de usar al Gum.

El teniente ignoró por completo sus palabras, estaba irritado por el golpe que recibió, le sería fácil derrotarlo en su condición, tan solo verlo, cualquiera se daría cuenta que estaba muy herido y no podía mantenerse en pie por mucho tiempo. Mientras los dos Gum estaban en su pelea, los dos dueños habían comenzado otra, eso fue una mejoría para Impulso, quien al notar que los golpes de su rival se iban disminuyendo, debido a que Smith estaba concentrado en derrotar y detener a Farías, no notó que su Gum estaba perdiendo vigor en la batalla y volviera a verse. Impulso, aprovechando la ventaja, lo empezó a atacar.

Por otro lado, a pesar de que  Smith parecía ganar la pelea, un dolor detrás de su cabeza empezó a surgirle, lo que hizo que se quejara y lo notó Alvar.

—Sé lo complicado que es llevar una pelea y seguir ordenando al Gum. Así que dejémoslo aquí.

A pesar de su dolor, no lo dejaría, quería  demostrarle al comandante que también era digno de su orgullo, deseaba acatar la orden y detener al enemigo. Con su fuerza de voluntad, lanzó una patada contra Alvar y fue detenida, su velocidad y equilibrio empezaba a fallarle. Farías le dijo una y otra vez que dejara de torturarse de esa manera y dejara de pelear, pero al parecer, lo oídos de él estaban tapados porque no hizo caso. Estaba sufriendo como él cuando se enfrentó  por segunda vez a Sexto. Observó a Greck extrañado por la situación, observándose las manos.


El comandante había encendido la máquina para hacerla funcionar. Por los alrededores del Punto Negro, muchas columnas de metro y medio empezaron a desenterrarse para salir de la tierra. Encima de la fortaleza una escotilla se abrió para dejar salir una torre parecida a la de la Colonia G y demás pueblos.

Tan solo faltaba que la energía cargara para que el campo se efectuara y llegara a estar sólido y fuera imposible para una manada de Gum derribarla o atravesarla, pero para que funcionara debía estar al cien por ciento recargada. Cuando estuviera listo, apretaría el botón que accionaria todas las máquinas que estaban alrededor de varios lugares de la región y entonces activaría las ondas para provocar que los Gum atacaran y limpiaran la tierra. Solo faltaba poco, en la pantalla se veía un 58% de la energía.


—Si no te detienes ahora puedes morir, Greck.

Smith se puso de pie, el dolor hizo que se arrodillara, se iría de nuevo contra Alvar, su misión era detenerlo y eso es lo que iba a hacer o por lo menos intentar que el comandante ganara tiempo. Farías esperó que reaccionara, pero no fue así, sino que lo que recibió, fue otro ataque de él. Alvar cansado de eso ya, lo tiro al suelo, colocó su brazo derecho sobre el pecho de Smith para evitar que se levantara, miró la pelea de los Gum y sonrió al ver que el Gum de su adversario aún seguía peleando contra Impulso y que Smith se movía tratando de ponerse de pie.

—Déjalo ya.

El teniente Smith dejo de esforzarse, su fuerza lo había abandonado por completo. Comprendió que ya no era rival de pelea para Alvar, de cualquier manera, el joven siempre había sido más fuerte que él. Muy en el fondo sabía que cuando el comandante le dio la orden de ir a detenerlo, no lo lograría… no peleando contra él, así que tomó su arma de la funda y la apuntó al pecho de Farías.

—Aquí termina todo Alvar —mencionó.

—¡Espera Greck!


Sin hacer caso de su palabra, apretó el gatillo.


Capítulo 24 “El final”

En la pantalla marcaba un 84% y el restante de tiempo a Jeremías se le hacía una eternidad, tanta energía solo resultaba para los lugares grandes como el Punto Negro y posiblemente las colonias completas, las que tal vez ocuparían más tiempo, pero como el tiempo era lo que menos sobraba, accionaría las maquinas cuando la energía de Punto Negro estuviera al 100%, si este sobrevivía todo estaría bien, Punto Negro debía quedar en pie.

88%

Si no fuera porque desvió el cañón del arma a su costado izquierdo, en vez que el proyectil lo golpeara en este, la bala hubiera golpeado su corazón, sin tener la oportunidad de vivir. Se puso en posición de sentado mientras apretaba la herida, sin sentir dolor alguno; en esos momentos la adrenalina le era una anestesia. Levantó su vista cuando escuchó a Smith ponerse de pie y quejarse mientras colocaba sus manos sobre su cabeza con tal fuerza que parecía que él mismo se estaba lastimando. El dolor de cabeza le fue un martirio, y deseó arrancársela para evitar sentir lo que estaba sintiendo. Comenzó a observar lo que su Gum veía y fue tan asombroso que sus piernas debilitadas se doblaron y quedó hincado.

—¡Greck! —entre los gritos de desesperación de Smith, el grito de Alvar se escuchó al verlo como dejaba caer su cuerpo contra el piso. Un líquido de tono marrón le salía por la nariz, los ojos y su boca. El Gum que controlaba también dejó de respirar.

93%

Alvar se levantó y dejando atrás el cuerpo sin vida de Greck y a Impulso, quien optó por no seguirlo, sin perder más tiempo, se dirigió con pasos lentos a la oficina del comandante Fontana, la que ya no le quedaba tan lejos, pero dudó que pudiera llegar a tiempo debido a que la pérdida de sangre lo estaba debilitando y comenzaba a sentir dolor. Las fuerzas abandonaban su agotado cuerpo, así que comenzó a deslizarse por la pared al sentir que no podía seguir estando en pie. La pared fue un apoyo para él.

—¡Alvar! — retumbó su nombre por todo el pasillo que se encontraba solo. Dana se apresuró a su lado al verlo mal herido.

—Estás grave —comentó lo obvio con tono conmocionado —debes atenderte, Alvar...

—No es momento para esto —dijo alzando lo que más pudo su voz, comprendió la preocupación de ella, pero a pesar de ello, no podía darse el lujo de esperar mucho tiempo.

—Lo sé —mencionó tratando de que su voz no se quebrara, entendía la situación —Gutiérrez me contó todo.

—¿Gutiérrez? ¿Se encuentra bien?

—Se ve mejor que tú —comento con una sonrisa obligada.

—Debo irme...

Dana se colocó a su lado y poniendo su brazo alrededor de su cuello, lo ayudó a incorporarse. Estaría siempre a su lado. Lo ayudaría hasta el final, se lo había propuesto desde que lo conoció. Siempre estaría con él, en las malas y en las buenas decisiones.

96%

—Vamos, los dos —esas palabras fueron un aliento para él, miró detenidamente a Dana. Ella era una excelente medico ¡No! Sabía que en esos momentos no estaba haciendo su función de médico, si lo fuera, lo hubiera obligado a tratarse primero. En ese momento estaba siendo una amiga, o más que una amiga. Dejó de mirarla para dirigir su vista atrás al escuchar que alguien lo llamaba.

Wong se acercó a ambos, y sin dejar de mirar a Farías, preguntó:

—¿Qué piensas hacer Farías?

—No me importa si tengo que pelear contigo, ¡Yo voy a ir a esa maldita oficina! —gritó frustrado.

Wong sonrió divertido.

—Es eso, si estás de acuerdo, yo igual. ¿Estás listo?

A pesar de lo que dijo Alvar, no se creyó capaz de continuar con la pelea. Wong era un capitán adiestrado y aún no había peleado, además la pelea anterior lo había agotado y otra cosa era el tiempo, ni siquiera estaba seguro de que no se hubiese efectuado ya el “plan”. Aun así, se apartó de Dana y encarando a Wong, se preparó.

99%

—Se ve que necesitas ayuda.

Wong se acercó más a Farías, quien al igual que Dana estaba confundido. ¿Qué significaban realmente esas palabras? ¿Significaban lo que daban a entender? O ¿Solo eran una distracción? La respuesta fue respondida cuando el capitán continúo:

—Te ayudaré a llegar, Dana no podrá sola.


En la pantalla, el 100% apareció y en seguida desapareció, dejándose ver unas enormes letras que cubrían casi el completo de la pantalla: LISTO.

La sonrisa de Jeremías se dibujó en su rostro al leerlo, lo que se le hizo una eternidad por fin se había completado, el sueño de su antepasado y el que también se convirtió en el suyo se haría realidad, con tan solo apretar el botón rojo.

—Fontana, deja eso.

Jeremías levantó su vista para observar a Alvar recargado en el marco de la puerta, apuntando un arma con una mano, mientras con la otra libre, aún seguía apretándose el costado.

—Veo que el incompetente de Smith no hizo su trabajo.

—Maldito... —maldijo enojado, cómo podía hablar de esa manera de alguien que lo había obedecido hasta el final. Al verlo, una ira se produjo en su interior, por culpa de esa persona mucha gente había muerto. Por su egoísmo murieron Abigail, Sexto y Smith.

—¿Vas a matarme? Venir así herido hacia mí ¿crees poder detenerme? No eres zurdo Farías... —una bala le dio en su hombro derecho y con tal exactitud que provocó su furia.

—Tú... —no podía creerlo, lo habían herido, lo miró por unos segundos antes de que se fuera contra él fuera de sí. Había olvidado por unos segundos la pantalla y el botón rojo. Había olvidado la razón por la que había estado esperando tantos años. Tan solo sintió una ira incomparable hacia la persona que estaba frente a él. Tan solo quería deshacerse de ese miserable lo más rápido posible. Alvar no se pudo defender, ni siquiera pudo volver a apretar el gatillo cuando sintió las manos del comandante tomando su cuello. Lo ahorcaría hasta quitarle todo el aire de su cuerpo.

—Estas arrestado Jeremías Fontana —la voz de Wong se hizo escuchar por toda la oficina —¡Suéltalo ahora! —ordenó con voz autoritaria.

Fontana ignoró las palabras del hombre. Poco a poco Alvar sintió como se quedaba sin aire, dejando incluso de sentir el dolor de la herida.

—¡Suéltalo! —Wong disparó su arma dándole en un costado, sin tratar de dañar a Farías. Como diera lugar no lo mataría, se encargaría de que estuviera vivo para que el resto de su vida se pudriera detrás de las rejas. Pero si no soltaba a Alvar, no dudaría en matarlo. Volvió a disparar al ver que no hubo resultado, esta vez le dio en el brazo, fue así como soltó a Farías.

Al no sentir las enormes manos de su adversario, Alvar respiró hondo una y otra vez, mientras tosía desesperadamente. Esa sensación no le fue nada agradable, pues a pesar de que el aire entró a sus pulmones, sintió como estaba quedando inconsciente. Dana, quien fue espectadora, fue al auxilio de Alvar.

Wong se acercó al excomandante y tomando sus brazos, los colocó detrás de su espalda sujetándolo por las muñecas con unas esposas.

—Fontana, fuiste tonto al mantener esto como un secreto. Mucha gente no estaría de acuerdo con esto y se levantaría contra ti —al decir eso, se dirigió a Farías, quien por ayuda de Tenor, se había sentado en la silla del comandante —Buen trabajo. Aquí termina esto —le sonrió aliviado.

Alvar se sentía de igual manera, quería sonreír, pero estaba tan cansado que no lo hizo, solo deseó descansar.

—Por fin terminó —murmuro cerrando los ojos.

Después de eso, algunos soldados, los que habían estado en contra de Fontana al saber sus planes, llegaron para ayudar a Wong y llevarse a Jeremías a donde merecía.

Finalmente la pesadilla había pasado.


Epílogo

Tres semanas después de que Jeremías Fontana fue arrestado y enjuiciado como era debido. En el Punto Negro estaban desmantelando el cuarto donde todo iba a empezar. También habían informado a todos los pueblos que podían desmantelar las torres, las cuales ahora eran inservibles pues, todo había acabado. La zona Gris, lo poco que sobrevivió a la explosión, estaba siendo destruida. Destruyeron toda evidencia, no querían que una nueva amenaza naciera.

Se decidió que la fortaleza Punto Negro seguiría aún en pie, con nuevas reglas para seguir protegiendo a los pueblos, esta vez como era debido y hacer de ella lo que desde un principio se planeó: ayudar a los pueblerinos y hacer frente a los Gum, los que en esas últimas semanas no habían atemorizado a los pueblos, pues cuando antes “despertaban”, era porque los propios Trotamundos dirigidos por Fontana los provocaban a ser violentos con las ondas.

La gente, soldados que habían apoyado a Fontana, fueron detenidos. Algunos pueblos aun dudaban de la “renovación” de Punto Negro y seguían corriendo atemorizados de los soldados, pero esto había sido previsto, para poder tener la confianza de ellos tenía que pasar algún tiempo.

Alvar Farías se encontraba en Punto Negro observando el término del desmantelamiento del cuarto escondido, quería ser testigo de ese suceso que sería el comienzo de un nuevo Punto Negro. Aun se encontraba un poco cansado y adolorido de lo que vivió, pero por su semblante, se sentía mucho mejor.

—Alvar, me alegra verte por aquí —el hombre encargado de una de las puertas de la fortaleza, se acercó a él saludándolo con un amistoso apretón de manos —Los chicos y yo estábamos pensando que como Punto Negro aún no tiene comandante, tú deberías de serlo.

Al escucharlo, rascó su cabeza pensando en la proposición, pero aunque lo pensara  mucho tiempo, su respuesta sería la misma.

—Veras, en cierta forma me siento alagado por esa propuesta, pero he estado pensando en retirarme por completo de ser soldado, de todo lo que tenga que ver con este lugar. Quiero vivir una vida más normal, sin la preocupación que tiene un comandante, capitán o teniente.

—Oh, es una lástima escuchar la negativa —el hombre se puso algo triste, pero no iba a obligarlo, estaba muy consiente que necesitaba un descanso de todo eso —pero lo entiendo. Se necesita tener un cabeza para mejor orden y por eso pensamos en ti.

—Pídanle que se queden con el cargo a Gutiérrez o a Wong.

El hombre río ante tal comentario.

—¿Lo crees? ¿Gutiérrez o Wong? —no le agradaba mucho la idea de tener a alguien al mando con las personalidades de ellos. Alvar levantó los hombros al imaginarse lo que estaba pensando.

—En eso no puedo ayudarte.

—Alvar, ¿nos vamos? —Dana se acercó a ambos. Farías aun debía estar en cama descansando —Me prometiste que solo una hora, sabes que debes reposar, claro si quieres mejorarte rápido.

—Claro, lo sé, ya voy. Nos vemos.


Iara Luna había retomado de nuevo sus clases, pues la señora Matilde la había reprendido por su desaparición y por haber dejado así como así sus estudios. Su amiga también la había regañado por lo mismo. Una vez las clases terminaron, ella volvió a su casa y al abrir la puerta se extrañó al ver una maleta.

—¿Señora Matilde? —al adentrarse más, se sorprendió al ver a su padre en la cocina, quien al escucharla y verla, le dijo con una sonrisa en el rostro:

—Hola hija, estoy en casa.

Sin esperar más, ella corrió hacia él con lágrimas en los ojos de felicidad y abrazándolo le dijo cuánto lo había extrañado. Ambos estaban felices de volver a verse.


Un carro se detuvo al adentrarse al pueblo B-5 de la Colonia B; habían escuchado rumores de que él estaba viviendo en ese lugar. Luc y Adrien bajaron del vehículo.

—¿Aquí es donde vive Alvar? —Preguntó el menor —Es un bonito lugar, muy fresco.

—No puedo creer que me hayas obligado a venir aquí. Y para visitarlo a él.

—Vamos Luc, sé que te cae muy bien. Además, él ayudó a detener una catástrofe y que por ello quedó mal herido. Sería mala educación si no visitamos a un amigo. ¿No lo crees?

—De acuerdo, tienes razón, no dije nada —olvidando la anterior conversación, se asomó al carro —Ya puedes bajar Sexto.

Abigail y él afortunadamente habían sobrevivido a la explosión, y todo eso se lo debían a Arco, pues la criatura los había guiado a un lugar secreto cuando activaron la bomba que pudo soportar la explosión. Sexto bajo del vehículo y se estiró un poco sintiéndose entumecido, aun no se acostumbraba a viajar en lugares reducidos. Observó alegre el pueblo.

—Vengo por lo que me pertenece —dijo con una sonrisa.


F I N